Mayas HIST.
Categoria:
Historia
I. HISTORIA. La cultura y el acontecer histórico de los m. constituye un ciclo complejo y dilatado, desde los comienzos de la Era cristiana hasta fines del s. XVII. Los escenarios principales de la historia m. son Guatemala, Honduras y el Yucatán, en su parte peninsular y en las tierras aledañas. En tres grandes regiones -el Yucatán septentrional, las tierras bajas de la región circumcaribe y las tierras altas y frías de Guatemala- se distribuye el pueblo m., distinguiéndose los grupos huasteca (v.), tzendal-m., tzotzil o tzendal y poconchi-quiché1. Etnología. De los m. actuales, sin mestizaje en su mayor parte, y coincidiendo con las representaciones gráficas de los m. antiguos, se puede afirmar que son un pueblo de origen asiático, con netos rasgos mongoloides: pliegue epicántrico o interior del ojo, mancha mongólica en la base de la columna vertebral, y la llamada "mano china" o disposición de las rayas de la palma. El hecho de que se encerraran en Guatemala, Yucatán y tierras vecinas fue la causa de conservar la huella originaria más visible que en el resto de los indios americanos. Todas sus tradiciones coinciden en señalar el N como punto de procedencia de sus pueblos. Los huasteca, situados al N de la zona cultural m., están considerados como una rama desgajada de la emigración primitiva, y fueron separados después por la intrusión de los nahua, otra rama de filiación uto-azteca, procedente del N. El m. actuales un pueblo de baja estatura, con una media masculina de 1,54 m. y femenina de 1,42, hombros anchos, pecho robusto, brazos largos, manos y pies pequeños v armazón ósea sana que se manifiesta en la ausencia de caries dentales. El color de la piel es cobrizo y el cabello liso y negro, con poca o nula vellosidad en barba y cuerpo. El término medio vital está por debajo de los 40 años; la mortalidad infantil es altísima y no se compensa con la natalidad, de un 57%o anual
2. Fuentes. No existe una descripción de los monumentos y de la cultura m., contemporánea de la conquista, como la hay del Tenochtitlán azteca o del Cuzco incaico; sólo las excavaciones han dado a conocer las antiguas edificaciones en que se alojó la vida del pueblo m. Las fuentes escritas sobre los m. son del tipo de las narrativas, que cuentan acontecimientos, ya sea en forma expositiva de estudio, como la obra de Landa o de Cogolludo, o en forma de crónica o relato histórico, como El Libro de los Libros de Chilam Balam, o en forma mitológica, como el Popol Vuh. Son fuentes literarias, las últimas indígenas y las primeras españolas. Las fuentes propiamente indígenas, antes o después de la conquista, se dividen en códices y crónicas escritas. Los códices m. son tres: el Dresdensis, el Tro-Cortesianus y el Perezianus, conservados respectivamente en Dresde, Madrid y París. Su valor histórico es nulo, pero nos dan una idea complementaria de su cultura, especialmente en el orden de la computación del tiempo, calendario y ceremonias religiosas. Los indios, que aprendieron a escribir en caracteres latinos gracias a los misioneros, nos han dejado textos en papel europeo, en los que transcribieron algunos relatos históricos de los códices perdidos. Constituyen estos textos el Chilam Balam (Libro del adivino de las cosas ocultas), que desarrolla las historias oficiales que antes estuvieron jeroglíficas. Las fuentes españolas son menos numerosas. Lo que Morley llama "la piedra de la Roseta" de los m. es la Relación de las cosas del Yucatán, del que fue obispo de Mérida, fray Diego de Landa. De esta obra se conserva el manuscrito abreviado de la R. A. de la Historia, descubierto y editado por el abate Brasseur de Bourbourg
3. Organización. La estructura política de los grandes periodos de la historia m. (Viejo y Nuevo Imperio) es en líneas generales la misma: ciudades-estado como en la Grecia antigua o asociaciones como el Hansa medieval y subprovincias o circunscripciones que agrupaban a diversas ciudades. En el Viejo Imperio hay una gran provincia cuya capital es Tikal (v.), que abarca el centro y norte del Petén, Guatemala, sur de Campeche .y Belice, .y otra provincia en el valle del Usumacinta, con ciudades importantes como Palenque (v.), Piedras Negras y Yaxchilán. Y en el Nuevo Imperio, la Liga de Mayapán, col. esta ciudad, Uxmal (v.) y Chichén-Itzá (v.). El jefe supremo de guerra era el nacom, que asumía carácter religioso y era nombrado por tres años. La clase dirigente o nobleza ejercía el poder bajo la autoridad del halac h uinic. A la cabeza de cada ciudad estaba el ahau, que elegía a los bataboob o jefes de aldeas, en los que residia el poder político y judicial de las agrupaciones menor c ;lrbanas. El poder político se complementaba con el j; las clases sacerdotales, que constituían una verdadera teocracia. Las prerrogativas de las dos clases, nobleza ~, sacerdotes, ambas hereditarias, eran similares y detentaban la dirección de la vida del pueblo. La compleja estructura sacerdotal demuestra el ascendiente que los sacerdotes tenían sobre el pueblo, incluyendo a la nobleza, ya que poseían el secreto de las estaciones, de las cuales dependían las faenas agrícolas, base de la economía m
La vida de este pueblo disciplinado, trabajador y alegre, estaba reglamentada por la nobleza y el clero. Sobre los plebeyos pesaban duras obligaciones y, en la última escala social, estaban los esclavos
El poder entre los m. nos es conocido en su último periodo especialmente, pero por la similitud de representaciones en el arte los mayólogos han supuesto que no debió variar mucho de un Imperio a otro. El que existan ciudades en ambos periodos permite también esta identificación. Sabemos que hubo dinastías reales en el Nuevo Imperio (Cocame, Viues, etc.), en que los ahau se sucedían de padres a hijos
4. Vida social. El ciclo vital de los m. comenzaba colocando bajo el techo de la casa de la futura madre el ídolo de Ixchal, diosa de la concepción y del parto. Al recién nacido, de acuerdo con la tradición, se le deformaba la cabeza mediante tablillas y se le horadaban las orejas, los labios y el tabique nasal. Después, un sacerdote realizaba el acto de la nominación, equivalente al bautizo, trazando su horóscopo. En las ceremonias solemnes de la iniciación (v. INICIACIÓN, RITOS DE) al llegar a la pubertad, intervenían el sacerdote y cuatro ancianos, un auxiliar y padrinos, procediéndose a la expulsión del demonio (v. ÁNGELES I). Los m., de escasa longevidad, se casaban pronto, generalmente antes de los 20 años. Su temor a la muerte era extraordinario y recurrían a curanderos o hechiceros que practicaban la medicina con plantas. Al morir, generalmente eran enterrados bajo el pavimento de sus casas, pero algunos principales tuvieron sus tumbas bajo los templos, como los hallados en Palenque. En Chichén-Itzá hubo osarios o fosas comunes
El traje m., representado en las estelas, en los relieves y en los códices, y que tiene trasuntos todavía, pese a la mezcla con lo colonial, consiste principalmente en una especie de bragas, consistentes en una larga faja que se pasa entre las piernas y se enrolla a la cintura, dejando caer por delante y detrás los extremos, a modo de delantal. Usan también el pati o manta cuadrada, que a veces les sirve de abrigo para dormir. Las mujeres usaban una veste larga desde los hombros a los pies llamada kub y hoy, en nahuatl, huilpil, bajo la cual llevaban unas enaguas o pic. El calzado era la sandalia, que se complicaba según la clase social. Los adornos, plumas, bordados, pinturas de la cara y del cuerpo eran los distintivos sociales; los ahua usaban un cetro que los arqueólogos han llamado "cetro de maniquí" porque representaba una figura humana
5. Agricultura. Fasta es el fundamento y origen de las culturas americanas (v. AMÉRICA IV, 1). Entre los m., la cultura está muy estrechamente vinculada a la agricultura, ya que su ciencia matemática y astronómica nace de la preocupación sacerdotal por conocer exactamente el paso de las estaciones y lograr buenas cosechas. El sistema agrícola m. es de una antigüedad milenaria y no ha variado a través de los siglos. La milpa, sistema de cultivo que se extendió después por otros sitios de América, comprende variadas etapas o faenas campestres. Morris Steggerda ha llegado a la conclusión de que el agricultor m. trabajaba solamente 190 días al año, consiguiendo una cosecha superior a sus necesidades y utilizando el sobrante para intercambiarlo por productos elaborados. Las clases dirigentes aprovechaban el esfuerzo de estos días sobrantes para la construcción de obras públicas
6. Historia. Esta se ha reconstruido casi totalmente con datos arqueológicos y estilísticos de los monumentos, especialmente para los primeros siglos, y se estructura en dos grandes periodos: I Viejo Imperio (1. Periodo antiguo: 317-633. 2. Periodo medio: 633-731. 3. Gran periodo: 731-987) y II Nuevo Imperio (1. Renacimiento m.: 987-1194. 2. Periodo mexicano: 1194-1441. 3. Desintegración: 1441-1697)
Como se ha dicho antes, los m. no son originarios de la zona donde desarrollan su cultura, que es típicamente producto de un asentamiento de siglos en un mismo sitio. Son emigrantes de origen asiático que, tras atravesar la actual República mexicana, se establecen en los altos de Guatemala, Chiapas y el Petén. La agricultura del maíz, que algunos atribuyen a "invento" indígena mesoamericano, convierte a este pueblo emigrante en sedentario. La época de este proceso, colegible, pero no segura, sería el 11 milenio a. C
Viejo Imperio: periodo antiguo (317-633). La primera ciudad m. pudo ser Uaxactún, o también Tikal, por ser atribuible a esta última la "plaqueta de Leyden". En este periodo antiguo, el centro de la civilización m. se encuentra en el Petén. En los a. 435-534, la cultura se expande en todas direcciones y aparecen construcciones importantes en Copán (v.), Piedras Negras, Yaxchilán, Palenque, Calakmul, etc., con estelas de figuras y jeroglíficos, bóveda escalonada y cerámica del tipo Tzakol. El bienestar y los productos agrícolas determinaron un crecimiento demográfico, cuya consecuencia inmediata fue el desplazamiento de las poblaciones a nuevos lugares. Así, los pueblos de cultura m. invaden casi toda la península del Yucatán
Periodo medio (633-731). Los cien años de este periodo central son de consolidación de las formas culturales, en arquitectura, escultura y cerámica, correspondiente al Tepeu antiguo. Nacen nuevas ciudades como Etzná y El Palmar
Gran periodo (731-987). El apogeo del Viejo Imperio es también el fin de su historia, con un brillo inusitado, que concluye con el abandono de las ciudades. La escultura llega a sus formas clásicas, con obras importantes, como los bajorrelieves, los dinteles extraordinarios de Yaxchilán, o el tablero mural n° 3, considerado la obra maestra de los m. En el 790, hasta 19 ciudades elevan estelas conmemorativas, pero se produce un descenso progresivo hasta llegar al más desconcertante silencio epigráfico. ¿Cuáles fueron las causas del abandono de las ciudades? Entre las diversas teorías posibles - sismos, cambios de clima, epidemias, etc- la más verosímil es la de Morley, quien atribuye el despoblamiento de las ciudades a la incapacidad del sistema agrícola m. para sustentar tanta población creciente. Este empobrecimiento del suelo se da progresivamente en las distintas ciudades, cuyos habitantes recurren a la emigración, produciéndose la desintegración de la estructura social, con las naturales consecuencias políticas y religiosas. La emigración de los m., que no son ya nómadas, toma el camino de otra anterior, la "pequeña bajada", abriéndose paso hacia el Yucatán o "gran bajada", lo que explica el renacimiento de la península en las formas culturales m. La noticia de las emigraciones del Viejo Imperio la da el P. Lizana y los libros del Chilam Balam, que hablan de estas "bajadas" o marchas migratorias, comprobables por la arqueología. El Nuevo Imperio tiene, pues, un prólogo emigratorio y, aunque los resortes del poder y de la sociedad se relajaron con el abandono de las ciudades, la tradición viva entre los emigrantes permitió la reinstalación de las gentes, dándose un nuevo apogeo
Nuevo Imperio. Renacimiento y Liga de Mayapán (878-1194). En esta nueva etapa todo cambia por la presencia de gentes de afuera, que son mexicanos venidos de Tula (v.), que se establecen en Chacapuctún (el Champotón español), donde pierden su propia lengua adoptando la m. Los compañeros de Kukulkán (caudillo identificado con la serpiente emplumada tolteca) ocupan la ciudad de Chichén Itzá, mientras los descendientes de Cocom se establecen en Mayapán y los tutul xius fundan Uxmal
Periodo mexicano (1194-1441). La ruptura de la Liga de Mayapán y las guerras y sublevaciones subsiguientes llenan el largo periodo desde finales del s. xii a mediados del xv de la Era cristiana. El rapto de la esposa del cacique de Izamal -"la Elena maya"- es la causa que desencadena la guerra entre Mayapán y Chichén-Itzá, que gana Mayapán gracias a los guerreros importados de México. Esta victoria reconstruye en parte la Liga, pero sólo en beneficio de Mayapán, que consigue una transitoria hegemonía, imponiendo gobernadores a Chichén-Itzá y obligando a los jefes m. de las otras ciudades a enviar a los miembros de su familia a Mayapán, como rehenes. La vieja tradición de las ciudades se resiste a este predominio militar de Mayapán, y los jefes m. unidos, bajo la dirección de Ah Xupan Xiú, asaltan la ciudad dominadora, matan a la familia reinante y se dispersan luego. Esta caída de Mayapán es el comienzo del periodo desintegrador, que se produce en 1441
Periodo de desintegración (1441-1697). La anarquía creciente viene acompañada de calamidades en las tierras del Yucatán: en 1464, un huracán; en 1480, la peste; y en 1515, nuevas plagas. Las antiguas ciudades del renacimiento yucateco son abandonadas y los habitantes de Chichén-Itzá se trasladan a orillas del lago Petén, a Ta-Itzá o Tasayal, visitada en 1525 por Hernán Cortés. Entonces hacen su aparición en las costas del Yucatán las primeras expediciones españolas, que después intentan sin éxito una penetración. Fracasan así las invasiones de 1527-28 y de 1531-35. Este hecho, en lugar de unificar a los m., contribuye a dejarles en su postramiento. Algunos pueblos organizan "peregrinaciones" al lugar de donde proceden. Pero la traición de Nachi Cocom, por cuyo territorio han de pasar los peregrinos, desencadena nuevamente la guerra entre los m., produciéndose la total desintegración. El beneficiario de estas luchas es el conquistador español, que domina poco a poco la península, hasta que Martín de Ursúa termina con el reino de Itzá en 1697
7. Cultura. La clase sacerdotal era la depositaria de todo el saber m. y la creadora de la cronología, que descansa en dos conocimientos básicos: la astronomía y las matemáticas. Esto ha llegado a nosotros gracias a otra compleja creación intelectual de los sacerdotes m.: la escritura. Desde los tiempos del obispo Landa, que interpretó los jeroglíficos en relación con el sistema cronológico, los investigadores se han esforzado inútilmente en intentar un entendimiento completo de la escritura m., sobre la cual existen tres teorías interpretativas: fonética, ideográfica y mixta, con distintas variantes
Los conocimientos matemáticos de los m. figuran entre los más adelantados de los pueblos antiguos. Sus construcciones están basadas en principios seguros de la geometría euclidiana, y nos dejaron muestra expresa de su sabiduría en la aritmética, nacida seguramente de los cálculos astronómicos. "Su sistema numérico -afirma Morley- permanece en pie, después de dos mil años, como una de las obras más brillantes del intelecto del hombre". Este sistema, anterior al indostánico, del que deriva el arábigo que hoy usamos, consiste en concebir el valor de los números según su posición, teniendo en cuenta la existencia y el uso del cero, la gran adquisición abstracionadora de este pueblo original. Los m. concibieron una marcha única del tiempo, y, en vez de contar por ciclos aislados, supusieron un "año cero", del cual partieron para su cuenta
Astronomía y calendarios. Las grandes culturas agrícolas han sido siempre gestadoras de estudios astronómicos. La sucesión de los días y la posición del Sol imponen la determinación del año astronómico. De la conjunción de astronomía y matemáticas surge el calendario y los distintos sistemas de computar el tiempo. El calendario m. se articula en la existencia de dos tipos que se complementan: el tzolkin y el haab, de 260 y 365 días respectivamente. La Rueda calendárica es la coincidencia de los dos calendarios. La sabiduría astronómica m. descansaba en una fina y constante observación de la marcha de los astros; establecieron la existencia del año solar, superior al año natural de 365 días exactos, que tenía realmente 365,2420 días. Esta fracción producía al paso del tiempo acumulaciones de minuto que se convertían en horas, lo que dio pie a Sosígenes, en el Viejo Mundo, para introducir el día bisiesto. Los m. consiguieron la corrección que obtenemos hoy con la introducción de un día cada cuatro años, o bisiestos, mediante la observación de lunaciones, con una exactitud asombrosa. Establecieron también un año lunar y estudiaron el curso del planeta Venus
Los ni. montaron su cronología, estableciendo dos sistemas para contar el tiempo o representar esta cuenta: la llamada "serie inicial o cuenta larga" y la "cuenta corta". La primera es la propia del Viejo Imperio y daba fechas durante un periodo muy largo, y la segunda es la del Nuevo Imperio, con fechas en periodo más corto. El inglés Maudslay bautizó la cuenta larga con el nombre de "serie inicial", cuyo conocimiento se completó con los estudios del alemán Foertemann y el norteamericano Goodman. Consiste, tal como aparece en las estelas, en un signo introductor, que es uno de los 19 meses m., y luego en dos columnas de signos que se leen de izquierda a derecha y de arriba abajo, donde se consignan las distintas medidas de tiempo transcurrido: baktunes, katunes, tunes, uinales y kines. A continuación colocaban el cómputo lunar, que servía de "serie suplementaria" y un tercero o "serie secundaria" o "de corrección"
9. Arqueología. La historia de la arqueología m. es uncapítulo apasionante, comparable a las aventuras de un Evans o un Schliemann. Ceram (v. o. c. en bibl.) la inicia en 1839, cuando por el valle de Camotón entra John Lloyd Stephens, con el dibujante Catherwood y un acompañamiento de indios. Pero fue realmente en 1784 cuando se inició en Palenque la exploración de las ruinas m., por orden del presidente de la Audiencia de Guatemala José Estachería. A comienzos del s. xx, la Institución Carnegie decidió realizar una exploración sistemática, encomendada a Silvanus G Morley, que exploró Uaxactún, Tayasal, Quiriguá y Chichén-Itzá. Desde entonces, se han multiplicado las exploraciones en Tulum, Cozumel, Quintana Roo, etc., poniéndose de manifiesto Labná, Piedras Negras, Tikal, Uxmal y muchas más, hasta la isla de Jaina. La costumbre de inscribir con signos jeroglíficos los días y años de ciertas conmemoraciones, de carácter cronológico y periódico, ha sido muy valiosa para el historiador, pues las "estelas" m. tienen verdaderas informaciones cronológicas, que permitieron establecer las fechas con gran exactitud en el campo m
10. Arquitectura. Durante más de 13 siglos los m. construyeron grandes estructuras de un estilo inconfundible en su majestad y teatralidad Los elementos principales son los basamentos para sostener los templos y palacios, los muros de los edificios y el sistema de cobertura de los mismos. Pero es en las fachadas donde se desarrolla toda la fantasía decorativa de los m. En el Antiguo Imperio eran lisas, pasando en Palenque a los decorados sencillos con estuco y después en piedra barroca, que aparecen en Copán y Quiriguá, empleando a veces la verdadera escultura adosada, con efectos decorativos. En el Nuevo Imperio, las fachadas más decoradas son las chenes, mientras que en el delicadísimo estilo Puuc la decoración es principalmente geométrica. En el periodo mayamexicano (Chichén-Itzá), los muros se construyen en talud, con temas decorativos de estilo mexicano. El elemento importante son las escalinatas, con decoraciones en relieves o esculpidos, como las de Palenque, la de Los jeroglíficos y templo de Venus en Copán. También hay escaleras interiores, como la del Caracol en ChichénItzá (Nuevo Imperio) o la Torre de Palenque (Viejo Imperio)
También hubo ciudades, pero la ciudad en términos m. no era una agrupación de viviendas, sino un gran centro ceremonial y político, y puede decirse que los "vecinos" eran los jefes, los sacerdotes y sus familias. Las ciudades más importantes son: Uaxactún, con el monolito fechado más antiguo (328), Piedras Negras, Yaxchilán, Palenque, Tikal, Copán, todas ellas en el Viejo Imperio. Dentro del periodo yucateca, Chichén-Itzá ("La meca del Nuevo Imperio") y Uxmal, centro del bellísimo estilo Puuc. Morley agrupa los edificios m. en: religiosos, de recreo, obras de ingeniería y otros edificios civiles. Entre los edificios religiosos, la pirámide -creación característica de Mesoamérica- a diferencia de la mexicana, adorna la superficie con decoraciones. Entre los edificios de recreo son también característicos los Juegos de Pelota, destacando el de Chichén-Itzá, con el extraordinario Templo de los Jaguares. Los observatorios tuvieron singular importancia entre los m. Las ventanas superiores de El Caracol, de Chichén-Itzá, sugieren la idea de una de estas construcciones. En resumen, la arquitectura m. es monumental, de gran teatralidad y de tipo social y colectivo, no para uso individual, ni para comodidad
11. Escultura. Fue utilizada en la decoración de los edificios, subordinando muchas veces a esta decoración, por su agorafobia u horror al vacío, los principios arquitectónicos de simplicidad. Los jeroglíficos calendáricos y cronológicos tallados en las estelas conmemorativas y las decoraciones de estuco manifiestan, según Toscano, un estilo naturalista y la tendencia, en escultura, al modelado y a los diseños elegantes, características dominantes del escultor m. Como todo el arte de los m., la escultura está sujeta al tiempo y al espacio
Toscano clasifica la producción escultórica m. en: a) estatuillas y estatuaria en general; b) estelas y relieves; c) altares; y d) bajorrelieves en general. Los comienzos de la escultura m. están marcados por los relieves y lápidas irregulares, con figuras antropomorfas y cómputos en monolitos, como la estela de Uaxactún, la de Tikal y la fina plaqueta de Leyden. Del corazón del Petén la cultura m. se extiende periféricamente hacia el Usumacinta y el Motagua, donde en el s. v aparecen las estelas de Copán y Oxkintok, hasta llegar a su plenitud en el s. vi con las estelas, dinteles y estucos, en Piedras Negras, Yaxchilán y Palenque, pasando por el barroco de Quiriguá, para iniciar una lenta decadencia hasta el s. ix. La escultura m. puede llamarse con toda propiedad "arte mayor", tanto por la perfección de su técnica como por la depurada inspiración que muestra
12. Cerámica. Los m. han dejado muestras maravillosas de su arte y técnica cocedora del barro, tanto en cacharrería como en alfarería de vasijas. Careciendo de torno, usaban el modelado y el moldeado, guardando siempre la huella de la obra personal. Cerámica incisa, cerámica con figuras en relieve, cerámica pintada, siempre vinculada con la historia y con la agricultura. En la época arcaica o premaya, según Toscano, cristalizan algunos de los caracteres m., con los tipos de cerámica Mamom y Chicanel. En los periodos que Smith llamó de Tzakol, se ve la influencia más septentrional de Monte Albán y Teotihuacán (v.). La fase Esperanza, en Kaminal-Juyú (tierras altas de Guatemala), muestra la amplia difusión de un tipo de cerámica especial, caracterizada por los tres pies en forma de senos femeninos, con cascabel interior. En el Viejo Imperio, la cerámica clásica es la Tepeu, dealtos vasos cilíndricos y escenas con figuras, como el maravilloso Nebaj y piezas maestras como las de Uaxactún, y las de la Alta Verapaz, en Chamá (Guatemala). La cerámica del Nuevo Imperio tiene un momento de gran esplendor en el estilo Puuc, consecuencia del renacimiento maya-tolteca
M. BALLESTEROS GAIBROIS
BIBL.: CH. E. BRASSEUR DE BOURBORG, Histoire des Nations Civilisées du Mexique et de L’Amérique Centrale, París 1857; Popol Vuh. Le Livre Sacré et les Mythes de L’Antiquité Américaine, París 1861; A. DE HERRERA, Historia general de los hechos de los castellanos en Tierra Firme e islas del mar Océano, 2 ed. Madrid 1726-30; P. ARMILLAS, Los dioses de Teotihuacán, "Anales del Inst. de Etnología Americana", 6, Mendoza, 35-61; A. BARRERA VÁZQUEZ, Problemas que ofrece la traducción de los documentos mayas poscortesianos, "El México Antiguo", 5, México, 83-86; B. L. BUTURINI, Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional, Madrid 1746; S. G. MORLEY, La civilización maya, México 1947; en H. 1. SPINDEN, Maya Dates and What They Reveal, en Brooklyng Institute of Arts and Sciences, IV,1, Brooklyn 1930; P. SCHELLHAS, Representation of the Deities of the Maya Manuscripts, en Papers of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology, IV,1, Cambridge 1904; J. E. S. THOMPSON, Grandeza y decadencia de los mayas, México 1959; C. W. CERAM, Gótter, Graeber und Gelehrte. Roman der Archeologie, Hamburgo 1949; S. G. MORLEY, La civilización maya, México 1947; J. E. THOMPSON, Grandeza y decadencia de los mayas, México 1959; H. TRIMBORN, La América precolombina, Madrid 1965
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.