Maréchal, Joseph
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Biografía GER
Filósofo neotomista, de la Compañía de Jesús, especialmente conocido por su intento de incorporar lo esencial de la problemática kantiana al pensamiento escolástico.Vida y obras. N. en Charleroi (Bélgica) el 1 jul. 1878. Estudió filosofía, teología y ciencias naturales. Enseñó en Lovaina (v.) a sus compañeros de Orden durante casi 20 años, primero Psicología Experimental, tres años, y luego Historia de la Filosofía. Sus primeros trabajos -publicados en revistas, aunque algunos de ellos tenían más del centenar de páginas- versaban sobre cuestiones biológicas y psicológicas.Pero sus obras más importantes son: Le point de départ de la métaphysique (2 secciones sobre el desarrollo histórico y teórico del problema del conocimiento), ed. esp. El punto de partida de la metafísica, Madrid 1957-59; Études sur la phychologie des mystiques, Brujas-París 1924-37; y Précis d’histoire de la philosophie moderne. 1: De la Renaissance á Kant, Lovaina 1933 (no salieron más tomos). El t. 1 de Mélanges Maréchal (v. bibl.) recoge sus artículos filosóficos. M. en Lovaina el 11 dic. 1944.Aunque profesor tantos años de Historia de la Filosofía, su obra fundamental no es propiamente un trabajo de carácter historiográfico; como tal, sin embargo, ha sido interpretado habitualmente, a pesar de su aseveración en contrario: El punto de partida de la metafísica, 1, 7-8. Esta obra es un esfuerzo histórico-sistemático para sacar a primer plano el progresivo desenvolvimiento de la problemática epistemológica, y poner de manifiesto la profunda vinculación lógica de los momentos capitales de tal desarrollo.Teoría del conocimiento y Metafísica. Para M., la historia de la epistemología o gnoseología (v.) es una confirmación de la suprema validez del tomismo (v.), por lo cual no es preciso formar los datos para llegar a unas conclusiones (o. c. 1, 15). Pero quiere dejar claro que el estudio histórico del problema es instrumental respecto de este mismo: la obra es "un encadenamiento lógico de monografías, directamente fundamentadas en los textos de los grandes filósofos, y que tendían a mostrar no tanto la historia concreta de los sistemas cuanto su dialéctica subyacente" (11,8). En deseo, al menos, el método de M. consiste en "dejar que la historia de la filosofía sugiera por sí misma la única solución posible" (A. Poncelet, o. c. en bibl. 244). Los cuatro primeros tomos constituyen el planteamiento histórico-sistemático del problema. El último no es propiamente el "sistema" de M., sino la aclaración definitiva de que el tomismo es la mejor luz para profundizar en el sentido y valor de la problemática filosófica (El punto de partida... V,41).En los cuatro primeros tomos, M. se enfrenta con las grandes crisis de la cuestión epistemológica, que es tanto como decir con los momentos en que el hombre occidental ha puesto en duda su capacidad para la Metafísica. El escepticismo de los sofistas parece surgir de la dificultad de encontrar una solución adecuada al problema de lo uno y lo múltiple; el realismo moderado de Santo Tomás, en línea con Aristóteles, ofrece una solución rigurosa y completa, sobre la que es posible construir una Metafísica. Duns Scoto hace reaparecer la antinomia,y Ockham la radicaliza hasta el extremo; el nominalismo no sólo destruye la concepción tomista del concepto, sino que acabará haciéndola olvidar. Racionalismo (v.) representarán los dos polos de la antinomia, en dislocación patente de una síntesis perdida (o. c., 11,245).Kant realiza el primer esfuerzo moderno de verdadera envergadura para tratar de llegar de nuevo a la síntesis. El filósofo germano -afirma M.- ha esclarecido de manera definitiva el mecanismo trascendental del conocimiento objetivo, pero no ha advertido su alcance metafísico. En el Opus postumum hay una concepción más dinámica del método trascendental, pero en sus continuadores este dinamismo desembocará en idealismo absoluto. M. intentará sobre todo descubrir y subrayar en la obra de Kant las exigencias intrínsecas del problema crítico, tal como lógica e históricamente éste se le había planteado al pensador alemán. Una peculiar e inconsciente inhibición intelectual impidió a Kant enfrentarse de lleno con la causalidad recíproca de entendimiento y voluntad, pero sólo ese radical planteamiento podía llevar a la fundamentación de la Metafísica.Para poner de manifiesto con más fuerza cómo, a su juicio, el pensamiento de Santo Tomás corona el esfuerzo y la problemática de Kant, M. intenta "traducir" al lenguaje crítico de éste la terminología metafísica de aquél. Acepta además los supuestos kantianos, objeto fenoménico y método trascendental, y quiere demostrar que, desde ellos, si se es riguroso, la realidad ncuménica se presenta no sólo como postulado de la razón práctica, sino también como exigencia de la razón especulativa; esto es, como condición intrínseca de la posibilidad de todo conocimiento objetivo, puesto que es condición de la afirmación dinámica que constituye rnedularmente el juicio científico.En efecto, para M. el conocimiento objetivo tiene dos aspectos complementarios: "el aspecto ontológico de una inmanencia de objeto a sujeto, y el aspecto psicológico de una conciencia", "conciencia del objeto en tanto que opuesto al sujeto" (o. c., V,108-9 y 115). El juicio -único acto del conocimiento humano "que realiza plenamente la verdad lógica (V,126)- incluye, en efecto, según M., al menos de modo implícito, una referencia a la realidad en sí, y remotamente a Dios, ya que el dinamismo intelectual sería un movimiento en el vacío si no postulara la existencia de Dios como fin último. "Nuestra afirmación implícita del Ser absoluto lleva, pues, la señal de una necesidad a priori, lo cual era necesario demostrar" (V,433).La posición de M. refleja la preocupación dominante en muchos neoescolásticos de querer "justificar" la existencia del mundo externo, cayendo así más o menos claramente en el escollo con que ya tropezó Kant (v.) del dualismo entre fenómeno y noumeno; escollo que M. intenta salvar colocando el conocimiento de Dios como implícito a priori en cualquier conocimiento, punto éste débil de su sistema. Las teorías de M. son sugestivas, pero, como se ha hecho notar por numerosos autores, fuerza tanto la epistemología kantiana como la metafísica tomista, cayendo así en su concordismo artificial expuesto a graves confusiones. Ha influido en diversos autores, tanto filósofos como teólogos, entre los que cabe mencionar a K. Rahner (v.), muchos de los cuales, como éste mismo, no han evitado esas confusiones.V. t.: NEOESCOLÁSTICOS;EPISTEMOLOGÍA;KANT;TOMÁS DE AQUINO, SANTOANTONIO DEL TORO
BIBL.: É. GILSON, F. GREGOIRE Y oTRos, Mélanges Marechal, 2 t., Bruselas-París 1950; M. D. ROLAND-GOSSELIN, Essai d’uneMARECHAL, LEOPOLDOétude critique de la connaissance, I, París 1932, 148-162; 1;. GILSON, Réalisme thomiste et critique de la connaissance, París 1939, 130-155; M. CASULA, Maréchal e Kant, Roma 1955; ID, La deduzione dell’afermazione ontólogica del Maréchal, "Aquinas" 11, Roma 1959, 354-389; E. DIRVEN, De la forme d Pacte, Essai sur le thomisme de J. Maréchal, S. J., París 1965; A. RAYEN, Un interpréte thomiste du kantisme: J. Maréchal, "Rey. Internationale de Philosophie" (1954) 449-469; 1. LEBACQZ, S. J., Le role objectivant du dynamisme intellectuel. Le probléme et la solution du P. Maréchal, "Rev. Philosophique de Louvain" LXIII (1965) 235256; C. PIRES, O finalismo realista de J. Maréchal, "Rev. Portuguesa de Filosofía" XIII,2 (1957); A. PONCELET, La méthode historique-théorique de J. Maréchal, "Bijdragen" XX, Maastricht 1959, 242-266
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