Luna II. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Los cultos lunares se remontan, a juicio de los prehistoriadores, al Paleolítico. No obstante, su vigencia no está contrastada hasta el Neolítico, a raíz de la observación hecha por primitivas comunidades agrarias de la influencia del plenilunio en el crecimiento de los vegetales y el establecimiento de calendarios lunares y la observación de que las plantas al parecer crecen noctámbulamente. De aquí que en la India se denomine a la L. "señor de las hierbas" y que el talar un árbol el día de L. nueva se considerase, hasta hace poco, un crimen similar al de matar a un brahmán. Por lo general se consideran nefastos los días de L. menguante.Para ciertos sectores del mundo primitivo, la L. es la productora de toda vida vegetal. Para algunas tribus brasileñas es la "madre de la vegetación". Los indios agricultores de los Estados Unidos ven en ella la madre del maíz y de otros vegetales. En las Célebes creen que la L. produce el arroz. Algo semejante ocurre en la India, donde se piensa que la influencia lunar fecunda al soma, planta sagrada de los Veda. En Persia y Babilonia producía también toda vida vegetal.Por lo general, se ha visto que casi todas sus funciones coinciden con las atribuidas a la Madre Tierra (V. TIERRA V), lo que explica el hecho sorprendente de que buen número de pueblos identifiquen a la Tierra con la L. y vean en ésta una simple imagen de aquélla reflejada en el espejo de la bóveda solar. Ciertos pueblos indígenas de América, incluidos los antiguos mexicanos, consideraron a la Tierra y a la L. hechas de la misma sustancia e incluso dotadas de las mismas funciones. Los maoríes de Nueva Zelanda identifican a la Tierra y a la L. diciendo que ésta fue formada por una parte de la Tierra. Los griegos hablan de la L. como de una tierra celeste o como parte de la Tierra, lo que explica la incertidumbre entre los especialistas sobre la interpretación originaria de ciertas diosas griegas tales como Hera (v.); Otto Gruppe la creía lunar, Meyer veía en ella a una Tierra Madre, y ambos tienen razón según se mire.Las divinidades lunares, ya sean masculinas o femeninas, son sobre todo divinidades de la fertilidad, de la vegetal primeramente, de la animal, después, lo que explica el papel desempeñado por las diosas lunares: Istar de Babilonia, Hathor en Egipto, Artemisa en Anatolia y la Hélade, la Anaita persa y otras diosas de fertilidad. Ello explica los vínculos existentes entre Artemisa y diversas diosas prehelénicas de la vegetación: Britomartis, Dyctinna, Europa, Helena y otras (v. FERTILIDAD II).Algunos pueblos arcaicos han relacionado la L. con el jugo extraído de ciertas plantas para producir bebidas embriagantes utilizadas en ritos sagrados. Ello se explica por la supuesta influencia lunar en la vida de las plantas y que tiene como consecuencia la asociación del astro de la noche y divinidades lunares con ciertos árboles, como ha probado la escuela de Mannhardt y Frazer. En Egipto el sicómoro del sur era "el cuerpo viviente de Hathor", diosa vacuna a la vez que lunar. En Esparta se sabe que había un plátano consagrado a Helena, y Artemisa tiene consagrado el nogal o cedro, el laurel y el sauce. El álamo constituye el arbusto sagrado de Perséfone (V. ÁRBOL II).También se relaciona el ritmo lunar con el del flujo femenino. En Francia se denomina siempre el instante crítico menstrual "momento de la Luna"; en Alemania se dice por antonomasia "la Luna"; los maoríes definen a la regla como "enfermedad lunar" (mate marama). Aparte de la relación con los días que dura el periodo lunar, ello implica que en cierto momento la L. fue considerada del sexo masculino atribuyéndole el papel del marido que yace con la esposa, por lo que la L. será considerada "el señor de las mujeres", lo que explica que ciertos mitos narren el ayuntamiento del dios lunar con una mujer, naciendo de dicha unión héroes lunares. Los esquimales hasta hace poco creían en la lucina sine concubitu, y que la L. descendía para yacer con sus mujeres; de aquí el temor latente en la superstición folk europea, de muchas mozas de pasear con L. llena, sin siquiera conocer mitos universales de seducción de ciertas heroínas por el dios lunar. Asimismo, el ciclo fisiológico de la mujer ha originado la atribución de otra función a las diosas lunares, la de sabias adivinas, patronas de los nacimientos; así Anaita en Persia, y en Grecia Artemisa y Hécate. Selene es la diosa patrona de la coyunda, como lo es también junio (Lucina), Artemisa y la Freya escandinava.Tardíamente los pueblos han atribuido a la divinidad lunar el acrecentamiento del mar, produciendo mareas. Y también a divinidades lunares se ha achacado catástrofes de tipo diluvial. Según S. Bernardino de Sahagún, los antiguos mexicanos imaginaron a la L. como una bella doncella, Chia, que intentó la pérdida del género humano con una inundación universal.Muchos de los mitos lunares de la fertilidad han pasado más o menos evolucionados al folklore rural europeo, alimentando múltiples creencias populares. Por lo general, el folklore de los pueblos ve el destino de la L.trágico, ya que muere una vez por mes para resucitar al tercer día. Los medios rurales han intentado también dar explicaciones varias a las manchas de la L.V. t.: ASTROLOGÍA; ASTROLATRÍA.J. M. GÓMEZ-TABANERA.
BIBL.: CICERÓN, De natura deorum; A. H. KRAPPE, La Genése des Mythes, París 1952; V. SCHMIDT, Mythologie astrale, Bruselas 1913; M. ELIADE, Manual de Historia de las Religiones, Madrid 1954; P. SCHEBESTA, Luna, en Diccionario de las Religiones, dir. F. KSNIG, Barcelona 1964, 821-823.
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