Literatura II. Historia: V. por Edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. HIST.
Categoria:
Historia
**HISLITERATURA III. HISTORIOGRAFÍA UNIVERSAL. La Historiografía de la Era Moderna en el campo literario se inicia en toda Europa con la llegada del Humanismo (v.). Salvo algunos intentos muy localizados en la Antigüedad, hay que considerar a esta ciencia como un producto del hombre moderno, adoptante de una actitud de pensador ante los fenómenos de la creación estética. Por otra parte, tampoco hemos de encontrar una historia literaria, propiamente dicha, antes del s. XVIII (v. ILUSTRACIóN), pues en los tratados anteriores es frecuente mezclar la divagación histórica, filosófica o incipientemente filológica con simples "noticias literarias". Ha de pasar mucho tiempo para establecer con nitidez la diferenciación que debe existir entre una biografía, un ensayo, una investigación filológica o lingüística, un estudio de L. comparada o una interpretación filosófico-sociológica de una obra literaria o de un autor.
Como en tantas facetas actuales de otras materias, y si consideramos a la Historiografía de la L. universal como "ciencia", habrá que esperar, necesariamente, a que aparezca en el horizonte de la humanidad lo que habría que denominar como "tecnología de la creación estética". Por duro que pueda parecer, la posición del investigador, del que realiza la historia de una determinada L., puede verse afectada por una ideología condicionante, por un "exceso" de personalidad que puede crear un direccionismo en la mente del lector. El papel del historiador, del cronista de la obra de arte, debe limitarse a iniciar caminos, a señalar "posibilidades", pero nunca a establecer una opinión dogmática que muchas veces el propio decurso temporal se encarga de destruir. Queda siempre, por el contrario, la opinión del propio lector, la consecuencia de la propia experiencia que se constituye en lo verdaderamente válido.Si pasamos revista a la concepción de la Historiografía literaria a lo largo de los siglos, encontramos ideas paralelas y diferentes, de lo que se concluye que la elaboración de una historia literaria está condicionada por el tiempo y por su creador. En las albores del humanismo, Petrarca (v.) y Boccaccio (v.) ofrecen las primicias de una historia literaria no condicionada ni por la psicología ni por otro cualquier espíritu crítico. Para algunos historiadores actuales (E. Fueter o B. Croce), crean la biografía de artistas, primera fuente historiográfica para una crítica preocupada, en principio, por el decurso temporal y por el "personalismo". Recordemos, a manera de ejemplo, la Vita di Dante de Boccaccio o la colección Liber de viris illustribus de Petrarca, aunque tengan algún precedente en autores más antiguos. La Historiografía literaria humanista italiana ofrece una larga serie de cultivadores: Sabellicus, Bembo (v.), Navagero (1483-1529), L. Valla (1407-57), P. Giovio (1483-1532) o E. Silvio Piccolomini (Pío II, 1405-64), interesados por sucesos literarios, modas y tendencias de la nueva Europa. Siguiendo esta trayectoria, pueden citarse nombres como Tomás Moro (v.), en Inglaterra; Mézeray, en Francia, o Ambrosio de Morales (1513-91), en España.Todas estas obras son meros tanteos, casi misceláneas. En realidad habrá que llegar a la Historiografía del racionalismo para encontrar intentos estimables. Se podrá estar más o menos conforme con las opiniones de las escuelas de Voltaire (v.) o Montesquieu (v.); podrán ser sus criterios más o menos sólidos, pero algunos de sus escritos constituyen las primeras tentativas serias en este campo. La corriente racionalista nacida, pues, en Francia iba a extenderse por toda Europa. Señalemos nombres como D. Hume (v.) y E. Gibbon (1737-94) en Inglaterra; Schlosser (1776-1861) y Spittler en Alemania. La tendencia principal de la escuela figura certeramente señalada por B. Croce: "No es posible escribir una historia literaria sino después de haber establecido exhaustivamente un material completo susceptible de resistir el examen crítico. La investigación era el medio demostrable de la verdadera enseñanza histórica que podía conducir a un mejoramiento y reforma de los hombres..." (Teoría e storia de la storiografia, Bar¡ 1927).De esta época ilustrada ya podemos citar buenos textos. Recordemos la original Ciencia nueva de G. B. Vico (v.), obra aislada, llamada a ejercer una poderosa influencia en la Historiografía literaria, muchos años después de su ejecución; verdadero cúmulo de pensamiento original sobre la L. clásica. Citemos, también, a S. Johnson (v.), autor de una colección, Vidas de los poetas ingleses, interesante por sus opiniones particulares, aunque llena de pensamientos moralizantes. Como podemos observar, el historiador literario de los s. XVIII y XIX se aparta de la concepción de "manual de historia literaria universal", le importa más establecer unos principios científicos de la Historiografía literaria que convertirse en un mero recopilador de datos, cuyo interés puede quedar reducido al aspecto exclusivamente informativo o docente. Será el tipo de publicación "enciclopedia" (v.) el que dé ocasión a la difusión y, al mismo tiempo, a ejercer una influencia en el lector.El romanticismo, al conseguir la libertad de prensa, da lugar al nacimiento de toda suerte de ensayos literarios. También la Historiografía se va a ver afectada por una nueva ideología. Hombres como E. Burke (v.), W. von Humboldt (v.), o el propio Hegel (v.) van a resaltar un aspecto llamado a tener gran importancia: "la fuerza mística del genio del pueblo", "las tendencias dominantes de la Historia, superiores al propio individuo". No nos puede extrañar, pues, que, desde este momento, aspectos populares de la creación comiencen a ser considerados por los historiadores. Madame de Staél (v.) inicia la nueva serie. Su libro De la Literatura (1800) sienta ideas bases de la Historiografía contemporánea. Se valora, por vez primera, el sentimiento, el entusiasmo, lo épico; se establece la famosa división entre L. del norte y del mediodía. La influencia de W. Schlegel es evidente. La importancia de la crítica historiográfica sube de punto. El libro Literatura en el siglo XVIII de Villemain (1790-1867) estudia el género teniendo presente las épocas, la demarcación geográfica y la característica propia de cada pueblo. Siguen en esta línea el francés Nisard (1806-88) con su Historia de la Literatura francesa o el ruso Bielinski (v.), mentor de la generación romántica de su país. Las L. modernas comienzan a ser estudiadas y comparadas. Recordemos a E. Quinet (1803-75), introductor en Francia de las ideas de Herder y Vico, en colaboración con el historiador Michelet.La tendencia a crear una ciencia historiográfica literaria se va definiendo con más detalles a finales del s. XIX y comienzos del XX. Habrá que tener presente en este proceso la aparición del método filológico creado por L. Ranke (1795-1886), expuesto en su obra Rdrnische Geschichte, seguido, entre otros, por el historiador francés Sainte-Beuve (v.), quien, además, aplicó el principio de "la historia natural de los espíritus", principalmente en su Histoire de Port-Royal. En la Historiografía universal, quizá haya que citar como figura de primera categoría a H. Taine (v.), creador de un sistema naturalista en el que se tiene en cuenta para el juicio literario la época, el medio ambiente y la raza. Sabe unir eficazmente el estudio psicológico con el determinante social. Sirva de ejemplo su obra Historia de la Literatura inglesa. La interpretación doble de los métodos filológicos e históricos será también empleada por G. Lanson (1857-1934), famoso autor de una Historia de la Literatura francesa (trad. española de J. Petit). En esta línea estarán los historiógrafos españoles E. Díez Canedo (1879-1943); J. Casares (n. 1887); A. Castro (v.) y el propio Ramón Menéndez Pidal (v.), creadores de la escuela de Filología hispánica.Caso aparte merece B. Croce (v.), mentor de la escuela italiana de Historiografía literaria, de filosofía y crítica estética. Sus puntos de vista en la consideración del valor artístico del estudio histórico habrían de tener gran influencia. La creación de una "ciencia de la Literatura o ciencia del espíritu" estaría llamada a dejar profundo impacto en las generaciones literarias del novecentismo. Recordemos, entre otras, su famosa Estética (1902). En la larga serie de historiógrafos podemos incluir a R. de Gourmont (1858-1915); A. Thibaudet (1874-1939); J. Santayana (v.) y E. Jaloux (1878-1950). Después pueden citarse los nombres de H. Marcuse (v.); R. Barthes (n. 1915); H. Lefebvre (n. 1901); G. Lukács (v.) o L. Goldmann (1913-70), directamente implicados en especulaciones y estudios acerca de la metodología en sociología de la L., aunque algunos viciados por la ideología y prejuicios marxistas (cfr. Literatura y sociedad, Barcelona 1969). Finalmente, citamos algunos manuales de Historias de las L., que pueden servir de ejemplos de textos didácticos: D. Kaene, La Literatura japonesa, México 1956; J. L. Borges, Antiguas Literaturas germánicas, México 1951; J. Osorio de Oliveira, Historia de la Literatura brasileña, Madrid 1958; R. G. Escarpit, Historia de la Literatura francesa, México 1965; M. Slonim, La Literatura rusa, México 1962; A. J. Saraiva, Historia da Literatura portuguesa, Lisboa 1965; W. Entwistle-E. Gillet, Historia de la Literatura inglesa, México 1965.M. RUIZ LAGOS.
BIBL.: B. CROCE, Teoría e storia de la storiografia, Bar¡ 1927; G. CIROT, Études sur l’historiographie espagnole, Burdeos 1904; B. SÁNCHEZ ALONSo, Historia de la historiografía española, Madrid 1947; F. BALDENSPERGER y W. FRIEDERICH, Bibliography of comparative literature, Univ. Carolina del Norte 1950; R. LAPESA, Introducción a los estudios literarios, Salamanca 1964; J. L. ROMERO, Sobre la biografía y la historia, Buenos Aires 1945; F. TEGGART, The processes of History, New Haven 1918; A. FERRAD, A teoria da Historia e os progresos da historiografía scientifica, Coimbra 1922.
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