Magnasco, Alessandro
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Biografía GER
Pintor italiano, una de las figuras más solitarias del arte de la primera mitad del s. XVIII. N. en Génova en 1667 y aprendió el arte en el taller de su padre; en 1680 se hallaba en Milán estudiando aritmética con un ciudadano rico, que le colocó pronto con el veneciano F. Abbiati. Allí pintó con éxito un buen número de retratos hoy perdidos. Luego se dedicó a representar pequeñas figuras que ya no dejará de pintar salvo en algún caso. En 1703 volvió a Génova, colaboró con Tavella y marchó después a Florencia, donde fue pintor de corte del Granduca de Toscana. Esta estancia se vio interrumpida por breves viajes por Toscana y Emilia, y en 1711 volvió a Milán, hasta 1735 en que pasó de nuevo a Génova, donde m. el 12 mar. 1749.El problema de su formación no está por completo resuelto. Su periodo milanés ha inducido a relacionarle con el manierismo lombardo de G. C. Procaccini (15701625), el Morazzone (1571-1626) y D. Crespi (15921630. Resultan visibles las influencias del Grechetto (1610-65), pero más determinante parece que fue su encuentro con la obra del Greco (v.), que debió conocer.Las obras que se le atribuyen pasan de 400; la exposición de Génova de 1949 permitió, al contrastar muchas, intentar establecer su cronología. Las primeras obras conservadas parecen pertenecer al final de la época florentina, como El cuervo amaestrado de los Uffizi. En su segundo periodo milanés la forma se libera de su límite, las luces se hacen lívidas y el aire parece adentrarse en las cosas. A esta época pertenecen Los frailes peregrinos (pinacoteca Brera, Milán), varias Bacanales, y Los frailes que se calientan al fuego y Los frailes en la Biblioteca (antes en la col. Brass, Venecia). Poco posteriores son la Colazione (Young Memorial Museum, San Francisco) y D. Quijote (Inst. de Arte de Detroit). Entre 1720 y 1725 se colocan las cuatro bellísimas telas del convento de benedictinos de Seitenstetten (Austria), pintadas para el conde de Colloredo, que representan la Doctrina cristiana en el duomo de Milán, la Sinagoga, el Refectorio y Los frailes en la Biblioteca; en estas pinturas la forma aparece todavía más diluida y borrosa, el aire se enreda en las cosas, que libres de su definición académica son simples pretextos de color y luz. A la época tardía genovesa corresponden seguramente el Banquete nupcial de zíngaros del Louvre, y la Sinagoga del museo de Cleveland, en que las formas fuerzan el límite de la figuración para acercarse al de la pura armonía; un paso más en este camino y se logrará la perfecta espiritualidad de una obra maestra, la Fiesta en un jardín de Albaro (galería del Palazzo Bianco, Génova), en que toda realidad objetiva es puro accidente y pretexto para la abstracción formal. Al final de su vida. M. aparece menos concreto que nunca y sus figuras liberadas de su corporeidad son como puro color; es el momento de la Cena de Emaús (convento de S. Francisco de Albaro, Génova).El mundo de M. es irónico y patético, amargo y religioso, antirretórico por excelencia: eremitas y pordioseros, frailes y gitanos, conventos, funerales, torturas, bacanales siempre en bosques tenebrosos o en oscuras estancias. Sus medios expresivos preludian la pintura moderna. Los problemas espaciales y plásticos son resueltos con medios casi exclusivamente cromáticos. Una alucinada inquietud emana siempre de sus cuadros: sombras misteriosas, repentinos estremecimientos de luz, líneas nerviosas y agitadas, fondos alucinantes y tempestuosos. Sus temas aparecen definidos por un carácter colérico que en las obras mejores se apacigua en una sinfonía de colores fríos y plateados de un precioso luminismo.Los residuos de manierismo cincuecentista presentes en Génova y Milán durante todo el s. XVII son anulados definitivamente por la obra de M., y el colorismo posterior encuentra raíces en él. M. es, sin duda, uno de los pintores europeos más singulares de la primera mitad del s. XVIII. No tuvo discípulos sino simples imitadores casi desconocidos completamente. Sin embargo, su criticismo patético hará fortuna más tarde en artistas como Goya (v.) y Daumier (v.).J. M. CRUZ VALDOVINOS.
BIBL.: M. POSPISIL, Magnasco, Florencia 1945; B. GEIGER, Magnasco, Bérgamo 1949; A. MORASSI, Catalogo della Mostra del Magnasco, Bérgamo 1949; L. VENTURI y R. SKIRA, La pintura italiana, III, Barcelona 1952, 65-71; V. DE SAMBRICIO, De Tiepolo a Goya, "Goyan, 13 (1956); C. MARCENARO, Magnasco, en Enciclopedia Universale dell’Arte, VIII, Venecia 1958, 762-765.
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