Libia (libiyá) II. Historia Antigua. HIST.
Categoria:
Historia
Tuvo en la Antigüedad un alcance geográfico más amplio primero y más restringido después que en la actualidad. Primeramente, los griegos denominaban con este nombre a todo el África conocida; luego, se limitó fundamentalmente a la zona abarcada por las colonizaciones que, debido a que las principales colonias eran cinco, tomó el nombre de Pentápolis. Es este mismo territorio el que posteriormente pasó a formar una provincia romana con el nombre de Cirenuica derivado de su capital y ciudad principal: Cirene. Los límites eran al O la llamada Arae Philaenorum, al fondo de la Gran Sirte, y al E Catabathmus Maior, glie coincide más o menos con el límite actual con Egipto. Al O del Arae Philaenorum quedaba la Tripolitania, que en época griega estaba bajo control cartaginés y durante la dominación romana formaba parte de la provincia de África (v. ÁFRICA v, 3).l. Historia política. La costa norteafricana no dejó nunca de ser visitada por los habitantes del Egeo. En la época micénica, los intercambios, con Egipto principalmente, tuvieron un gran auge. Estos intercambios se vieron favorecidos en gran medida por los vientos periódicos que facilitaban la travesía, a pesar de que en la Odisea se califica el viaje como "largo y difícil" (IV,351 ss.; 480 ss.), a causa de las corrientes que obligaban a los navíos a desviarse de su ruta.A partir del s. IX, cuando los griegos se lanzan nuevamente fuera de sus fronteras dando lugar a la época de las colonizaciones, las costas africanas vuelven a ser visitadas por los marinos griegos. Pero sólo una pequeña franja de la costa africana ofrecía condiciones favorables a una colonización griega. Egipto era en esta época un reino organizado y poderoso que no estaba dispuesto a admitir en su territorio a gentes extrañas y, aunque se estableció en las bocas del Nilo la colonia griega de Náucratis, ésta no pasaba de ser una factoría comercial de la que se beneficiaban egipcios y griegos. Al O la costa esta celosamente guardada por Cartago. Un intento anterior de establecer una colonia en este territorio, la de Dorieus, había sido frustrado por los cartagineses. Sin embargo, entre las áreas de influencia de ambas potencias quedaba aún la amplia franja costera de L., no sujeta a ninguna potencia, donde los griegos comenzaron a establecerse a finales del s. VII a. C. La leyenda que habla del cretense Corobio empujado por la tempestad a las costas de L., de donde retornó como guía (Heródoto, IV,151), se puede decir que señala el paso entre las navegaciones micénicas y las colonizaciones griegas. Para llegar a estos parajes los navíos partían del Peloponeso y, llevados por corrientes favorables, arribaban al islote de Platea (Bomba), desde donde se podía controlar toda la costa libia. Marinos griegos instalaron allí antes del s. VIII a. C. una factoría para comerciar con la tribu de los asbistes. La historia de la colonización de la costa libia desde sus orígenes hasta la segunda mitad del s. V a. C. es conocida gracias a la exposición que de ella hace Heródoto (IV,150-159). Otras noticias proceden de Píndaro y de una inscripción de la primera mitad del s. IV a. C., que trata de las relaciones que unían a Cirene con su metrópoli, y de las condiciones en que los primeros colonos partieron para L. Estos primeros colonos eran de Tera y salieron, tras consultar el oráculo de Delfos (v.), como era costumbre, hacia el 640 a. C.Un año después llegaron nuevos contingentes de dorios, conducidos por Aristóteles. La mayor parte provenía de Tera y el resto de Rodas. En este islote permanecieron sin que la empresa prosperase durante dos años, al cabo de los cuales hicieron una nueva consulta al oráculo de Delfos, que les respondió que su orden era colonizar L. De acuerdo con la respuesta, pasaron a tierra firme y se establecieron por seis años en Aziris. Fue entonces cuando los indígenas les ofrecieron un lugar mejor, algo alejado de la costa estéril y de difícil defensa, sobre una meseta próxima provista de agua y flanqueada por dos colinas que defendían el lugar de los vientos del desierto. De este modo se fundó Cirene, que había de ser la principal colonia griega en L., y dio nombre a la región en época romana. El fundador de la ciudad, Aristóteles, tomó el título de rey, battos según la lengua indígena. Su hijo fue Arcesilas, y los ocho soberanos que reinaron sobre Cirene se denominaron alternativamente Battos y Arcesilas. Los comienzos de la colonia fueron difíciles. Durante los primeros 50 años, bajo el gobierno de los dos primeros reyes, se desarrolló muy lentamente. Pero hacia el 575 a. C., Battos II reclutó masivamente, a base de prometerles lotes dé tierra de cultivo, nuevos colonos en el Peloponeso, Creta, Rodas y otras islas dorias del Egeo. Cirene tuvo a partir de entonces un carácter netamente dorio, y Esparta siguió atentamente su progreso.La historia posterior de la ciudad no fue fácil. El aflujo de nuevos colonos tuvo como consecuencia desposeer de una parte de sus tierras a los libios de Irasa que se rebelaron y, a pesar de contar con el apoyo de una armada enviada por el faraón Apries, fueron derrotados (571-570). Esta victoria aseguró la prosperidad a Cirene por algún tiempo. El sucesor de Apries, Amasis, hizo la corte a la ciudad: le envió su retrato pintado y una estatua de oro de la diosa Neith e incluyó en su harén a la noble de Cirene Ladike. Cirene intentó entonces crear un imperio continental a pesar de la escasez de espacio, al verse limitada por Cartago y Egipto. Este afán expansivo de Cirene dio lugar a la fundación de cuatro ciudades principales: Apolonia, Barca, Teuqueira .y Euesferides, posteriormente denominada Berenice y actualmente Bengasi. Estas fundaciones que, por un lado, fueron consecuencia de luchas civiles internas, empujaron a los libios nativos a nuevas revueltas. Arcesilas II fue vencido en Leucón y perdió 7.000 hombres. Fue estrangulado por su hermano Laarcos a quien, asesinado a su vez, sucedió Battos III. Como consecuencia de las luchas internas que se siguieron, se llevó a cabo una reforma constitucional. La realeza no conservó más que sus dominios y sus prerrogativas religiosas. El poder pasó al pueblo dividido en tres tribus: una compuesta por los originarios de Tera, otra por los del Peloponeso y Creta, y la tercera por los restantes insulares. Con ello se logró la paz, pero se desvanecieron las esperanzas de expansiones ulteriores.La historia posterior a la caída de la monarquía en el s. v a. C. es difícil de trazar; únicamente la Numismática arroja un poco de luz sobre este periodo. De la alianza monetaria de Cirene con Euesferides y de Barca con Teuqueira, y del hecho de que Heródoto (IV,171) califique a Teuqueira como "ciudad del territorio de Barca" parece deducirse que las ciudades menores pasaron a depender de las mayores. A comienzos del s. IV a. C., parece que Barca era la principal ciudad y que incluso Cirene estaba sometida a ella. Ello quizá fue fruto de una serie de revoluciones de orientación democrática que, a finales del s. v a. C., afectaron a diversas ciudades, principalmente a Cirene (Aristóteles, Política, VI,2,11). Posteriormente, esta última debió de recuperarse, pues a mediados de siglo Scylax dividió la Cirenaica en dos zonas: la de Cirene y la de Barca.Cuando Alejandro conquistó Egipto, las ciudades de L. se le sometieron. Con la conquista de Egipto por los Lágidas, L. pasó a depender de esta dinastía con diversas vicisitudes. En los a. 321-320, Ptolomeo I de Egipto se apoderó de todas las ciudades tras ser solicitada su intervención por uno de los partidos surgidos con motivo de la guerra civil en la región. En el 316, se produjo otra rebelión apoyada por Antígono, que se encontraba en guerra con Ptolomeo I (Diodoro, XIX,79), a la que sucedió otra en el 310, a consecuencia de la cual L. pasó por un tiempo a poder de Ofella, general de Ptolomeo (Diodoro, XX,40). Magas, hijastro de Ptolomeo, volvió a ocuparla por espacio de medio siglo (Pausanias, I,6-7). Con el matrimonio de Berenice con Ptolomeo Evergetes, L. cayó nuevamente bajo la dependencia directa de Egipto (v. PTOLOMEOS, DINASTÍA DE LOS). En el 155 a. C., Ptolomeo VII Evergetes II dispuso que, en caso de morir sin herederos, sus posesiones pasarían a Roma, que había de tomar bajo su cargo la defensa, mientras que las ciudades griegas debían conservar su autonomía. Esta disposición, sin embargo, no se hizo efectiva, ya que le sucedió en el trono su hijo natural Ptolomeo Apion; fue a la muerte de este último, en el 96 a. C., cuando Cirenaica pasó a poder de Roma, bajo las mismas condiciones establecidas en el testamento de su padre.Los primeros años de la existencia de Cirenaica bajo la tutela de Roma fueron movidos. El Senado no quiso en un principio favorecer el poderío de los especuladores romanos con la creación de una Mueva provincia, por lo que de momento se limitó a aceptar el testamento para evitar que cayese en manos de Egipto, y a conceder la autonomía a las ciudades griegas. Fue 22 años después, en el 74 a. C., cuando se creó la provincia. Su primer gobernador fue Cneo Cornelio Lentulo Marcelino. Diez años más tarde Pompeyo formó una provincia con ella y Creta, pese a lo cual la provincia no conoció la paz, al verse asaltada por los bandidos libios y ser tomada junto con Creta como base de operaciones de los piratas. En el 43 a. C., fue ofrecida a Bruto y Casio que, sin embargo, no la aceptaron. Poco después, Antonio la separó de Creta y la convirtió en un feudo de Cleopatra Selene. La provincia fue recuperada por Octavio, que la volvió a unir a Creta haciendo de ella una provincia senatorial (27 a. C.), aunque con características especiales: la injerencia del Emperador en sus asuntos fue frecuente, sobre todo, con motivo de la agitación que se produjo en la región en los a. 7-6. Con tal motivo, Augusto dictó disposiciones para facilitar la acción de los provinciales contra los abusos de los gobernadores. Estos hechos no eran sino el reflejo de la decadencia en que estaba asumida la región y de la que la mejor prueba es su escasa participación en las levas de legionarios. Con Augusto, la provincia recobró un poco de su antiguo esplendor, a juzgar por las murallas con que en estos años se rodeó la acrópolis de Cirene.Los años siguientes transcurrieron con relativa normalidad en la provincia, que sólo se vio afectada por esporádicos ataques y razzias de las tribus beréberes del desierto. Especial importancia tuvieron una guerra en tiempos de Augusto y otra en el s. III bajo Claudio el Gótico, en cuyo honor Cirene tomó el nombre de Claudiópolis. Esta paz se vio alterada por dos rebeliones de judíos que tuvieron lugar durante los reinados de Vespasiano y Trajano. Aunque no fueron exclusivas de la Cirenaica, alcanzaron en esta provincia especial importancia, debido a encontrarse desguarnecida, dada su condición de provincia senatorial, y a que los judíos eran aquí muy numerosos. Baste recordar su presencia en Jerusalén, con ocasión de la muerte de Cristo y en la fiesta de Pentecostés. De su número da idea también una noticia de Estrabón, según la cual la población estaba dividida en ciudadanos, campesinos, extranjeros y judíos. Asimismo, una inscripción de comienzos del Imperio señala que los judíos constituían un cuerpo ciudadano (politeuma) a cuyo frente se encontraban nueve arcontes (v.).La primera de las guerras fue motivada por la destrucción de Jerusalén por Tito. Fue encabezada por un fanático llamado Jonatán, que se hacía pasar por Mesías y que, tras larga resistencia, fue hecho prisionero. Parece que Jonatán se apoyó en las capas más pobres y turbulentas de la colonia judía, mientras que los elementos más ricos se opusieron. Más grave fue la segunda guerra, que tuvo lugar en los a. 115-117. El prefecto de Egipto, M. Rutilio Rupo, llegó con tropas en auxilio de la provincia. La rebelión se extendió a Egipto, Chipre y otras partes de Oriente hasta Mesopotamia. Trajano envió en ayuda de Lupo, provisto de plenos poderes y fuerzas adecuadas, a O. Marcio Turbón, que llevó a cabo una represión feroz. L. quedó despoblada en gran parte, lo que obligó posteriormente a Adriano a tomar medidas especiales de repoblación con la fundación de colonias. Probablemente fue entonces cuando Cirene y Teuqueira se convirtieron en colonias y cuando se fundó la ciudad de Adrianópolis o Adriana. La mayor parte de los judíos que sobrevivieron emprendieron la huida, refugiándose entre las tribus beréberes del interior y en las provincias del África nordoccidental.La decadencia continuó durante los últimos siglos del Imperio. Esta decadencia era manifiesta en tiempos de Amiano Marcelino, en la segunda mitad del s. iv, que califica a Cirene como una ciudad antigua, pero desierta (XXII,16,4-5). La situación es desoladora poco después en los escritos del obispo Sinesio de Cirene. En esta época (principios del s. v), estaba ya separada de Creta y dividida, probablemente desde Diocleciano, en dos provincias: Libya superior o Pentapolis, cuya capital era Sozusa; y Libya inferior o Sicca con capital en Paraetonium. Justiniano intentó detener la decadencia de la provincia. Fortificó varias ciudades, restauró los acueductos de Tolemaida y creó una nueva, pero pequeña ciudad al O de Cirene llamada Teodosias. El interior parece que había sido ya definitivamente abandonado. En estas circunstancias se hallaba la provincia cuando en el 647 fue conquistada por los árabes.2. Historia social y económica. Durante el periodo griego, la vida cultural de Cirene y las restantes colonias estuvo condicionada por su situación geográfica. Su alejamiento de Grecia no les permitió ocupar un lugar importante en el mundo griego, pero hizo de ellas un oasis helénico en el desierto libio. Las relaciones de los griegos con la población indígena fueron desde un principio amistosas, y la fusión en ambos elementos intensa. Los matrimonios mixtos fueron abundantes desde un principio, pues parece que los primeros colonos no llevaron consigo a sus mujeres. Según Píndaro (IX,215 ss.), las mujeres libias gozaban de fama de excepcional belleza. Asimismo, el hecho de que el fundador de Cirene adoptase el nombre de Battos, título real libio implica que tenía súbditos tanto griegos como libios. La ósmosis cultural fue, pues, grande, aunque preponderó el elemento griego. Por influencia egipcia, se adoptaron los cultos de Amón e Isis y se construyeron grandes hipogeos al estilo egipcio. A su vez, los libios tuvieron conocimiento de la vida ciudadana según el modelo griego. La lengua griega prevaleció como lengua culta. Se celebraban juegos al estilo griego, y los jinetes libios alcanzaron grandes éxitos en Olimpia. El arte griego se extendió por toda la costa hasta Egipto y Cartago. Cirene fue la patria del poeta Eugamón, autor de una Telegonía que hace remontar a Ulises la realeza de la ciudad.Con el paso de la Pentápolis a poder romano, las condiciones sociales y culturales, al igual que en las demás regiones del Oriente helenístico, apenas sufrieron cambios. Además de los judíos, Estrabón menciona como componentes principales de la población a ciudadanos y campesinos (georgoi). Los primeros debían ser los primitivos ciudadanos griegos, que habían conseguido la ciudadanía romana, a los que se añadirían nuevos contingentes de ciudadanos romanos inmigrantes. En cuanto a los segundos, es difícil identificarlos, pero con toda probabilidad se trata de indígenas libios, que no debían de estar sometidos a la gleba sino que gozarían de libertad, aunque no de ciudadanía.La vida económica de las colonias griegas, tras unos primeros años de vacilación, alcanzó gran prosperidad. El territorio, exceptuando una estrecha franja costera, era en general fértil y estaba regado por lluvias periódicas. Los cultivos principales eran el olivo, ensalzado por Teofrasto (Historia Plantarum IV,3,1), el trigo y la cebada. Heródoto alaba la feracidad del territorio de Euesferides (IV,198). En tiempos de Alejandro, Cirene, con motivo de un hambre que asoló a Grecia, pudo donar 800.000 medimnos de trigo a 40 ciudades griegas (Supplementum Epigraphiae Graecae, IX,2). Con todo, los principales productos eran los caballos y el silfio. Los caballos no se criaban en la zona costera, sino en el interior. Los libios eran jinetes famosos y, según Heródoto, de ellos aprendieron los griegos el uso del carro de cuatro caballos (IV,170.189; V11,86). El silfio (silphium, laserpitium, laser, sirpe) era una planta sumamente estimada por los antiguos en base a sus numerosísimas aplicaciones y que no ha podido ser identificada modernamente. También el comercio alcanzó gran apogeo al convertirse las ciudades en intermediarias entre Grecia y las tribus del interior. Dos rutas de caravanas, una proveniente de Egipto y otra del Sudán, terminaban en Cirene, cuyo puerto, Apolonia, era frecuentado por navíos de todo el mundo griego.Parece que la época de máximo apogeo en la región coincidió con la dominación lágida. En época romana entró en una lenta decadencia con diversas alternativas. Esta decadencia se ha atribuido a la desaparición del silfio. En el s.I, era ya una planta exótica, y Plinio cuenta que en época de Nerón se halló un ejemplar que fue llevado al Emperador como regalo. Esta desaparición, cuya causa fue discutida por los autores antiguos, y que probablemente fuera por la explotación intensiva, debió de tener escasa importancia para la gran masa de la población, pues su recolección y explotación fue siempre monopolio estatal. Los primeros golpes a su economía los recibió la provincia en las luchas civiles que siguieron a su incorporación a Roma. La situación se agravó en las guérras contra las tribus indígenas que tuvieron lugar en tiempos de Augusto y posteriormente con las guerras judaicas. Fue Adriano, tras la segunda de estas guerras, quien hizo los mayores esfuerzos por devolverla a su antiguo esplendor, mediante las medidas anteriormente expuestas. Del éxito de éstas dan testimonio el auge de algunas de sus ciudades durante el s. II que han revelado recientemente la excavaciones italianas. Sin embargo, su economía no era lo suficientemente sólida como para poder soportar la general crisis del Imperio del s. III de la que Cirenaica nunca logró recuperarse.R. TEJA CASUSO.
BIBL.: M. ROSTOVTZEFF, Historia social y económica del mundo helenístico, Madrid 1967; íD, Historia social y económica del Imperio romano, 11, Madrid 1962, 59-67 pass.; G. GLOTZ-R. COHEN, Histoire Grecque, París 1948; J. BERARD, L’expansion et la colonisation grecques jusq’aux guerres médiques, París 1960; P. RoMANELI.L La Cirenaica romana, Verbania 1943; A. H. M. JONES, The Cities ol the Eastern Roman Provinces, Oxford 1971, 349-362; CH. DANIEL, The Garamantes o/ Southern Libya, Madison (Wisconsin) 1970.
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