Mayas II. Religión. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
La religión m. es la de este pueblo en su etapa prehispánica (v. I), pues la actual, con supervivencias paganas, es la cristiana. Religión muy compleja e imbricada en la vida social de la comunidad, y muy original. Participa de las características generales de las religiones de Mesoamérica (v. AMÉRICA VI, B). Las fuentes de su conocimiento actual son los escritos españoles (Landa, Cogolludo, Herrera), los testimonios arqueológicos, los códices jeroglíficos y las supervivencias actuales, según las interpretaciones modernas (Morley, Schelhas, Thompson, Gann, Spinden)Aunque se describe la religión m. como invariable, tuvo una larga evolución, con importantes cambios. l.a Premaya o de emigración, con las creencias de los nómadas, en las fuerzas naturales; 2a Viejo Imperio (s. IV a X d. C.), con la instalación y cultivo del suelo nació un sacerdocio que estudió el cielo con fines prácticos (las estaciones y su aplicación agrícola), creando una religión de adoración del tiempo y de las fuerzas naturales; 3a Nuevo Imperio, en que las invasiones mexicanas introducen la idolatría y los sacrificios humanos (s. X al XVI); 4a última etapa, en que se pierde el recuerdo de los grandes dioses, pero se conserva cierta tradición pagana en las devociones populares cristianas, aplicándose los santos cristianos a los patronatos que antes tenían los chaces
Principios cosmogónicos. Las ideas m. acerca de la creación del mundo, nacimiento de los dioses y naturaleza del mundo mismo, se contienen en el Popol Vuh, libro sagrado de los maya-quichés. Tienen un dios creador, Hun-ab-kú ("dios-único-existente"), que a su vez es el padre de los dioses, concepto creador contrapuesto a la idea de la existencia de cuatro mundos sucesivos, destruidos por correspondientes catástrofes, una de las cuales es el diluvio; mundo anterior al actual, que se hallaría, teóricamente en el centro, ya que cuatro son también los puntos cardinales, sostenidos por monstruos y cada uno con un color (E, rojo; O, negro; N, blanco; S, amarillo; v. AZTECAS II). Los cielos son 13, dispuestos en forma piramidal (seis de subida y seis de bajada; el séptimo es la meseta superior), y los "infiernos", Mithal, o mundos inferiores, nueve. La preocupación numérica, propia de su sabiduría matemática, domina también sus principios cosmogónicos y cosmológicos. Todo funciona sobre la base de cuatro (cuatro puntos cardinales, cuatro colores, cuatro mundos, cuatro valencias de muchas deidades, etc.) y hasta los dioses se solían dividir en cuatro advocaciones, coincidentes con colores y direcciones. Existía, sin embargo, un sentido contradictorio o dual, del bien y del mal, o de lo bueno y lo malo, de lo beneficioso y lo nocivo, que incluso hace que un mismo dios tenga dos funciones, p. ej., Chac es el que envía la lluvia benéfica y necesaria para la agricultura, pero también el granizo destructor
Los dioses. Aunque los cronistas españoles exageraban diciendo que había miles de dioses, ciertamente fueron muchos y muy complicados por la convertibilidad de un mismo dios en diversas valencias, celestes, terrenas, de otros mundos y numéricas o del tiempo. Según este criterio se pueden clasificar: a) Deidades del cielo. En primer lugar el Sol y la Luna, que recibieron siempre veneración, figurando en las tradiciones, hasta hoy, como los primeros habitantes. Hijo de Hun-ab-kú, el jefe del Panteón maya es Itzamná, representado por un viejo desdentado y narigudo, en ocasiones con barba, asociado a veces con Kinich-Ahau (dios sol o jefe), y con Ixchel, la Luna. Chac ocupa el segundo puesto entre los dioses celestes, y es importante por ser el dios de la lluvia, especialmente adorado en Yucatán, donde ésta escasea, y que tuvo cuatro advocaciones, coincidentes con colores y direcciones. Su representación es extraña, ya que tiene trompa elefantina y colmillos. Importante era el dios de la estrella polar, Xamán Ek, que aparece como un hombre chato, con puntos negros en la cara. El viento tenía por dios a Kukul-kán, la serpiente emplumada, que es el Quetzal-coatl nahua, importado por los mexicanos, y asociado, como es lógico, con el dios de la lluvia, Chac. Ixchel, que tiene múltiples valencias, es la diosa catastrófica de las inundaciones, representada vaciando un cántaro sobre el mundo: está asociada con la Luna, y, en este caso, no es diosa maléfica. También adoraron, sobre todo en el Viejo Imperio, a Venus, el planeta (lucero de la mañana o de la tarde), cuyo ciclo sinódico tanto contaba en su cronología
b) Deidades terrenas. Son las que tienen que ver con la vida del hombre, con la tierra y, por tanto, con la agricultura. El primero es el dios del maíz, y también de la agricultura en general, cuyo nombre desconocemos, pero que aparece en códices, vasos, pinturas murales y esculturas, como un joven. El dios de la muerte, Ah-Puch, es el dios contrario a Itzamná y se representa por una cabeza de muerto, con los ojos cerrados o rodeado de cascabeles, o con la mandíbula descarnada y el cuchillo de pedernal de los sacrificios humanos. El llamado "capitán negro de la guerra", porque aparece pintado de negro, es Ek-Chuán, y va armado con lanza y con dardo; es, por la ambivalencia citada, dios de los mercaderes y, como tal, no es nocivo, sino benéfico, y se representa cargado con un bulto a la espalda. Tienen también otro dios de la guerra, cuyo nombre no conocemos, aunque sí su jeroglífico, que es una mano agarrando, símbolo de los prisioneros que se hacen en la guerra; es también deidad de los sacrificios humanos. La última deidad relacionada con los humanos es Ixtab, patrona de los suicidas, que, si se ahorcan, van directamente al cielo (el suicidio estuvo muy expandido, por esto, entre los m.)
c) Dioses de otros mundos. Eran éstos los 13 del mundo superior, u Oxlahún-ti-kú (trece-de-dios) y los "nueve señores de la noche" o del mundo inferior, llamados Bolón-ti-kú (nueve-de-dios), y correspondían también a los números y a los días
d) Dioses patronos del tiempo y de los números. Eran deidades patronas de los 13 katunes o grupos de 30 años de los meses, cuyos jeroglíficos aparecen en los códices e inscripciones de las estelas, y también en algunos vasos policromos, pero de nombre que no nos ha llegado. También los había de los días (muchos de los cuales eran los dioses mayores) y de los numerales, del 0 al 14
El sacerdocio. Tenía extraordinaria importancia, por depender de la sabiduría astronómica de los sacerdotes la marcha de la agricultura, y eran muy considerados entre los m., disponiendo de edificios propios de vivienda, tan importantes como los de los jefes. Cada estadillo poseía un gran sacerdote o Ahau-can, del que dependían los demás, al que seguían los chilam o adivinos, que eran llevados en hombros por la gente del pueblo, ocupando el tercer lugar los sacrificadores o nacom, aunque el pueblo no los quería y los consideraba funestos, quizá por su sangrienta misión. Aunque eran los encargados de sujetar a la víctima humana en los sacrificios, los chaces eran como servidores, que se elegían en cada ocasión entre los ancianos más respetables. Por último, estaban los ah-kin, cuyo nombre se aplica todavía a los sacerdotes católicos
Ritual y fiestas. Complicadísimo es el ritual y numerosísimas las fiestas m., pudiéndose decir que la sociedad entera, incluso a título particular, participaba en ellas, ya sea preparándolas o realizando alguna de sus funciones, si bien generalmente las mujeres estaban excluidas. Consistían en purificaciones, ofrendas y sacrificios. Los sacrificios humanos fueron más frecuentes en el Yucatán (Nuevo Imperio), por importación mexicana, que en el Viejo Imperio, aunque también en éste los hubo; consistían como entre los aztecas (v.) en la extracción, en vivo, del corazón de la víctima, con cuya sangre se embadurnaba a los ídolos en cuyo honor se hacía el sacrificio. Los oficiantes iban pintados del sagrado color azul y, en ocasiones, se despellejaba al victimado y el sacerdote se revestía con su piel, realizándose a continuación un banquete ritual canibalesco. También se sacrificaban seres humanos flechándolos o arrojándolos a los pozos sagrados (zenotes, el más famoso fue el de Chichén-Itzá). Grandes fiestas, con erección de estelas monolíticas, eran las de los katunes, las del Año Nuevo, en los cinco días finales o uayeb, y en cada uno de los meses, así como las propiaciatorias para la agricultura
V. t.: AMÉRICA VI, B; MÉXICO IV; AZTECAS IIM. BALLESTEROS GAIBROIS
BIBL.: T. W. F. GANN, Das Pantheon der maya, Salzburgo 1964; P. SCHELHAs, Representation ot the Deities ol the Maya Manuscripts, 2 ed. Cambridge (Mass.) 1904; Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché, ed. ADRIÁN RECINOS, México 1947; F. KóNIG, Cristo y las religiones de la tierra, II, Madrid 1960, 714720; A. N. LAHOURCADE, La creación del hombre en las grandes religiones de América precolombina, Madrid 1970
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