Marco Aurelio, Antonino
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Biografía GER
Emperador romano (161-180). N. en Roma (121) de una familia de origen hispano. Su nombre era Marco Annio Vero, pero al ser adoptado por Antonino Pío (v.) en el 139 tomó el nombre de Marco Aurelio Antonino César (al ser adoptado recibió el de Marcus Aelius Aurelius Verus, cambiándolo al ocupar el trono su padre adoptivo). En el 145 casó con Faustina, hija de Antonino Pío, y en el 147 recibió el imperium (v.) y la tribunicia potestad fuera de Roma.Emperador. A la muerte de Antonino Pío fue proclamado Augusto. Asoció al poder a su hermano, por adopción de Antonino Pío, Lucius Aelius Commodus (antes Lucius Ceionius Commodus), que tomó el nombre de Lucius Aurelius Verus. Se estableció con ello una nueva forma constitucional: la existencia de dos Augustos con poderes colegiados, aunque con preeminencia para el senior M. A., único que ocupó el pontificado en el consulado; la adopción del título de patres patriae; la presentación al Senado y a los pretorianos (equivalente de la proclamación como imperatores); y el reparto de donativa y congiaria (donativos al pueblo en ocasión de ciertos acontecimientos). De igual modo, establecieron el culto de Antonino. Finalmente, Lucio Vero fue prometido a Lucila, hija de M. A. Este sistema colegial, típico del reinado de M. A., se mantuvo mientras vivió Lucio Vero (m. el 169) y se reemprendió con Commodo en el 177.El gobierno de M. A. siguió las premisas establecidas por Adriano (v.) y mantenidas por Antonino Pío que pueden ser calificadas de "despotismo ilustrado". Pronto se manifestaron pruebas de intranquilidad. Primero catástrofes como las inundaciones de Roma y el terremoto de Cizico, luego luchas fronterizas en Britania, el Danubio y Oriente. Las primeras fueron afrontadas con legados, y en Oriente intervino Lucio Vero (162-165). La campaña, nada brillante, fue de hecho dirigida a distancia por M. A. y en el terreno por los generales. Episodios principales fueron la reconquista de Armenia, y una campaña en Mesopotamia que permitió tomar Seleucia y Ctesifonte. La peste y el agotamiento de los partos aceleraron el tratado de paz (166), que representó un retoque ventajoso de la línea fronteriza y la reconstitución de Osroene (Nordeste de Mesopotamia) como Estado vasallo. Casi al mismo tiempo, cuando la peste se difundía en el Imperio acompañando el ejército victorioso, fue menester emprender una larga campaña en el Danubio.Campañas militares. En el 166 el problema desbordaba las posibilidades de los legados y fue necesaria una campaña de los dos Augustos. La peste impidió el de las operaciones hasta el 167, en un momento en que los Alinari.Marco Aurelio entra triunfante en Roma. Museo Nuóvo nel Palazzo dei Conservatori, Roma marcomanos habían roto las líneas fronterizas, ocupado el campamento legionario de Carnuntum (actual Petronell austriaca) y alcanzado en Italia Aquileya y Opitergium (Oderzo). Con dificultad se reclutaron nuevas tropas (dos legiones en Italia) y otras se trasladaron de frentes menos comprometidos. Con base en Aquileya, el ejército expulsó las últimas bandas invasoras del territorio italiano y marchó a Panonia. Muerto Lucio Vero (169), la campaña se reanudó. Con grandes sacrificios económicos (M. A. vendió en subasta el ajuar de los palacios imperiales) se reclutaron nuevos grupos de auxilia.Los costobocos alcanzaron Grecia y saquearon el santuario de Eleusis. Incluso las ciudades de Tracia y Dalmacia se sintieron amenazadas y construyeron murallas rápidamente. La campaña del 170 se dirigió no sólo contra cuados y marcomanos sino también contra los yacigos de Dacia. En el 171, las operaciones se extendieron a Retia y al Nórico, donde actuaban nuevas bandas de bárbaros que inútilmente intentaron penetrar en Italia. Sólo en el 172, con base en Carnuntum, M. A. pudo tomar la iniciativa de las operaciones y extenderlas al N del Danubio, ya en territorio enemigo. Varios prodigios, "el rayo" y la "lluvia milagrosa", señalaron la protección divina sobre el ejército romano. Estos episodios serían recogidos más tarde por la apologética cristiana, puesto que no debían ser escasos los cristianos entre las filas imperiales. Las operaciones del 172-173 señalaron el fin de la lucha contra los cuados. Otras operaciones, con base en Sirmio (actual Sremska Mitrovica), se dirigieron contra los marcomanos.Nuevos pueblos, como los vándalos asdingos, intervinieron en la guerra. Finalmente, los marcomanos, aprovechando las inquietudes que despertaba el estado de Oriente, consiguieron la paz. Varios grupos de vencidos se establecieron en el Ilírico e incluso en Italia. Ante la magnitud de este conflicto pierden importancia otros no menos graves como las expediciones de piratas mauritanos (171-73 y 176) en Bética y Lusitania, el desarrollo de la piratería y el bandidaje o la inquietud en Britania. Bandidos, desertores, desheredados y descontentos de la política económica sembraron la intranquilidad en la mayor parte de las provincias del Imperio.Con ser estos hechos graves, lo era mucho más la situación en Oriente. Revueltas en Edesa y Armenia, bandidaje en Egipto y, finalmente, el intento de usurpación del legado de Siria Avidio Casio (175), provocado por la falsa noticia de la muerte de M. A. No fue necesaria en este caso una guerra civil, pues las tropas del usurpador, conocida la noticia de que M. A. seguía en vida, se apresuraron a darle muerte. Pese a la tradición de la benignidad de M. A. no faltaron las ejecuciones ni las confiscaciones. A partir de entonces, nadie obtuvo gobiernos en las provincias de donde era originario. M. A. descansó en Oriente en los a. 175-176. Durante ellos alternó con los intelectuales allí residentes y se inició en los misterios de Eleusis. De nuevo en Roma (177), concedió como congiario extraordinario 800 sestercios y asoció al trono a su hijo Commodo. En el mismo año, tuvo que iniciar otras operaciones en el Danubio. Parecía decidido, ya que Marcomania y Sarmacia se incorporarían al Imperio como nuevas provincias, pero su muerte (18 mar. 180) señaló el fin de estos proyectos.Ideología y política de Marco Aurelio. La figura de M. A., "Emperador filósofo", ha sido interpretada de modo bastante distinto de la realidad. Su actuación no siempre coincidió con lo que debía ser el comportamiento del Emperador. Como gobernante fue sumamente realista. El respeto formal a la autoridad del Senado no significó en modo alguno una cesión de la propia. Escogió personalmente los candidatos al Senado y permitió el acceso a quienes le merecían absoluta confianza. La intervención del Emperador en la administración se manifestó tanto con los iuridici per Italiam, que en realidad se remontaban a Adriano, como en los curatores de las finanzas municipales. Si en este sentido fue renovador, sus ideas eran conservadoras, dentro de la doctrina adrianea. No tuvo preconceptos respecto a los provinciales, singularmente los orientales, que hicieron espléndidas carreras, e incluso concedió facilidades a quienes procedían de las clases de tropa. A pesar de ello fue protocolario, como demuestra la generalización de títulos distintivos, clarissimi, para las familias senatoriales, y perfectissimi o eminentissimi, para las ecuestres.Su idea de la política social se circunscribió a la beneficencia, puellae Faustinianae, y a los préstamos a largo plazo a los pequeños agricultores. En economía tendió principalmente a reducir gastos superfluos, singularmente en los espectáculos públicos (ley gladiatoria de Italica). Impuso las diferencias entre ciudadanos y no ciudadanos con la obligación del registro civil incluso en Roma. En los gastos militares solicitó, protocolariamente puesto que no le habría sido negada, la autorización del Senado y emprendió las campañas ciñéndose al viejo, y casi olvidado, ritual religioso.De no escasa cultura jurídica, se preocupó de reformar la legislación y el procedimiento, pero su estoicismo nole indujo a proclamar medidas especialmente protectoras de los esclavos, p. ej., la tortura en los juicios, aunque prohibió se les obligara a actuar como gladiadores. Más que las libertades y situaciones individuales le preocuparon las colectivas.Curiosa en grado sumo es su política religiosa. Sus ideas chocan especialmente con los hechos. En primer lugar, protegió la religiosidad tradicional, pese a no creer en ella; se opuso a las religiones orientales, pese a haber sido iniciado en los misterios eleusinos, quizá por cuanto contaba en ellas el uso de prácticas mágicas. Más sorprendente es su oposición al cristianismo. La represión se agravó durante su reinado en cuanto que el uso habitual de la pena del destierro fue sustituido por la pena de muerte. Tal fue el caso de S. Justino y compañeros en Roma (167) o de los mártires de Lyon (177), en un momento en que la polémica entre filósofos como Celso y apologetas era especialmente manifiesta. Propiamente no hubo persecución general, que sepamos ningún Papa fue molestado, sino local, singularmente en el Oriente griego.Otra crítica, habitual en la vieja historiografía, es la designación como sucesor de su origen a Commodo, considerado indigno, apartándose de la casi centenaria política de adopción. En realidad, aparte de cuanto pudiera haber de conveniente y ventajoso en un gobierno colegiado que recordaba la vieja práctica consular, la necesidad de una política dinástica era inevitable ante los deseos y sentimientos tanto del ejército como de una parte considerable de la población del Imperio, que en modo alguno hubiera tolerado que el hijo legítimo hubiera sido desposeído frente a un hijo adoptivo. De otra parte, las numerosas hijas de M. A. habían establecido una red de enlaces familiares que, como se ha apuntado, sólo era comparable a la de los Julio-Claudios (Garzetti) y podía haber creado análogos problemas sucesorios en el caso de faltar una clara designación.ALBERTO BALIL
BIBL.: A. GARZETTI, L’Impero da Tiberio agli Antonini, Bolonia 1960; R. RÉMONDON, La crisis del Imperio romano, Barcelona 1967; F. CARRATA THOMES, Il regno di Marco Aurelio, Turín 1953
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