Juan II de Castilla
Categoria:
Biografía GER
Hijo de Enrique III de Castilla y de Catalina de Lancaster, n. en Toro el 6 mar. 1405 y m. en Valladolid el 21 jul. 1454. Su padre m. el 25 die. 1406 y las Cortes de Segovia de 1407 reconocen la regencia de la reina madre y de Fernando de Antequera, dividiendo a Castilla en dos sectores: el septentrional, de la reina, y el meridional, de Fernando. Éste continúa la Reconquista (v.), con la toma, entre otras poblaciones, de Zahara y Ayamonte en 1407, y de Antequera en 1410 y favorece a los nobles que le ayudarán, en 1412, a ser proclamado rey de Aragón por los compromisarios reunidos en Caspe (v.). En política exterior, Castilla se retira de la guerra de los Cien Años (v.), pero vuelve en 1416; ayuda a Benedicto XIII (v.; v. t. CISMA III) hasta 1417 (V. CONSTANZA, CONCILIOS DE); mantiene buenas relaciones con Portugal; se acerca a Inglaterra (desde 1418 cambia de signo la alianza), sin dejar a Francia, por razones comerciales; y vence a la Hansa en La Rochela (1419). Desde 1430, se consolidan factorías castellanas y vizcaínas en la costa atlántica de Francia y en Flandes.Fallecida la regente en octubre de 1418, el arzobispo de Toledo, Sancho de Rojas, que goza de gran predicamento en la corte, adelantándose al deseo de la facción de nobles enemigos suyos, propone y consigue de las Cortes de Madrid que declaren la mayoría de edad de Juan II (marzo 1419). Hasta entonces el reino había disfrutado de paz, caso poco frecuente en las regencias de la Edad Media; pero la privanza de Alvaro de Luna (v.) agudiza la ya existente descomposición del país en dos grandes bandos: en uno, la oligarquía nobiliaria encabezada por los infantes de Aragón, hijos de Fernando de Antequera; en otro, junto a nobles y alto clero favorecidos por el rey y su privado, se encuentra la clase mercantil y la pequeña nobleza. Las banderías y luchas internas en el reinado de Juan II son consecuencia del debilitamiento del poder real, de su escasa fuerza ejecutiva frente a una nobleza rica y poderosa, y de las pretensiones al trono de los infantes de Aragón, divididos entre sí, pero ayudados por los sucesivos reyes de Aragón, Fernando I (su padre) y Alfonso V (v.; su hermano), y Juan II de Navarra (v.) desde 1425, que hasta entonces se había enfrentado a su hermano el infante Enrique. Algunos nobles se enfrentan al monarca y a su privado "más por valer y aver poder", como dice F. Pérez de Guzmán (v. o. c. en bibl.). De ahí que, cuando Juan II accede a sus peticiones o les concede mercedes, se pasan a su bando. Es el favor del rey y la caída de Alvaro de Luna, pero no el bien del reino lo que muchos nobles buscan. Frente a la oligarquía nobiliaria, carecen de fuerza los comerciantes y la pequeña nobleza, que se oponen al desarrollo del régimen señorial y a la evolución del Consejo real como instrumento de justicia en manos de los nobles, según se refleja en las protestas de los procuradores de las ciudades en las Cortes de 1419, 1425 y 1432. También desde 1430 el estamento popular insiste en la libre elección de procuradores que entorpece la nobleza.La primera consecuencia del enfrentamiento entre los infantes de Aragón y el rey es el apresamiento de éste en Tordesillas (1420) por el infante Enrique, que pretende hacerse cargo del gobierno y reúne Cortes en Ávila. Ayudado por Álvaro de Luna, Juan II se refugia en Montalbán, donde recibe muestras de lealtad popular. La prisión del infante Enrique (1422) motiva la coalición de Aragón y Navarra, así como la formación de una liga nobiliaria contra Álvaro de Luna. Liberado el infante por imposición de Alfonso V de Aragón (1426), los nobles consiguen el primer destierro del privado (arbitraje de Valladolid, 1427), pero la vuelta de éste a la corte provoca la guerra entre Castilla, por una parte, y Aragón y Navarra por otra, aunque realmente no se trata de una lucha entre reinos, sino de la intervención navarroaragonesa en los asuntos castellanos, con diversos hechos de armas, que se extienden hasta Extremadura. En 1430 se llega a una tregua que el condestable Álvaro de Luna aprovecha para atacar al reino nazarí de Granada (v.). La victoria castellana en la Higueruela (1431) y la ocupación de algunas plazas fronterizas poco suponen para el avance de la Reconquista. Más significativo es el destierro de los infantes Pedro y Enrique (1432), y la paz con Navarra.Hasta la nueva intervención de los infantes de, Aragón, Castilla vive una época de cierto esplendor. En el Conc. de Basilea (v.; 1431-37) se reconocen los derechos de los castellanos a Canarias. Las Cortes de Toledo (1436) disponen sobre la organización de flotas; las de Madrigal (1438) restringen la importación de lanas. Abiertas nuevamente las hostilidades (1439), a raíz de la prisión del adelantado Pedro Manríquez, el príncipe heredero Enrique se une a los infantes de Aragón y a los nobles descontentos, que consiguen deterrar al condestable dos veces: convenio de Castronuño (1439) y sentencia de Medina del Campo (1441). En esta población, Juan I I cae prisionero de los rebeldes. Con la victoria realista en Olmedo (1445) no terminan las discordias, pero los infantes de Aragón quedan prácticamente eliminados. No obstante, aumenta la oposición al condestable, sobre todo después del matrimonio de Juan II, viudo de su prima María de Aragón, con Isabel de Portugal (1447), de quien nace Isabel la Católica; y a causa también de la sublevación de Toledo por los impuestos (1450). Ejecutado el condestable (1453), Juan 11 le sobrevive un año.A pesar de tantas discordias en las que se mezclan las querellas entre cristianos viejos y judíos conversos, sobre todo en Toledo y Burgos, el reinado de Juan II tiene aspectos positivos: la marina desempeña un buen papel, el comercio exterior es activo, el culto a la poesía es destacable, la reforma disciplinaria y moral se inicia ya en una época de crisis de la Iglesia en general, los torneos de Valladolid y las ferias de Medina del Campo dan una apariencia de bienestar; en 1443 se crea la Univ. de mercaderes de Burgos.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: Fuentes: A. GARCÍA DE SANTA MARÍA, Crónica de Juan 11 de Castilla, Madrid 1891; J. M. CARRIAZO (ed.), Refundición de la Crónica del Halconero, Madrid 1947.-Estudios: L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Los Trastámaras de Castilla y Aragón en el siglo XV (1407-1474), en HE XV,1961; íD, Historia de España. Edad Media, Madrid 1970; C. SILiá, Don Álvaro de Luna y su tiempo, Madrid 1941; E. BENITO RUANO, Los infantes de Aragón, Madrid 1952; L. SUÁREz FERNÁNDEZ, intervención de Castilla en la guerra de los Cien Años, Valladolid 1950; íD, Castilla, el Cisma y la crisis conciliar, Madrid 1960; I. I. MACDONALD, Don Fernando de Antequera, Oxford 1948; J. TORRES FONTES, Dos divisiones políticoadministrativas en la minoría de Juan 11 de Castilla, Murcia 1947.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.