Julio-claudia, Dinastía HIST.
Categoria:
Historia
La línea sucesorea de estos Emperadores romanos (14-68 d. C.) se establece, mediante adopciones y enlaces familiares, con Augusto (v.) y, en consecuencia, con la familia J. a través de la descendencia del primer matrimonio de Livia y, en consecuencia también, con la familia C. El parentesco carnal, o político, entre los distintos soberanos sólo puede explicarse atendiendo al cuadro genealógico de la familia de Augusto y Livia y sus descendientes. La designación de los sucesores se hizo generalmente por el predecesor, en vida o en forma testamentaria, unida generalmente a la adopción. Caso aparte fue la proclamación de Claudio I (v.) por el ejército en cuanto miembro más anciano, verdadero jefe de la familia, frente a los sobrinos de Calígula (v.).Tiberio (v.; 14-37). Sucesor de Augusto, sus ideas eran las propias de la aristocracia romana. Exhibió en los primeros años de su reinado ideas republicanas que no le valieron la amistad del Senado. Inquieto y atormentado, probablemente resentido también por las circunstancias que precedieron a su designación como sucesor de Augusto, manifestó estas tendencias durante su reinado. La oposición del Senado, las conspiraciones, las intrigas en el seno de la familia imperial y la muerte de su hijo Druso acentuaron este temperamento difícil y bien intencionado. Era hombre de grandes virtudes, pese a las consejas que se urdieron sobre sus orgías en Capri, no menos exigente consigo mismo que con los demás. La crónica socio-político de Roma, con sus conjuras y asesinatos, no debe hacer olvidar que, para el Imperio, el reinado de Tiberio fue una etapa de prosperidad. Pese a su alejamiento de las fronteras, supo mantener en el ejército el prestigio de general severo y eficaz que ganara en sus años mozos. Las continuas provocaciones de Germánico, muerto en el 19 d. C., y la misteriosa muerte de su hijo Druso, en el 23 d. C., señalaron el de los trastornos familiares que no calmó en el amor de su nieto Tiberio Gemelo. El caballero Elio Seyano ascendió a prefecto del pretorio y actuó como valido del Emperador. Este se retiró a Capri en el 26 d. C. y, a partir de entonces, visitó Roma escasa y ocasionalmente, sin desentenderse por ello del gobierno del Imperio.Esta política, como se vería a su muerte, le enajenó el afecto de la población de Roma. Durante los a. 29-30, la represión alcanzó a la familia de Germánico, su esposa Agripina y sus hijos Nerón y Druso III, logrando Seyano el máximo poder y albergando quizá la esperanza de suceder al Emperador. Seyano fue ejecutado en octubre del 31. Una nueva represión afectó a su familia, partidarios y cómplices. Esta política interior, familiar, no afectó al desarrollo general de la administración del Imperio. Tiberio tomó a Augusto como modelo, pero no concurrían en él las circunstancias que hicieron posible la política de aquél. Ni había pacificado el Imperio después de largas guerras civiles ni la nueva generación senatorial parecía dispuesta a soportar un régimen mantenido durante casi medio siglo. Sus medidas contemporizadoras, tendentes a aumentar la autoridad del Senado, fracasaron, y su política inspirada en la augustea sólo fue posible gracias a la represión y a la conciencia de que la "legitimidad republicana" preconizada por los senadores a nadie importaba en el Imperio. Su política fue resultado de la novedad y vinculación familiar de demócratas de origen aristocrático, de mantener las divisiones sociales y las costumbres, incluso en lo religioso, pese a que no parecía creer en otras divinidades que en el hado y los astros.Su reinado coincidió con una época de prosperidad económica que vio aparecer grandes fortunas surgidas de la especulación, aunque por su parte se comportó como hacendista moderado, más preocupado de establecer un superávit que de desarrollar directamente nuevas fuentes de riqueza, prefiriendo dejar estas actividades en manos de los particulares. Si no pacifista, evitó en lo posible las guerras. Aun así permitió a Germánico (14-16 d. C.) continuar su obra en el Rin, y a Druso en el Danubio, pero sin intervenir en el momento en que parecía posible ocupar el reino de los marcomanos, y se limitó a establecer un protectorado sobre los cuados, sin intentar adueñarse de Moravia ni establecer un Estado vasallo al modo de los existentes en la frontera oriental. En ésta, luchó contra los partos, se incorporó Capadocia y parte de Judea. En las Galias, sofocó la rebelión de Floro y Sacrovir; en Numidia, la de Tacfarinas. La sensación de paz durante su reinado tiene su mejor glosa en la obra de Veleyo, no afecto de la parcialidad senatorial de Tácito.Calígula (37-41 d. C.). Hijo de Germánico, fue designado. sucesor por Tiberio en su testamento. Como César, fue nombrado el nieto de Tiberio, Tiberio Gemelo. Los primeros meses del reinado, inflamado por el recuerdo de Germánico y la persecución de su familia, parecieron auspicio de años felices. El cambio se atribuyó a una grave enfermedad, en septiembre del 37. A partir de aquel momento, se habló en Roma de la locura de Calígula. En realidad, más que loco debe ser considerado como un megalómano más sensible a la educación oriental vivida en casa de su abuela Antonia que a los usos romanos. Calígula se sintió quizá más monarca helenístico; pretendía ser un nuevo Alejandro, pero se portaba como un Lágida, más que como Emperador romano. Fue fiel a sus amigos y lejanos parientes, los príncipes orientales, a los cuales protegió y devolvió sus Estados. Sólo chocó con su pariente inmediato Ptolomeo I de Mauritania, quizá por ser demasiado parecido a él, a quien hizo asesinar. La incorporación de Mauritania provocó una dura resistencia por parte de los súbditos de aquel príncipe, que siempre había residido en Roma. Su gobierno absoluto se caracterizó por los excesos en el lujo y en el urbanismo, los gastos, los conflictos con el Senado y los hebreos, aparte sus aparentes expediciones contra los germanos y britanos, que le privaron del prestigio que gozaba en el ejército, heredado de Germánico. Fue asesinado en el 41.Claudio I (41-54 d. C.). A la muerte de Calígula, los pretorianos, que al contrario de sus oficiales le fueron fieles, proclamaron Emperador a Claudio, en un momento en el cual los conspiradores y los eternos nostálgicos del Senado soñaban con reinstaurar la República. La discreción de este príncipe, ocupado en estudios eruditos e investigaciones históricas, había sido tal que, a costa de crearse fama de incapacitado mental, había conseguido sobrevivir a la crisis familiar de los reinados precedentes. Acastillado en los acuartelamientos de los pretorianos (Castra praetoria) supo tratar con el Senado, conseguir el castigo de los asesinos de Calígula y evitar la guerra civil. Lo que a Claudio le sobraba de inteligencia le faltaba quizá de brillantez. No era un hombre dotado para el gobierno, porque carecía de dotes para atraerse a las masas -fue más tolerado y aceptado que amadoni sus deseos le habían orientado a este destino. Sin embargo, se dedicó con toda voluntad -planteando una vez más el contraste entre el político y el intelectual- y honradez a aquellas tareas. Se dejó gobernar por sus esposas y sus libertos, pero aparte la crítica escandalosa, cuyo marco se ceñía a Roma y las residencias imperiales, y la crónica sangrienta de conjuraciones y castigos, que afectaba a un sector de la sociedad romana y prácticamente insignificante en relación al conjunto de la población del Imperio, su reinado fue efectivo.El proceso de concentración de la administración imperial, que en realidad se remontaba a la última parte del reinado de Augusto, fue acelerado. Ciertos organismos, como la intendencia y aprovisionamiento de Roma, pasaron definitivamente a manos del Emperador. Consecuencia de ello fue también la construcción del gigantesco puerto de Ostia, una obra cuya eficacia no comprendieron sus contemporáneos y que si algún defecto tenía era no haberse proyectado con mayores dimensiones. Quizá por su origen familiar y su educación, era un tradicionalista, pero su lugar de nacimiento (Lyon, en las Galias) y su sentir como historiador le hicieron comprender que si el Imperio quería continuar siendo tal no debía imponer barreras ni a itálicos ni a provinciales. En consecuencia, facilitó su acceso al Senado, al orden ecuestre y a la ciudadanía romana, con las más variadas disposiciones. Su formación estoica explica probablemente algunos atisbos de política social en favor de las viudas, los menores y los esclavos. En lo religioso se mostró tradicionalista e intentó reinstaurar la vieja religiosidad etrusco-itálica, combatiendo los cultos orientales y, por razones políticas, magos y astrólogos. Pese a ello, aceptó el culto de Atis y toleró ser reconocido como dios. Sus generales pacificaron Mauritania y conquistaron Germania, incorporó Tracia y el Bósforo, pero se negó a intervenir en Germania y en Partía. En el 51, adoptó como sucesor a Nerón (v.).Nerón. (54-68 d. C.). Ni el ambiente familiar ni las enseñanzas de Séneca (v.), tan opuestas a su actuación personal, podían inducir a esperar mucho de él. Cierto es que no carecía de inteligencia y poseía notables dotes y sensibilidad artísticas. Tampoco desconocía ninguno de los recursos de la propaganda política que, desde Augusto, había sido ampliamente utilizada por la dinastía. Si algo le faltaba, aparte la formación moral, era el sentido de equilibrio y proporción. Habitualmente se han querido ver dos periodos en su reinado, el del acuerdo con el Senado (54-62 a. C.) y el de la "locura" (62-68 d. C.). En la primera parte de su reinado, siendo validos Séneca y Burro, se produjeron los asesinatos de Germánico (a. 55) y Agripina (a. 59), entre otros personajes. Las relaciones con el Senado, que incrementó su cupo de senadores hispanos y galos, fueron buenas en este periodo en cuanto se instituyó una división de poderes que, formalmente, devolvía a aquél muchas de las prerrogativas perdidas en medio siglo. Se trató de suprimir los impuestos que gravaban a los ciudadanos romanos, pero tal medida, 91 parecer inspirada por Séneca, no pudo llevarse a cabo.La muerte de Burro (a. 62), la retirada prudente aunque a la larga inútil de Séneca y la muerte de Octavia, señalan un nuevo aspecto en la política neroniana dirigida en parte por Popea y el prefecto del pretorio Tigelino. Reaparecieron las conspiraciones y conjuras, se le acusó de faltas que no podían atribuírsele, como el incendio de Roma, para las cuales no fue inhábil en buscar culpables, como el caso de los cristianos en el 64. La crisis económica fue paliada con el habitual recurso a las confiscaciones, aunque sin disminuir gastos. Deseoso de ganar un prestigio militar propio, sus campañas fueron realizadas por los generales destacados en las fronteras; anunció una expedición pártica que concluyó en un viaje a Grecia, donde se lució como actor y participó en los juegos olímpicos. De nuevo en Roma, estalló una rebelión en las Galias, encabezada por Vindex, que pretendía inútilmente reinstaurar la República. A él se adhirió el gobernador de la Citerior, Galba, y, en África, el legado de la legión III Augusta. Pese a la derrota de Vindex, que demostró hasta qué punto el ejército repudiaba las románticas y anacrónicas intentonas republicanas, el Senado reconoció a Galba (v.) como Emperador (8 jun. 68). Nerón se suicidó en las proximidades de Roma. Fue un soberano querido por el pueblo de Roma, pero que sin mantener el afecto de la aristocracia romana supo enajenarse el de la itálica o provincial. Durante su reinado, se produjo una grave sublevación en Britania, a causa de la presión fiscal impuesta por Séneca; hubo que intervenir en el frente danubiano y en defensa de las ciudades griegas del Bósforo cimerio. En Oriente, Domicio Corbulón conquistó Armenia y mantuvo una afortunada campaña contra los partos. En el 66, se produjo la gran rebelión de Judea, sólo dominada por Tito en el 72 d. C.En conjunto, los años de la dinastía 1.-C. correspondieron a un periodo de prosperidad (excepción de la tensión inflacionista .y devaluación monetaria bajo Nerón), con la valoración de la agricultura en las provincias, el cese de los monopolios industriales con sede en Italia y el desarrollo del comercio de lujo con el Medio y Extremo Oriente. Es el momento de las grandes relaciones comerciales que facilitaron la expansión del cristianismo paralelamente a la crisis de la vieja religiosidad greco-romana y al auge de los cultos -orientales. Las obras públicas, singularmente bajo Tiberio y Claudio, facilitaron los viajes; y el desarrollo de los escalafones administrativos establecidos por Augusto hizo posible el nacimiento de una nueva nobleza.V. t.: ROMA 111, 2.ALBERTO BALIL.
BIBL.: A. PIGANIOL, Histoire de Rome, 5 ed. París 1962; M. A. LEVI, L’Impero Romano, I, 2 ed. Milán 1967; A. GARZETTI, L’Impero da Tiberio agli Antonini, Bolonia 1960; H. H. SCULLARD, From the Gracchi to Nero, 3 ed. Londres 1966; R. SYME, Tacitus, MI, Oxford 1957.
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