Locarno, Congreso de HIST.
Categoria:
Historia
Reunión internacional, celebrada en octubre de 1925, entre los representantes de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Bélgica, Polonia y Checoslovaquia, y que tuvo lugar en la ciudad suiza de ese nombre, a orillas del lago Mayor, y a pocos kilómetros de la frontera italiana. El c. de L. significó, fundamentalmente, la reconciliación de Alemania con sus vencedores en la I Guerra mundial, y su retorno, en igualdad de condiciones, al concierto de las potencias europeas.El tratado de Versalles (v.) de 1918, "dictado" para los alemanes, había creado una atmósfera tensa, agravada por la cuestión de las reparaciones y la ocupación del Sarre y luego la del Ruhr (1923) por los franceses. Y, sin embargo, llegó un momento en que se impuso una visión más realista. París se convenció de que no se podía seguir tratando a golpes de látigo al vencido alemán sin concitarse la antipatía universal, y Berlín comprendió que la táctica del boicot y el despecho seguida hasta entonces era contraproducente, y retrasaba sine die el retorno de Alemania a la convivencia internacional. Por otra parte, el aislacionismo de los Estados Unidos y la Unión Soviética, y los recelos entre Francia y Gran Bretaña aconsejaban un viraje en las combinaciones diplomáticas de la posguerra. En esta idea revisionista estaban de acuerdo, en 1925, los ministros de Asuntos Exteriores de Francia y Alemania, Aristide Briand (v.) y Gustav Stresemann, respectivamente. Eran hombres muy distintos: Briand, político nato, orador engolado y profundo idealista; Stresemann, hombre de empresa, espíritu práctico y directo. Pero ambos coincidían en dos rasgos fundamentales: su amor a la paz y su deseo de posponer los viejos pruritos nacionalistas a un sistema "europeo" de entendimiento entre las naciones.La idea de una conferencia internacional en este sentido fue lanzada por Stresemann, el 9 feb. 1925, y en seguida la hicieron suya, además de Briand, el británico Austen Chamberlain y el italiano Mussolini, que pretendían actuar de padrinos de la reconciliación franco-alemana. El congreso se reunió al fin en L., el 5 de octubre, con asistencia de Briand, Stresemann, Austen Chamberlain, Scialoja (Italia), Vanderverlde (Bélgica), Skrzynski (Polonia) y Benes (Checoslovaquia). Aunque las sesiones se celebraron en el salón principal del ayuntamiento, los cambios de impresiones durante los paseos en barca por el lago dieron al congreso un aire cordial como no se había respirado en la diplomacia europea desde comienzos de siglo.La fuerte personalidad de Stresemann y Briand se impuso durante los 10 días que duraron las conferencias, con lo que el resultado fue, más que un plan de orden europeo, un grato reencuentro entre alemanes y franceses. El 16 de octubre se llegó al acuerdo de reconciliación y entendimiento, con la consiguiente firma de los protocolos. El tratado, que se firmó el 1 de diciembre, reconocía las fronteras existentes entre Alemania, Francia y Bélgica; lo que significaba, indirectamente, la aceptación por Alemania de la pérdida de Alsacia-Lorena, Eupen y Malmédy. Los franceses prometieron evacuar Renania, y, junto con los británicos, estudiar una suavización en el sistema de reparaciones de guerra. Alemania podría ingresar en la Sociedad de Naciones. No hubo acuerdo, en cambio, con los países orientales, pues los alemanes se negaban a ceder sus derechos sobre territorios de población indiscutiblemente teutona; y lo único que se consiguió fue que ambas partes se comprometieran a dirimir el pleito por medios pacíficos. Esta falta de un "Locarno oriental" dejaría la puerta abierta a una serie de problemas que desembocarían en la II Guerra mundial (v.).El c. de L. tuvo favorables repercusiones. La primera fue el ingreso de Alemania, con todos los honores, en la Sociedad de Naciones. "Atrás los fusiles, las ametralladoras, los cañones -dijo Briand en su discurso de bienvenida-; paso a la conciliación, al arbitraje, a la paz." Otra fue el plan Young, que humanizaba las reparaciones alemanas. Y por último, el protocolo Briand-Kellog (1927), firmado por 15 potencias, que renunciaban para siempre a la guerra, y se comprometían a someterse en sus litigios al arbitraje internacional. Un nuevo ambiente, de cordialidad y confraternización, por desgracia no muy duradero, invadió el mundo: el llamado "espíritu de Locarno".J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: P. RENOUVIN, Histoire des rélations internationales, VII, París 1957; J. LAROCHE, Au Quai d’Orsay avec Briand et Poincaré, París 1957; J. B. DuRoSELLE, Histoire diplomatique de 1919 d nos jours, París 1957; J. HAMPTON-JACKSON, The postwar world, 1918-1934, Londres 1935.
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