Latinoamérica HIST.
Categoria:
Historia
Origen e historia del vocablo. El término Latinoamérica o América Latina nació hace poco más de un siglo, y ha tenido indudable éxito en su difusión, logrando actualmente una aceptación casi general. Esto no justifica su empleo ni hace razonable su acepción.John L. Phelan, que recientemente ha estudiado el origen y la significación de este vocablo, cuenta que Napoleón III (v.) consideraba como su mayor acierto el establecimiento de una monarquía en México, cuyo titular, el archiduque Maximiliano José de Austria (v.), sería proclamado Emperador. Francia estaba dispuesta a emplear dinero para establecer un gobierno permanente. Entonces, como ahora, la prosperidad de América no le era indiferente a Europa, porque de allí procedían las materias primas que abastecían la industria europea y alimentaban el comercio intercontinental. La Francia de Napoleón admitía el creciente poder de los Estados Unidos, pero no veía con buenos ojos que fuera el único administrador y usufructuario de las riquezas del Nuevo Mundo. Un México independiente e íntegro (estaban de-’ masiado cerca los despojos territoriales de la guerra de 1847) restituiría a la raza latina, con el apoyo francés, tanto su poder como su prestigio, y garantizaría la seguridad de las posesiones francesas y españolas en las Antillas. Proyectaría la influencia francesa en Centroamérica; creando con ello mercados para su comercio y procurando materias primas para su industria. México, regenerado así, sería favorable a Francia por la comunidad de intereses mutuos, encontrando en ésta un punto de apoyo para sus relaciones diplomáticas con las potencias europeas.Si Napoleón III fracasó en su intento en México (v. MÉxlco in, 2), es indudable que tuvo éxito en otros proyectos, aparentemente igual de irrealizables, como lo fueron la construcción del canal de Suez y la expedición a Indochina. Hay que tener en cuenta que en la década de los sesenta del siglo pasado Francia alcanza el cenit de su desarrollo económico, y es después de Inglaterra la segunda potencia industrial y financiera del mundo, logrando un índice de desarrollo superior a ésta. Después de 1870 los Estados Unidos y Alemania superarían rápidamente a Francia, pero entonces no se sabía aún que esto iba a ocurrir.Quizá el primer portavoz de este programa de expansión francesa, bajo la apariencia del panlatinismo, fue Michel Chevalier (1806-79), que había viajado y conocido los Estados Unidos, México y Cuba (1834-36), propugnando un canal interoceánico en Panamá (1844). Chevalier anunció un programa ideológico que serviría como defensa pragmática de la expansión económica francesa, tanto en América como en Extremo Oriente. Su tesis era la adopción de una política exterior panlatina capitaneada por Francia, en oposición a los bloques, pangermanos y paneslavos, ya constituidos, y que patrocinaban Inglaterra y Rusia. En el bloque panlatino se incluirían Bélgica, España y Portugal, y mantendría una unidad en su tradición cultural católica, basada en la comunidad de origen lingüístico. El elemento teutónico francés estaba compensado con la participación latina en Austria, causa de su predominante catolicismo.La dicotomía entre anglosajones y latinos se manifestaba también en América donde, frente a los Estados Unidos anglosajones y protestantes, las naciones hispánicas pertenecían al bloque latino-católico del Sur de Europa. Franceses y españoles habían sido desplazados en América, durante el s. XVIII, por parte de los anglosajones. Además, Rusia aparecía en escena como un nuevo peligro para el mundo latino. Ante este panorama, correspondía a Francia el papel de levantar al mundo latino y situarlo al nivel de otras naciones. Por todo ello, fue Chevalier el principal apologista de la expedición de Napoleón III a México. La consideraba vital para los intereses de Francia, y determinante del aumento de poder y prestigio para las naciones latinas. Consideraba necesario crear una fuerte barrera en el río Grande, para impedir la expansión anglosajona hacia el S. Y era Francia la que podría salvar a Hispanoamérica (v.) para la latinidad, estableciendo en México, con su apoyo, un gobierno estable para terminar con la proverbial anarquía mexicana, que facilitaba la conquista de aquella nación por los norteamericanos.Prosper Vallefrange y Emmanuel Domenech, continuadores de las teorías de Chevalier y de las tesis panlatinas, concibieron dicha idea como una oposición al paneslavismo ruso, y al poderío norteamericano, incurriendo el primero en el contrasentido de incluir a Inglaterra en la confederación panlatina, por considerarla semilatinizada. No faltó en la propia Francia quienes se opusieran a las tesis anunciadas por Chevalier. Émile Ollivier, líder liberal de la oposición, señalaba las dos debilidades básicas del programa panlatino. De un lado, lo contradictorio del concepto raza latina; de otro, el papel polémico que para su partido representaba el catolicismo. A partir de 1860 el término "raza latina" se invocó reiteradamente, aun cuando no se les ocultaba que la población indígena y el mestizaje hacían problemática la pretendida unidad racial latina. Todos, sin embargo, estaban de acuerdo en el sentido de unidad que daba el catolicismo al mundo americano.El vocablo "Amérique Latine" se empleó por primera vez, según Phelan, en 1861, coincidiendo la aparición de su empleo con la expedición francesa a México. Chevalier, que preconizó la idea y perfiló su concepto, no llegó a emplearla. Únicamente acuñó el término "Europa Latina", utilizado por L. M. Tisserand en una revista panlatinista, la "Rev. des Races Latines". Su empleo se empezó a prodigar entre 1861 y 1868 por seis autores franceses y dos hispanoamericanos residentes en Francia. Uno de ellos, 1’Abbé Domenech, la primera vez que empleó el término "l’Amerique Latine", hubo de aclarar "c’est á dire, le Mexique, l’Amérique Centrale et l’Amérique du Sud".Concepto. Actualmente, autores como Rodríguez de Magis, cuando pretenden explicar lo que es "América Latina como una unidad" tienen que empezar por decir que se refieren a "la América de origen española". Enrique Suárez Gaona, uno de los que más recientemente se han ocupado de este tema, dice que "el concepto de América Latina es uno de los grandes mitos de la historia contemporánea". Lo considera "una creación cultural de intelectuales y políticos avisados". Mito en lo político, en lo social y en lo económico, es para él "un producto histórico, cultural, alimentado por modas culturales, intelectuales y caprichos políticos: es un colchón en el que los `hombres públicos’ de este continente -sean a la izquierda o a la derecha de un supuesto centro indefinidopueden caer siempre sin riesgo de sufrir un percance, o comprometerse de manera concreta. Ya es un lema neutro, bandera de todos los partidismos". Añadiendo, "América Latina, existe como unidad, producto del exterior, pero no por decisión interna, consciente y deliberada de los gobiernos de dichos países".Salvador de Madariaga dice: "¿qué habrá en ’Hispanoamérica’ que, con tal de evitarla, a tales contradicciones lleva?..., ¿quién no admitiría cómo las naciones rivales de España (es decir, todas las grandes) se las han arreglado para inventar eso de América Latina so pretexto de que en Haití se habla francés? Entre ’Indoamérica’ y ’América Latina’ apañada se queda la AméricaHispánica expulsada de su casa". Y con acierto sigue afirmando que lo indígena no tiene nada en común en América, ni en lengua, ni en tradición, ni en tipo físico, ni en costumbres, ni en folklore. Y, o no hay unidad continental, o si la hay radica en lo hispano. La tendencia latinoamericanista la constituyen, como dice Jaime Delgado, siguiendo a Unamuno, los hispanoamericanos que en la actualidad se afrancesan como lo hicieron los españoles en los s. XVIII y XIX. Niegan su verdadera esencia deslumbrados por el espejismo del atractivo cultural, político o económico de quien ve en ellos un objetivo rentable y de posible explotación.
El término L., difundido inicialmente por Francia, fue inteligentemente aprovechado por Italia para respaldar su tardía emigración, al Río de la Plata. Con posterioridad, y tras el descrédito de los términos monroísmo, panamericanismo (v.) e interamericanismo, es utilizado por Estados Unidos y algunos otros países sajones o escandinavos, dispuestos a participar en los beneficios de este desbarajuste conceptual y terminológico. Quiérase o no, el hombre debe ir a más en cultura y concreción de conceptos y conocimientos. Frente a un difuso concepto de L., sin contornos de espacio ni de significación, hace ya tiempo que debemos distinguir y apreciar las características de una América española o Hispanoamérica, una América portuguesa o Lusoamérica y una América inglesa o anglosajona. Negar estos supuestos es negar una realidad a la que tenemos que recurrir diariamente cuando pretendemos conocer lo que a la esencia del ser de América concierne.V. t.: IBEROAMÉRICA; INDOAMÉRICA.J. A. CALDERÓN QUIJANO.
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