Liebermann, Max
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Biografía GER
Pintor alemán, n. en Berlín el 20 jul. 1847, m. en la misma capital el 9 feb. 1935. Bastan estos datos de longevidad, juntamente con el don de asimilación que le proporcionaba su estirpe judía, para entender la riqueza, la largueza, la variedad de su órbita creadora. Comienza por ser discípulo de Karl Steffeck en Berlín, y de la Acad. de Weimar, pero, no satisfecho de tales enseñanzas, marcha a París en 1872 -tan sólo dos años después de la Guerra franco-prusiana-, y, de momento, se enamora de la manera del húngaro Munkácsy (v.), estilo sombrío que abandonaría prontamente para abonarse a los de Millet (v.) y Courbet (v.). Una tercera e inmediata etapa deja ver el influjo que sobre él ejercen las obras de Monet (v.) y Degas (v.). Pero todos éstos no son sino capítulos sin ilación, y no siempre bien digeridos. De hecho, es Holanda (v. HOLANDESA, ESCUELA), y concretamente Franz Hals (v.), cuya Gitana ha copiado en el Louvre, su pasión verdadera, hasta el punto de que, desde 1879, no deja trascurrir ningún verano sin trasladarse a Amsterdam o La Haya. En Munich y Berlín fue uno de los fundadores del movimiento de Secesión. En 1890, tardíamente, descubre la enorme trascendencia de la pintura de Manet (v.), pero acaso sea tarde ya para iniciar un nuevo viraje. Patriarca respetado de la pintura alemana, desempeñó durante muchos años la presidencia de la Acad. de Bellas Artes de Berlín, desde cuyo puesto tuvo ocasión de contemplar infinitas aventuras de la pintura europea, ante las que ignoramos a ciencia cierta cómo pudo reaccionar.Todo ello, en cuanto importa a su biografía, ya que su arte es bastante más arduo de enjuiciar, de lo que no tiene pequeña culpa su inestabilidad estilística. Quizá convenga anticipar que L., si en algún caso fue impresionista -y el mejor ejemplo es también uno de los más tempranos de su labor, Casas de Scheveningen, de 1872fue por mimetismo, por impacto natural de lo visto en Francia, mas no por haberse adentrado en los dogmas y principios del impresionismo (v.); pese a lo cual, hay una tendencia de la crítica germana encaminada a situarle ente los promotores de dicho movimiento. Aún más, había una razón específica para que no lo fuera en ningún modo, y es su afición a asuntos escasamente animados poco propensos a un gran colorido, y sí taciturnos y agrisados, de colectividades humanas de mínima propincuidad a un estallido cromático. Recordemos algunos temas del artista: La escuela de costura del orfelinato, La cosecha de patatas, Campesinos cultivando remolachas, Remendadoras de redes, etc. El sentido conceptivo de estos cuadros no es otro que el de un realismo mitigado por el indiscutible sentido de la luz que siempre poseyó L., pero es bien evidente que ello no constituye patente de impresionismo. Para constituirla, le pesaba demasiado la honesta admiración que sentía por los maestros holandeses del s. xvii, de suerte que la definición que mejor cuadra al maestro berlinés es la de pleinairista, con semejantes aciertos y parecidas limitaciones a las de Joaquín Sorolla (v.). Por otra parte, era lógico que desease continuar, sin rupturas graves ni exacerbadas, la tradición de la pintura alemana inmediatamente anterior a él, y en verdad lo hizo.Al paso de los años, su color fue decreciendo en intensidad, pero, por paradójico que ello pueda parecer, atribuyó mayor colaboración a la atmósfera y a la variedad de tonos, y hay composiciones, como jinetes en la playa, de 1903, que merecen un lugar en toda antología de la pintura novecentista. Se dirá, en fin, que el nervio de toda pintura de L. latía en su óptimo dibujo, por lo que conviene exaltar la bondad de los retratos por él firmados, como el de Berta Biermann, de 1907; retratos en los que, una vez más, es advertible el fervor sentido por los retratistas holandeses sexcentistas. Esas mismas dotes gráficas quedan aseveradas por sus fáciles y atractivos dibujos y, sobre todo, por sus admirables grabados, que dan toda la medida de su genio. En suma, L. no ha sido el importador a Alemania del impresionismo, y hasta es discutible catalogarle entre los auténticos y exactos pintores con él compenetrados; pero sí fue un grandísimo artista, superiormente dotado, y al que un momento largo de crisis y total renovación del arte europeo impidió, con seguridad, mostrar todo su total empuje.G. FOLCH JOU.
BIBL.: K. SCHFFLER, Max Liebermann, Munich 1906; E. HANCKE, Max Liebermann, Berlín 1914; G. SCHIEFLER, Das graphische Werk Max Liebermanns, Berlín s. a.; M. J. FRIENDLÁNDER, Liebermann, Berlín 1924.
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