Juárez, Benito Pablo
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Biografía GER
Biografía. De raza zapoteca, nace el 31 marzo 1806 en San Pablo de Guelatao (Oaxaca), pueblo pobre y pequeño en plena sierra. A los tres años muere su padre, Marcelino. Poco después, de parto, fallece Brígida, su madre. Quedan Benito y sus hermanos bajo la tutela del tío Bernardino, hermano del padre. Hasta los 12 años Benito es pastor y sufre los malos tratos de su tío. Por temor a éste huye a Oaxaca (1818), en compañía de unos arrieros, a casa de un "gachupín", Antonio Maza, su futuro suegro, donde sirve como cocinera su hermana Josefa.Inicia entonces su formación y el aprendizaje de la lengua castellana con su "padrino" Antonio de Salanueva, lego franciscano y encuadernador que descubre sus excepcionales dotes intelectuales. A los 15 años (1821) ingresa en el Seminario Conciliar de Oaxaca y cursa Filosofía con la máxima brillantez. Pero al llegar a la Teología Moral (1828), e iniciar la etapa de recepción de órdenes, alegando no tener aún la edad, convence a su "padrino" para que le permita ingresar en el Inst. de Ciencias y Artes, donde estudia jurisprudencia. Siendo aún alumno forma parte de las milicias que se organizan contra la expedición española mandada por Barradas y que amenazaba Tehuantepec (1831).Designado teniente, antes de terminar la carrera es nombrado profesor ayudante de los que todavía eran sus compañeros. Comienza su carrera política como regidor del Ayuntamiento de Oaxaca (1831), y poco después es nombrado diputado al Congreso del Estado (1833), recibe con el voto unánime de la Corte de justicia el título de abogado (1834). Juez del Ramo Civil y de Hacienda del Estado de Oaxaca (1841), casa con Margarita Maza (1843). Secretario del Gobierno de Oaxaca (1844), prosigue su meteórica carrera política al ser designado diputado en el Congreso local (1845). En 1847, y ante el peligro que corre la soberanía mexicana por la guerra con los Estados Unidos, propone al Congreso la hipoteca o venta en subasta pública de los bienes de las llamadas "manos muertas" para allegar fondos; empieza así la tónica de las que han de ser sus grandes reformas administrativas. Gobernador interino del Estado de Oaxaca (1847), aplica durante cinco años un estricto criterio de observancia de la ley, orden en los negocios públicos, organización administrativa, respeto a la persona humana, honestidad personal y patriotismo. Abiertamente opuesto a la política de Santa Anna (v.), da orden de que se le detenga si es apresado en su jurisdicción. En 1852 vuelve al Inst. de Ciencias y Artes, desempeñando su dirección y’ la cátedra de Derecho civil.El generalísimo Santa Anna desembarca en Veracruz (1853). Presidente de México, persigue a J., que es hecho prisionero en Etla, y enviado a cumplir condena en una ergástula de San Juan de Ulúa. Desterrado éste a Europa, pasa a La Habana desde donde se dirige por su cuenta a Nueva Orleáns, encontrando allí otros exiliados liberales, que serán sus futuros colaboradores. Allí gana el sustento diario enrollando hojas de tabaco. El Plan de Ayutla (1854) establece las bases de la revolución contra el sector conservador de Álvarez y Comonfort. Incorporado J. a este movimiento, Santa Anna abandona la capital, siendo nombrado Juan Álvarez presidente de la República, y J. ministro de Instrucción Pública, Justicia y Negocios Eclesiásticos. Poco después aparece la llamada Ley Juárez sobre administración de justicia, que abolía los fueros eclesiásticos y militar. Más adelante lleva a cabo una serie de reformas sobre secularización de cementerios, registro civil, desamortización de "manos muertas", derechos individuales, etc. La lucha ideológica sube de punto. Alvarez renuncia a la presidencia, encargándose Comonfort de ella (1855). J. renuncia también ante la reacción conservadora (1856), volviendo al Gobierno de Oaxaca. A fines de 1857, es ministro de la Gobernación. Al encargarse el general Félix Zuloaga de la Presidencia, por ausencia de Comonfort, J. considera que es a él a quien corresponde desempeñar el cargo supremo del país. Lanza el Manifiesto de Guanajuato, proclamándose según la ley y la Constitución el único gobernante legítimo de México. Para mantener esta postura, con constancia y denuedos únicos, ha de sufrir un éxodo, que le hace recorrer en tres meses Acoeman, Querétaro, Guanajuato, Guadalajara, Colima y Manzanillo, embarcando en Acapulco, para Panamá, pasando luego a Veracruz, donde establece el Gobierno y promulga las llamadas Leyes de Reforma (1859), de carácter típicamente anticlerical. Para algunos historiadores es a partir de ahora cuando se va a ahondar cada vez más el sentido antirreligioso y anticlerical de J. que se acentúa después de la lucha patriótica contra Maximiliano, interviniendo en esta evolución una serie de incidentes que van transformando y anulando sus iniciales sentimientos religiosos, aunque recientemente una nueva corriente historiográfica trata de reivindicar el sentido religioso de Juárez.Restaurado el Gobierno y el Congreso (1861), decreta la suspensión por dos años del pago de las deudas públicas, incluyendo en éstas las contraídas con potencias extranjeras. Francia e Inglaterra rompen las relaciones diplomáticas con la República mexicana. Se celebra en Londres una conferencia de los representantes de la reina Victoria, Isabel II y Napoleón III, que firman una convención en la que se comprometen a reclamar por las armas el pago de las deudas. Todo ello, y bajo el pretexto de terminar con la anárquica situación del país, iba motivado por la ambición de Napoleón 111, que excitó la vanidad del archiduque Maximiliano José de Austria (v.), hermano del emperador Francisco José, ofreciéndole un imperio en México.La escuadra española llegó la primera a Veracruz (1861). Un mes más tarde llegaban la francesa y la inglesa (1862). Inmediatamente enviaron al Gobierno mexicano un ultimátum, pidiendo satisfacción de los agravios causados. J. ofreció un parlamento de comisionados de ambas partes en Orizaba, confiando en que los representantes de las tres potencias regresarían a sus países con el testimonio de la gran obra de pacificación de México, llevada a cabo en virtud de los principios de libertad y progreso. Al propio tiempo dictaba una ley por la que se condenaba a muerte a los rebeldes, conspiradores o usurpadores de la autoridad legítima, y a los que en cualquier forma ayudaran a las tropas extranjeras. Se firmaron en Soledad los convenios preliminares. Prim se manifestó abiertamente contrario a la intervención, y tras una serie de discrepancias entre ingleses y franceses, y la transgresión por parte de éstos del número de efectivos que desembarcarían en México, españoles y británicos acordaron la retirada. Quedaron sólo las tropas galas, en abierta contravención a lo estipulado en Soledad.La megalomanía de Napoleón, mal aconsejado por algunos mexicanos y franceses, hizo que, roto el convenio de Soledad, comenzaran las hostilidades por parte de un ejército francés de 6.000 hombres, perfectamente equipados. Consideraban los invasores que el ejército mexicano era una chusma indisciplinada. Pero el clima, la topografía y las distancias dificultaban la ocupación. La batalla de Puebla (1862), defendida heroicamente por las fuerzas del general Zaragoza, obligó a los franceses a aumentar sus efectivos en 25.000 hombres más y numerosa artillería que pusieron bajo el mando del mariscal Forey. Al año siguiente (1863), volvieron a sitiar Puebla, defendida ahora por el general González Ortega, pues Zaragoza había muerto el año anterior. El sitio duró entonces más de dos meses, siendo finalmente entregada la plaza, que abrió al ejército francés las puertas de la capital. J. instaló el gobierno en San Luis Potosí. Los franceses sorprendieron a sus colaboradores, los conservadores mexicanos, anunciando la implantación de una serie de medidas políticas liberales, como eran, entre otras, el reconocimiento de los tenedores de bienes producto de la desamortización, y la libertad de cultos.Formada una Junta de Regencia, a la que siguió una junta de Notables, se estableció una monarquía confesional moderada y hereditaria con un príncipe que recibiría el título de Emperador de México y sería ofrecido a Maximiliano José de Austria. Mientras J. organizaba el ejército, incrementando sus efectivos, los franceses avanzaron por Michoacán y Guanajuato (1864). J. se retiró a Saltillo, y formó un ejército de guerrillas, los célebres "chinacos", que lucharon audazmente frente a los invasores, consiguiendo vencerles. Maximiliano, solicitado por los notables en Miramar, llega a México e invita a J. a una conferencia. La respuesta de éste, trasunto fiel de su carácter y de su mentalidad, es un exponente de la lucha ideológica planteada por ambos bandos, y de la razón que asistía a J. Maximiliano montó su corte con gran lujo, a costa del erario mexicano. Mientras el ejército francés avanzaba hacia el Norte ocupando Zacatecas, Saltillo y Monterrey, J. se refugiaba en Chihuahua. Por otro lado, las fuerzas francesas alcanzaban la frontera norteamericana en Matamoros, ocupando Colima, Mazatlán y Guayamas. Por el S los franceses tomaron Oaxaca, defendida por Porfirio Díaz.En 1865 se inicia el declive del poderio francés en México. Maximiliano declaró fuera de la ley a todos los mexicanos que fueron encontrados con armas, ordenando un fusilamiento. Los franceses fueron derrotados en Chihuahua, y los austriacos en Santa Lucía, liberándose Sonora al N y Oaxaca al S. Maximiliano quiso organizar la retirada, pero ya era tarde, y además Carlota entorpeció sus propósitos al venir a tratar la retirada del mariscal Bazaine con Napoleón. Reducido Maximiliano a Chapultepec, marchó luego a Orizaba. Dudando sobre si debía abdicar, no se decidió a hacerlo, ilusionado con contar con un nuevo ejército. Las fuerzas mexicanas recuperaron San Luis Potosí, Guadalajara y Jalapa, acercándose a Puebla. Maximiliano, derrotado en Querétaro, fue pasado por las armas (1867), entrando nuevamente B. J. en la capital tras cuatro años de ausencia. Vuelve a instalar el Gobierno en México y preconiza la unidad política y social mexicana. Son años difíciles en que J. lucha contra la ambición de Porfirio Díaz (v.), pasa por la amargura de la viudedad y lleva a cabo una compleja labor de gobierno como presidente reelegido de la República mexicana, hasta que una angina de pecho acaba con él en pocos días (18 jul. 1872).Ideología. J. mantiene una línea ideológica de acentuada tendencia liberal durante su vida. Y ello se manifiesta: 1° En dos axiomas de su concepción jurídica que constituyó para él un lema de fe inquebrantable. "Nada con la fuerza. Todo con el derecho y la razón." "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz." 2° Liberal en política, afirma en primer término el concepto de la patria, por la que tanto luchó, al decir: "la patria, porque contra ésta nunca tendremos razón". Formulando su forma de gobernar cuando dice que "el mando no es -función de castigo, sino ejercicio de armonía". Para preconizar eJ sistema de gobierno en que funda la nacionalidad al considerar que en México "hace falta un régimen político propio: que no es de autoridad personal, en pugna con la libertad; ni unión federativa en pugna con culturas pretéritas americanas; ni el sistema parlamentario debido a ser extraño al ser nativo; ni la República central, por el absolutismo del Estado. El régimen más propio de México, y en los países donde las culturas preamericanas forman pensamiento y carácter, es el presidencial". 3° En el aspecto religioso, hay una evolución clara en su vida. Desde su formación en el Seminario de Oaxaca hasta la Ley Juárez, las Leyes de Reforma y la Constitución de 1857, se puede observar un proceso progresivamente laico y anticlerical, típico de los hombres de su mentalidad y de su siglo. En el que vemos, de un lado, el ambiente íntimo y familiar en que por distintos motivos nunca debió perder eJ sentimiento religioso. De otro, el aspecto oficial y político con ese progresivo y acentuado laicismo, determinado por la ideología de algunos de sus más directos colaboradores, el sentido confesional que tuvo la intervención francesa en México, y la hostilidad de que fue objeto por parte de los elementos conservadores. Todo ello aparte de su personal orientación política y administrativa, encaminada a medidas secularizadoras y de desamortización de las manos muertas, y sus roces con la autoridad eclesiástica por la negación de los efectos civiles al matrimonio eclesiástico, etc. 4° Su actitud frente a España, manifiestamente hostil y agresiva, tiene su origen en la herida abierta en los hombres de su raza y de su extracción social por la interpretación unilateralmente negativa de la colonización española, incrementada por un sentimiento de revancha que inspiró en muchos casos a los vencedores en la guerra de la Independencia, exarcebado, entre otros motivos, por la equivocada política de intentar restablecer la soberanía española en eJ Nuevo Mundo, como ocurrió con la expedición de Barradas, la triple intervención y la guerra contra Perú y Chile.Éstos son los principales rasgos biográficos e ideológicos del "Benemérito de las Américas". B. J., con su amor al pueblo del que procedía, su abnegación en la lucha y ejemplo de virtudes cívicas, es el forjador de la nacionalidad mexicana actual. Liberal, constitucionalista, hizo de la ley la religión política de México, y es por ello el exponente más acusado de la ideología revolucionaria mexicana del siglo xix. Su atuendo personal, levita y corbata negra, son el hábito laico de este personaje, indescifrable en su enigmática expresión y abiertamente anticlerical en su política nacional.J. A. CALDERÓN QUIJANO.
BIBL.: F. R. ALMADA, Juárez y Terraras (aclaraciones históricas), México 1958; CH. ALLEN SMART, Juárez, México-Barcelona 1965; B. JUÁREZ, Documentos, discursos y correspondencia, pról. A. LóPEZ MATEOS, selección y notas de J. L. TAMAYO, México 1964; R. BLANCO MOHENO, Juárez ante Dios y ante los hombres, México 1959; F. BULNES, El verdadero Juárez y la verdad sobre la Intervención y el Imperio, México 1951; E. A. CHÁVEZ, Benito Juárez, estadista mexicano (21 de marzo de 1806-18 de julio de 1872), México 1958; J. FUENTES MARES, Juárez y el Imperio, México 1963; íD, Juárez y la Intervención, México 1962; fD, Juárez y la República, México 1965; íD, Juárez y los Estados Unidos, México 1960; B. JUÁREZ, Flor y Látigo. Ideario político, selección y pról. A. HENESTROSA, México 1957; A. JUNCO, Juárez intervencionista, México 1961; A. MOLINA ENRfQUEZ, Juárez y la Reforma, México 1958; R. ROEDER, Juárez y su México, México 1958; C. J. SIERRA, Presencia de Juárez en los gobiernos de la Revolución, México 1964; A. TARACENA, Juárez. Católico Apostólico Romano, México 1948; R. DE ZAYAs ENRfQUEz, Benito Juárez. Su vida. Su obra, México 1958. Como resumen puede verse: J. A. CALDERÓN QUIJANO, Benito Juárez, en Forjadores del mundo contemporáneo, 11, 3 ed. Barcelona 1965, 41-55.
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