Mallorca, Reino de HIST.
Categoria:
Historia
Desarrollo histórico. Las tropas de Jaime I el Conquistador (v.) pusieron los cimientos del reino de M. al tomar al asalto, el 31 dic. 1229, Madina Mayurga, capital de M. musulmana, gobernada por un valí almohade.Entre 1230 y 1276, bajo Jaime I, se desarrolla un periodo constituyente, durante el cual surge una sociedad nueva de gentes catalanas que, al amparo de las libertades promulgadas en la carta puebla denominada De Franquesa (1230) y del régimen de juraría (1249), se institucionaliza como reino independiente, pero en el seno de la Corona de Aragón (v.), enlazado con los otros Estados que la integraban por una natural interdependencia.Es de lamentar que Jaime I, al morir (julio 1276), otorgara el reino de M. a su hijo Jaime, con lo cual lo segregó de la Corona de Aragón, incurriendo en grave error político que sus descendientes enjugaron con lágrimas y sangre. Los hechos, en efecto, evidenciaron dramáticamente que el nuevo reino, integrado por una porción marítima (el archipiélago Balear) y por otra continental, formada por varios sectores (vizcondado de Carlades, señorío de Montpellier, condados de Rosellón, Cerdaña y Conflent), y comprimido entre dos potencias rivales y muy dinámicas (Francia y la Corona de Aragón), iba a ser manzana de discordia, que en la delicada área del Mediterráneo occidental llevó de cabeza a propios y extraños. Pronto se manifestó frente a la desmembración la disconformidad de Pedro III de Aragón (v.), emprendedor e impetuoso, disgustado con su hermano Jaime II de Mallorca (v.), de gustos intelectuales. La plena independencia del reino de M. sólo duró tres años, pues en enero de 1279 Jaime II tuvo que reconocerse feudatario de la Corona de Aragón. Mas el hecho, que el rey mallorquín consideró humillante e intolerable, contribuyó a envenenar más unas relaciones que ya eran difíciles y tensas.La política de Jaime II se encaminó a lograr un sistema de alianzas que le permitiera quebrantar el vasallaje con los menores riesgos. El sistema fue la amistad con el Pontificado, constante mantenida por los monarcas de M. con ferviente devoción, y con Francia, dado que los Anjou eran rivales implacables, a muerte, de Pedro III el Grande. Y cuando la guerra estalló, en 1285, Jaime II de M., cumpliendo la alianza secreta con Francia, abrió su condado del Rosellón (v.) a los franceses, facilitando con ello la invasión de Cataluña, aunque por breve tiempo, pues los invasores, diezmados por el tifus, tuvieron que retirarse en condiciones estremecedoras.El resultado fue que Pedro III acusó a su hermano de felonía y se apresuró a arrebatarle el reino. No hubo problemas apenas. El infante Alfonso (luego Alfonso III), ocupó M. e Ibiza (1285) y, al año siguiente, tomó Menorca, todavía en poder de los musulmanes (v. BALEARES V). Jaime II, mediando los oficios del papa Bonifacio VIII, recuperó su trono en 1299. Y, con ello, el reino de M. vivió un periodo próspero, en el que a lo largo de casi 40 años, en la segunda fase del reinado de Jaime II (1299-1311), el de Sancho I (1311-24) y la minoría de Jaime III (1324-35), en ambiente de tranquilidad social, prosperidad económica y alianza íntima con la Corona de Aragón, trascurrieron los días más felices de su atormentado devenir en el Medievo.Historia social y administrativa. Al comenzar el s. XIV, existía en M. una sociedad estamental, fronteriza, de hombres libres, en la que el poder lo detentaban los estamentos urbanos (en particular, mercaderes y ciudadanos), a los que estaban supeditados los foráneos, es decir, las gentes de las comarcas rurales de fora ciutat. El poder real era fuerte, indiscutido, al no haber fuerzas políticas capaces de contrapesarlo eficazmente. Ni el régimen señorial (v.) tenía arraigo suficiente, ni los estamentos burgueses de la ciudad poseían la necesaria operancia política. Los reyes, en el marco legal de los privilegios, y cuando fue preciso al margen del mismo, no encontraron resistencias sensibles. Jaime II de M., en la segunda fase de su reinado, acometió una briosa política de desarrollo, tendente a reactivar la repoblación de las villas foráneas, mediante un plan de ordenación rural que permitió el crecimiento de las villas ya existentes y la fundación de otras (San Juan, Sa Pobla, Porreras, Santany); a la par realizó reformas urbanísticas en la ciudad, que conservaba su perfil musulmán. El gasto implicado portal política contribuyó a desencadenar un proceso de inflación que dificultó el desarrollo, sin colapsarlo.La médula de la economía insular era el tráfico mercantil, en régimen de tránsito, al amparo de la excepcional situación de M., encrucijada de las rutas mediterráneas. El tráfico se orientaba sobre todo hacia África, impulsado por colonias de mercaderes italianos, en particular genoveses, y otras catalanas y provenzales, establecidas en la isla por lo menos desde el s. XII; si bien la mayor actividad mercantil la ejercían los judíos de la próspera y numerosa aljama de M. Hacia 1303, comenzó a desarrollarse la artesanía textil de la lana, al tiempo que tomó vuelo el curtido de las pieles, la fabricación de jabón y vidrio y la construcción de naves. La política de desarrollo de Jaime II, al elevar el nivel de vida económica foránea, incidió en su promoción política, pues los foráneos estaban disconformes con la supeditación de sus intereses a los de la ciudad, que desde la conquista cristiana monopolizaba el poder. Su despertar determinó una situación conflictiva entre la ciudad y las villas, que el rey Sancho trató de encauzar en la sentencia de 1315, que, con buen sentido, consagró el reconocimiento de derecho de la personalidad política de los foráneos, e institucionalizó su intervención en el Consell Plenet y en la Comisión Delegada permanente del mismo, denominada Consell Secret, órganos medulares de la estructura política insular.En política mediterránea hasta 1336, al margen de naturales incidencias, más episódicas que sustanciales, la entente Corona de Aragón-reino de M. se manifestó fecunda, aunque implicó sacrificios por ambas partes. La Corona de Aragón aceptó a regañadientes el hecho de la creciente penetración político-económica de M. en los mercados norteafricanos, con los que la isla mantenía un tráfico que desbordaba ampliamente el de la Corona de Aragón; el reino de M. tuvo que allanarse con abnegación a respaldar financiera y navalmente la política catalana de rivalidad con Génova, considerada desde M. inconveniente. El reino alcanzó un momento cenital hacia 1330, cuando la demografía de M., tras una escalada sensacional, superó los 62.000 hab. Pero la aguda crisis que el contorno mediterráneo acusó en seguida, afectó con gran intensidad a la isla, cuya demografía, en 15 años, disminuyó en un 9% (en 1343, unos 56.000 hab.). Tal situación influyó en la quiebra política del reino privativo.Integración a la Corona de Aragón. La mayoría de edad de Jaime III y la subida al trono de Aragón de Pedro IV (v.) dieron al traste con la entente Corona de Aragón-reino de M. Ambos monarcas eran por igual obcecados e irascibles. Jaime se sentía incómodo como vasallo de Aragón. Y Pedro consideraba el vasallaje insuficiente. Entre 1336 y 1340 salvaron las apariencias, pero luego la rivalidad se manifestó en un infausto acontecer. El drama se desarrolló en dos etapas. La primera alcanzó la fase crítica en mayo de 1343, cuando en el curso de una semana decisiva Pedro IV, sin resistencia organizada, se apoderó de las Baleares. La segunda tuvo lugar en octubre de 1349, cuando en la llanada de Lluchmayor, Jaime III de M., que intentaba recuperar el trono, fue batido y muerto. El reino de M., definitivamente, quedó integrado en la Corona de Aragón.A. SANTAMARÍA ARÁNDEZ.
BIBL.: l. MUNTANER y J. VICH, Documenta regni Majoricarum, Palma de Mallorca 1945; Á. CAMPANER, Cronicón Mayoricense, 2 ed. Palma de Mallorca 1967; A. LECOY DE LA MARCHE, Les relations politiques de la France avec 1e royaume de Majorque, París 1892; J. VICH, Aspectos históricos de la Casa Real de Mallorca, 1948; J. E. MARTÍNEZ FERRANDO, La trágica historia dels reis de Mallorca, Barcelona 1960; Á. SANTAMARfA, Mallorca en el siglo XIV, Madrid 1969; íD, Vinculación de las Baleares a la Corona de Aragón, "Rev. Balear" 2, Palma de Mallorca 1966; l. PONS Y MARQUES, Recerques sobre el moviment del port de Mallorca en la primera meitat del segle XIV, en VI Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Madrid 1959, 345-365; C. A. WILLEMSEN, Ocaso del reino de Mallorca, Palma de Mallorca 1945; l. M. QUADRADo, La Conquista de Mallorca, Palma de Mallorca 1850.
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