Lugano, Marco Anneo
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Biografía GER
Biografía. Poeta épico latino, nacido en Corduba (Córdoba), el 3 nov. 39 d. C., de M. Anneo Mela, hermano de Séneca (v.), y de Acilia, hija de Acilio Lucano, orador estimado en su tiempo. A los ocho meses de edad fue llevado a Roma. Su tío Séneca, ya cuadragenario, lo rodeó de tierno cariño y solicitudes: a él se refiere sin duda en su Consolación a Helvia (16), cuando habla a su madre del nieto Marco, "el niño amable, a cuya vista ninguna tristeza puede durar, ni hay pesar, por hondo y reciente que sea, que no suavice con sus caricias". La comunidad de sangre y sentimientos les colocó a ambos en una misma postura ante los problemas de la vida y del arte: por ello son los frutos más genuinos del estoicismo hispanorromano (v. ESTOICOS). En la educación de L. intervinieron el gramático G. Remmio Palemón, el rétor Virgilio Flavo y el estoico L. Anneo Cornuto, en cuya escuela tuvo por condiscípulo a Persio; niño prodigio, pronto dio claras muestras de ingenio precoz y habilísima elocuencia, en griego y en latín, tanto en prosa como en verso. Nos han llegado dos breves biografías clásicas del discutido épico: una, desfavorable y acorde con la Crónica de S. Jerónimo, quizá de Suetonio (v.); la otra, más completa, de tono apologético, es con toda verosimilitud del gramático Vacca (s. VI), acaso de origen hispano.Vestida la toga viril, L. se trasladó a Atenas (ca. 57) para completar allí su formación. Al poco tiempo fue reclamado por Nerón (v.), que lo agregó al corro de sus íntimos y le confirió dignidades superiores a la edad del mancebo. Contribuyó a cimentar la amistad de ambos su edad casi igual y la misma afición a la poesía. Al ser instituidos los juegos quinquenales denominados Neronia, en el 60, se dio a conocer como poeta con sus Laudes Neronis: gracias a ellas fue coronado, se le nombró cuestor y entró en el orden senatorial; durante su cuestura, ofreció juegos gladiatorios e ingresó en el colegio de los augures. Pero no se hizo esperar la ruptura con el príncipe. Según un rumor, recogido por Tácito (Annales XV,49), sus crecientes triunfos literarios despertaron la envidia del Emperador, que le consideró su rival en el camino de la gloria poética; a este rencor personal hay que añadir sin duda otras razones, derivadas de su espíritu estoico, independiente y republicano. De este modo, L., dotado de un talento brillante y original, se convierte en el encarnizado enemigo de Nerón. A raíz de su poema Orpheus, premiado en un concurso en que participaba el poeta imperial, se le prohibió declamar en público y hasta defender causas en el Foro. Por esta trayectoria de la adversidad y la iracundia, L., fundidas su altivez de político, su vanidad de escritor y su saña de conspirador, se nos presenta como uno de los personajes más audaces de su época. Este brusco cambio de relaciones se reflejará en la estructura de su Farsalia.A sus 20 años de edad había escalado la cima de la fortuna y la fama, como orador, poeta y dramaturgo. La ira imperial, que como una tormenta se adensaba sobre la cabeza de Séneca, su preceptor y ministro, iba a reunir al tío y sobrino en un mismo sacrificio. La oposición contra el tirano estalló en la ruidosa conjura de Pisón del 65: L. era uno de sus miembros. Descubierta la conspiración, Nerón le dio a elegir el modo de quitarse la vida. Quizá en esta circunstancia, apresado en la red del proceso, L. no dio pruebas de firmeza de carácter y llegó a revelar nombres de cómplices, incluso el de su madre, según sostiene la tradición hostil al poeta. Como atenuantes de su presunta culpabilidad podrían aducirse su juventud, su anhelo de triunfar con la conclusión del poema y el mismo amor a su joven esposa, la inteligente Pola Argentaria, con quien se había casado un año antes. De todos modos, L., como su tío, como Petronio y otros personajes insignes, afrontó la muerte con la serenidad de los estoicos: el 30 abr. 65, a sus 26 años de edad, tras un copioso banquete, entregó desde el baño su brazo al médico para que le abriese las venas; al sentir la frialdad de la muerte en los pies y las manos, recitó, al decir de Tácito (Annales XV,70), unos versos suyos ajustados a las circunstancias: sin duda 12 memorables versos de la FarsaHa (III,635-647).Creación literaria. Muerto en plena juventud, L. había dado muestras de una fecundidad extraordinaria en el campo de la poesía. Compuso, en efecto, piezas en gran número y de género variado (épicas, líricas y dramáticas), que en su mayor parte se han perdido o nos han llegado en escasos fragmentos. Además de sus mencionados Laudes Neronis y del poema Orpheus, recuerdan sus biógrafos un poema sobre la caída de Troya, lliacon, semejante a los Troica y a la Troica halosis de Nerón; otra composición más o menos amplia sobre el mundo de los Infiernos, el Catachthonion, derivado, al parecer, como el Orpheus, de fuentes neopitagóricas y revelador de la inclinación del poeta por la superstición y la ultratumba; diez libros de Siluae, sin duda poesías circunstanciales e improvisadas según el modelo de Estacio (v.); una serie de Fabulae salticae o libretos para pantomimas. Como réplica al panegírico de las Laudes Neronis, hay que citar una declamación en prosa (ciertamente clandestina, sólo conocida en los círculos de la oposición) contra el Emperador, a propósito del famoso incendio de Roma, del 64. En cuanto a tragedias, descuella una Medea, que el joven autor dejó inacabada. Es evidente que esta prodigiosa actividad literaria, sólo comparable con la de Ovidio, no podía producir siempre obras definitivas: dista de serlo la misma Farsalia, la obra mayor de L. y la única que nos ha llegado, aunque incompleta, para asegurar su supervivencia. En vano buscaríamos en ella la simplicidad de la poesía homérica o la perfecta flexibilidad de Virgilio. El poema, desde su concepción hasta su desarrollo, nos introduce en un mundo nuevo, abierto a otras formas de estética, tono e inspiración.La "Farsalia". Tal como hoy la poseemos, integrada por diez libros, en hexámetros, es el poema de la guerra civil entre César y Pompeyo, que comienza con el paso del Rubicón (49 a. C.) y concluye con la batalla de Farsalia y con la huida y muerte de Pompeyo en Egipto (48 a. C.). Pero comprende también, en los dos últimos libros, los sucesivos acontecimientos militares de Catón en África y de César en Oriente. Se le ha titulado comúnmente Pharsalia, debido a uno de los episodios culminantes de la campaña y a la interpretación errónea de un pasaje (IX,985-986): Pharsalia nostra / uiuet, et a nullo tenebris damnabitur aeuo. Los biógrafos y la tradición manuscrita lo denominan Bellum ciuile o De bello ciuili. Es probable que el poeta muriera sin-haber adoptado un título definitivo. El poema, iniciado hacia el 60, tuvo una elaboración lenta, cuidadosa, pero refleja el cambio de ideas que se operó en L. A causa de la muerte prematura del poeta, quedó interrumpido hacia la mitad del X libro, ya que en su plan primitivo debía de abarcar un área mucho mayor, extendida probablemente hasta la muerte de César o incluso hasta la victoria de Accio (31 a. C.), conclusión del periodo de las guerras civiles. El poeta sólo publicó los tres primeros libros, anteriores a su ruptura con Nerón, de los que había ofrecido, poco después del concurso neroniano del 60, una memorable lectura. Los otros siete salieron póstumos, tal vez retocados.El orden de la narración se ajusta casi matemáticamente al desarrollo cronológico de los acontecimientos: el poema, por tanto, sigue el antiguo modelo romano de los annales. En el I libro, precedido de una invocación a Nerón y de los retratos de César y Pompeyo, se narra el paso del Rubicón y la huida del senado de Roma; en el II, el repligue de Pompeyo hacia Brindis y de aquí, a través del Adriático, su paso al Epiro; en el III, el cerco puesto por César a los pompeyanos en Marsella y su marcha a España; en el IV, los combates entablados entre ambas fuerzas en España, Iliria y África; en el V, entre otras vicisitudes, el regreso de César vencedor y dictador a Roma y su sucesivo traslado de Brindis al Epiro; en el VI, los movimientos de los ejércitos enemigos, cesariano y pompeyano, en el Epiro y la retirada de Pompeyo a Tesalia; en el VII, la batalla decisiva de Farsalia; en el VIII, la fuga de Pompeyo vencido a Lesbos, al lado de su mujer Cornelia, y de allí a Egipto, donde es asesinado; en el IX, la marcha de Catón, al frente de fuerzas pompeyanas, por el desierto y la llegada de César a Egipto; en el X (interrumpido en el v. 546), el encuentro de César con Cleopatra y la hostilidad de los egipcios. Esta sujeción a la historica f ides, apoyada en las fuentes de mayor crédito (César, v.; Tito Livio, v.; las Historiae de Séneca el Rétor) e insensible al habitual alarde mitológico de las epopeyas clásicas, aunque esmaltada de variadísimas exornaciones retóricas, suscitó contra L. la crítica de los antiguos, indecisos en conferirle la categoría de poeta o bien la de historiador y orador (cfr. Quintiliano, X,1,90; Marcial, XIV,194).Lo que ellos, en realidad, no podían comprender era la revolución literaria marcada por un poema de raíz histórica y política. Con todo, la Farsalia era, con relación a las ideas y a las pasiones de la época, un argumento de actualidad, avivado por la actitud republicana del ambiente a que pertenecía L. Es cierto que, al dar comienzo a su obra, el poeta se siente todavía comprometido por su amistad con el príncipe: de aquí la dedicatoria del poema a Nerón, con expresiones de homenaje áulico; su tono, a lo largo de los tres primeros libros, de profunda aversión a las guerras civiles y a sus protagonistas César y Pompeyo; su vinculación al ideal de un gobierno semirrepublicano y pacificador, como el de Octaviano Augusto. Pero, tras la ruptura cón el príncipe, es decir, a partir del IV libro, hay un cambio total en el decorado y el contenido. Estalla y se acentúa el republicanismo del poeta: César es presentado como un facineroso, origen de todas las desventuras de Roma, como el héroe negativo de la epopeya, mientras los vencidos Pompeyo y Catón de Útica surgen ejemplares idealizados de la virtud, sobre el pedestal de la libertad. La Libertas, opuesta a la tiranía y personificada en diversos pasajes, es a la postre, en ausencia de un héroe humano, la heroína del poema, como víctima de una guerra liberticida. Este arte juvenil espontáneo y realista de L., brotado en una crisis de la historia política de Roma, rechazaba el arte de imitación, siempre convencional y aséptico, en que se movía la épica del s. i del Imperio. Sin aplicarle el colorido de la leyenda, convertía así L. la historia contemporánea, como fin de sí misma, en materia poética. No le hacía falta ninguna teogonía ni ningún aparato mítico o heroico; le bastaban el rigor de unos personajes recientes, la razón, el naturalismo, la tierra.Esta reforma, sin duda revolucionaria, debía salvarse gracias a la profunda educación retórica del poeta y a su formación en la doctrina estoica, aplicadas con la más aguda sensibilidad. Pese a sus frecuentes decoraciones declamatorias, barrocas, acumulativas o enfáticas, la poesía de la Farsalia encierra siempre una singular fuerza creadora y despide sin cesar verdaderos destellos de genio épico. El estilo de esta poesía, a veces oscuro y enredado, se sostiene en su altura mediante una serie de recursos que no dejan de herir la atención del lector: personificaciones de ideas filosóficas y políticas, sentencias lapidarias, descripciones estremecedoras de paisajes, análisis de sueños y escenas mágicas, cuadros de pinceladas macabras, episodios de torturas y muertes inauditas, visiones de ritos bárbaros. Si L., un escritor "moderno", se sirvió, en los aspectos estructurales de su obra, de innumerables fuentes literarias y científicas, ha sido, en mayor grado, un inspirador y un precursor: desde no pocas tendencias del Medievo hasta las más inflamadas creaciones del romanticismo.V. t.: ÉPICA, 3 C.MIGUEL DOLTR.
BIBL.: J. E. MILARD, Lucani sententia de deis et de lato, Utrecht 1891; V. USSANI, Sul valore storico del poema lucaneo, Roma 1903; R. PICHON, Les sources de Lucain, París 1912; A. SPALLICI, La medicina in Lucano, Milán 1937; S. Pucci, La geografía di Lucano, Palermo 1938; E. MALCOVATTI, Lucano, Brescia 1947; H. FLUME, Die Einheit der Künstlerische Persónlichkeit Lueans, Bonn 1950; R. CASTRESANA, Historia y política en la Farsalia de Marco Anneo Lucano, Madrid 1956; J. BRISSET, Les idées politiques de Lucain, París 1964; M. DOLO, Aproximación a la estética de Lucano, en Retorno a la Roma clásica, Madrid 1972, 223-264; VARIOS, Lucain, Ginebra 1970.-Ediciones de la Farsalia:: C. E. HASKINS, Londres-Cambridge 1887 (Bell, con comentarios); P. LElAr, París 1894 (Klincksieck, comentada); C. M. FRANCKEN, Leiden 1896-97 (Sijthof, 2 vol.); C. Hosius, 3 ed. Leipzig 1913 (Teubner); A. E. HOUSMAN, 3 ed. Oxford 1950 (Blackwell); J. D. DUFF, 5 ed. Cambridge, Mass. 1962 ("Loeb", con trad. inglesa); A. BOURGERVM. PONCHONT, París 1962 ("Budé", con trad. francesa); V.-J. HERRERO LLORENTE, Barcelona 1967 (con trad. castellana, en curso de publicación).
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