Marruecos (magrib Al-agsá) IV. Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
Categoria:
Historia
La ofensiva de los españoles y portugueses durante los s. XV y XVI señala el comienzo del periodo moderno en M. La conquista de las plazas costeras por los cristianos despertó en los marroquíes la conciencia de su decadencia. Ante la incapacidad de reacción de los Wattásíes, una nueva dinastía, de origen más o menos árabe, la de los Sa’díes, impone su dominio.La dinastía Sa’dí. Los Sa’díes procedían del Atlas sahariano, se proclamaban descendientes de Mahoma por rama femenina, se habían instalado desde 1510 en el Sur de M., se hicieron prácticamente independientes en Marraquech desde 1524 y su primera actuación consistió en declarar la guerra santa contra los portugueses, a los que vencieron en Agadir (1541), atrayéndose con ello las simpatías de la población y, especialmente, las de los "conventos religiosos" de marabutos (morabitos) o santones que, influyentes desde la época almorávide, lo serán mucho más ahora. Los marabutos apoyarán a los Sa’díes a derrocar a los Wattásíes en 1549.Ahora bien, si querían permanecer, los Sa’díes debían mantener el equilibrio entre el poder turco instalado en Argel y el de los españoles y portugueses establecidos en los puertos marroquíes y, frecuentemente, sólo gracias al apoyo de estos últimos, pudieron defenderse contra el primero. Pero esta alianza con los cristianos provocó el recelo de los marabutos, lo que creó una situación de confusa inestabilidad. Aun así, los Sa’díes gozaron de algún esplendor cuando el hijo del fundador de la dinastía, °Abd al-Malik, al vencerles en Alcaaarquivir (1578), redujo a los lusitanos a Mazagán y, sobre todo, con Ahmad IV al-Mansúr (1578-1602), que realizó una expedición al Sudán occidental, conquistando Tombuctú y trayéndose grandes riquezas, que le permitieron adornar Marraquech con edificios como el panteón de la dinastía en el palacio de el-Badi. Más importante aún es Ahmad IV por ser el creador del Makhzen, es decir, la organización política, financiera y militar que se mantendría en M. hasta 1912, y que distingue entre el territorio realmente dominado y los "países disidentes", en los que se incluyen las tribus insumisas. El sistema, teóricamente ineficaz, se justifica en la práctica por la configuración geográfica del país, la oposición entre nómadas y sedentarios y la perpetua anarquía. En el que se llama ya imperio jarifiano, el poder del sultán depende exclusivamente de la fidelidad personal de algunos jefes de tribu que le ayudan a someter a las insumisas y se ve afectado porla influencia de los marabutos, que exigen el acatamiento total a los principios islámicos.La instauración de los Alauitas. Precisamente por eso, cuando el último sa’dí, Muhammad XIII (1636-54), se muestra demasiado amistoso con los españoles, una explosión de fanatismo, alimentada por los marabutos, favorece las ambiciones de otra familia jarifí Oarifí), los Filali, beréberes con alguna mezcla árabe, una de cuyas ramas colaterales, los `Alawíes, llega al poder, en el que aún se mantiene hoy.Al fundador Múláy Ras`id (1654-72) le correspondió la tarea de conquistar todo el territorio marroquí, que terminó en 1670, al ocupar Marraquech y Tarudant, cuna de los Sa’díes; pero el consolidador de la nueva dinastía fue su hermano Miiláy Ismá’il (1673-1727). Éste, que sería conocido por el sobrenombre de el Sanguinario, se impuso por el terror, apoyándose en una guardia de esclavos negros (los bujaris), a los que concedía importantes privilegios, y en una legión de renegados extranjeros. Gracias a ellos, durante su largo reinado dominó sobre M. como no lo haría ningún otro sultán y le dio una unidad que, pese a las muchas revueltas, se mantuvo hasta el s. XX. Mas, al no existir una administración eficaz, en cuanto faltaba un sultán enérgico y hábil, resucitaba la anarquía. Así ocurrió al morir Ismá`il, hasta que volvió a poner algún orden Mñláy Muhammad (1757-90), que expulsó a los portugueses de Mazagán, su último reducto, cercó a los españoles en los presidios de Ceuta y Melilla y, aunque firmó con los europeos numerosos tratados comerciales, favoreció la piratería. Pese a la piratería contra los europeos y pese a los horrores a que se veían sometidos los esclavos cristianos, los intereses económicos hicieron que se mantuviera el comercio iniciado en el s. xvi por los portugueses y españoles, desarrollado en el s. XVII por los franceses y detentado en el s. XVIII por ingleses y holandeses, hasta que Francia recupera su posición ventajosa en un tratado (1768), que le da la consideración de nación más favorecida.Los intereses europeos. Las relaciones con los europeos se hacen progresivamente más tensas durante el s. XIX, en virtud de la política colonialista. La ocupación francesa de Argelia (1830) lleva a `Abd al-Rahmán I I (182259) a un choque bélico, tras el que Francia le impone el tratado de Tánger (1844). Su sucesor, Muhammad XVII (1859-73), no sólo resiste la presión francesa, sino también la creciente de Inglaterra y, sobre todo, hace frente a España (v. ÁFRICA, GUERRAS DE I). Más borrascosos aún son los años siguientes. I Iasan 1 (1873-94) soporta la conferencia de Madrid (1880), que abre M. a las influencias europeas, y el envío de una expedición española que impone el tratado de 1894. Con `Abd al-`Aziz IV (1894-1908) se llega a la plena crisis; reformista y anglófilo, no fue capaz de realizar sus proyectos; los franceses aumentaron su presión y el resultado fue la anarquía. Las apetencias francesas, alentadas por los tratados con M. de 1901 y 1902, encontraron vía libre tras la Entente Cordial (v.), cuando Gran Bretaña dejó mano libre a su influencia en M. (1904). España se conformó con la zona de influencia que Francia le dejó (octubre de 1904). Alemania, que había quedado marginada del reparto, provocó la primera crisis marroquí cuando el Kaiser desembarcó espectacularmente en Tánger (1905), forzando la reunión de una conferencia internacional; pero, aislada diplomáticamente, Alemania no consiguió nada y la conferencia de Algeciras (1906) reconoció el statu quo, confirmando la internacionalización económica de M., aunque bajo la soberanía del sultán.Su sometimiento a Europa provocó el destronamiento de `Abd al-`Aziz, pero su hermano Múlay Háfiz_ (190812) sólo fue reconocido por Francia y España, después que él aceptó el tratado de Algeciras. El débil poder del sultán no bastaba para controlar una situación tan difícil. En la zona de influencia española, los incidentes se sucedieron entre 1909 y 1911; y en la zona francesa, las tribus rebeldes sitiaron a Múlay Háfiz en Fez (1911), dando pie a que los franceses, con el pretexto de ayudar al sultán, ocuparan la ciudad. Se plantea entonces la segunda crisis marroquí, pues Alemania, al considerar que la actuación francesa viola el tratado de Algeciras, provoca el incidente de Agadir y sólo cede a cambio de concesiones en otros territorios africanos. Francia puede ya firmar con el sultán el tratado de protectorado sobre M. (30 mar. 1912) y otorga también a España un similar protectorado sobre otra zona de M., más reducida que la de influencia atribuida en 1904.El protectorado. Francia logró la cooperación del nuevo sultán Múlay Yúsuf (1912-27), gracias a la habilidad del residente general Lyautey. La zona más difícil de someter resultó la fronteriza entre los protectorados de Francia y España, donde a partir de 1920 se había sublevado `Abd al-Krim, que pretendía crear un imperio en el M. occidental, y cuya amenaza sólo fue eliminada mediante la acción conjunta de las fuerzas hispano-francesas en 1926 (v. ÁFRICA, GUERRAS DE II). Por lo demás, la insumisión en la zona francesa se mantuvo hasta 1934, en que fue totalmente dominado el Sur de M.Mediante la ficción administrativa de legislar en nombre del sultán, Francia intentó la transformación de M.; pero esta modernización comportó el desarrollo del nacionalismo impulsado por los jóvenes marroquíes educados en las escuelas francesas. A diferencia de la zona española, donde los focos nacionalistas fueron menos importantes, en 1934 se constituyó en la zona francesa un Comité de acción que propugnaba una mayor participación marroquí en el gobierno del país y la desaparición de la administración francesa "directa". Su inicialmentetímido programa autonomista se acentuó al poco, provocando duras represalias metropolitanas que acarrearon la disolución del Comité (1937) y el destierro de su líder `Allál al-Fasi. A continuación, el residente general Nogués procuró satisfacer las demandas sociales y administrativas de los nacionalistas, creando escuelas, hospitales y otorgándoles determinados puestos, aunque políticamente gobernó con el apoyo de los jefes de tribu.La inicial derrota de Francia en la II Guerra mundial debilitó su prestigio. Las nacionalistas, creyendo que Norteamérica y Gran Bretaña apoyarían un movimiento independentista, fundaron, tras el desembarco aliado en M. (1942), un partido, el Istiglal (v.), cuyos líderes, Balafrei y al-Tazidi, pedían la independencia absoluta, la creación de un régimen constitucional bajo la autoridad del sultán Muhammad V ibn Yñsuf (1927-61) y la desaparición del poder de los notables, pachás o jefes tribales. El propio sultán, instruido por sus consejeros, algunos de los cuales pertenecían al Istiglal, les daba su apoyo. La reacción no se hizo esperar. El residente general Juin expulsó del Consejo de Gobierno a los miembros del Istiglal y, como el sultán se negase a firmar los decretos preparados por los franceses, impidiendo su promulgación, alentó a uno de los notables, el pachá de Marraquech, al-Gláui, a que se alzara contra el sultán (1951). Así logró que Muhammad firmara los decretos pendientes y disolviera su Consejo, aunque no condenara explícitamente al Istiglal.El sultán mantenía una política crecientemente independentista. En 1952 quiso negociar la revisión del protectorado y, como no le satisficieran las ofertas francesas, manifestó públicamente su disconformidad en la conmemoración de sus bodas de plata con el trono. Esto colmó la paciencia de París, que decidió derrocarle, con el apoyo de al-Gláui, a quien consideraban representante de los intereses beréberes tradicionales frente a los de la occidentalizada clase media de las ciudades. El resultado fue que el 20 ag. 1953, en Fez, fue consagrado sultán Múlay Muhammad ibn `Arafa que, al no recibir ningún apoyo, ni siquiera aparecería en público. España no le reconoció .en su zona de protectorado.La independencia. La represión de toda actividad política en M. desencadenó el terrorismo. Sin más opción que la de restaurar a Muhammad V, que estaba confinado en Madagascar, el Gobierno de E. Faure decidió (1955) cambiar su política marroquí: le aceptó como sultán legítimo y anunció que se podían entablar conversaciones para reconocer a M. como Estado independiente "unido a Francia por lazos permanentes de una interdependencia libremente conseguida". `Arafa se refugió en Tánger; al-Gláui escribía al sultán: "malditos sean quienes nos han engañado"; y Muhammad V, abandonando el absolutismo teocrático, se convirtió en el primer soberano constitucional de M. Francia reconoció la independencia marroquí el 2 mar. 1956. España, que ya en enero se había declarado partidaria de un M. independiente, lo hizo en abril; pero como en la declaración española no se hacía mención ni de las plazas de Ceuta y Melilla ni de los territorios de Ifni y Río de Oro, esto plantearía conflictos en el futuro.Los problemas con que se enfrentaba el nuevo Estado eran formidables. El viejo imperio jarifiano, ahora llamado reino de M., y el sultán, ahora llamado rey (1957), empezaban con dificultades. Era preciso unificar las dos antiguas zonas de protectorado, reemplazar los funcionarios civiles y militares que dejaban el país, reactivar la economía afectada por la retirada de los capitales metropolitanos, restaurar las buenas relaciones con las po Vuna floreciente cristiandad cuya historia resumimos a continuación.Hasta el siglo XV. La penetración del cristianismo en la Mauritania Tingitana (actual M.) debió de realizarse tempranamente y parece que desbordó muy pronto los confines del dominio romano. Tertuliano, a principios del s. III, afirmaba que diversas tribus de gaetuli y varias regiones del país de los mauri habían recibido el Evangelio (Adversus Iudaeos, 7: PL 2,650). El proceso del centurión Marcelo en Tánger, en el 298, no demuestra, sin más, que hubiera por entonces una comunidad cristiana en dicha ciudad (cfr. D. Ruiz Bueno, Actas de los Mártires, Madrid 1951, 952-957). Pero en el s. v Tánger era sede episcopal y contaba con un monasterio. Se tienen también noticias de cristiandades en Septa (Ceuta), Lixus (Larache), Volubilis. Otros nombres de sedes, que figuran en los concilios africanos, son de localización dudosa. De la vitalidad de tales comunidades da idea el número de doncellas que, según testimonio de S. Ambrosio, llegaban a Milán para tomar el velo de las vírgenes ex ultimis infra ultraque Mauritaniae partibus (De virginibus, 1,10: PL 16,215).Poco sabemos de la suerte que corrieron esas cristiandades después de la invasión de los vándalos (v.) y durante el posterior dominio de los visigodos (v.). Con la llegada de los árabes debió de quedar muy poco de la organización eclesiástica; la población indígena fue inducida rápidamente a abrazar el Islam y la minoría goda fue exterminada o se refugió en España. Es posible, con todo, que persistieran algunos núcleos cristianos, lo mismo que en el resto del África septentrional, donde en 1053 quedaban aún cinco obispos y dos en 1073 (cfr. Jaffé, Regesta Ponti f iccorum Romanorum, I, 4994-4996; PL 143,728).Bajo el dominio de los almorávides (v.) fueron formándose en el Magrib (v.) colonias de cristianos, ya entre los cautivos, ya entre las tropas mercenarias procedentes de los reinos de la península Ibérica. El contingente fue aumentando bajo los almohades (v.) en el s. XII. A las relaciones de carácter político, cada día más numerosas, con los países cristianos, se añadió el creciente intercambio comercial, que dio lugar a alhóndigas en los puertos principales y, andando el tiempo, a verdaderos consulados. Con ello los derechos de los cristianos se vieron progresivamente protegidos y volvió a organizarse el culto. En 1137 aparece en Fez un obispo de nombre Miguel ben Abdelaziz con los varios miles de mozárabes granadinos deportados 11 años antes (Simonet, Historia de los mozárabes, Madrid 1897-1903, 745 ss.). En Marrakech, la capital, existía una iglesia, favorecida por los soberanos con franquicias y privilegios. Entre las condiciones puestas por S. Fernando, hacia 1227, al poner a disposición de `Abd Alláh al-Maymun un cuerpo de 12.000 guerreros cristianos, figuraban la construcción de una iglesia en Marrakech, el libre ejercicio de la religión para todos los soldados, la prohibición a los cristianos de pasar al Islam y, por el contrario, libertad a los musulmanes para abrazar el cristianismo.Para entonces el Magrib estaba ya siendo el campo pre. ferido del celo de los misioneros. En 1213 S. Francisco de Asís (v.) había emprendido el viaje a M.; la enfermedad le obligó a desistir. En 1219, por decisión del capítulo general, fue enviada una misión de cinco franciscanos, que iniciaron su predicación en Sevilla; expulsados de aquí, pasaron a M., y el 16 en. 1220 fueron martirizados en Marrakech. Los protomártires franciscanos fueron canonizados por Sixto IV. No fue estéril la sangre de los cinco misioneros. El papa Honorio III (v.)creyó llegado el momento de encauzar con garantía de éxito la atracción que M. ejercía en las dos recién nacidas órdenes mendicantes. Un breve de 7 oct. 1225 otorgaba la misión apostólica a los dominicos y franciscanos que se dirigían al reino marroquí animándoles a llevar adelante su labor pastoral. El primer obispo consagrado fue el dominico fray Domingo. En ese mismo año o al año siguiente fue consagrado también obispo de Fez el franciscano fray Agnelo, que con otros hermanos de hábito trabajaba ya por aquellas tierras. En 1233 Gregorio IX le recomendaba encarecidamente al sultán. En 1227 un grupo de siete fueron martirizados en Ceuta. También éstos serían canonizados por León X.Siglos XV-XX. En 1415 caía Ceuta en manos de Juan 1 de Portugal. Inmediatamente es establecieron como misioneros los franciscanos y dominicos. En 1421 era erigida la diócesis con jurisdicción sobre los fieles de todo el reino de Fez. La serie de obispos de Ceuta, cuyo derecho de presentación perteneció primero a los reyes de Portugal y, desde 1675, a los de España, continuó hasta el concordato de 1851, que suprimió la sede, agregándola a la de Cádiz como administración apostólica, y así sigue actualmente. Tánger fue ocupada por los portugueses en 1471. También aquí se estableció un obispado, del que dependía la ciudad de Arcila, conquistada en el mismo año; en ambas poblaciones fundaron los franciscanos. Un siglo más tarde, en 1570, quedó unido al de Ceuta. Cedida la plaza a Inglaterra en 1661, la sede de Tánger fue meramente titular. Temporal fue asimismo, como el dominio portugués (1508-41), el obispado de Safi, del que dependían Azamor, Almedina, Tit y Mazagán.En 1630 se inicia una nueva etapa de la misión franciscana por iniciativa del beato Juan de Prado, provincial de los descalzos de Andalucía, y bajo la dirección de la Congregación de Propaganda Fide, que erigió la prefectura apostólica de M. Fray Juan padeció el martirio al año siguiente en Marrakech. La misión pudo consolidarse a pesar de las dificultades, y perduró durante los s. xvri y xvtir con muy varias vicisitudes. Tras una decadencia casi total, debida sobre todo a la supresión de las órdenes religiosas en España, fue de nuevo establecida en 1858. Pero la ruptura de hostilidades al año siguiente entre España y M. la dejó en suspenso. El tratado de paz de 1860 estipulaba absoluta libertad de acción de los misioneros; éstos volvieron a instalarse amplianente tan. to en la zona ocupada por España como er el resto del Magrib. El centro de la prefectura apostólica era Tánger. El más insigne entre los prefectos fue el P. José Lerchundi (1896), que elevó a gran altura las institu. ciones misionales y gozó de la confianza del sultán Muley Hasan; mérito suyo fue la embajada que éste envió a León XIII en 1888. La misión moderna luedó confiada a la provincia franciscana de Santiago de Compostela. En 1908 fue erigido el vicariato apostólico. Pero al firmarse en 1912 el tratado de Fez, que delimitaba las zonas de protectorado, el vicario apostólico no pudo ejercer ya sus funciones en la zona francesa, por lo que en 1923 fue desmembrado el vicariato apostólico de Rabat, confiado a los franciscanos franceses.Después de la independencia de M., seguida de la integración de Tánger, la Santa Sede transformó en arzobispados los dos vicariatos (Rabat 1955, Tánger 1956). La población católica, que en 1912 sumaba unos 30.000 fieles, se elevó progresivamente durante el protectorado y el régimen internacional de Tánge~hasta sumar, en 1952, 490.000 almas, el 4,2% de la p lación total , casi exclusivamente de origen europeo. Inerrumpila asda inmigración, el número ha comenzado a decrecer sensiblemente. En 1972 los católicos constituyen apenas el 1 110.000 en el arzobispado de Rabat y 28.000 en el de Tánger. Trabajan en M. 187 sacerdotes de ambos cleros y 840 religiosos y religiosas. La labor misionera entre los no católicos se limita a las obras de asistencia benéfica y educacional, ya que oficialmente está prohibido todo proselitismo. En los dos arzobispados los misioneros sostienen hospitales, dispensarios, clínicas, orfanatos, hogares de obreros y numerosos colegios. La población musulmana mira con simpatía la labor social, caritativa y escolar de la Iglesia. Merece destacarse la irradiación ejercida por la abadía benedictina de Toumbiline, fundada en 1952. Hay también tres monasterios femeninos de clausura: dos de clarisas y uno de carmelitas.LÁZARO DE ASPURZ
BIBL.: MAS LATRIE, Les anciens évéques de l’Afrique septentrionale, Argel 1887; A. DE VALENCE, L’Histoire des Péres Capucins au Maroc (1624-1636), Roma 1888; M. P. CASTELLANOS, Apostolado seráfico en Marruecos, Madrid 1896; H. LECLERCQ, L’Afrique chrétienne, París 1904; J. MESNAGE, Le christianisme en Afrique, Argel-París 1914; B. ALTANER, Die Dominikanermissionen des 13. fahrhunderts, Habelschwerdt 1924; L. LEAIMENS, Geschichte der Franziskanermissionen, Miinster 1929; C. PIEPER, Atlas orbis christiani antiqui, Di1sseldorf 1931; A. LóPEZ, Obispos en el África septentrional desde el siglo XIII, 2 ed. Tánger 1941; P. ANASAGASTI, Apostolado franciscano en Marruecos, Burgos 1951; M. R. PAZOs, Escritores misioneros franciscano-españoles de Marruecos (1859-1957), Tánger 1958; íD, Misión franciscana española de Marruecos (1860-1959), Tánger 1961; Ann. Pont. 1972.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.