Luna, Álvaro de
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Biografía GER
Político castellano del s. XV. N. en Cañete, hacia 1390, y murió ajusticiado en Valladolid, en 1453. Descendía del linaje aragonés de los Luna (v. LUNA, FAMILIA DE LOS). Su abuelo, Juan Martínez de Luna, hermano de Benedicto XIII, había ayudado a Enrique de Trastámara en la guerra fratricida de Castilla, recibiendo de éste los señoríos de - Alfaro, Jubera, Cornago y Cañete. Su padre, también llamado Álvaro de Luna, fue copero mayor de Enrique IIl. Su madre se llamaba María Fernández de Jaraba Su condición de hijo bastardo no fue obstáculo para su brillante carrera política. Enviado a la corte castellana en 1408, pronto ganó la confianza del joven monarca, Juan II, pasando en pocos años del oscuro papel de paje del.rey a condestable, maestre de Santiago y, especialmente, privado del soberano. Alcanzó una posición de tal preeminencia en el panorama político de su época que de él pudo decirse que fue "el mas famoso e nombrado varón que en los nuestros tiempos, sin tener corona, en las Españas ovo" (Crónica de Don Álvaro de Luna, Madrid 1940, 8).Á. de L. fue el auténtico dirigente durante la mayor parte del reinado de Juan II de Castilla (v.). Él encabezó el partido monárquico en su pugna contra la nobleza, tanto frente a los infantes de Aragón como frente a la poderosa oligarquía castellana. Aunque centrando en su persona, más que en el débil Juan II, la dirección del partido realista, el condestable contribuyó al fortalecimiento de la autoridad monárquica; pero el centralismo creciente aceleró la ruina de la autonomía de las ciudades y la decadencia de las Cortes, convertidas en un organismo sumiso a las decisiones monárquicas. En la actuación pública de Á. de L. pueden señalarse tres etapas: ascenso, apogeo y declive. Cada una de ellas culmina en un acontecimiento decisivo: la eliminación de los infantes de Aragón del escenario castellano (1430); la sensacional victoria de Olmedo (1445); la propia muerte del condestable (1453).Ascenso. En la época de su minoridad, se había estrechado la amistad entre Juan II y Á. de L., llegando a ser compañeros inswparables. Pero será a raíz de la proclamación de la mayoría de edad de Juan II (1419) cuando brille con más fuerza la estrella del valido. Su matrimonio con Elvira Portocarrero y la concesión de San Esteban de Gormaz, con título de conde, elevaron su prestigio. Supo actuar con extrema habilidad en la discordia que en esos años separaba a los infantes aragoneses Enrique y Juan. El primero, después del golpe de Estado de Tordesillas de 1420, parecía el árbitro de Castilla. Pero Á. de L., en una operación sorpresa, huyó de Talavera con el rey, prácticamente preso del infante Enrique, y se refugió en Montalbán. A partir de aquel momento, se sucedieron los éxitos de Á. de L. que fue elevado a condestable (1422). Los infantes de Aragón, Juan, rey de Navarra (v. JUAN II DE ARAGÓN Y NAVARRA), y Enrique, preso desde 1422, alentados por su hermano Alfonso V de Aragón (v.), se asocian, restauran su influencia en Castilla y consiguen incluso que el condestable sea desterrado temporalmente (1427). Pero Á. de L. logró unificar a la nobleza castellana, recelosa de la intervención aragonesa. Gracias a la cuantiosa aportación económica de las Cortes, pudo hacer frente victoriosamente a la guerra desatada contra Aragón. Las treguas de Majano (julio 1430) significaban no sólo el fin de las hostilidades sino también el fracaso de los infantes de Aragón para dominar los resortes claves de Castilla.Apogeo. El éxito de Á. de L. era indudable. Se le concede el maestrazgo de Santiago, del que se despojó al infante Enrique. Viudo de su primera esposa, casó con Juana Pimentel, hija del conde de Benavente, emparentando así con la alta nobleza de Castilla. Siguiendo la tradición secular de la guerra contra los musulmanes, emprendió una campaña en tierras granadinas que concluyó en la batalla de la Higueruela (1431), brillante pero poco efectiva. En Castilla se instaura el gobierno personal del condestable. Lentamente se extiende el descontento entre la nobleza, que aspira a intervenir directamente en el gobierno. Los Manrique y los Enríquez animan la oposición al valido. Juan de Navarra regresa, intriga en la corte y pacta con los nobles rebeldes. Éstos se quejan de lo que llaman el poder despótico de Á. de L. De hecho se perfilaban los dos campos, irreconciliables, de la oligarquía nobiliaria y del partido monárquico. El condestable fue nuevamente desterrado (1439), pero desde su refugio, en Escalona, preparaba la revancha. A su lado estaban Juan 11, algunos nobles adictos al partido monárquico (como el conde de Alba o Íñigo López de Mendoza) y el príncipe heredero Enrique (v. ENRIQUE 1v DE CASTILLA). También contaba con el apoyo del estado llano.El bando contrario, que, después del triunfo de Medina del Campo (1441) y del golpe de Rámaga (1443), parecía en auge, estaba integrado por la mayor parte de los grandes linajes nobiliarios de Castilla y por los infantes de Aragón. El desenlace de esta agotadora pugna tuvo lugar en Olmedo. Poco antes de la batalla decisiva, se había celebrado, en el real instalado en las afueras de la villa, una sesión de Cortes, en la que se hizo patente la profunda fe popular en los principios monárquicos. El poder real, se dijo, es "la expresión de la común unidad del reino". Poco después, los peones de las milicias reales aplastaron a la caballería de la aristocracia castellana y del rey de Navarra (mayo 1445). Era el triunfo supremo del partido monárquico y de su flamante dirigente, Á. de L.Declive. No obstante, a partir del triunfo de Olmedo, se inicia la caída del condestable. La nobleza, exasperada por el personalismo de Á. de L. cierra filas y denuncia sistemáticamente la "tiranía" del valido. La alianza con Portugal, uno de los pilares de la política internacional de Á. de L., le resultó fallida cuando Juan II casó en segundas nupcias con Isabel de Portugal, pues en esta princesa tuvo el condestable un encarnizado enemigo. El príncipe heredero y su favorito, Juan Pacheco, se oponen al encumbramiento del privado. La sublevación de Toledo (1449), abrumada de impuestos, deriva en una acusación contra el valido. Renace la liga nobiliaria, alentada una vez más por Juan de Navarra. Aún tuvo fuerzas el condestable para dominar la situación, como lo demostró su triunfo sobre el almirante Enríquez (1452). Pero la persistencia de la oposición, la inestable voluntad de Juan II y el propio desgaste del valido terminaron por vencerle. Después del fracasado golpe contra Stúñiga y del asesinato de Alonso Pérez de Vivero, uno de sus fieles que le había traicionado, Juan II accedió a someter a prisión a su valido, que se encontraba con la corte en Burgos. Mientras se le encerró en Portillo, un consejo de legistas, reunido en Fuensalida, decidía la suerte del condestable, concluyendo que sólo podía ser condenado a muerte por un mandato regio. Juan II aceptó resignado la muerte de su favorito, lo que, pese a todo, constituye un problema de difícil explicación. Conducido de Portillo a Valladolid, el 3 jun. 1453 era degollado públicamente el que, muy poco tiempo antes, detentaba un poderío y una riqueza inigualables. La vida de Á. de L., pasando bruscamente del esplendor a la ruina, era un ejemplo vivo de lo variable de la fortuna. Jorge Manrique alude en sus Coplas al drama del condestable castellano, símbolo de la brevedad de las glorias mundanas. En el terreno político, legaba un saldo positivo al fortalecimiento de la monarquía. Á. de L. fue, además, el más típico precedente de los validos del s. xvii.J. VALDEÁN BARUQUE.
BIBL.: Crónica de Don Álvaro de Luna, ed. l. DE M. CARRIAZO, Madrid 1940; Crónica del Rey don Juan el Segundo, "Bibl. de Autores Españoles", LXVIII, Madrid 1953; L. SUÁREZ, Los Trastámaras de Castilla en el siglo XV, en HE XV,1964; C. SILIó, D. Álvaro de Luna y su tiempo, Madrid 1941; E. BENITO RUANO, Los infantes de Aragón, Madrid 1952; L. SUÁREZ, Aragón y Portugal en la política de don Álvaro de Luna, "Rev. de Archivos, Bibliotecas y Museos" LIX (1953).
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