Libanio
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Biografía GER
Vida. N. el 314, en Antioquía, de noble familia; huérfano de padre desde los once años, es iniciado en la retórica por Zenobio. A los 20 años, la herida de un rayo le deja de por vida una secuela de trastornos psicosomáticos. El 336 se traslada a Atenas y escucha a Diafanto. Descontento con las orientaciones retóricas de esta ciudad, viaja por Grecia. Maestro de retórica el 340 en Constantinopla, decide poco después (342) trasladarse a Nicomedia (343-348); se asienta definitivamente en su ciudad natal el a. 354. Allí enseña primero de modo privado y, posteriormente, como profesor oficial. Entre sus discípulos figuran Juan Crisóstomo, Teodoro de Mopsuéstia, Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y tal vez Ammiano Marcelino: Bajo Constante y Constancio sabe disimular sus sentimientos de pagano convencido; pero los exterioriza con Juliano, v. (361-363). Pese a haberse significado por ello, sabe conservar su ascendiente con los emperadores posteriores, Valente (364378) y Teodosio I (379-395), el cual le ofrece el cargo de praefectus praetorio. El favor imperial le permite abogar por los paganos ,y su ciudad natal en el levantamiento del 387. Muere ca. 393.Obra. La fama de L. como canon del aticismo (Focio) explica la enorme cantidad de discursos suyos conservados. Fuera de unas cuantas obras (p. ej., el elogio de Valente, el epitafio a su madre) conocidas por alusiones suyas, se conserva la totalidad de su producción literaria. Si bien su originalidad es escasa, constituye un documento de primerísimo orden para la prosopografía, la historia social, religiosa y política de su época; especialmente en lo tocante a la crisis del sistema educativo. Se debe esto a la conservación de un amplísimo epistolario (l.544 cartas auténticas), dirigido a casi todos los personajes relevantes de su tiempo, y a que gran número de sus discursos versaron sobre temas de actualidad. Salvo el Discurso real a Constante y Constancio (Or. LIX, 348 d. C.), la producción de L. corresponde a los reinados de Juliano, Valente y Teodosio, intensificándose en el de este último. El entusiasmo pagano de L. por Juliano se manifiesta en los discursos XII, XIII, XIV, así como en los discursos XV y XVI, que pretenden congraciar a sus conciudadanos de Antioquía con el Emperador irritado. La Monodia a Juliano (XVII), compuesta el 365, y el Epitafio a Juliano, el más largo de los discursos del sofista y de gran interés histórico, demuestran el dolorido sentir de L. por el derrumbamiento de sus esperanzas de restauración pagana. Todavía el 378, en el reinado de Teodosio, clamaría valientemente por la venganza del Emperador (XXIV), asesinado, según él, por uno de sus soldados cristianos. De gran valor documental son los cinco discursos (XIX-XXII) motivados por el levantamiento de los antiogtienos (378). En otros discursos del reinado de Teodosio defiende a los oprimidos (prisioneros, XLV; campesinos, XLVII, L); aboga por las autonomías locales (XLIX) y el culto pagano (XXX); denuncia a los malos funcionarios (XXVIII, XXXIII, XXXVIII, XLII, XLVI); propugna mejoras económicas para el profesorado subalterno (XXXI). En ocasiones toca sucesos contemporáneos: el terremoto que destruyó Nicomedia el 358 (LXI), el incendio del santuario de Apolo en Dafne (LX).Una parte extensa de su producción versa sobre su persona: su autobiografía (1), algunos discursos apologéticos (II, III, XXXIV, LVIII, LXII), así como el Sobre los fármacos (XXVI). Gracias a ello nos enteramos de cómo los logoi (discursos) iban unidos a los ponoi (fatigas) en la vida de un profesor; del descontento de padres y alumnos con la enseñanza retórica; del utilitarismo de un discipulado ansioso de acceder a los puestos de la administración para librarse de las obligaciones de los curiales; de las "gamberradas" juveniles, cual la de mantear a los pedagogos (LVIII), etc. También nos revelan a un hombre enfermizo e histérico, obsesionado, como Elio Arístides, por su salud, devoto de Asclepio, creyente en el poder premonitorio de los ensueños y en la magia. Algunos discursos se dirigen con motivación diversa a personajes contemporáneos (XL, XXXII, XXXVII, XXXIX, LIV, LV, LVIII). Se conservan también 143 declamaciones escolares, muy útiles para conocer la pedagogía de los sofistas; de tema mitológico, histórico y etopoético (¿Qué discursos pronunciaría fulano?), van provistas de una breve exposición del problema debatido (hypothesis, theoria). Merece destacarse la Apología de Sócrates, a quien tácitamente contrapone a Jesucristo. Se deben también a L. los argumentos (hypotheseis) de los discursos de Demóstenes.Estilo e ideario. Típico sofista, atento exclusivamente a los problemas de estilo, comparte la admiración del aticismo a Demóstenes, Isócrates y Lisias (LV,20); su lengua no es tan pura como la de Arístides (v.), aunque evite cuidadosamente el hiato y construya las cláusulas, como Demóstenes (v.), según el ritmo cuantitativo y no acentual. Sin inquietudes filosóficas y religiosas profundas, tiene, sin embargo, como Isócrates (v.), un alto concepto de la responsabilidad del retórico y una noble confianza en el perfeccionamiento moral de la paideia (LX1I). Su enemistad hacia el cristianismo, especialmente al culto de los santos (LX) y al clero (II, XXXII), se manifiesta repetidas veces. A diferencia, empero, de Juliano, desconoce el N. T. y los Setenta.L. GIL FERNÁNDEZ.
BIBL.: Ediciones: R. FOERSTER, 12 vol., Leipzig 1903-21; A. F. NORMAN, Libanius’s Autobiography (Oration l), Oxford 1903-21; A. L. PETIT, Essai sur la vie et la correspondence du sophiste Libanius, París 1866; G. R. SIEVERS, Das Leben des Libanius, Berlín 1868; P. PETIT, Libanius et la vie municipale á Antiochie au IV, siécle aprés J. C., París 1955; ÍD, Recherches sur la publication et la diflusion des discours de Libanius, Historia V, 1956, 479-509; íD, Les étudiants de Libanius, París 1957; F. SCHEMMEL, Der Sophist Libanius als Schüler und Lehrer, Neue Jahrbücher für das klass. Altertum u. fur Paedagogik, XX, 1907, 52-69.
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