Juárez, Familia ARTE
Categoria:
Arte
A lo largo del s. XVII y durante el primer tercio del XVIII, se suceden en México cuatro generaciones de pintores emparentados entre sí y continuadores hasta cierto punto unos de otros. Esta dinastía de artistas surgida con Luis Juárez, hacia 1600, se continuará con su hijo José y el yerno de éste: Antonio Rodríguez, para acabar con sus nietos Juan y Nicolás Rodríguez Juárez, bien entrada la centuria dieciochesca. El mestizo Luis Juárez (México, fin s. xvi-ca. 1639), discípulo no muy aventajado de Baltasar de Echave Orio (v. ECHAVE, FAMILIA) -el fundador de la escuela de pintura mexicana-, mostró a lo largo de casi toda su producción una homogeneidad que raya a veces en la monotonía y cae en la receta estereotipada. A pesar del dominio de la composición clásica y de la riqueza del colorido -que le permiten, incluso, competir con las obras de algunos grandes maestros europeos, como Murillo (v.) o el Correggio (v.)-, su estilo es transparente y vacío, creador de figuras carentes de construcción y forzadas en sus escorzos imposibles, y cuyos ropajes se pliegan dura y acartonadamente. La ingenuidad y el espíritu religioso que logra imprimir en sus pinturas místicas nos hablan más de falta de recursos que de cualidades, pues confunde la expresión del sentimiento místico con el extatismo ejemplarizado en manos implorantes, ojos vacíos y cierta elegancia suave. Su profundo misticismo, no obstante, le hace relacionable con el Greco (v.), máxime si a esto añadimos su algo impresionista pincelada. En esta línea estilística su obra más significativa y de las más bellas es La Comunión de San Estanislao de Kostka (Col. Ugarte, México). La Oración del Huerto, Las Bodas Místicas de Santa Catalina (Galerías Nacionales, México) y La imposición de la casulla a San Ildefonso (Catedral de Morelia y Santo Domingo, México) son obras, especialmente la primera, de calidad tan destacable como las de Echave el Viejo.Su hijo, José Juárez (México, 1615/20-1660/70), aunque formado en el oficio de pintor por su padre, fue discípulo principal de López de Arteaga, de quien asimiló su vigoroso y potente claroscuro. Dotado de excepcionales aptitudes, aventajó en fuerza a su padre a pesar de su más reducida obra, superando el mero relato anecdótico y sentimental de aquél o de Echave. Preciso en su dibujo, maestro del color y conocedor de la perspectiva y de la composición, supo también asimilar las corrientes europeas contemporáneas, especialmente a Rubens. En su obra podemos distinguir dos maneras. Una, de tonalidades suaves y brillante coloración, siguiendo muy de cerca a López de Arteaga, con lienzos como La Adoración de los Reyes (1655; Galerías de Pinturas, México), La Sagrada Familia (1655; Acad. de Bellas Artes, Puebla), La Aparición de la Virgen a S. Francisco (1658; Galerías de Pinturas, México) y, especialmente, Los Santos Justo y Pastor (1642; Galerías de Pinturas, México), su obra maestra sin duda alguna. Y otra, de profundo y sombrío dramatismo y marcados contrastes efectistas, representada por El martirio de S. Lorenzo (Bibl. de la Escuela de Artes Plásticas), lienzo de acentuado dramatismo y contundentes volúmenes, o por La Adoración de los Pastores (Acad. de Bellas Artes, Puebla).Yerno y discípulo de José Juárez, Antonio Rodríguez (m. a fines s. xvii) conserva de su maestro cierto decoro artístico y la severidad y precisión del dibujo de sus figuras. Más artífice que artista, su realismo le aparta hasta cierto punto de los modelos tradicionales, creando un estilo pictórico documental. Pocas obras se conocen de este pintor, la mayoría conservadas en las Galerías de Pinturas de México, destacando entre todas por su aliento Las Ánimas del Purgatorio (iglesia de Churubusco). De su matrimonio con Antonia Juárez, en 1659, tuvo dos hijos: Nicolás y Juan, discípulos suyos en un primer momento hasta sufrir paulatinamente el influjo de Correa y Villalpando.Nicolás Rodríguez Juárez (México 1667-70 jul. 1734) aprendió el oficio con su padre, advirtiéndose en su obra dos estilos correspondientes a la influencia de su padre (manera sobria y adusta, con fondos oscuros) y a la imitación de Juan Correa y Cristóbal de Villalpando (estilo claro y luminoso). Menos dotado y fecundo que su hermano Juan, su obra es poco desigual y menos veleidosa que la de aquél, recordando en líneas generales el arte severo cultivado por su padre y destacando principalmente como retratista. Entre sus obras del primero de los estilos señalados están los Profetas Isaías y Elías (1690; iglesia de La Profesa, México), S. Gertrudis (1690; Galerías de Pinturas, México) y S. Teresa (1692; Col. Alcázar del Museo Nacional de Historia, México); del segundo, La Magdalena penitente (1718; Museo de Historia, México) y S. Cristobalón (1722; Antiguo Colegio de Guadalupe, próx. a Zacatecas).Juan Rodríguez Juárez (México 1675-14 en. 1728), más conocido en su tiempo por el "Apeles Mexicano", cierra esta dinastía de pintores. Estudió, además de con su padre, con los mejores artistas de su época, llegando por su talento y habilidad expresiva -no obstante su desigualdad- a ser el último gran pintor de Nueva España. Asimiló a Murillo a través de sus obras, pero sin dejarse arrastrar por su estilo y sabiendo, además, captar las nuevas corrientes tanto españolas como novohispanas. Su producción presenta los inconvenientes y debilidades de la urgencia y de la técnica correlativa, marcándose en su obra las corrientes de Correa y Villalpando. De un primitivismo sombrío de coloración, acorde más con el s. XVII, pasa a un brillante cromatismo, propio del xvin, acercándose de esta forma a Ibarra (v.), Cabrera o Alcíbar. Sus mejores obras son, tal vez, los retratos, como los de D. Juan de Escalante y Colombres (1697) y del Arzobispo Lanciego y Eguiluz (1714) en la Catedral de México, éste realista y magnífico de color. De igual calidad y belleza son las dos escenas de La Vida de San Ignacio de Loyola (Exterior del Coro, Catedral de Puebla). Otras obras del artista: La Adoración de los Reyes y La Asunción de María (1718-1728; Altar de los Reyes, Catedral de México), de esfumado a la manera de Murillo, y San Juan de Dios (Galerías de Pinturas, México), algo tenebrista y de efecto patético, reminiscencias que también aparecen en su Autorretrato (Galerías de Pinturas, México).A. MARTÍNEZ RIPOLL.
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