Literatura VI. Bibliografía de la Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Aunque en el mundo clásico se hallan relaciones de escritos de un autor que pueden considerarse bibliografías literarias, el origen científico de la misma no puede situarse antes de la segunda mitad del s. XVIII, puesto que se deriva del propio nacimiento de la Historia de la L. como disciplina independiente. Las empresas eruditas que dieron como resultado en los principales países las grandes colecciones documentales, los catálogos de las bibliotecas nacionales, los repertorios de fuentes manuscritas, etc., facilitaron, desde finales del s. XVIII y a lo largo del XIX, la materia prima de la que sería posible extraer, mediante un paciente proceso de búsqueda, todos aquellos datos que las corrientes historicistas y racionalistas en boga exigían a la investigación literaria. Las monografías sobre autores famosos, así como sobre épocas, escuelas, estilos y géneros literarios, se fueron sucediendo, siendo las mejores casi siempre debidas a individuos formados en escuelas profesionales de bibliotecarios que, a imitación de la Ecole des Chartes francesa, se crearon en casi toda Europa.En los países más adelantados, estas aportaciones representaron un elevado número de volúmenes, inconexos entre sí, por lo que se sintió la necesidad de compilaciones que sumasen y unificasen sus noticias y sobre todo de que las más útiles estuviesen al alcance del público medio. Los manuales de Historia de la L. nacional comienzan a incorporar un anexo con un resumen bibliográfico, el cual, en ediciones sucesivas, adquiere tal importancia e incremento que se impone su desglose hasta convertirse en una obra aparte. Este proceso, que se opera ya en el s. XX, hace desaparecer el concepto secundario de la bibliografía literaria y contribuye a poner de relieve su valor esencial.El haberse desarrollado dentro de tan estrechos límites nacionales y profesionales justifica la desconexión entre los países, cuyas obras más representativas ofrecen muy escasos puntos de contacto con las de otros desde el punto de vista técnico. Sin embargo, el mismo auge de los estudios literarios condena a una pronta ineficacia a todos los recursos informativos, rápidamente incompletos por anticuados, lo que (igual que en el campo de la bibliografía general) impone la creación de repertorios sobre novedades que al carecer de entidad para constituir volúmenes independientes, adquieren la forma de secciones fijas de las revistas técnicas. Por consiguiente, cabe afirmar que una L. cualquiera ofrece una base satisfactoria inicial apta para su exploración y análisis cuando dispone de un repertorio exhaustivo, un manual selectivo y un boletín periódico de novedades. He aquí cómo se ha desarrollado este proceso en la práctica en algunos de los dominios idiomáticos más representativos:Literatura francesa. La muestra más típica y famosa de lo apuntado la ofrece el famoso manual histórico de Gustave Lanson, que al editar aparte su Manuel bibliographique de la Littérature franeaise moderne (1920) establece un hito que en adelante otros muchos se encargarán de completar y actualizar, tarea que comienza J. Giraud con el suplemento dedicado a lo producido en 1920-35, excluyendo el s. XIX, parcela de la que luego se ocupa Hugo Thieme. La omisión de la Edad Media justificó el Manuel bibliographique de la Littérature franl~aise du Moyen Age, de R. Bossuat (1951). Recientemente, el profesor A. Cioranescu ha acometido la preparación de un nuevo repertorio de gran envergadura. A pesar de las numerosas monografía que precedieron y siguieron a estas compilaciones, los especialistas franceses no consideran satisfactoria su situación actual. Desde hace varios años, el bibliotecario René Rancoeur se ocupa de reunir en un anuario las principales novedades.
Literatura italiana. La existencia de tratados Históricos monumentales, dotados de copiosísima bibliografía, ocasiona una posición especial. Tal ocurre con la Storia letteraria d’Italia, del editor florentino Vallardi (1880-1913; 3 ed. iniciada en 1942), cuyos 10 vol. se complementan con los 15 de la Storia dei generi letterari. Finalidad introductiva tuvo el Avviamento allo studio critico delle lettere italiane, de Guido Mazzoni (Florencia 1892), cuya ed., revisada y modernizada por Carmine Jannaco, apareció en 195l. La producción del s. XX comenzó a ser recogida por Giuseppe Prezzolini, en su Repertorio bibliografico della storia e della critica della Letteratura italiana dal 1902 al 1932, patrocinado por la Columbia Univ. (Nueva York 1937-48), cuyo último volumen (el IV) abarca hasta 1942, y por Nicolo Domenico Evola, en su Bibliografia degli studi sulla Letteratura italiana (19201934), iniciado en 1938.Literatura alemana. La existencia de tratados históricos, provistos de sólida documentación bibliográfica, constituye un primer punto de apoyo; en este caso se encuentran tanto obras de gran envergadura, como la de Karl Goedeke, Grundriss zur Geschichte der deutschen Dichtung aus den Quellen (Dresde 1884-1951, 13 vol.), como las populares historias literarias de W. Scherer (1863), F. Vogt, M. Koch, etc. Otro tanto ocurre con los abundantes diccionarios de L. alemana, como los de W. Stammler y K. Langosch (Berlín 1933-53, 4 vol.), H. A. Krüger (Düsseldorf 1949), P. Merker y W. Stammler (Berlín 192531, 4 vol.), W. Kosch (Berna 1927-30, 2 vol.), etc., e incluso con los dedicados a un solo género, p. ej., el Deutsches Theater-Lexicon, de W. Kosch (Klangenfurt 1951-). Además, con frecuencia aparecen manuales selectivos, como el de Otto Olzien, Bibliographie zur deutschen Literaturgeschichte (Stuttgart 1953) o el dedicado a los novelistas de W. Olbrich (1950-51), continuado por la ayuda de otros colaboradores a partir de 1952.Literatura inglesa. En esta visión de conjunto, merece destacarse, más que determinados repertorios, la valiosa síntesis salida de la Univ. de Cambridge y debida a F. W. Bateson: The Cambridge bibliography of english Literature (Cambridge 1940, 4 vol.), .clasificada con criterio sistemático y con referencias muy concisas. La bibliografía de la L. norteamericana ocupa por completo el t. III de la Literary history of the United States, de varios autores (Nueva York 1948).Literatura hispánica. La evolución en este sector se operó de conformidad con las características generales apuntadas, pero con enorme lentitud, hasta el punto de que un balance realizado en 1930 hubiera podido registrar varios centenares de títulos de aportaciones parciales de diverso tema y valor, casi ninguna de las cuales abordaba los puntos capitales o las visiones de conjunto. La información retrospectiva total se limitaba a los apéndices de algunos manuales históricos, como el de HurtadoGonzález Palencia (v. iv) y, en el terreno monográfico, exceptuando a Cervantes, casi ninguno de los principales autores había sido objeto de un estudio abarcador de las ediciones de sus obras y de lo escrito acerca de ellas. De lo existente (p. ej., el libro de Breymann sobre Calderón de la Barca, 1905), buena parte se debía a hispanistas (v. HISPANISMO) extranjeros, habiendo que destacar el meritorio esfuerzo de R. Foulché-Delbosc.Ante el contraste entre el interés universal cada vez mayor por esta L. y la falta de guías eficaces para manejarla, fueron las universidades norteamericanas las primeras en tratar de prepararlas, comenzando por la serie de fascículos lanzados de 1931 a 1935 sobre las Letras hispanoamericanas por la de Harvard, tentativa continuada luego con los frustrados intentos de publicar una bibliografía de la L. española (Grismer y Serfs). Esta tarea fue acometida en 1950 en España por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, al iniciarse la publicación de la Bibliografía de la Literatura hispánica, de J. Simón Díaz, cuyos nueve tomos publicados comprenden hasta los autores del Siglo de Oro cuyo apellido comienza por la letra F. Una síntesis de este repertorio es el Manual de bibliografía de la Literatura española, del mismo autor (Barcelona 1963). La función de actualizar ambos la desempeña la "Información bibliográfica" de la Rev. de Literatura del CSIC. La Sección de Bibliografía literaria de dicho Consejo y otros organismos, editoriales y grupos han fomentado el interés por la materia, dando origen a numerosas contribuciones estimables e incluso a series dedicadas al particular, como los Cuadernos Bibliográficos del CSIC. Entre otras más generales que, sin embargo, han facilitado el aprovechamiento de fuentes casi intactas, merece recordarse la Colección de índices de Publicaciones Periódicas, que después de dar a conocer los de 18 revistas literarias, ha comenzado a divulgar las colaboraciones y noticias de escritores españoles del s. XIX conservados en las colecciones de 24 diarios de Madrid.El gran retraso que llevan las bibliotecas españolas en materia de publicación de catálogos de toda especie (de la Bibl. Nacional, de manuscritos, colectivos de impresos, etc.) constituye el principal obstáculo para el desarrollo de esta especialidad y la causa de muchas falsas valoraciones, como las que originan la frecuente publicación de ejemplares "únicos" de obras halladas en cualquier biblioteca extranjera, que en la mayoría de los casos dejarían de serlo con un mediano conocimiento de los fondos de las del país.En Hispanoamérica, no ha sido aún debidamente utilizado el ingente depósito de datos que dejó en sus tipobibliografías José Toribio Medina para un profundo análisis de la cultura de los primeros siglos. Algunos países (Argentina, México, Colombia, Chile, etc.) disponen de personalidades destacadas que van acometiendo la ordenación de sus respectivas L., a la vez que los autores de los más acreditados manuales históricos de conjunto: Leguizamón, Torres Rioseco, Sánchez, etc., han dado ya el paso de desglosar los apéndices bibliográficos de sus tratados para convertirlos en obras independientes. Un notable modelo de cultivo simultáneo de la información retrospectiva y actual es, en nuestros días, la "Bibliografía Argentina de Artes y Letras".Literatura portuguesa. Aparte del provecho que continúan reportando las compilaciones clásicas de Barbosa Machado, Inocencio, Matos, etc., deben tenerse en cuenta síntesis recientes, como la Bibliografía da Literatura portuguesa, de Moisés Massaud (Sáo Paulo 1968). Otras similares están dedicadas a los escritores brasileños, como la Pequeña bibliografía crítica da Literatura brasileira, de Otto Maria Carpeaux (2 ed. Río de Janeiro 1955).Literatura comparada. La aparición y auge de la L. comparada ha creado la exigencia de una base bibliográfica firme, de difícil realización por cuanto obliga a la búsqueda de trabajos publicados en diferentes países e idiomas. El principal repertorio aparecido hasta hoy es la Bibliography of comparative Literature, de F. Baldengperger y W. Friederich (Chapell Hill, Univ. de Carolina del Norte 1950) que agrupa 33.000 referencias, por lo general insuficientes a causa de su parquedad, dada su misma rareza. Su actualización corre a cargo de la revista anual Yearbook of comparative and general Literaturé, publicada por la misma Universidad desde 1952. También debe consultarse la bibliografía trimestral que constituye un volumen anual aparte de la Rev. de littérature comparée, de París, a partir de 1949.Literatura universal. Las mismas causas dimensionales que han hecho utópica en nuestros días la realización de cualquier tipo de bibliografía general universal hacen irrealizable algo similar en el campo literario. Existen tratados históricos, diccionarios de escritores (p. ej., el de Bompiani), etc., de gran extensión, que facilitan datos bibliográficos abundantes, pero, como es lógico, siempre menores que los de cualquier obra semejante de alcance más restringido. A pesar de su mayor amplitud, lo único consignable aquí es el Index translationum, iniciado en Ginebra en 1932, y desde 1949 a cargo de la UNESCO, que ofrece una visión total de las transferencias culturales entre civilizaciones y países, aunque el esquematismo de sus referencias lo hace más provechoso para efectos estadísticos que para una información cultural propiamente dicha. Entre los repertorios de bibliografía corriente, destaca The Year’s work in modem language studies (Oxford 1931 en adelante), con su selección de estudios valiosos sobre todas las L., con excepción de la inglesa, que es objeto de otra publicación paralela.J. SIMÓN DÍAZ.
BIBL.: La citada en el texto.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.