Liquidez (economía) ECON.
Categoria:
Economía
Concepto. La palabra l. admite diversas interpretaciones. Habitualmente se dice que un activo es líquido cuando se puede convertir en dinero rápida y cómodamente y sin pérdida. El bien más líquido será, pues, el propio dinero; le siguen los cuasidineros y otros activos financieros (obligaciones de vencimiento inmediato, letras aceptadas también de vencimiento inmediato,. cte.); en el extremo opuesto de la escala están ciertos activos no susceptibles de realización por dinero (acciones de empresas no cotizadas en Bolsa; activos físicos obsoletos; etc.). No basta, pues, la mera transferibilidad de un activo (el endoso de una letra, p. ej.), ni la constancia de su cuantía (el valor nominal de una obligación, p. ej.) para darle la condición de líquido.En ocasiones, se identifica la l. con "la distribución de los vencimientos de todos los activos financieros existentes, o bien esta distribución con relación a la distribución de las fechas esperadas de las reconversiones", esto es, en relación con la proximidad de la fecha en que el emisor deberá convertir el activo en dinero. También se identifica, en ocasiones, con la capacidad financiera de compra: "la suma de las evaluaciones de todos los gastadores privados potenciales respecto a su dominio sobre los recursos adicionales reales, suponiendo la facilidad de realización de sus activos financieros y su potencial de empréstito". Y, por último, con la holgura con que los sujetos pueden hacer frente a sus compromisos: "la disponibilidad de dinero con relación al nivel de transacciones".Preferencia por la liquidez. El dinero rinde unos servicios al que lo posee, debido a lo cual es objeto de una demanda por los particulares y las empresas, como un activo más de los que forman su riqueza. La preferencia por la l. es el término acuñado por J. M. Keynes (v.) para referirse a dicha demanda. El público desea guardar l. por tres motivos, según Keynes: a) para atender a los pagos exigidos por sus transacciones corrientes (salvando el tiempo que media entre sus ingresos y sus gastos); b) como precaución, "para atender las contingencias que requieran gastos repentinos y las oportunidades imprevistas de compras ventajosas"; y c) para especulación, para "conseguir ganancias por saber mejor que el mercado lo que el futuro traerá consigo". Actualmente se dejan de lado los motivos keynesianos y se estudia una única función de preferencia por la l.Como la demanda (v.) de cualquier bien por los particulares, la de l. dependerá de una limitación de su importe (que, tratándose de un componente de la riqueza, será la cuantía de ésta), del precio del propio bien (medido por el coste de oportunidad del mismo, esto es, por aquello a lo que se renuncia por guardar dinero: rendimiento de bonos, de acciones, de otros bienes; pérdida de valor del dinero debida a cambios en el nivel general de precios; etc.), del precio de otros bienes relacionados (incluidos en la lista anterior), de los gustos de los sujetos, etc. También las empresas demandarán dinero, como un factor productivo más, aunque para ellas la riqueza deja de ser la condición relevante, siendo sustituida por la renta (que viene a medir el volumen de transacciones a que el dinero debe atender); los demás determinantes son similares a los anteriores. En resumen, la demanda de dinero por la economía en su conjunto se hace función de la renta o de la riqueza, de los tipos de interés de los activos alternativos del dinero (que constituyen su coste de oportunidad), de la tasa esperada de cambio de precios, de los gustos, etc.Los estudios empíricos recientemente efectuados sobre la función de demanda de dinero son muy numerosos. De ellos parece deducirse, en líneas generales, que la demanda de dinero es una función estable de las variables que la componen; que es bastante elástica respecto de la renta o de la riqueza -el valor numérico de la elasticidad (v.) está comprendido entre 1 y 2-- y bastante rígida respecto del tipo de interés (entre -0,2 y -0,7, aproximadamente). El dinero parece comportarse como un bien de inversión o como un bien de consumo duradero.Los estudios referidos a la preferencia por la l. de las empresas intentan averiguar también si existen o no economías de escala (v.) en la demanda de dinero, esto es, si la duplicación del volumen de transacciones de las empresas exige un volumen de dinero igual, mayor o menor que el doble del anteriormente detentado. Las conclusiones de los distintos estudios están muy lejos de ser definitivas, y el acuerdo no existe. No obstante, la demanda total de dinero de particulares y empresas no goza de economías de escala.En relación con la demanda de dinero, se ha divulgado un concepto de l. distinto del citado más arriba, que tiene su origen en el Informe Radcliffe (o. c. en bibl.) y que es defendido por autores de tradición keynesiana. Se llama l. a un grupo de activos (que incluye al dinero, pero que es más amplio que él) cuya propiedad común es la de ser líquidos. De acuerdo con estos autores, es ese conjunto de activos y no el dinero la variable teórica relevante, y el crédito y no la oferta monetaria la variable de política importante. Los intermediarios financieros no bancarios, que crean esa l., son similares a los bancos, en cuanto a su poder de creación de l. (similar al de creación de dinero de aquéllos; v. BANCOS l); la política monetaria resulta poco efectiva; la función de demanda de dinero es inestable, en tanto que la de l. es estable; las instituciones creadoras de crédito pueden compensar la actuación de los bancos y de las autoridades monetarias y aun provocar una inflación; etc. Sin embargo, los estudios empíricos desmienten, por ahora, todas estas proposiciones.La inestabilidad de la función de demanda de dinero, que Keynes admitió (y que estudios posteriores han desmentido), supondría la existencia de la "trampa de la liquidez"; situación caracterizada por un tipo de interés tan bajo que todo cambio en la oferta de dinero sería absorbido por su demanda, sin efecto alguno sobre la renta y los precios.La liquidez bancaria. De entre las empresas, el capítulo de la l. es particularmente importante para los bancos, pues éstos necesitan a toda costa la confianza del público, y ésta no les será otorgada si no están en condiciones de devolver los depósitos que reciben cuando los depositantes lo demanden. Los bancos necesitan establecer, pues, unas "reservas" (que no deben confundirse con la parte de fondos propios resultante de la acumulación de beneficios no repartidos) que les permitan hacer frente, en el acto, a sus obligaciones. Estas reservas estarán integradas por una primera línea, consistente en dinero o en activos transformables inmediatamente en dinero (p. ej., los depósitos en el Banco Central), y por una segunda línea, formada por bienes líquidos fácilmente vendibles a cambio de dinero.Cada banco deberá establecer su política de l., de acuerdo con la composición de sus deudas (depósitos a la vista, a plazo, etc.) y de sus activos (particularmente según la proporción que guarden los préstamos con las inversiones), de los hábitos comerciales de la comunidad (pagos mediante cheque o retirando previamente los fondos), del vencimiento de sus préstamos e inversiones, de la coordinación de las fechas de sus cobros y pagos, de la política del Banco Central, etc. Deberá también tener en cuenta que una l. excesiva no le resulta conveniente, ya que los activos líquidos (y, sobre todo, el dinero) son a la vez poco o nada rentables, y la rentabilidad es también un objetivo del banco. La política de l. de los bancos se encuadra, pues, en la actuación general de los mismos y en la política de determinación de la cartera óptima (que dependerá del país y época de que se trate, del tipo de banco y de sus funciones, de sus objetivos concretos, etc.).La proporción entre las reservas líquidas del banco y sus depósitos constituye una pieza importante en el proceso multiplicador de creación de dinero (v. MONEDA; BANCOS). Cuanto mayor sea este "coeficiente de reserva", tanto menor será la capacidad creadora de dinero por parte del sistema bancario, a partir de un determinado aumento en la base monetaria.La importancia que para ’la economía de un país tiene el que su sistema bancario sea sano y goce de la confianza del público ha inducido a las autoridades a controlar su l., habitualmente a través del Banco Central. Se establece con ello alguna forma de "coeficiente legal de reserva" que, con el carácter de mínimo, deben observar los bancos. Como es lógico, éstos suelen detentar en sus reservas cantidades superiores al mínimo legal, y ello constituye su "reserva excedente", cuyas oscilaciones son un factor importante para el control de la situación monetaria y crediticia del país. Una parte de este excedente la integra el endeudamiento del banco con el Banco Central; el resto constituye sus "reservas libres".El control de la l. de los bancos lo lleva a cabo el Banco Central mediante su política de redescuento (v. DESCUENTO Y REDESCUENTO BANCARIO) y SU papel como prestamista de última instancia de la banca privada (sin cuya acción los bancos necesitarían un volumen de l. más elevado, para cubrirse de contingencias inesperadas). Además, el Banco Central suele llevar a cabo el control directo del coeficiente de reserva legal de los bancos; alterándolo, modifica la situación de l. de los mismos, obligándoles a reducir o a ampliar su disposición prestamista, y puede modificar también el multiplicador de creación del dinero. Se trata, sin embargo, de un instrumento brusco, poco flexible, de efectos cuantitativamente importantes, que se ven aumentados por el impacto psicológico de la medida en los bancos y en la demanda de crédito por los particulares y empresas.En España, está establecido un "coeficiente de caja", creado por Orden de 2 dic. 1970, que fija la proporción que guardará, legalmente, el saldo líquido de cada banco con la suma de sus depósitos totales (excluidos los en moneda extranjera y en pesetas convertibles y los interbanca rios). Para los bancos de negocios se exigen proporciones diferentes sobre las distintas partidas de su pasivo (depósitos a la vista, a distintos plazos, bonos de caja, etc.). Al haberse suprimido el coeficiente de l. por ley de 19 jun. 1971, los restantes coeficientes vigentes (de inversión y de garantía) tienen funciones distintas que la salvaguardia de la l. que aquí consideramos.V. t.: BANCOS; BOLSA; AHORRO II; CÁMARA DE COMPENSACIÓN BANCARIA; CRÉDITO; DESCUENTO Y REDESCUENTO BANCARIO; ESTABILIZACIÓN; KEYNES, JOHN MAYNARD; MERCADO I, 2; MONEDA; RESERVA FEDERAL DE LOS ESTADOS UNIDOS, SISTEMA DE LA.ANTONIO ARGANDOÑA.
BIBL.: W. T. NEWLYN, Teoría monetaria, México 1964; E. S. SHAw, Dinero, renta y política monetaria, Barcelona 1962; M. H. DE KOCK, Banca Central, 3 ed. México 1955; R. S. SAYERS, La Banca moderna, 4 ed. México 1963; A. ARGANDOÑA, Teoría monetaria moderna, Barcelona 1972 (con amplia bibl.); L. A. Rojo, Keynes y el pensamiento macroeconómico actual, Madrid 1965; J. M. KEYNES, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, 7 ed. México 1965; M. FRIEDMAN, The Quantity Theory of Money: A Restatement, en íD, The Optimum Quantity of Money and Other Essays, Londres 1969; D. D. HESTER y J. TOBIN, Financial Markets and Economic Activity, Nueva York 1967; A. J. MEIGS, Free Reserves and the Money Supply, Chicago 1962; G. R. MORRISON, Liquidity preferences of Commercial Banks, Chicago 1966; COMMITTEE ON THE WORKING OF THE MONETARY SYSTEM, Report (Informe Radcliffe), Londres 1959; R. S. SAYERS, El Informe
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