Languedoc II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
De sus culturas prehistóricas se conservan abundantes restos en la región del Gard, considerándose fundamentales las pinturas rupestres de TroisFréres. A partir del III milenio a. C. una oleada de invasores ha dejado el testimonio de su paso en los restos megalíticos de las mesetas de los Cevennes. Hacia el 800 a. C. los celtas descienden al Ródano e inician la cultura del hierro, denominándoseles en esta región ruthenos y tectosages. La conquista romana se inicia a finales del s. II a. C. y se funda una colonia, Narbo Martius o Narbona, que da nombre a toda la provincia romanizada. La cristianización, atribuida a S. Pablo Sergio, comienza en el s. III, aunque enseguida se vio contaminada por el arrianismo (v.), estableciendo así lo que habría de ser una constante en L.: la dualidad religiosa influyendo en la situación política. Del s. V al X se suceden las oleadas de invasiones (por el carácter de encrucijada de vías migratorias de L.) de vándalos, visigodos, francos y musulmanes.Personalidad medieval. El s. XI marca el comienzo de la personalidad histórica de la región, iniciada con las roturaciones y la cultura monacales, desde los monasterios de Psalmodi, Franquevaux y Saint-Gilles, mientras surgen nuevas ciudades como Beaucaire, Gaillac y Montpellier que, en 1090, ya es importante en la ruta jacobea. Con las ciudades, surge el comercio de paños y tintes que alcanza incluso a Tiro y Alejandría, pero que se desvía en el s. XIII hacia las ferias continentales, como Champagne o la propia Saint-Gilles. La región, dividida en pequeños señoríos, accede entre los s. XII y XIII a un régimen urbano, en el que "cónsules" de origen burgués, que dirigen las ciudades, se reparten el poder con los señores y obispos (Béziers, Toulouse y Narbona) e incluso se les imponen (como en Montpellier, en 1141) cuando éstos no se unifican.Políticamente, la disgregación feudal atrae las ambiciones de las monarquías francesa y aragonesa, que presionan respectivamente sobre Toulouse y Montpellier. A la debilidad política se contrapone una magnífica floración espiritual, que produce la creación de una lengua literaria temprana, utilizada por los trovadores (v.), que da nombre a la región (langue d’oc), y con ella el nacimiento de la lírica francesa y la sátira (v. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA). Esta inquietud espiritual, que producía en lo arquitectónico un románico purísimo (abadía de Moissac),provoca en su ideología una problemática que alcanza a la política: la herejía cátara (v.) y albigense (v.). Para sofocarla, el Papa exigió una cruzada contra su cabeza política, Raimundo VI de Toulouse, que no fue emprendida por el rey de Francia sino por los nobles feudales que ambicionaban su territorio: los de Borgoña, Normandía e ¡le de France (1209). El provecho y la gloria los recibió Simón de Monfort, conde de Leicester, que se proclamó señor absoluto de L. En esta situación, Pedro II de Aragón intentó defender en L. sus aspiraciones; pero murió en el empeño, en Muret. La crisis feudal se resolvía así en favor de Francia, pues a la muerte de Monfort se entronizó de nuevo la dinastía tolosana.En 1271, a la muerte sin herederos de la hija de Raimundo VII de Toulouse, L. fue anexionado definitivamente a la corona francesa. Esta anexión de región tan excéntrica exigió unas instituciones especiales, bajo el control de virreyes, que no podían ejercer un poder absoluto, envueltos siempre en revueltas sangrientas autonomistas, como la de los Touchins, la de Montpellier, etc. En los comienzos del s. XV, Carlos VII pudo entrar por fin en Toulouse, estableciendo unos "Estados" y un Parlamento capaces de afirmar la centralización real.El agitado Renacimiento y la modernidad. Paralela a la excitación política se restableció la economía, duramente afectada por las agitaciones, con hombres de empresa como Jacques Coeur; pero no logró alcanzar el viejo esplendor a pesar de los esfuerzos del s. XVI, siempre sobre la base de paños y tintorería. La penetración de la lengua y la cultura francesas, después de la anexión, no impidió que cundiera profundamente en la burguesía la reforma luterana, sobre todo en el Bajo L. (Nimes, Béziers, Montpellier). A consecuencia de esto, el periodo correspondiente a las Guerras de religión fue especialmente sangriento, abiertas de nuevo las heridas albigenses, permitiendo a oportunistas como Montmorency-Danville crearse un reino en el país y enfrentarse a una extrema católica del Alto L., la Liga tolosana, dirigida por Jacques Crussol, a la que derrotó a pesar del apoyo de Felipe II de España, y cuyo triunfo reconoció Enrique IV. Las guerras civiles resurgieron entre 1621 y 1629, convirtiéndose enseguida, con Mazarino (v.), en movimientos anticentralistas por pretextos económicos. Estas reivindicaciones político-económicas no bastaron para frenar la crisis que perdura hasta 1740, pese a los prometedores proyectos del colbertismo, cuajados únicamente en el canal del Midi, de Toulouse al Mediterráneo, por obra del entusiasmo de Paul Riquet y el propio Colbert (1681).La Revolución trajo la ruptura territorial del L., desgajado en ocho departamentos: Alto Loira, Ardéche, Lozére, Gard, Hérault, Aude, Tarn y Alto Garona; pero también el recrudecimiento de las divisiones religioso-políticas. Protestantes republicanos y católicos realistas se mataban en Nimes, mientras una Jacquerie asolaba la región de Vaunage y un viejo cura partisano y realista, Solier, instauraba el terror blanco en los Cevennes. Por ello, en 1815, Wellington fue acogido como liberador por el bando realista triunfante, que evolucionó a lo largo del s. XIX hasta convertirse en furor revolucionario provocado por una fuerte depresión económica, sobre todo en la producción vinícola, base de riqueza del Midi. El mantenimiento de la depresión vinícola, a comienzos del s. XX, y la formación de una Confederación General de viñadores abrió las puertas al socialismo, que puede considerarse obra casi personal de Jean Jaurés (v.). Entre 1914 y 1936, el Midi socialista colocó a Léon Blum (v.) y Vincent Auriol, diputados por Narbona y Alto Garona, en la presidencia y el ministerio de Finanzas respectivamente, en el Gobierno del Frente Popular, afianzándose así definitivamente el radicalismo de izquierdas en L., fortalecido aún por la Resistencia en la II Guerra mundial.C. ALVAREZ SANTALV.
BIBL.: C. DE VIC y J. J. VAISSETE, Histoire générale du Languedoc, Toulouse 1905; E. LE Roy LADURIE, Histoire du Languédoc, París 1967; P. WOLF Y oTRos, Histoire du Languedoc, Toulouse 1968.
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