Literatura IV. Historiografia Española. Comienzos His. Toriográficos. HIST.
Categoria:
Historia
A título de curiosidad podrían citarse obras medievales y clásicas que contienen datos de valor histórico para el estudio de la L. española, como, p. ej., la Carta e Proemio del marqués de Santillana, pero el origen de la Historia de la L. española como disciplina científica no puede situarse en fecha anterior a la segunda mitad del s. XVIII. Las obras de aquel periodo que o bien se limitan a la mera apología, como la de Martín Panzano en lengua latina (1759) o la de Lampillas en castellano (1780), o bien quedaron en grandiosos proyectos frustrados, como la tentativa de los PP. Mohedanos (1766-91), tienen un valor muy relativo. Debe recordarse el tratado Dell’origine, progressi e stato attuale d’ogni Letteratura (Parma 1782-98), de Juan Andrés, aunque por lo universal y enciclopédico rebasa doblemente este campo.El alemán Friedrich Bouterweck, con su Geschichte der Spanischen Poesie und Beredsamkeit (Gotinga 1804), es el verdadero iniciador de las Historias generales, ya que trata con rigor y concisión de filósofo lo que hasta entonces sólo había inspirado apasionadas disertaciones retóricas. A cambio de ello, divulga multitud de errores ajenos y propios, pero no tan absurdos y ofensivos como los de su continuador suizo Simonde de Sismondi, que en la parte dedicada a España, en su obra De la Littérature du Midi de 1’Europe (París 1813), ofrece una versión folklórica, basada en lo romántico y lo caballeresco y, sobre todo, en fuertes prejuicios anticatólicos y antiespañoles. Ambos libros fueron vertidos al castellano y los traductores se cuidaron de rectificar en sus anotaciones las principales inexactitudes.Hacia una Historiografía científica. Sólo cuando la reorganización de los planes de estudio, decretada por el ministro Pidal, estableció la enseñanza obligatoria de esta disciplina, que hasta entonces se había cursado en algunos centros como los Estudios de S. Isidro y el Seminario de Nobles de Madrid, empezaron los autores españoles a componer tratados más o menos originales, si bien con el fallo capital y gravísimo de aspirar a resumir algo en vías de formación, lo que explica la inconsistencia y falta de mérito de la mayor parte de los compendios y manuales surgidos más por razones utilitarias y comerciales que científicas. El Manual de Literatura de António Gil de Zárate (Madrid 1844), que inicia este frecuentado camino, no era sino la hábil fusión de cuatro acreditadas monografías de otros autores, y sus continuadores optaron casi siempre por sistemas parecidos. Ello explica la buena acogida que hubo de dispensarse incluso en España a la History of Spanish Literature, del norteamericano George Ticknor (Londres 1849), cuya traducción castellana por Pascual de Gayangos y Enrique de Vedia (Madrid 1851-56) fue enriquecida con valiosas adiciones. La más profunda y valiosa de cuantas se han concebido y comenzado hasta la fecha fue Historia crítica de José Amador de los Ríos (Madrid 1861-65), cuyos siete volúmenes aparecidos sólo comprenden la Edad Media y están elaborados casi siempre con materiales de primera mano, por lo que a pesar de la enorme evolución de los estudios sobre dicha época se siguen teniendo en cuenta.La diversidad de títulos de los tratados pedagógicos españoles de la segunda mitad del s. XIX se debe a las modificaciones introducidas en el título de la asignatura por los numerosos planes de estudio que se dictaron, pero en la mayoría de los casos no afecta para nada al contenido, que se mantenía inmutable. Por aquel tiempo, publicaron manuales en distintos países europeos Foster (1851), Dohm (1867), Duchinska (1876), Baist (1898) y Fitzmaurice-Kelly (1898). A History of spanish Literature, de este ilustre hispanista inglés, tuvo tal éxito que, además de ser traducida al francés y al alemán, fue objeto de dos versiones castellanas distintas, una de Bonilla San Martín y otra anónima, que se usaron durante muchos años como libros de texto por los estudiantes de Letras de las universidades españolas.Historiografía en el siglo XX. La Historia de la Lengua y Literatura castellana, de julio Cejador y Frauca (Madrid 1915-22, 14 vol.), representa la mayor acumulación de datos efectuada hasta la fecha, sin que el gigantesco esfuerzo guarde proporción con el resultado obtenido por una serie de errores capitales: la caprichosa ordenación cronológica, la fragmentación del capítulo dedicado a cada escritor importante, la falta total de índices y lo discutible de muchas de las interpretaciones críticas. En el plano universitario, la obra de Fitzmaurice-Kelly fue sustituida con ventaja durante el segundo cuarto del siglo por la Historia (1922), de Juan Hurtado y Ángel González Palencia, maciza compilación de datos históricos ilustrados con algunos juicios críticos tomados de Menéndez Pelayo. En 1938, Ángel Valbuena Prat inauguraría una corriente distinta, al relegar a un plano secundario lo históricobibliográfico para conceder la mayor importancia a la valoración crítica de signo subjetivo e impresionista. A partir de entonces, se ha procurado buscar una conciliación de estas dos tendencias en los tratados de Díez Echarri y Roca Franquesa, García López, Castro y Calvo, Alborg, etc.El convencimiento de que la extensión y complejidad de la L. hispánica hAce imposible en las condiciones actuales que una sola-persona pueda ejecutar la gran síntesis que merece y necesita ha llevado a ensayar la búsqueda del remedio por el rumbo del esfuerzo colectivo. Historia general de las Literaturas hispánicas, dirigida por Guillermo Díaz-PJaja (Barcelona 1949-68), con capítulos de valor muy desigual aunque bien no falten los que le tienen destacadísimo, ha iniciado esta labor. En el sector de la enseñanza secundaria se ha registrado un prometedor avance paralelo: Alonso Cortés, José Rogerio Sánchez, Blecua, Díaz-Plaja, García López, Giménez Caballero y otros han alcanzado gran prestigio por sus trabajos de esta índole.Historias de una época. Las complicaciones ya señaladas han hecho que en ocasiones se prefiera estudiar una determinada etapa, en vez de la totalidad. Por lo que se refiere a la Edad Media, lo hicieron en trabajos que ya tienen mero valor arqueológico Viardot (1835), Fernández de Navarrete (1845), Volk (1846) y Puymaigre (1861-62). De los modernos, el más estimable es Literatura española hasta fines del siglo XV, -de Agustín Millares Carlo (México 1950). Ludwig Pfandl, en su Geschichte der spanischen Nationalliteratur in ihrer Blütezeil (Friburgo 1929), traducida al castellano en 1933, dedicó al Siglo de Oro un profundo análisis que ha ejercido gran influencia. En, sus Lecciones del Ateneo de Madrid, Antonio Alcalá Galiano realizó el primer estudio de conjunto de las Letras del s. XVIII, comparándolas con las de otros países europeos: Historia de la Literatura española, francesa, inglesa e italiana en el siglo XVIII (Madrid 1845). Después Barja (1924) y Vian (1958) se han ocupado del asunto. La obra del agustino F. Blanco García sobre La Literatura española en el siglo XIX (Madrid 1891-94, 3 vol.) estuvo muy difundida. El mismo título lleva otra de Mario Méndez Bejarano (Madrid 1921). Con especial reparo han de manejarse casi todas las dedicadas al periodo contemporáneo, de objetividad muy discutible. Pueden verse las de Petriconi (1926), Cassou (1929), Bell (1926), Torrente Ballester (1949 y 1956), Niedermayer (1964), etc.Historia general de un género literario. Poesía. En otros casos, la fragmentación del conjunto histórico no se ha hecho de manera horizontal y cronológica, sino longitudinalmente, para apreciar la evolución a través de los siglos de un género literario o un tema. En el caso de la poesía, las explicaciones sobre sus primeros tiempos son iniciadas, antes de que Tomás Antonio Sánchez dé a conocer los grandes poemas medievales desaparecidos, por L. J. Velázquez en Orígenes de la poesía castellana (Málaga 1754) y por fray Martín Sarmiento en Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles (Madrid 1775). Más tarde, las obras de Milá i Fontanals (v.) sobre la poesía heroico-popular castellana (1874), de Menéndez Pelayo (v.) sobre los orígenes de la lírica y la poesía hispanoamericana y de Menéndez Pidal (v.) sobre la épica, la lírica y el romancero alcanzaron singular relieve. Los estudios de métrica forman un capítulo aparte. Sobresalen los de Bello, Coll y Vehí, E. de la Barra, Benot, Robles Dégano, Henríquez Ureña, Dámaso Alonso (v.), Clarke, Navarro Tomás y Balbín Lucas.Teatro. Las polémicas del s. XVIII acerca del valor del teatro clásico español atrajeron sobre él la atención de partidarios y detractores y, casi a renglón seguido, de historiadores. Aunque se publicaran antes las obras de García de Villanueva (1802) y de Pellicer (1804), la primacía en la investigación corresponde a Leandro Fernández de Moratín, que en Orígenes del teatro español (incluido en el t. I de sus Obras, en 1830) investigó a fondo cuanto se refería al teatro anterior a Lope de Vega, cuyos textos habían desaparecido ya entonces en muchísimos casos. Después, como fruto del interés germánico por la dramaturgia clásica española, surgió la Geschichte der dramatischen Literatur und Kunst in Spanien (Berlín 1845, 3 vol.), del barón A. F. Schack, traducida por E. de Mier en 1885-87, que conquistó gran reputación. De todas las posteriores, puede destacarse la Historia del teatro español de A. Valbuena Prat (Barcelona 1956).También abundan las Historias de un solo género dramático, como la de los autos sacramentales, de J. Mariscal de Gante (1911); la del entremés, las del "género chico" de M. Muñoz (1946) y Deleito Piñuela (1949), la de la ópera de Cotarelo y Mori (1800), la de la tonadilla escénica de Subirá (1928-30), la de la tragedia de Montiano y Luyando (1750-53) y la de la zarzuela deCotarelo y Mori (1934). Las monografías de carácter topográfico que estudian la historia del teatro en un determinado territorio forman otro sector. Complemento indispensable son las monografías, muy abundantes, que tratan de la historia de los aspectos técnicos del arte teatral o de la biografía de los principales actores.
Novela. Orígenes de la novela, de Menéndez Pelayo, continúa siendo la producción más destacada. Aparte de la atención prestada por Kany a la novela epistolar (1937), por Amezúa a la cortesana (1929), por Rennert (1891) y por Avalle-Arce (1959) a’ la pastoril, o por Pereda a la regional (1897), lo cierto es que las preferencias se dispensan a modalidades de clara limitación temporal, como los libros de caballerías, que han tenido en Henry Thomas su mejor especialista (1920), y, sobre todo, a la novela picaresca a partir del libro de Chandler (1899).Historia. Por excepción, se dispone en este caso de una monografía, que por desgracia ha quedado incompleta en sus dos ediciones, que desarrolla el asunto con la máxima solvencia. Nos referimos a la Historia de la Historiografía española, de Benito Sánchez Alonso, Madrid 194l. Como es natural, tienen aquí particular interés y sentido las limitaciones de carácter espacial y han de tenerse en cuenta las Historias nacionales, regionales, provinciales, locales, etc. Desde 1858 espera ser continuado de manera oportuna el Diccionario que T. Muñoz y Rivero dedicó a los repertorios históricos locales.Espiritualidad. En la práctica se reduce a la ascética y a la mística del Siglo de Oro (v.), que continúan teniendo proyección universal. El predominio de lo doctrinal deja fuera del campo literario casi todo cuanto se escribe sobre ello, por lo cual se han de recordar aquí los que han prestado mayor atención a las facetas estilísticas y formales, como Sainz Rodríguez (1927), Peers (1927 y 1951), Herrero García (1953), Hatfeld (1955), etc. (v. ESPIRITUALIDAD, LITERATURA DE). La relación con la L. religiosa de otros países ha sido examinada, especialmente por Groult en lo referente a los Países Bajos (1927), y por Sanchis Alventosa acerca de Alemania (1946). Dentro de este campo comparativo ha de situarse cuanto atañe a la influencia de Erasmo (v.).Ensayo. También de clara limitación temporal, por lo moderno de su origen, es cuanto trata de la historia del ensayismo hispánico (v. ENSAYO). Sin embargo, B. W. Bleznick lo hace arrancar del s. XVI (1964).Otros géneros. La oratoria, el cuento, el prólogo, la crítica literaria, etc., han sido también objeto de revisiones históricas (v. voces correspondientes).Historia de un tema. Los análisis de la evolución de un tema cualquiera a través de la L. española son tan sugestivos como arriesgados, puesto que la cantidad ingente de obras a consultar y la carencia de guías orientadoras suficientes obliga a un infructuoso gasto de tiempo en consultas inútiles. Los asuntos elegidos pueden ser muy variados: ideológico, como en Historia de los heterodoxos españoles, de Menéndez Pelayo (Madrid 1880-82), o su Historia de las ideas estéticas en España (Madrid 1883-91); histórico, como los dedicados a la huella literaria del Cid, D. Rodrigo, Guzmán el Bueno, etc.; legendario, como los innumerables dedicados a la figura de D. Juan Tenorio o La leyenda de los Infantes de Lara, de Menéndez Pidal (1896); topográfico, del tipo de los que enumeran y analizan la aparición de Madrid, Toledo, Sevilla, etc. en las letras; mitológico, bien de conjunto, cual las Fábulas mitológicas en España, de J. M. de Cossío (1952), o ceñido a un personaje: Orfeo, Faetón, Psiquis, etc. Los estudios cada día más frecuentes que versan sobre las obras dedicadas a los niños deben situarse en un plano intermedio entre los consagrados a los géneros y a los temas. El más notable es Historia de la Literatura infantil española, de Carmen Bravo Villasante (Madrid 1959).Otro inmenso campo, mucho más cultivado por los extranjeros que por los españoles, es el de la L. comparada, que comprende tanto los estudios generales como los monográficos acerca de las relaciones e influencias recíprocas de la L. española con las de otros países, bien en su conjunto, bien en un periodo o autor determinados. Asimismo han de tenerse en cuenta los materiales históricos y críticos contenidos en grandes repertorios bibliográficos, como la Bibliografía hispano-latina clásica o la Biblioteca de traductores españoles, de Menéndez Pelayo. Súmense a esto los estudios dedicados a escuelas, periodos, grupos, autores y obras en particular, y podrá comprenderse lo inconmensurable que resulta la tarea de historiar la producción de una lengua que durante más de diez siglos ha sido empleada por millones de seres en todos los continentes del planeta.L. SIMÓN DÍAZ.
BIBL.: No existe ninguna Historiografía de la Historia de la L. española. Para una información más detallada sobre las obras aludidas y otras semejantes, puede consultarse l. SIMÓN DÍAZ, Bibliografía de la Literatura hispánica, I, 2 ed. Madrid 1960, y la primera parte del IV, dedicado a las Fuentes generales del Siglo de Oro, así como el Manual de Bibliografía de la Literatura española, del mismo autor, Barcelona 1963.
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