Maura y Montaner, Antonio
Categoria:
Biografía GER
Político español, figura decisiva en la vida pública nacional del primer cuarto del s. XX, jefe del partido conservador, varias veces ministro y jefe de Gobierno, n. en Palma de Mallorca el 2 mayo 1853, miembro de una familia numerosa de clase media. Huérfano de padre muy niño, cursó los estudios primarios en su tierra natal, que abandonó en el crítico a. de 1868 para trasladarse a Madrid e iniciar los superiores. La novedad que ofrecía el reciente plan de estudios de Derecho, después de la reforma de Ruiz Zorrilla que los redujo a tres años, le desvió de su inicial intención de cursar la carrera de Ciencias y le llevó a las materias jurídicas. Allí se iba a conformar su talante y su estilo de hombre de leyes y allí comenzó propiamente su doble vertiente profesional y política, de brillante abogado y de hombre público, de tribuna y de gobiernoSu amistad con dos compañeros de curso, Trifino y Honorio Gamazo, le puso en contacto con su hermano mayor, Germán, en cuyo renombrado bufete entraría M. al final de sus estudios, vinculándole también esta relación profesional y amistosa al sector político en que se movían los Gamazo, el partido liberal y, más concretamente, el grupo de correligionarios de Sagasta (v.). Un lazo más sólido aún le uniría a esta familia: su matrimonio con Constancia Gamazo en 1878
Comienzos políticos. La vida del político se abre con las Cortes de 1881, la primera vez que, en el sistema de la Restauración, Sagasta y el partido liberal se hacían cargo del poder; en esas Cortes recibe M. su acta de diputado por Mallorca. Muerto Alfonso XII (v.) en 1885 y comprometido el partido sagastino a sostener el trono, M. se hace cargo en la legislatura de 1886 de la vicepresidencia del Congreso, destacando en los discursos que dedicó a la defensa del juicio por jurado, una de las conquistas que había hecho suyas el partido liberal, junto a la del sufragio universal, y, en el plano de lo económico, ataca el programa librecambista del ministro de Hacienda López Puigcerver. Ambos partidos turnantes, a pesar de los continuos esfuerzos de Cánovas (v.) y Sagasta por mantener su unidad y su mutuo acuerdo de compromiso con el sistema, eran un auténtico hervidero de intereses personales o de grupo. Dentro del liberal, hombres como Cristino Martos, el general Cassola o Germán Gamazo significaban claras posturas disidentes. En la tendencia representada por este último quedaba incluida la trayectoria de M. Poco a poco la fracción gamacista se iría alejando de la jefatura de Sagasta para convertirse primero en partido minoritario y bascular luego, tras la muerte de Gamazo, hacia las filas del conservadurismo
Aun en el segundo y tercer Gobierno de Sagasta (noviembre 1885-julio 1890 y diciembre 1892-marzo 1895, respectivamente) colaborarían M. y Gamazo, desempeñando las carteras de Ultramar y Hacienda. Desde la primera intentó M. un programa de reformas administrativas para Filipinas y lanzó un proyecto de ley para el gobierno y administración de Cuba y Puerto Rico (junio 1893), que suponía la concesión de una cierta autonomía, con la creación de una Asamblea que entendiese en los problemas internos insulares y que hiciese llegar su voz al capitán general, que contaría con el asesoramiento de un grupo de isleños representativos. Tal tendencia autonomista contó con la reprobación de Sagasta y del Gobierno, a la vez que, por motivos opuestos, era considerada por los líderes cubanos como una estratagema política, incapaz, en cualquier caso, de satisfacer sus aspiraciones. Sin embargo, el decreto de igualdad jurídica entre blancos y nativos fue acogido con gran éxito en Filipinas. El fracaso de los proyectos más ambiciosos de su política ultramarina le llevaría a la dimisión de su cartera, al tiempo que Gamazo abandonaba la de Hacienda. Aparece ya aquí una de las facetas típicas de la vida política de M., su desbordante optimismo inicial que le lleva a volcarse apasionadamente en sus planes y, tras el fracaso o la hostilidad con que fueran recibidos, una etapa de alejamiento y de decepción. El breve paso por la cartera de Gracia y Justicia, en 1895, sería su último servicio al liberalismo sagastino, que también cedía el poder en ese mismo año
Apogeo de Maura. Tras la derrota del 98 comienza el M. de la "revolución desde arriba", la que él preconizaba "hecha desde el Gobierno, radicalmente, rápidamente, brutalmente", aquella en que nadie pudiera permanecer indiferente. Su ideario se aproxima día a día al de Silvela, en cuyas filas forma desde 1902. Con él será uno de los protagonistas del regeneracionismo, buscando la colaboración de la España real, intentando poner fin a la corrupción electoral, dándose vigor y presencia al partido conservador, lográndole nuevos adeptos desde las clases medias católicas y burguesas y preocupado porque el liberal no se saliese del sistema, aliándose con las fuerzas antidinásticas
Ministro de la Gobernación en el Gobierno Silvela, sucedió a éste, tras su caída política, como cabeza de los conservadores, siendo encargado por el rey de formar Gobierno el 5 dic. 1903. Un indudable éxito de M. fue elviaje regio a Barcelona en 1904, a pesar del riesgo que la agitación catalanista y lerrouxista presuponían. No se vio libre M., sin embargo, de un atentado anarquista. En el plano internacional, consiguió una entrevista del joven Alfonso XIII (v.) con el emperador Guillermo II en aguas de Vigo. Poco tiempo le duró esta vez la confianza real y, tras una disensión con el rey a causa de la designación de jefe del Estado Mayor Central, dimitió de la presidencia del Consejo en diciembre de 1904
Nuevamente en enero de 1907 formaría Gobierno. Sería ésta su etapa más dinámica y comprometida. En el plano de la política interna, volvió a llevar al debate parlamentario su proyecto de Ley de Administración Civil, objeto de pugnas en su primer Gabinete, que ahora se vieron renovadas como prueban los 5.511 discursos pronunciados y las 2.813 enmiendas presentadas. Tendía esta ley, conocida como de "descuaje del caciquismo", a una autonomía administrativa, por lo que contó con la enemiga de las tendencias centralistas, pero consiguió cierta aceptación de las fuerzas catalanistas, en especial de la Lliga, ratificándolo con el recibimiento que se preparó a Alfonso XIII en Barcelona en octubre de 1908. De otro lado, su proyecto de ley contra el terrorismo y la política represiva dirigida por su ministro de Gobernación, La Cierva (v.), hombre más autoritario que conciliador, levantó oleadas de oposición de las izquierdas. Tampoco su programa de renovación de la Armada tuvo mejor acogida en las filas de sus oponentes
La política exterior de su segundo Gobierno se acercó a Francia y a Inglaterra. La entrevista del rey con Eduardo VII en Cartagena afirmó sus mutuos intereses en el Mediterráneo y su deseo de colaboración. Pero Marruecos iba a proporcionar la primera grave crisis del siglo. Cuando, de manos de los intereses mineros, se tendía el ferrocarril a Melilla, una serie de hostigamientos rifeños llevó a una dura lucha que culminó en la sangrienta acción del "Barranco del Lobo" (julio 1909). La movilización de reservistas determinó en Cataluña una atmósfera de inquietud y violencia que desembocó en la "Semana trágica" de Barcelona. La posterior represión y el fusilamiento del anarquista Ferrer supuso no sólo una campaña de tumultuosa crítica en el extranjero, sino la confabulación de los liberales y las izquierdas contra M., consiguiendo que el rey, siempre débil a la coacción izquierdista, se sumase al "Maura, no", retirándole su confianza (octubre 1909) y dando el Gobierno al liberal Moret, a la cabeza de la oposición antimaurista. De ahí surgió un M. decepcionado y resentido. Aunque todavía en tres ocasiones se recurriese a él, como hombre fuerte, para formar Gobierno, el Nacional tras la crisis de 1917, en 1919 y en 1921 tras el desastre de Anual (v. ÁFRICA, GUERRAS DE ii), a M. hay que buscarle en estos años en el "maurismo", como movimiento juvenil renovador que busca caminos de curación a la dolencia que él veía en España, "el divorcio entre el Estado y la sociedad"
Defensor del neutralismo español durante la Guerra mundial y contrario al establecimiento de la dictadura en 1923, vivió sus últimos años como un símbolo político, entregado a las tareas de bufete y a las académicas, como presidente de la R. A. Española. M. mientras se dedicaba a su pasatiempo favorito de la pintura, en Torrelodones, el 13 dic. 1925
M. ESPADAS BURGOS
BIBL.: G. MAURA, Por qué cayó Alfonso XIII, Madrid 1947; A. MAURA, Treinta y cinco años de vida pública, ed. 1. RuizCASTILLO, Madrid 1953; M. GARCÍA VENERO, Antonio Maura (190709), Madrid 1953; A. SEVILLA, D. Antonio Maura; la revolución desde arriba, Barcelona 1954
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.