Italia, Lengua y Caracteristicas Literarias. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Lengua. Orígenes y extensión. Desde el punto de vista lingüístico, el italiano nace en los a. 960 y 963 con la llamada carie capuane o placiti cassinesi, cuatro documentos notariales todavía en latín, pero con unas fórmulas testimoniales, casi idénticamente repetidas, que pertenecen ya a un romance italiano de tipo meridional. No hay rasgos anteriores de lengua italiana plenamente diferenciada, a no ser la adivinanza de Verona o Indovinello veronese, del s. VIII O Ix, que si no es Completamente latina, tampoco puede considerarse plenamente romance. Con posterioridad a los placiti de Montecassino tenemos nuevos documentos, no muy abundantes en el s. xi, pero sí en el XII.Demostrada la falsedad de la Inscripción ferraresa, datable en 1135, que por estar en verso se consideraba como el primer texto poético, los orígenes de la literatura italiana no pueden situarse más atrás de la primera mitad del s. xIII, aunque ya pertenecen a la segunda mitad del xii ritmos de cierta intención literaria.En la actualidad, los límites espaciales de la lengua se extienden por toda la República italiana, el Estado de la Ciudad del Vaticano y la República de San Marino; y fuera del territorio nacional, por el cantón Ticino o Tesino y cuatro valles del cantón de los Grisones, en la Suiza italiana (v. SUIZA VII, 1). Estos límites hay que entenderlos en relación a la lengua escrita u oficial, ya que las fronteras del italiano hablado no son geográficas, sino sociales. Para la lengua hablada habría que tener presente el gran número de emigrados a América y Europa, más los que quedan en las regiones de la Venecia Julia e Istria, perdidas en la última guerra, en pocas ciudades de la costa dálmata, e incluso en las islas de Córcega y, Malta; pero con la limitación, en el interior de Italia, de los que no han superado la barrera del propio dialecto.Dialectos. La riqueza dialectal de I., superior a la de los demás países neolatinos, hace prácticamente imposible el estudio de la lengua italiana sin tener en cuenta la repartición de esos dialectos, que pueden clasificarse del modo siguiente: 1) dialectos septentrionales, divisibles a su vez en galo-itálicos y vénetos. Característica general de los primeros (Piamonte, Lombardía, Liguria y Emilia) es la pérdida de las vocales finales a excepción de la a y la existencia de vocales mixtas, mientras que las variedades vénetas sólo coinciden con las galo-itálicas en la sonorización de las consonantes sordas intervocálicas, la ausencia de las germinadas y el elementos lexical. 2) Dialectos toscanos. Representan la base de la lengua nacional y les caracteriza su tendencia conservadora. Sus rasgos más notables son la carencia de metafonía y la resolución del grupo rj en j, como la evolución del sufijo -arium > -aio, incorporado a la lengua normal. En consonancia con su geográfica, mantienen una posición intermedia en diversos aspectos fonéticos y morfológico-sintácticos. Sin embargo, algunos matices de pronunciación, como la característica gorgia o aspiración de las oclusivas sordas intervocálicas, deben considerarse fenómenos locales no admitidos en la lengua culta general. 3) Dialectos centrales, formados por las variedades que se extienden por el Lacio septentrional, la Umbría y las Marcas. La característica más acusada es el doble resultado de -o ,y -u, según procedan de vocales con o o u finales en latín. El dialecto de Roma o romanesco, que presenta caracteres híbridos como consecuencia de la penetración toscana, iniciada muy pronto, merece mención especial. 4) Dialectos meridionales, que abarcan el Lacio meridional y demás regiones italianas del S incluida Sicilia. Les distingue, sobre todo, un par de asimilaciones atribuidas al sustrato itálico (nd > nn y mb > mm), el paso, más limitado, de -1l-=-dd- y la metafonía. Si el corso se halla en su fase actual en relación con el tronco lingüístico toscano, el sardo no entra en la anterior clasificación por tratarse de una lengua romance con caracteres propios (y. CERDEÑA III).Formación de la lengua nacional. Entre la variedad del panorama dialectal italiano, el toscano se erigió en la lengua nacional. 1. careció durante la Edad Media de una fuerza política uniformadora. Al empezar a formarse las lenguas romances, ninguna región italiana estaba en condiciones de lograr la supremacía. En el s. XIII hay ya un indicio de la posterior prevalencia toscana, consistente en la toscanización lingüística operada por amanuenses de esa región central en las copias, las únicas conocidas, de las composiciones de los poetas sicilianos. Pero es sobre todo Dante (v.) quien, al emplear el dialecto florentino en su Divina Comedia, determina la futura dirección de la lengua italiana. A estas fundamentales razones literarias hay que añadir la posición central de Florencia y el hecho de que en la Toscana se hubiera conservado el latín más puro, facilitando la incorporación de formas latinizantes, tan frecuentes en la lengua literaria. La lengua hablada hoy se ha ido formando a través de una compleja elaboración y con la cooperación de elementos procedentes de diversas regiones, sin que el florentino haya dejado de ser la base estructural en el sistema morfológico-sintáctico, aunque no siempre en el fonético ni en el léxico. La unidad política de 1. (1870) facilitó también el proceso de unificación lingüística y tanto la nueva capital como los modernos medios de difusión contribuyen cada vez más a una paulatina uniformación.Características lingüísticas. Los rasgos que caracterizan a la lengua nacional italiana actual, en el ámbito de la Romania, coinciden en parte con el español; en la fonética les son comunes la nitidez vocálica por carencia de vocales mixtas y la ausencia de metafonía, pero la diptongación de la e y o breves tónicas sólo se produce en italiano en sílaba libre. Las diferencias notables están en la evolución consonántica, como la pérdida de las consonantes finales, que ha impedido la forma de plural con -s o la mera vocalización de la 1 en los grupos de labial o velar más l, frente a la completa palatalización o mantenimiento de la l en español: chiave, `llave’; f ¡ore, `flor’. Es indiscutible la mayor riqueza fonética y fonológica del italiano, sobre todo en sonidos africados y sonoros no existentes en español, a lo que contribuye como diferencia más acusada y distintiva las consonantes dobles, reforzadas o geminadas; frente a la única oposición española de este tipo, r/rr, el italiano presenta 15. En líneas generales, los cambios morfológico-sintácticos son afines, en lo esencial, a los de la lengua castellana. Obsérvese, sin embargo, que si el italiano carece de una forma de artículo neutro, tiene, en cambio, una serie de nombres que conservan un plural en -a, como derivados de neutros latinos, inexistentes en español: dita `dedos’, braccia `brazos’, uova `huevos’, etc. Son también notables la frecuencia del infinitivo italiano en oraciones independientes, la complejidad de valores de la preposición da, sin paralelo en el castellano, la mayor gramatical ización de las preposiciones a e in, el no uso de la preposición a con el objeto animado, el más abundante empleo de la voz pasiva, etc. En una consideración global de tipo histórico, caracteriza al italiano su continuo fundamentarse en la lengua literaria y, como consecuencia, la tendencia conservadora, notable principalmente en la estructura de la palabra originaria y en el mantenimiento del acento, lo que explica la existencia de frecuentes palabras sobresdrújulas. Ello aclara asimismo la sorprendente continuidad de la lengua literaria, que no es incompatible con la falta de unidad en la aceptación de una norma lingüística oficial, problema que ha dado lugar a discusiones seculares sobre lo que debe ser la base, el uso y el nombre de la lengua nacional, conocidas históricamente en 1. como las questione della l ingua.2. Características literarias. Rasgos definitorios. La nota fundamental de la literatura italiana en sus orígenes es su inmediata, su casi repentina madurez. Una literatura que surge con retraso en relación con sus hermanas. La francesa o española, una literatura que hasta pasado el primer cuarto del s. xIII no cuenta con documentos literarios asignables a nombres más o menos precisos -como S. Francisco de Asís (v.) y Cielo d’Alcamo o Giacomo da Lentini (v. SICILIANA, ESCUELA)-, sorprende, menos de un siglo más tarde, con la producción de su obra más extraordinaria, la Divina Comedia (v. DANTE), en la que está fijada (aunque el modelo más directo desde el Renacimiento será Petrarca, v.) la lengua literaria de I., que perdurará casi inalterable hasta principios del novecientos. En la misma prosa narrativa, antes de la experiencia juvenil de Dante recogida en su Vita Nuova (1292-93), una prosa poética rica en recursos estilísticos, sólo existía (si es que existía ya) la serie de cuentecillos anónimos del Novellino (entre 1281 y 1300), con su sintaxis elemental, directa y descarnada.Persistencia inalterable de la lengua literaria, inmediata perfección y aparición tardía de una literatura casi ajena en sus orígenes a una voz épica o colectiva, son rasgos definitorios a los que puede añadirse el instinto formal, la preocupación por las formas métricas. A Giacomo da Lentini cabe atribuir la invención del soneto, la estrofa más afortunada de toda la lírica posterior. Y Dante tendrá que inventar el terceto para que su gran poema tenga una forma nueva, desconocida hasta entonces. La canción, en cambio, la adoptaron de los poetas provenzales (v. PROVENZAL, LENGUA Y LITERATURA), pero será Petrarca quien le dará la forma definitiva, que imitarán siglos más tarde (con las otras mencionadas y con la riqueza melódica del verso endecasílabo) los poetas castellanos. Y el mismo terceto, privado de su grandiosidad inicial épiconarrativa, se incorporará en España a través de la imitación petrarquista, aplicándolo a la epístola, a la sátira y a los llamados "capítulos", los cuales no fueron en un principio otra cosa que las partes de los Triunfos de Petrarca, que están en tercetos. La octava real, en cambio, que habrá de emplearse tanto en 1. como en España para los poemas épicos o heroicos, debe su utilización en este género a Boccaccio (v.), que la empleó en sus poemas narrativos Filostrato, Teseida y Ninfale f iesolano, como adaptación culta del metro de ciertos poemas populares del s. xiII, con acompañamiento musical, llamados cantar¡.Influjo de las letras italianas. Durante los s. xv y xvl, que corresponden en 1. al humanismo (v.) y Renacimiento (v.), se asiste en España a la incorporación e imitación de los autores italianos. Naturalmente, el primer influjo masivo corresponde a los tres grandes trecentistas, Dante, Petrarca y Boccaccio, con esta diferencia: el s. xv es de preponderante influjo dantesco, limitándose, más bien, el de los otros dos escritores a su producción humanística en latín; en cambio, a partir del primer cuarto del s. xvt, Dante pasa a ser un mero elemento de cultura más que un poeta imitado. Esta afirmación es válida sobre todo para la literatura en castellano, ya que no debe olvidarse que en catalán fue muy vivo el influjo del Petrarca lírico en el mismo s. xv, anterior, por tanto, al de Castilla y quizá de mayor intensidad que el de Dante. Precisamente la imitación de la lírica de Petrarca, fenómeno europeo que abarca desde el s. xv al xix (v. PETRARQuIsMo), es indudablemente una de las características más señaladas de la literatura italiana en su aportación a la poesía europea; Petrarca dio durante siglos los esquemas formales, las metáforas y las antítesis típicas del lenguaje amoroso en la lírica de todos los países. En cuanto al Boccaccio de las obras en italiano, más que por su Decameron influyó en un principio con la Fiammetta, arquetipo de la novela sentimental española en el s. xv.Otro hecho cultural de alcance europeo lo representa la Arcadia de Sannazaro (v.), con sus dos ediciones distintas entre los dos siglos (ca. 1485 y 1504), modelo de la novela pastoril en su mezcla de versos y prosa exquisitamente elaborada. El ejemplar humano del Renacimiento estará representado en el Cortegiano de B. de Castiglione (v.), del que es conocida la acertada traducción de Boscán. Por otro lado, la creación, por parte de Maquiavelo (v.), en la prosa italiana renacentista de una ciencia política autónoma, independiente de la moral católica, dio lugar en España a una literatura doctrinal de reacción, es decir, a un antimaquiavelismo. El otro género de alcance universal de la literatura italiana del s. xvi es el poema heroico, representado fundamentalmente en esas dos obras maestras (expresión una de la plenitud vital y fantástica del pleno Renacimiento, y la otra de la estilización formal y del claroscuro sentimental del manierismo) que se llaman Orlando Furioso (v. ARIOSTO) y Jerusalén Libertada (v. TASso). Los poemas épicos españoles del Siglo de Oro los tomarán como modelo de imitación; es más, en el caso de Ariosto, la lírica y el teatro (p. ej., Lope de Vega) repetirán también los personajes y episodios. Si las traducciones de estos poemas efectuadas en su época no merecen atención especial, justo es consignar el éxito alcanzado por Juan de Jáuregui en la versión de la fábula pastoril de forma dramática, el Aminta, de T. Tasso. Los novellieri, o autores de cuentos o novelas cortas, darán también abundante materia argumental a la novela y al teatro de España y otros países. Ni deben olvidarse, dada la peculiar tendencia italiana a la reflexión crítica en forma doctrinal, los autores de tratados de poética.La producción teatral italiana, cultivada sólo de manera marginal por autores que destacan en otros géneros (frente a la facilidad de improvisación de los actores itinerantes de la commedia dell’arte), alcanzó autonomía en el s. XVIII, gracias a Metastasio (v.), Goldoni (v.) y Alfieri (v.), que son preferentemente autores de teatro. El primero, por su influencia indiscutida durante medio siglo en la escena europea, es el último escritor italiano de alcance internacional. Alfieri, por su parte, que incorpora a la desnuda técnica de su teatro su pasión política, será modelo de dramas y tragedias de la época romántica. En el s. xix contrata la tardía difusión de un lírico tan alto y profundo como Leopardi (v.) con eJ conocimiento inmediato que tuvo en España Manzoni (v.), también su gran novela, que tradujo entre otros J. N. Gallego con el título Los novios, como por su poesía El cinco de mayo, de la que se conocen unas 26 versiones castellanas diferentes. En la cultura italiana del presente siglo destacan el papel representado por el filósofo y crítico Benedetto Croce (v.), cuya doctrina dominó en la cultura de su país hasta la última guerra, y el fenómeno del neorrealismo (v.), que se impuso en la posguerra gracias a conocidos novelistas y, sobre todo, a través de su realización cinematográfica.V. t.: IX.J. ARCE FERNÁNDEZ.
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