Londres (london) II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
El primer establecimiento humano del que quedan vestigios se remonta al mesolítico y lo constituye uno de los grupos cazadores y recolectores que se asentaron en las terrazas aluviales del Támesis. La presencia celta originó una incipiente vida urbana, que cobró carácter cuando César estableció allí el campamento de sus legiones. A partir del s. I, por su privilegiada situación y al amparo de dos fortificaciones construidas en las márgenes del Támesis por los romanos, L. (Londinium) adquirió la fisonomía de un centro comercial, favorecido por los continuos contactos mercantiles con la orilla continental del canal de la Mancha.Aunque en el s. IV se construyó una muralla para hacer frente a las incursiones bárbaras, la ciudad sufrió los efectos de la invasión sajona (s. V y VI), con el consiguiente despoblamiento y la ruina del comercio. Sin embargo, resurgió en el s. vii, al erigirse en capital del reino anglosajón de Essex (v. INGLATERRA II) y figurar como sede de una diócesis, de la que el monje Melitón fue el primer obispo. Tras los años críticos de la invasión danesa, fue mayor el crecimiento londinense, pues el imperio de Canuto el Grande favoreció las relaciones mercantiles con el espacio báltico, que se mantuvieron después de la conquista normanda (1066). Con Guillermo I el Conquistador (106687), L. adquirió su madurez política y la supremacía sobre el resto de las ciudades inglesas. El monarca reconoció los antiguos derechos anglosajones y entregó el gobierno municipal a un laico (portreeve) y al obispo y, como un símbolo de su autoridad, mandó edificar en ella la famosa torre. En el reinado de Ricardo I (1189-99), L. obtuvo el reconocimiento de una comuna de gobierno, al frente de la cual se encontraba un alcalde, elegido anualmente a partir de 1215.L. intervino en las luchas entre el poder monárquico y el Parlamento, consiguiendo cierta autonomía bajo Enrique VII (1485-1509). Económicamente, gracias a la actividad comercial de su puerto, basada sobre todo en las exportaciones de lana a Francia y a los Países Bajos y en el asentamiento de mercaderes de la Hansa, L. llegó a ser una de las ciudades más importantes de Europa. Ello provocó el florecimiento de una numerosa clase burguesa que, protegida tanto por Enrique VIII como por Isabel I, consiguió en el s. XVI no sólo la revocación de los privilegios que gozaban los mercaderes alemanes, sino también el monopolio de las nuevas rutas hacia Asia y América y su conversión en sede de prestigiosas compañías comerciales. La prosperidad se tradujo en un considerable aumento de población, que alcanzó hacia 1650 el medio millón de hab.La política centralista de los Estuardo (Carlos I y Jacobo II), la peste de 1665, que produjo unas 100.000 víctimas, y el incendio de 1666, originaron una crisis económico-social. La ciudad apoyó la causa republicana durante la revolución y la guerra civil, acogiendo con entusiasmo la entronización de Guillermo de Orange (1688). Como capital de un fabuloso imperio colonial, L. centró durante dos centurias (s. XVIII y XIX) la atención financiera y política del mundo, al mismo tiempo que, a tenor de la revolución industrial, se revitalizó de modo considerable, albergando una población cada vez más numerosa. La I Guerra mundial hizo mella en L. con algunos bombardeos aéreos. Las consecuencias de la II Guerra mundial fueron mucho más graves y supusieron importantes destrucciones.Reconstruida conforme a una síntesis de lo tradicional y moderno, L. mantiene en la actualidad una gran importancia, como centro de Gran Bretaña y de su vasto ámbito de influencia comercial.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: R. E. WHEEBER, London and the Saxons, Londres 1935; H. BATSFORD, London, Londres-Nueva York 1950; J. CAMBA, Londres, Madrid 1959.
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