Juan II de Aragón y Navarra
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Biografía GER
Fue primeramente rey de Navarra (1425-79), por su matrimonio (1420) con Blanca I de Navarra (n. 1386m. 1441), hija y heredera de Carlos III el Noble; y luego rey de Aragón (1458-79), a la muerte de su hermano Alfonso V (v.). Segundo hijo varón de Fernando de Antequera y Leonor de Alburquerque, n. en Medina del Campo el 29 jun, 1398. Pasó sus primeros años en Castilla, donde su padre era regente. Con motivo de su nombramiento como lugarteniente general de Sicilia (1415), se trasladó a esta isla para ejercer el cargo. A la muerte de su padre (1416), heredó las posesiones castellanas de Briones, Cerezo, Cuéllar, Haro, Medina del Campo, Olmedo, Villalón, etc., y el ducado de Montblanch en Cataluña. Era además duque de Peñafiel, conde de Mayorga, señor de Castrojeriz, etc. Puede decirse que sobre él recayó la mayor parte de la herencia castellana de Fernando de Antequera.Los infantes de Aragón en Castilla. Pretensión de D. J., obsesiva, fue reinar en Castilla. Durante gran parte de su vida, se mantuvo en esa idea. En marzo de 1418, reapareció en Castilla e intervino en los asuntos internos de este reino, junto con sus hermanos D. Pedro y D. Enrique (m. 1445), en contra de éste y a favor de Alvaro de Luna (v.) hasta 1425, y luego frente al condestable. Al igual que D. Enrique, aspiraba a ganarse la voluntad de su primo y cuñado Juan II de Castilla (v.); de ahí el enfrentamiento entre ambos. D. J. se benefició del reparto de bienes de su hermano D. Enrique hecho por Alvaro de Luna (1421). Desde 1425, conseguida la reconciliación entre D. J. y Alfonso V (torre de Arciel, 3 sept. 1425), sólo hubo desde entonces un bando aragonés, pues los infantes hicieron causa común. Por lo que a D. J. se refiere, su postura junto a la facción nobiliaria castellana contradice su posterior política absolutista en la corona de Aragón. Tras la reconciliación con el condestable (30 en. 1428), D. J. invadió Castilla (1429), animado por Alfonso V de Aragón. Al año siguiente, perdió casi todas sus posesiones castellanas, que quedaron en manos de los partidarios de Alvaro de Luna. Aceptada la tregua de 1430, tomó parte con sus hermanos en la expedición para la conquista de Nápoles, con muy poco éxito, pues fue hecho prisionero en el combate naval de Ponza (5 ag. 1435). Trasladado a Saona y Milán, fue liberado después de cuatro meses de cautiverio. A fines de 1435, se encontraba en Barcelona y se hizo cargo de la lugartenencia general de Aragón, Valencia y Mallorca, por ausencia de su hermano Alfonso, que se hallaba en Nápoles.Desde 1441, la actividad de Juan II se polarizó en dos direcciones: Castilla y Navarra. Un año antes se había celebrado el matrimonio de su hija Blanca II de Navarra con el príncipe Enrique (v. ENRIQUE Iv DE CASTILLA), hijo de Juan II de Castilla, y había firmado con su hermana María de Aragón (m.1454), esposa del monarca castellano, un pacto contra el condestable. Juan 11 intentó terminar con la privanza de Alvaro de Luna y apresó al monarca castellano en la fortaleza de Portillo (1441), de donde fue liberado por su mujer (1444). D. J. gobernó en Castilla hasta que las tropas del condestable derrotaron a las de los nobles rebeldes y de los infantes de Aragón en la batalla de Olmedo (1445).Conflictos en Navarra y Cataluña. Al tiempo que se sucedían estos hechos, Navarra vivía en plena guerra civil, a causa del conflicto planteado a la muerte de Blanca I de Navarra, que dejaba en herencia a su hijo el príncipe de Viana D. Carlos (1421-61) el reino de Navarra y el condado de Nemours, con el ruego de que no se titulase rey en vida de su padre, D. J., sin el consentimiento de éste.El enfrentamiento entre padre e hijo lo agravó el matrimonio, en 1447 (los esponsales se celebraron en 1444) de D. J. con Juana Enríquez (1425-63), hija del almirante de Castilla y 27 años menor que su marido. A diferencia de la primera mujer, abúlica y dominada por D. J., ésta intervino en política y perjudicó los intereses de D. Carlos. La historiografía catalana y navarra suele ser contraria a ella. Otros historiadores la presentan como mediadora entre padre e hijo. El hecho es que a Juana Enríquez no le interesaba que D. Carlos fuera rey de Navarra, para que su primogénito (en 1452 n. Fernando el Católico) pudiera ser coronado rey. Por otra parte, D. J. recelaba del príncipe de Viana, sobre todo desde que el Parlamento siciliano había pedido que nombrase virrey perpetuo a D. Carlos (1458). Éste regresó a la Península bajo la promesa de ser nombrado primogénito y sucesor universal (1459). No obstante, D. J. tenía intención de proclamar heredero suyo a D. Fernando (v. FERNANDO II DE ARAGÓN). En las Cortes de Zaragoza (1460), D. J. nombró a su hijo D. Fernando duque de Montblanch, título que implicaba la sucesión a la corona de Aragón. Cinco años antes había desheredado del trono navarro a D. Carlos y a Blanca 11, en beneficio de su otra hija Da Leonor, casada en 1434 con Gastón de Foix. Cuando D. Carlos entró en tratos con Enrique IV, rey de Castilla desde 1454, para casarse con su hermana Da Isabel (v. ISABEL I DE CASTILLA), fue hecho prisionero por su padre (1460), con lo que comenzó la guerra en Cataluña, complicada con la sublevación de los beamonteses en Navarra.La prisión del príncipe de Viana fue tan sólo un pretexto, que puso de manifiesto el secesionismo de navarros y catalanes. El condestable de Castilla fomentó las diferencias entre agramonteses, partidarios de D. J., y beamonteses (beaumonteses) o lusetanos, seguidores del príncipe de Viana. Éstos habían sido vencidos ya en Aibar (1452) por las tropas del rey, y posteriormente en Estella. En esta ciudad fueron desheredados D. Carlos y Blanca 11. Por el contrario, en las cortes beamontesas de Pamplona fue proclamado rey D. Carlos (1457), liberado por su padre a raíz del acuerdo de Villafranca del Panadés (21 jun. 1461). En este acuerdo, documentado como concordia, Cataluña consiguió regirse mediante instituciones aristocráticas que mermaban la autoridad real, de tal modo que el monarca no podía entrar en el principado si no lo autorizaban los representantes de las corporaciones. Eran depositarios de la autoridad, delegada en un lugarteniente perpetuo e irrevocable, las Cortes, que a su vez delegaban en la Diputación del General de Cataluña y en el Consejo del Príncipado. El 23 de septiembre del mismo año moría el príncipe de Viana después de haber fracasado en su intento de alianza con Francia para obtener el trono navarro. Acerca de la muerte del príncipe, oficialmente de pleuresía, existe la versión de su envenenamiento, que sostienen algunos historiadores y que se atribuye sin demasiado fundamento a su madrastra. Con el fallecimiento de D. Carlos, no terminaron las rivalidades en Navarra entre agramonteses y beamonteses. Éstos llegaron a ofrecer su apoyo a los catalanes rebeldes.La sublevación de Cataluña perjudicó económicamente al principado. En el levantamiento catalán de 1461 se mezclaron las discordias entre la Busca y la Biga, es decir, entre menestrales y patricios, o, lo que es lo mismo, entre sindicalismo y pactismo. D. J. se apoyó en la Busca más bien por conveniencia que por otra cosa, pues la Biga representaba a la oligarquía, celosa de sus privilegios contra el autoritarismo monárquico. En 1458 había suspendido los malos usos (prestaciones debidas por los remensas a los señores), como ya lo había hecho su hermano Alfonso V en 1455-57, aun a pesar de la oposición de los señores, que emprendieron la lucha contra los remensas (v.). Después del encarcelamiento del príncipe de Viana en 1460, fueron los aristócratas y la burguesía bigaire los que dirigieron la sublevación.Luis XI (v.), rey de Francia desde 1461, intentó aprovecharse de las diferencias entre los catalanes y su monarca, pero desde 1462 cambió su actitud, apoyando a D. J. a cambio de una garantía sobre Rosellón y Cerdaña. Por su parte, los catalanes ofrecieron el país a Enrique IV. En la zona aragonesa más próxima a Cataluña, que a su vez era de tránsito hacia Castilla, los insurgentes encontraron una buena ayuda (Albarracín, Alcañiz, Belchite, etc.). En la entrevista de Bidasoa (1463), Luis XI de Francia acordó con Enrique IV en que éste renunciaría a Cataluña, tras lo cual los catalanes ofrecieron Cataluña al condestable Pedro de Portugal, que se proclamó rey de Aragón y Sicilia. Muerto éste en 1468, los catalanes recurrieron a Renato de Anjou, duque de Provenza, a quien también ofrecieron el principado como reino independiente de Aragón. La lucha entre el rey y los rebeldes tuvo diversas alternativas. Tropas aragonesas obtuvieron para su monarca la victoria de Prats del Rey (28 feb. 1465), pero D. J. fue derrotado por los catalanes en Vilademat, en la provincia de Gerona (21 nov. 1467). La guerra de Cataluña, llamada también guerra de los Diez Años, con una activa participación aragonesa desde 1464, terminó por la capitulación de Pedralbes (16 oct. 1472). El país quedaba agotado, víctima de saqueos, con su comercio arruinado y en gran parte despoblado. El papel que Barcelona había desempeñado como capital financiera de la corona pasó a Valencia.También tuvo que enfrentarse D. J. a la rebelión de su yerno Gastón de Foix. Por el acuerdo de Olite (20 mayo 1471), se estipuló que Gastón y su esposa Leonor serían gobernadores generales de Navarra en vida de D. J. Éste tuvo que atender, a partir de entonces, dos asuntos importantes: la guerra civil en Aragón entre señoríos y familias (Urreas y Lunas), altercados en Huesca por cuestiones de ferias y mercados, y sobre todo la guerra contra Francia a causa del Rosellón y la Cerdaña. Sitiado D. J. en Perpiñán, fue libertado por los aragoneses (1473). En ese mismo año (17 septiembre), ambos monarcas llegaron a una concordia sobre la Cataluña transpirenaica (Rosellón y Cerdaña). La guerra se reanudó en 1475, rindiéndose Perpiñán a los franceses (14 marzo), al tiempo que surgían conflictos en Aragón entre Palafoxes y Cerdas, en un ambiente de anarquía provocado en parte por las contribuciones caprichosamente establecidas por los particulares. La inseguridad del reino aragonés continuó por las luchas entre bandos. D. J. m. en Barcelona el 19 en. 1479, después de recibir los Sacramentos. Le sucedía Fernando 11, rey ya de Castilla por su matrimonio con Isabel la Católica. D. J. fue enterrado en Poblet. En carta a su heredero le recomendaba la defensa de la fe y de la justicia.Balance del reinado. Del balance de su reinado dan idea los hechos expuestos, no muy favorables al monarca por las circunstancias adversas que concurrieron en todos ellos. Su figura, discutida, ha merecido juicios contradictorios, tanto de censura como de panegírico desmesurado. Se le considera un rey moderno, el predecesor más inmediato de la unidad peninsular, aunque ciertamente no acertó del todo en el problema de unificar los reinos, ni pudo conservar los condados de Rosellón y Cerdaña. Fue un rey poco popular, de tendencias autoritarias, de temperamento frío pero muy sensual (tuvo cuatro mujeres, fuera de sus dos matrimonios en las que engendró cinco hijos), aunque parco en la comida y en la conversación. Era aficionado a la poesía y a la música. La corona aragonesa no alcanzó en su reinado el prestigio logrado en el de su antecesor. Practicaba la caza y el juego. Era dado a lo heroico y a lo misterioso. L. Marineo Sículo le describe de tez pálida, cabellos finos de color castaño claro, nariz pequeña y estrecha, dientes ralos, pequeños y espaciados (De las cosas memorables). Durante su reinado, Aragón vivió una extraordinaria actividad legislativa. Se renovó el Derecho civil aragonés.CARLOS R. EGUÍA.
BIBL.: Fuentes: G. F. DE VAGAD, Coronica de los princepes y cristianissimos reyes... del reino de Aragon, Zaragoza 1499; L. MARINEO SíCULO, Historia regum Aragoniae sive de genealogía regum Aragonum, Zaragoza 1509; G. GARCÍA DE SANTA MARÍA, Sereníssimi principis fohannis secundi Aragonum regís, vita, Coin HE LXXXVIII (1887).-Estudios: J. ZURITA, Anales de la Corona de Aragón, Zaragoza 1562-80; A. JIMÉNEZ SOLER, La Edad Media en la Corona de Aragón, Barcelona 1930; J. M. LACARRA, Aragón en el pasado, Zaragoza 1960; L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Los Trastámaras de Castilla y Aragón en el siglo XV (1407-1474), en HE, XV, 1964; A. CANELLAS LóPEz, El reino de Aragón en el siglo XV (1410-1479), en HE, XV,1964; J. VICENS VIVES, Los Trastámaras y Cataluña (1410-79), en HE, XV,1964; L. SUÁREZ FERNÁNDEZ, Historia de España. Edad Media, Madrid 1970; F. SOLDEVILA, Historia de Catalunya, 2 ed. Barcelona 1962-63; E. BENITO RUANO, Los infantes de Aragón, Madrid 1952; J. GARCÍA MERCADAL, Don Carlos de Aragón, Príncipe de España, Barcelona 1944; J. VICENS VIVES, Juan 11 de Aragón (1398-1474), Barcelona 1953; N. COLL, Doña Juana Enríquez, Madrid 1953; J. REGLA, Francia, la Corona de Aragón y la frontera pirenaica, Madrid 1951; J. VICENS VIVES, Historia de los remensas en el siglo XV, Barcelona 1945; C. BATLLE, La ideología de la Busca, Barcelona 1955-56.
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