Marruecos (magrib Al-agsá) III. Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
Su remota ocupación humana está atestiguada por numerosos restos arqueológicos, especialmente megalíticos, vinculados a una raza aborigen emparentada con los beréberes (v.). Integrada en esa clara unidad geográfica que es el África septentrional, M. tiene una historia estrechamente conectada con la de las restantes regiones norteafricanas, aunque las rivalidades tribales impidieron la permanente constitución de un reino único, pese a los reiterados intentos, realizados casi siempre por iniciativa marroquí. La historia de M. puede dividirse en tres grandes etapas: la antigua, caracterizada por el predominio de los contactos mediterráneos, que abarca aproximadamente del s. XII a. C. al s. VII d. C.; la medieval, entre los s. VII y XV; la moderna, del s. XV en adelante.El periodo mediterráneo. La primera fuente histórica que hace alusión a M. (el Periplo de Hannon, que menciona las colonias cartaginesas establecidas en su costa) y otras posteriores parecen indicar que, quizá, desde ca. 1200 a. C., sus habitantes mantenían relaciones con los navegantes de Tiro, que fundaron puestos comerciales como Lixus (cerca de Larache), Tingis (Tánger) y Rusadir (Melilla), de los que aún quedan vestigios. Estas relaciones se intensificaron con Cartago, que, a partir del s. vi a. C., revitalizó las viejas colonias de Tiro y creó otras nuevas en el actual emplazamiento o en las proximidades de Tetuán, Tánger, Arcila, Larache y Chella. Como en los demás lugares en que se. asentaron, los cartagineses (v.) no ejercieron gran influencia cultural sobre los indígenas que, marginalmente, estaban organizados, en el s. IV a. C., en el reino de Mauretania y Getulia extendido entre el océano y el río Muluya, existente probablemente desde mucho tiempo antes y que se mantuvo hasta que los cartagineses fueron desplazados como poder hegemónico en el Mediterráneo occidental por los romanos. Éstos ampliaron, paso a paso, su influencia hasta que Augusto incorporó el territorio marroquí a la Mauritania oriental (25 a. C.), encomendando su gobierno al rey Juba, fiel aliado de Roma. Más tarde, Calígula lo convirtió en provincia (40 d. C.) y Claudio lo subdividió en otras dos: Mauretania Caesariensis (aprox. la actual Argelia) y Mauretania Tingitana (aprox. el actual M.); esta última, cuya principal ciudad del interior era Volubilis, cerca de Mequínez, se incorporó a la diócesis de Hispania en la reforma de Diocleciano. La invasión de los vándalos (429) y la subsiguiente y limitada ocupación bizantina sumieron a M. en la oscuridad; su población beréber, parcialmente impregnada de romanización y cristianismo, fue gobernada localmente por una confederación tribal, la de los zenáta o zenáta.Los imperios marroquíes. A fines del s. VII, se produce un decisivo giro en la historia de M.; en el 682, los árabes, dirigidos por el legendario general `Ugba, alcanzan Tánger (v.) y la llanura marroquí, aunque la verdadera conquista tiene lugar 20 años después, al llegar nuevas tropas mandadas por Musa ibn Nusayr. Los beréberes, que empiezan a convertirse al islamismo, juegan un papel importante en los próximos acontecimientos, y un beréber converso, Táriq, con fuerzas árabes y beréberes, se lanza a la conquista de España (711). Sin embargo, la insolidaridad beréber comporta una rivalidad con los árabes que se plasma en el campo religioso; frente a la ortodoxia sunní de los árabes, los beréberes adoptan el puritanismo jarichí (v.). Esta contraposición explota con motivo de la inicial descomposición del imperio omeya; en el 730 estalla en Tánger una sublevación jarichí dirigida por un beréber zenáta, Maisarah, que se convierte en el primer gobernante independiente del M. islámico. Aunque la reacción beréber es sofocada por los Omeyas (v.), que implantan la Sunna, éstos no pueden impedir que se constituyan algunos pequeños Estados independientes, como los Berghawata en la costa atlántica y los Midráridas en Tafilalet. Sin embargo, para entonces, aunque lo árabe ha influido poco en los beréberes, dos factores esenciales, la religión musulmana y el empleo del árabecomo idioma literario, han unido indeleblemente a M. con el Oriente islámico.A fines del s. VIII, cuando comienza la historia documentada de M., surge (788) cerca de las ruinas de Volubilis el reino idrisí, creado por Idris (m. 792), presunto descendiente de Mahoma que llega huyendo de Oriente. Aunque representaba un ideal ajeno al beréber, él y sus sucesores dieron cierta unidad política y administrativa al M. septentrional que controlaban y, al ser envenenado por un emisario del califa de Bagdad, se convirtió en el santo nacional de M. La presión de las tribus independientes imposibilitó la consolidación del reino idrisí, cuya precaria existencia entró en agonía durante el conflicto entre los Fatimíes egipcios y los Omeyas españoles, que convierte a M. en escenario de sus luchas, en las que los primeros ayudan a la tribu meknasah, y los segundos a los zenáta. De la inestabilidad se aprovechan los meknasah, que suplantan parcialmente a los idrisíes en el 922; y los maghrawa, que les desplazan totalmente en el 988; pero ambas dinastías decaen rápidamente y son exterminadas en 1061 por Yñsuf b. Tásfin, fundador del Imperio de los almorávides (v.), beréberes procedentes de Mauritania que se anexionan M. y la España musulmana. Al debilitarse, otro movimiento religioso beréber, el de los almohades (v.), les hereda, llevando el imperio marroquí a su cenit tras la conquista de Argel, Túnez y Libia. Este periodo almorávide-almohade, de mediados del s. XI a mediados del s. XIII, representa política y culturalmente el apogeo de los beréberes.La derrota de las Navas de Tolosa (1212) en España, así como los ataques desencadenados contra el imperio almohade por los hilalíes (v. ARGELIA III) y varios grupos beréberes, fue aprovechado por estos últimos, una de cuyas tribus, los zenátas banñ marin, habían iniciado las hostilidades en 1217 y acaban suplantando a los almohades en 1269, imponiendo su dominio sobre M. por casi dos siglos. Los benimerines (v.) o mariníes, cuya figura más importante es Ya’gñb II (1258-86), tienen el mérito de haber puesto, en cierta manera, los cimientos del M. moderno; pero su decadencia, acentuada por la aparición de unos beduinos árabes, los magil, facilitó su sustitución por la dinastía de los Beni Wattas o Wattásíes, cuya corta vida (1472-1548) presencia la amenaza de los pueblos ibéricos reflejada en las primeras conquistas de Portugal (Ceuta, Arcila, Tánger, etc.) y España (Melilla, Peñón de Vélez) en el Norte de África, y la afluencia de refugiados españoles procedentes de la desaparecida España musulmana.V. t.: MAGRIB IIO. GIL MUNILLA
BIBL.: M. IBN Azzuz HAQUiN, Historia de Marruecos hasta la dominación almorávide, Madrid 1955; 1. CARCOPINO, Le Maroc antique, París 1948; L. CHATELAIN, Le Maroc des Romains, París 1944; 1. VERNET, Historia de Marruecos. La islamización (6811069), Tetuán 1957; A. COUR, La dynastie marocaine des Beni Wattas (1420-1554), Constantina 1920
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