Levante Español III. Etnografia y Folklore.
Categoria:
Cultura
La casa. Como en otras regiones costeras, el mar y la montaña originan diversos tipos de casa, que pueden sintetizarse en la alquería y la barraca. Es la alquería la casa del labrador, construcción alegre, blanca, con una parra sostenida por pilares. La planta baja está destinada al colono y su familia; se entra por . el zaguán, al que da la cocina, que en clima suave deja de ser el centro de la vida familiar para serlo más bien la parra o la higuera. Al otro lado, están las alcobas y el corral, donde hay buen número de aves, más las cuadras y algún local destinado a los aperos. El piso principal es la vivienda del dueño, y en el último se guardan las cosechas; antes se destinaba a la cría del gusano de seda, del que, con poco trabajo, obtenían buenas ganancias. La vivienda de los más humildes huertanos es la barraca, construida en la misma huerta. Su planta es rectangular, con paredes de adobes hasta 2 m.; sobre ella colocan la carrera, donde clavan los pares de la armadura, y las vigas que sirven de techo y de piso sobre el que colocan el cañizo con una serie de pisos, para cosechas de poco peso y para la cría del gusano de seda; la cubierta de cañizo es muy pendiente, para que quepan varios pisos. La amplia puerta es a veces el único hueco de la fachada, muy blanca; fuera de la barraca hay también una parra y una higuera, a cuya sombra hacen la vida. La barraca murciana es más sencilla que la valenciana; no faltan en ella panzudas tinajas para el agua, y platos de cerámica pintados, así como vasos de grueso vidrio local. Características de la huerta alicantina y en la comarca de la Marina, donde hay grandes plantaciones de viñedos, son las edificaciones llamadas "riu-rau", de una sola planta, con gran galería que sirve para secar las uvas y convertirlas en pasas.El traje. El clima suave hace que más que bayetas y paños se empleen ricas sedas y batistas. Es un traje fino y armonioso en sus colores. Desaparecen los tonos fuertes de Castilla, para emplear tonos pastel en sedas brochadas en las amplias sayas de las labradoras acomodadas, que ponían con jubón de manga larga, o blusa con encajes al codo; encima, una manteleta de batista o tul bordado con lentejuelas o hilillo de oro, del qué pende por detrás, desde el escote, un lazo de seda; a juego, llevan un pequeño delantal. Es característico de las valencianas el peinado con moño, sobre el que ponen una alta peineta de metal dorado, y rodetes laterales, cargol, con peinecillos, y sujetos con horquillas con grandes cabezas adornadas con piedras y perlas. El labrador en traje de gala lucía calzón y chaquetilla de terciopelo o raso, ajustado con faja común; a la cabeza, redecilla con colgante de madroños; complemento es la capa, muchas veces de seda. El huertano emplea, para las labores, los zaragüelles, calzón amplio de tela blanca, que permite toda clase de movimientos. Como prenda de abrigo usan las mantas tejidas a rayas, de colores vivos, que les sirven también para dormir la siesta bajo un árbol o bien para ponerla sobre la caballería. La murciana no luce brocados en sus sayas, sino estameñas rojas bordadas en lana blanca, o en lentejuelas, o bien a rayas azules y algo bordadas; es general el mantón de Manila. Llevan la cabeza siempre descubierta, pues no necesitan protegerse del frío; se la adornan con flores, dando así un paso hacia Andalucía.La alimentación. La rica huerta levantina y el mar proporcionan buenos alimentos. Quizá lo primero que viene al pensamiento es el arroz, preparado de muy diversas formas, desde sopas a postres, aunque lo más destacado es la paella; cada valenciano tiene una receta que es la indiscutible; lo más general es el arroz con pollo y alguna verdura, pero no deja de ser paella si se le agregan pescados, desde el langostino al caracol, pasando por la anguila. Resulta plato tan agradable y nutritivo que casi se le considera como nacional; es muy levantino el arroz "abanda" cocido en agua de pescados. Hay arroces de pobre, con garbanzos y manos de cordero, o con un simple tomate. En la huerta solamente hacen una comida caliente por las tardes, al acabar las labores. En Murcia, en invierno, toman la "sémola"; a base de tomate, cebolla y trocitos de tocino y morcilla hacen un cocido al que añaden harina de maíz, a la que llaman panizo. En verano, la sémola se sustituye por una ensalada de tomates y pimientos o de hierbas sustanciosas cocidas y aderezadas con aceite y vinagre; se le añade algo de escabeche o huevos duros. Esta comida se hace a la puerta de la casa bajo la parra, al final de la jornada. Los "michirones" (habas con un aderezo de chorizo y morcilla) los toman en las casas y en los merenderos, con vino de Jumilla; vemos aquí el principio de las comidas pequeñas y sin reglamentar de los andaluces, a base de vino y tapas. No podemos olvidar las frutas, la naranja y el melón, y las bebidas frescas en verano, como la sabrosa horchata de chufas.Las industrias populares. Las más destacadas y difundidas son la alfarería y la cerámica, desde los alfareros de Agost, en Alicante, pasando por los de Manises, donde puede decirse que cada casa es un alfar, aunque esta industria decayó a fines del s. xvirl; ya muy pocos trabajan las formas a mano con torno de pie; emplean el molde; siguen haciendo muy bella cerámica mural. La fábrica de Alcora, creada en 1727 por el conde de Aranda, que compitió con la de Talavera y cuyas piezas se confunden, ya que a unas fábricas y otras se llevaban los más destacados alfareros, hoy sólo hace alfarería utilitaria sin decorar; en Ribesalbes copian los modelos antiguos de Alcora. Otro alfar digno de mencionarse es el de Taigueras, en Castellón, aunque los principales están realmente concentrados en la provincia de Valencia.En muchos lugares de Alicante hay bellas palmeras; recordemos a Elche, donde se preparan palmas para el Domingo de Ramos, sencillas o rizadas, que envían en grandes cantidades a Madrid, Barcelona e Inglaterra.Como industria femenina es típica la del bordado; destaca el realizado con lentejuelas y oro, de uso en los trajes regionales. Esto explica que se encarguen importantes bordados para los ornamentos sagrados, principalmente en Torrente, Elda, Novelda y Monóvar, en Alicante.Las fiestas. Se celebran muchas y de gran vistosidad. Las más destacadas en Valencia son las fallas, por S. José; no tienen origen mítico, como la mayoría de las fiestas de fuego, sino que su origen es más modesto. Siendo S. José el patrón de los carpinteros, acostumbraban éstos, en su festividad, a limpiar el taller, quemando los restos de madera sobrantes del invierno; de aquí se llegó a los actuales y expresivos monumentos, que son siempre una crítica de las actividades municipales, las modas, los inventos. Todas las fallas, unas 200 de madera, cartón y telas arden a la vez en la medianoche de la festividad de S. José entre estallidos de cohetes, masclets y cordás, pues son los valencianos maestros en la pirotecnia. En las fiestas de la patrona de Valencia, N. S. de los Desamparados, se produce un derroche de flores. En las fiestas de Borbotó, ponen siete ollas donde hacen un guiso para comida de todos los que acuden. En Alicante, por S. Juan, hacen fallas semejantes a las de Valencia. En Elche, el 15 de agosto, celebran en la iglesia la bajada de la Virgen, con diálogo y música, fiesta que de ser folklórica del pueblo y para el pueblo, al quererla mejorar artistas y autoridades, está pasando a ser un espectáculo. En todo L., pero esencialmente en Alicante, Villena, Bañeres, Alcoy y Villajoyosa, celebran conmemoraciones de moros y cristianos, con lucha de los dos bandos y, al fin, conversión y bautismo de los moros. En Murcia, el bando de la huerta es una animada cabalgata primaveral con carrozas que representan los principales momentos de la vida de la huerta. En Castellón, las fiestas de la Magdalena dan lugar a concursos de baile y poesía.En cuanto al baile, destaca la jota valenciana, con variedades, como el ú y el dos,y en el ú y el dotze, que son jotas estilizadas. También son interesantes las danses. La xáquera, jácara, bailada por hileras de hombres y mujeres enfrentados, cuando era baile de boda, la primera pareja era la de los novios, seguida por los padrinos. Ya no se oyen de madrugada las rondas de mozos cantando albadas.M. N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: F. ALMELA VIVES, La vivienda rural valenciana, Valencia 1960; M. BRUGAROLA, El misterio de Elche, "Rev. de Dialectología y Tradiciones populares" 1967; M. ESCRIVÁ DE ROMANí, Historia de la cerámica de Alcora, Madrid 1945; J. FUSTER, El país valenciano, Barcelona 1962; M. GONZÁLEZ MARTí, Cerámica del Levante español. Siglos medievales, Barcelona 1944; G. l. DE OSUNA, Los maestros alfareros de Manises, Paterna y Valencia, Madrid 1908.
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