Levante Español II. Arqueologia.
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Varios
l. Paleolítico y Mesolítico. Análogamente a lo que sucede en el resto de la parte oriental de la Península, en el L. e. todavía no se han hallado yacimientos pertenecientes al Paleolítico inferior. Los primeros indicios de habitación humana se refieren al Paleolítico medio, representado por industrias musterienses. El yacimiento clave para el estudio del musteriense levantino es la Cova Negra de Bellús (Játiva), junto al río Albaida, estudiada por F. Jordá. Allí apareció uno de los escasos restos del tipo humano de Neanderthal (v.) encontrados en la Península, consistente en un fragmento de parietal, estudiado por Fusté, y que ha resultado ser de tipo europeo puro, como los ejemplares de Neanderthal, Spy, La Chapelle y monte Circeo, sin que acuse rasgos mediterráneos como los de Gibraltar y Saccopastore. La Cova Negra de Bellús presentó en su excavación seis niveles, de los cuales los inferiores, con influencia tayaciense, y los superiores, con influencia achelense, son de piezas bifaciales. En el nivel B, los raspadores aquillados parecen indicar un elemento extraño, explicable por una invasión, perdurando hasta el interestadial Würm II-III, según pudo observar también Wáchter en la Gorham’s Cave de Gibraltar.Otros yacimientos levantinos con Paleolítico medio son el abrigo del Pastor en el barranco del Cinc (Alcoy), la cueva de la Pechina (Bellús) estudiado por F. Jordá, la cueva del Cochino (Villena) dada a conocer por Soler, la cueva de Salt (Alcoy) estudiada por Pascual. De todos estos yacimientos, el más importante para el estudio del Paleolítico medio levantino es la cueva de la Pechina de Bellús, estudiada por Viñes en 193l. En ella aparecieron dos niveles. El inferior (II) coincide culturalmente, en cuanto a la tipología de los materiales, con el musteriense típico de Cova Negra de Játiva. El nivel superior (I) corresponde a un musteriense avanzado. Es de observar en el musteriense levantino la persistente ausencia de piezas bifaces, lo cual indica una evolución cultural y tipológica diferente a la de otras zonas españolas, como la Meseta y la región cantábrica (V. ASTURCÁNTABRA, REGIÓN II). Por otra parte, la tendencia tayaciense coloca a esta región como zona tangencial. Tipológicamente, es constante la presencia de piezas con pedúnculo y muesca lateral.El Paleolítico superior levantino resulta un fenómeno más complejo, y reducido más bien a la zona de Gandía, según las noticias que actualmente se tienen, lo cual no quiere decir que las conclusiones sean aplicables a todo el L. e. La cueva del Parpalló, cerca de Gandía, ha sido la única cueva paleolítica del L. e. incluida extensamente en la obra de L. Pericot. Posteriormente, se han excavado otras cuevas, desde 1945, como las de les Rates Penaes y del Barranc Blanc en Rótova, la de les Meravelles, en Gandía, y la de les Maelletes, en Bárig. La cueva del Parpalló presenta: cuatro estratos superiores con industria magdaleniense englobada en un epigravetiense; cuatro estratos medios solutrenses, en los que se observa una evolución; y un nivel inferior gravetiense de fase reciente. De gran interés fue el hallazgo de numerosas placas de pizarra con grabados, algunos de excelente arte. En los otros yacimientos, la estratigrafía corresponde a las mismas fases culturales: gravetiense, solutrense y epigravetiense, a veces con tendencia al microlitismo.El Mesolítico está bien representado en el L. e., quizá como una pervivencia de industrias microlíticas nacidas en el ambiente epigravetiense y por la misma población paleolítica. Los yacimientos conocidos son pocos y deficientemente estudiados, como la cueva de la Cocina de Dos Aguas, la covacha de Llatas (Andilla), y otros solamente enunciados por Soler, como la cueva grande de Huesa Tacaña y la del Lagrimal, ambas en Villena. A esta época pueden corresponder los tallares de sílex del Maestrazgo, también muy mal conocidos. En cuanto a la cueva de la Cocina, el yacimiento mejor estudiado, el nivel III, inferior, corresponde al final del Paleolítico con microlitos triangulares y trapezoidales y algunas placas pintadas; el nivel 11, intermedio, se engloba en el pleno Mesolítico con abundancia de microburiles y triángulos con apéndice acusado, placas pintadas y grabados esquemáticos; el nivel I, superior, ya neolítico presenta cerámicas incisas, hojas y medias lunas microlíticas. A este periodo se ha atribuido el arte rupestre (v.) levantino.2. Neolítico. En el L. e. forma un círculo bien definido, aunque muy relacionado con Cataluña y Andalucía nordoriental, donde puede demostrarse un antiguo Neolítico de cerámica impresa, común en casi todo el Mediterráneo. Según M. Pellicer, en el subcírculo que él llama levantino sólo se ha localizado la fase inicial de cerámica impresa como la de la cueva de la Sarsa, donde las cerámicas impresas son de la más rica especie cardial con profusión y variedad de motivos y formas globulares, con gollete incipiente, semiesféricas, etc. La cueva del’Or (Alcoy) posee una potente estratigrafía que dará la pauta para el estudio del Neolítico inicial levantino. Otros yacimientos con cerámica impresa son las cuevas del Montgó (Jávea) y la de les Cendres (Benichatell), la de Bolúmini (Alfarera), la de les Meravelles, la del Parpalló (Gandía) y algunas otras. De estos yacimientos en cuevas emplazadas en montaña solamente se conocen los lugares de habitación y no sus necrópolis. Su cronología la da el análisis del C 14 que la sitúa en el 4315±75 a. C. y en el 4670±170.Son pocos los datos del Neolítico final, hasta el punto de que se ha llegado a dudar de que existiera en esta zona, pero es posible que a esta fase se pudieran atribuir el vaso de boca cuadrada de Torrealta y los yacimientos del Arenal de la Virgen y de la Casa de Lara en Villena, con cerámicas de decoración impresa, puntillada e incisa tardía e incluso con materiales correspondientes a un horizonte cultural del Bronce I. Caso de que esto resultase admisible, habría que considerar que el Neolítico de cerámica impresa se continuaría en el subcírculo levantino hasta la llegada del Bronce I, con ciertas variaciones, más o menos acusadas, en algunos de sus elementos componentes. Los fragmentos cerámicos con decoración pintada, hallados en las cuevas de la Sarsa y el Montgó, resultan de gran interés y son relacionables con las fases del Neolítico final de Sicilia. El emplazamiento de los poblados neolíticos de Villena da pie para pensar en un género de vida agrícola en la fase del Neolítico final.3. Edad del Bronce. Respecto a la fase cultural del Eneolítico o Bronce I hispano en el L. e., la Arqueología casi solamente la ha podido estudiar a través de los enterramientos, ya que los lugares de habitación prácticamente se desconocen. Estos enterramientos, de tipo colectivo, se localizan en las cuevas naturales o en abrigos rocosos, situados generalmente en zonas bajas y próximas a valles y llanuras aptas para la agricultura. El número de enterramientos es considerable, como en la cueva de la Pastora de Alcoy, que contenía unos 50 esqueletos. Estas cuevas, aunque localizadas en todo el país, abundan especialmente en la parte sur y en las zonas bajas, con más cantidad y riqueza de ajuares. Entre los elementos de este horizonte cultural destaca el material lítico de sílex, con puntas de flecha triangulares con pedúnculo y aletas, foliácea, romboidal, todas ellas coetáneas; son raras las de base cóncava. Los cuchillos de sílex son frecuentes, así como las hachas pulimentadas de sección aplanada, los punzones y agujas, a veces con cabeza cilíndrica o redonda, placas de hueso con tendencia antropomorfa y colgantes segmentados. El metal es raro; se reduce a algunos utensilios de cobre, como punzones de sección cuadrangular o puñales y puntas de flecha foliáceas con pedúnculo. La cerámica es lisa, raramente con decoración incisa; las formas son monótonas, con fuerte predominio del cuenco y vasos campaniformes. Como elemento de adorno, el collar se compone de cuentas de esteatita, ámbar, calaíta y concha, con formas circulares y de tonelete.Los lugares de habitación son prácticamente desconocidos, si exceptuamos la Ereta del Pedregal de Navarrés, situado en llanura y constituido por un conjunto de cabañas con materiales deleznables que se extienden por una pequeña elevación de 16 áreas, envueltas quizá por una muralla. En sus excavaciones han podido distinguirse seis estratos, de los cuales sólo en los dos superiores (I y II) aparecen cobre, botones primitivos con decoración en V y sierras de sílex. Según el análisis del C 14, el nivel inferior (VI) correspondería a un momento entre el 1900 y el 1700 a. C. Relacionados con este poblado están los del Campico cerca de las cuevas de los Blanquizares en Lébor (Murcia), el del valle de Albaida y otros del término de Bélgida, el de Casa de Lara de Villena, la Figuera Reona de Elche, el de Villa Filomena (Villarreal), el de la Comba de Benicasim, etc. Realizado por Fusté el estudio antropológico de las poblaciones eneolíticas del L. e., se ha obtenido como resultado la existencia de un 41,79% de mediterráneos gráciles, un 28,36% de euroafricanos, un 8,95% con persistencias paleolíticas, un 2,99% de braquicéfalos, y un 17,91% de tipología dudosa.El Bronce pleno se caracteriza en el L. e. por cierta abundancia de poblados, frente a la gran escasez de necrópolis. Estos poblados se sitúan en lugares altos, en la parte superior o en las vertientes de los cerros, protegidos a veces con murallas artificiales de piedra. A pesar del gran número de poblados conocidos y excavados, poco se sabe de su estratigrafía y, en consecuencia, de su evolución cultural. Destacan: el complejo poblado del Puntal de la Cambra, con torres defensivas, circulares y cuadradas además de una potente muralla; y el Tossal Redó de Bellús con muralla y torreón de planta circular. A pesar del estado actual de la investigación, parece que apenas llegan a 50 m. de diámetro, excepto en algún caso aislado en Elche, donde se alcanzan los 350 m. Las viviendas son escasas y de planta rectangular, de pequeñas dimensiones, de unos 3 m. de lado, en ocasiones con bancos y hogares (Mas de Menente, Alcoy), muros de piedra sin escuadrar, con la parte superior de barro y techo de ramajes y barro. Este cambio de emplazamiento de los poblados del Bronce pleno levantino estaría condicionado por nuevas gentes o por la necesidad de protegerse en momentos de invasión y de peligro.Los materiales arqueológicos de estos poblados son monótonos, pobres y faltos de calidad artística. El metal se reduce a cobre; los objetos más característicos son: puñales (triangulares con remaches), punzones, hachas planas con filo curvo y puntas de flecha foliáceas (Vedat de Torrente), y más raros la alabarda (Atalayuela de Losa del Obispo) y la sierra (Mas de Menente). Las escorias de cobre (Castillarejo de Cheste), un crisol (Peña de la Dueña de Teresa) y unos moldes (Mola Alta de Serrelles) constatan una metalurgia local. La industria de sílex degenera; perduran los pequeños cuchillos y lascas atípicas, y son frecuentes la sierra o lámina dentada que atestigua, junto con la presencia de molinos naviformes, la importancia de la agricultura cerealística. Otros materiales líticos son hachas pulimentadas planas, afiladores, percutores, etc. También degenera la industria del hueso. La cerámica es abundante, casi siempre lisa y de tamaño mediano o pequeño. Entre las formas, monótonas, pueden citarse el cuenco, el vaso ovoide con cuello estrangulado y el vaso carenado con hombros entrantes. Como decoración cerámica, se aprecian los cordones con incisiones en los grandes vasos, y algunas incisiones en líneas y punto.En cuanto a las necrópolis, a diferencia del Sudeste, en el L. e. no sólo no existen bajo los hogares del poblado, sino que son prácticamente desconocidas, aparte de una covacha natural en el Vedat de Torrente o en una grieta rocosa del Asilo del Bou en Cullera, y en otros casos esporádicos en las comarcas de Alcoy y de Villena, siempre con el rito de enterramiento individual. Al S del L. e., en San Antonio de Orihuela, apareció un poblado-necrópolis con más de 800 tumbas, de cuatro tipos: túmulo, fosa, urna y cista, indicando ya la otra zona de la facies del Sudeste.La cultura del Bronce final apenas está definida en el L. e., excepto por un grupo de necrópolis de carácter indoeuropeo de la provincia de Castellón, como la del Boverot (Almanzora), Cabanes y Salsadella. Por otra parte, en muchos poblados del Bronce pleno levantino pudo haber una superposición de elementos indoeuropeos o perduraron aquéllos casi hasta la iberización. Todavía significan un problema los fabulosos tesoros de Villena, aparentemente del Bronce final indígena.4. Colonizaciones. El impacto fenicio no ha sido descubierto todavía en el L. e., quizá porque nunca existió. Las citas de las colonias griegas levantinas en los textos antiguos son altamente vagas, como la Hemeroscopeion del Periplo de Avieno o la dudosa Alonís. Los materiales griegos, principalmente la cerámica, son el único exponente claro de la colonización en el L. e. Del periodo prefocense (s. VIII-VII a. C.) nada ha aparecido. Al periodo focense (s. VI a. C.) cabe atribuir un arybalos de la Hoya de Santa Ana, y un arybalos y un lecito de El Molar (Alicante). Entre el 500 y el 450 a. C., cuando se detienen las importaciones, hay que fechar el lecito de figuras negras de Liria, el de El Molar y los fragmentos de kylix, rojo coral, de Los Nietos. Entre el 450 y el 350 a. C., cuando se forma el iberismo, existe una importación masiva de cerámicas áticas que se observa en lo más primitivo de El Cabecico del Tesoro (400-350 a. C.), Alcantarilla, Archena (fines del s. V-fines s. IV), Cigarralejo (375-450 a. C.), Bastida de Alcuses (Mogente, 450-350), Covalta (Albaida, 425-350), Caudete (s. IV), Sagunto, Torfas, Castellón de Rugat y Gandía (s. IV). E’n el Sur del L. e. se observa una penetración desde Alicante, por el Vinalopó, hacia Villena y Hoya de Santa Ana, donde apareció un vaso de Naucratis del s. VI a. C. y otros áticos de los s. V-IV a. C. En el Llano de la Consolación, las cerámicas griegas han sido fechadas en el 450-300, en Minateda y Casa del Monte en el s. IV, en Elche a fines del s. V y s. IV, en El Molar entre el 425 y el 300, en la Albufereta entre el 425 y el 350, y en La Serreta, el Puig, sierra Mariola, cueva de Ondara, Campello y Cabezo Lucero en el s. iv a. C. Aparte de la cerámica griega, hay que atribuir a escultores helenos o de fuerte influencia helénica piezas como la Koré de Alicante, las Esfinges de Agost, el Grifo de Redorán y el León de Bocairente.Por la influencia de las colonizaciones fenicio-púnica y griega, el L. e. se iberiza; aparecen nuevos tipos de poblados y necrópolis. Los poblados se emplazan en espolones montañosos de difícil acceso, bien defendidos en los puntos débiles, con casas de piedra y adobes de planta rectangular en calles estrechas y sinuosas. Las necrópolis situadas cerca del poblado son de incineración en urnas cerámicas con ajuar funerario dentro de pozos, indicados a veces por pequeñas construcciones tumulares. La orfebrería ibérica levantina ha sido muy discutida, ya que las principales piezas, como el tesoro de lávea, la cadenilla de la Bastida de les Alcuses, el tesoro de Cheste, etc., se consideran importaciones. Entre los objetos metálicos, tanto de bronce como de hierro, productos de talleres locales, destacan los brazaletes, anillos pendientes, fíbulas de doble resorte y anulares, broches de cinturón rectangulares con nielados, armas como la falcata, la jabalina, el soliférreum, el escudo redondo, etc. La numismática griega influye en los primeros tipos de Sagunto (v.) y Saetabis (Játiva), que con la romanización son sustituidos por modelos de tipo siracusano, primero con letrero ibérico y después bilingües. La corplastia, aunque escasa, se da en formas rudas de bajo arte, presentes en los santuarios, como el de la Serreta de Alcoy o la cueva de Les Meravelles (Gandía). La plástica del bronce no alcanza tampoco gran categoría artística; consiste primordialmente en exvotos que representan la figura humana aparecidos en el santuario de La Luz (Murcia) o en otros yacimientos.Más calidad tiene la estatuaria en piedra, como los altorrelieves de la Albufereta, y los caballitos del santuario del Cigarralejo. Son famosos los tipos animalísticos, como los de Balones, Rojales, los Valles de Sagunto, etc.; o humanos, como los del Cerro de los Santos y del Llano de la Consolación, el Guerrero de Elche y la extraordinaria Dama de Elche (v.), primera pieza del arte ibérico. La cerámica ibérica es quizá el producto más típico, por su abundancia y características propias. En el L. e. está pintada en rojo con múltiples temas ornamentales; se dan también las ornamentaciones zoomorfas y humanas con escenas de danza, caza, guerra, etc., principalmente en los yacimientos de Oliva y Liria, pero en la zona de Elche la decoración se basa en fitomorfos y águilas bellamente representadas. En cuanto a la escritura, existen en el L. e. dos tipos: uno silábico, ibérico propiamente dicho (plomos de Liria, Pujol de Gasset y Covalta) y otro de tipo jonio (plomos de La Serreta y Cigarralejo).Las tribus que ocuparon el L. e. serían los ilercavones por la provincia de Castellón, los edetanos (v.) desde Sagunto (v.) hasta el Júcar, y al S de éstos los contestanos (v.) hasta el Segura, mientras que el Sudeste estaría ocupado por deitanos, bastetanos (v.) y mastienos.Con la romanización cambia la topografía de los yacimientos, que se emplazan en llanura y aparece un gran hábitat disperso de villas, primordialmente rústicas, que los cultivos posteriores se han encargado de destruir y cuya investigación ha sido insuficiente. Los oppida ibéricos, en general, seguían habitados; se habían destruido algunos con las guerras sertorianas, como Edeta (Liria). También continuaban en el s. I a. C. la artesanía indígena y el alfabeto ibérico. Con el cambio de era, la sociedad y los antiguos poblados se transforman, romanizándose; con la paz augusta, surge la colonia Valentia, Illici (la Alcudia de Elche) obtiene también este privilegio, y muchos oppida se convierten en municipios; cambia el emplazamiento de altura por la parte baja. En las investigaciones realizadas en el subsuelo de Valencia, la cerámica indica que la época de fundación de la colonia sería entre el 150 y el 100 a. C., después de las guerras lusitanas, asentándose allí los veteranos y los veteri (indígenas), en los actuales alrededores de la catedral, con un urbanismo desconocido. La ciudad más importante fue Saguntum. La Ilici romana (colonia Iulia Ilici Augusta), asentada sobre la ibérica, es citada por Plinio como colonia immunis, recibiendo más tarde el ius italicum. La estratigrafía ha demostrado su proceso cultural, que prosiguió hasta los árabes. Edeta, destruida en el s. i, prosiguió su vida en el llano, siendo considerada por Plinio como uno de los oppida latinorum y terminando toda la documentación en el s. III. Saetabis (Játiva), capital de los contestanos, municipio de derecho latino, apenas ha proporcionado documentación arqueológica. Lucentum, ya con el derecho latino antes del 74 a. C., parece corresponder al Tossal de Manises (antigua Akra Leuke), con su necrópolis de la Albufereta, donde hay restos romanos hasta el s. in. Las otras ciudades romanas son de menor importancia o apenas se conocen. La principal vía de comunicación levantina era la Augusta, que seguía la costa desde Emporium a Carthago Nova, pasando por Saguntum, Valentia e Ilici. De Ilici, la vía principal seguía hacia Iliberis por Eliocroca (Lorca) y Acci (Guadix), y otra se dirigía hacia Toletum por Albacete y Consebura. Desde Saguntum, otra vía tendía a Caesaraugusta por Turbula (Teruel).P. AGOSTA MARTÍNEZ.
BIBL.: A. SCHULTEN Y OTROS, Fontes Hispaniae Antiquae, Barcelona 1922 ss.; M. TARRADELL, El País Valenciano desde el Neolítico a la iberización, Valencia 1963; fD, El País Valenciá en la antiguetat, Valencia 1966; D. FLETCHER, Estado actual del estudio del Paleolítico y Mesolítico valenciano, "Rev. Arch. Bibl. y Museos" LXII, Madrid 1956; D. FLETCHER y J. ALCACER, Avance a una arqueología romana de la provincia de Castellón, Castellón 1956; F. JORDA, Secuencia estratigrálica del Paleolítico levantino, Cartagena 1949; fD, El solutrense en España y sus problemas, Oviedo 1955; S. BRU Y VIDAL, Les terres valencianes durant l’época romana, Valencia 1963; A. BALIL, La economía y los habitantes no hispánicos del Levante español durante el imperio romano, Valencia 1954; H. SCHLUNK, El arte de la época paleocristiana en el Sureste español, Murcia 1947.
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