Italia, Geografia I. GEOG.
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Geografía
1. Medio físico. 2. Población. 3. Economía.Con una superficie de 301.251 Km2 y una población de 54,6 millones de hab. (1970), suele decirse de 1. que es una de las tres penínsulas, juntamente con la Ibérica y la Balcánica, que Europa proyecta hacia el Mediterráneo. Si se atiende únicamente a la configuración geográfica, no cabe duda de que ése es uno de los caracteres geográficos más relevantes de 1. Pero es algo más que una península de Europa; históricamente ha sido uno de los catalizadores de la idea europea, y no en vano en los últimos 200 años de la historia de Europa I. ha jugado un papel decisivo. Geográficamente, se nos ofrece como un país mediterráneo con gran vocación europea. La personalidad de I. no radica tanto en lo físico, en lo que tantas veces se insiste, sino en lo humano. Su originalidad física en muy poco difiere de las otras regiones mediterráneas; pero lo humano y sobre todo su amplísima diversidad regional constituyen uno de los aspectos más atractivos de la geografía italiana.Los 301.251 Km2 del territorio italiano se distribuyen entre un lóbulo continental, un apéndice peninsular y dos grandes islas: Cerdeña y Sicilia. Todas estas partes constituyen unidades perfectamente definidas que ocupan, en números redondos, un tercio del territorio, si, como es frecuente, a la isla de Sicilia se añade el extremo de la "bota italiana". Cada una de esas unidades constituye un mundo distinto. En nada se parece el valle del Po, con sus grandes ciudades industriales, al deprimido Mezzogiorno; nada hay en aquellas dos regiones que pueda semejarse a la heterogénea, compleja y variopinta diversidad del Lacio, la Campania o Toscana. Lo físico juega su papel en esta diversidad regional; pero la tradición histórica no deja lugar a dudas acerca de la importancia que los hechos históricos han tenido en la consolidación de lo regional.1. Medio físico. El relieve aparece articulado por dos sistemas orográficos: Los Alpes (v.) al N, y los Apeninos (v.) que se desgajan de aquéllos en dirección SE. Ambos ejes orográficos han alcanzado su actual importancia topográfica durante el Terciario, pero la complejidad de la estructura, la diversidad de las fases orogénicas responsables del levantamiento, las variadísimas series litológicas y la diferente evolución morfológica de estas montañas hacen que sea imposible dar una visión de conjunto.Un tercio aproximadamente de los Alpes quedan en suelo italiano, y algunas de las más elevadas cumbres son también italianas. Pero los Alpes, por estar repartidos entre varios países, y constituir frontera entre 1. y Europa central y occidental, son en cierto modo menos italianos que los Apeninos, que vertebran la península Itálica en toda su longitud. Si los Alpes destacan por la magnitud de sus cumbres y los profundos valles y depresiones intramontanos, los Apeninos son un muestrario de estructuras, formas topográficas y variedad litológica como difícilmente se encuentra en otras regiones mediterráneas. De un extremo a otro de la península se yuxtaponen escarpes de falla, bloques levantados, fosas tectónicas, mantos de corrimiento, restos de macizos antiguos, más o menos deformados, relieves calcáreos, paleorrelieves exhumados, llanuras de aluvionamiento, etc., sin que falten los fenómenos volcánicos tan raros en el mundo mediterráneo. Por todo ello se ha hecho ya tradicional dividir en tres partes el relieve italiano: Norte, Centro y Sur, aparte de las islas de Cerdeña (v.) y Sicilia (v.).a) El Norte de Italia coincide con el lóbulo continental, al que antes se hacía referencia, constituido por tres unidades muy claras: Los Alpes, la fosa del Po y el tramo septentrional de los Apeninos. Los Alpes dibujan un arco que, en su extremo occidental, llega hasta muy cerca del Mediterráneo, formando la frontera entre I. y Francia. El extremo septentrional de los Apeninos sigue la dirección NO-SE, con altitudes que rozan los 2.000 m., excepto entre su extremo occidental y los Alpes, donde las alturas superan muy poco los 1.000 m. Existe, pues, una continuidad topográfica muy clara entre los Alpes y el tramo septentrional de los Apeninos. En el interior del arco así formado queda una región muy deprimida, con una altitud media inferior a los 100 m., y abierta por el E hacia el Adriático, que es la depresión del Po. Se trata de una fosa tectónica de edad terciaria, que no ha encontrado todavía su reposo orogénico. Desde el Cuaternario antiguo, por lo menos, está afectada por un movimiento de subsidencia todavía no interrumpido. La fosa ha sido colmatada en su totalidad por materiales recientes, especialmente fluvioglaciares de edad poswürmiense, que se amontonan desde el piedemonte alpino hasta muy cerca de la cadena apenina. Esto ha originado una acusada disimetría en el valle y notables diferencias morfológicas, ya que la topografía de las vertientes es distinta a uno y otro lado del río. De E a O se aprecian también profundas diferencias entre las regiones del Piamonte al O, y Venecia al E; no sólo cambia la estructura, sino la disposición estratigráfica de los terrenos, la morfología de las terrazas, y la disposición de los valles. Todo ello hace que la aparente monotonía de la llanura del Po se transforme en una región de gran riqueza y diversidad regionales.b) La Italia media comienza en lo que en cierto modo puede considerarse el istmo Itálico, según una línea que fuera desde Génova hasta Rímini siguiendo el tramo septentrional de los Apeninos. Por el S., la 1. central termina aproximadamente a la altura de Salerno, en el mar Tirreno, y de la llanura de Ceriñola en el Adriático. El accidente topográfico más notable son los Apeninos, que en esta parte de la península tuercen hacia el SO, dando alineaciones paralelas de forma arqueada, cuya concavidad se abre unas veces hacia el Tirreno, como en la región de Umbría, y otras hacia el Adriático, como en la parte septentrional de Apulia. Esta alineación montañosa, de estructura y morfología extraordinariamente complicadas, no forma un eje continuo; en ella son frecuentes las rupturas transversales y la presencia de grandes núcleos montañosos, lejos de la cordillera principal. Así, aunque en líneas generales el eje topográfico de la Península son los Apeninos, y las llanuras se disponen hacia las zonas costeras, de hecho cada una de las llanuras litorales queda separada de la siguiente por relieves aislados que en ocasiones se acercan a los 1.800 m. Esta región central ofrece una topografía muy accidentada, y las llanuras, zonas de colinas y bloques montañosos sin continuidad orográfica dan una gran diversidad paisajística.c) El Sur de Italia. Lo mismo puede decirse del tramo meridional de la península Itálica. En esencia, el relieve aparece constituido por grandes bloques aislados, que estructuralmente pertenecen al sistema apenino, pero una peculiar evolución morfológica ha permitido la individualización de los macizos. Aquí, como en el resto de la Península, llanuras y bloques montañosos se intercalan para dar un paisaje cada vez más complejo desde el punto de vista del relieve.El clima de Italia es típicamente mediterráneo, con temperaturas suaves en todo el tiempo, y lluvias moderadas, entre 300 y 600 mm., que en casos excepcionales pueden superar los 1.000 mm. En general, las lluvias decrecen paulatinamente desde el N hasta el S, pero son muchas las excepciones que cabe hacer a esta regla general, como consecuencia de las especiales características del relieve. Las montañas son siempre más húmedas que las zonas deprimidas, y éstas acusan muy intensamente su situación a sotavento o barlovento de las influencias marítimas. Catania, en la costa oriental de Sicilia, recibe 530 mm, de lluvia anual; Palermo, en la misma isla, pero en la costa norte, abierta a las influencias del Mediterráneo recibe no menos de 760 mm., Lecce, en la parte oriental de la península de Tarento, registra 620 mm. de lluvia; Bar¡, algo más al N., 682; pero Nápoles, en la costa occidental y a una latitud sensiblemente igual a la de Bar¡, recibe 830. Roma recibe 800 mm., mientras L’Aquila, situada en una de las represiones interiores de los Abruzos, únicamente 670 mm.; Ancona, en la costa del Adriático, 675; Florencia, en el lado occidental de los Apeninos, 890; Génova, 1.310; Bolonia, casi a la misma latitud, pero al otro lado de la Cordillera, 670.Por las cifras que anteceden se ve el incremento de las precipitaciones hacia el N, y sobre todo la gran disimetría pluviométrica existente entre las costas orientales del Adriático y las occidentales. Esta disimetría es el resultado de la posición que a lo largo del año ocupan los factores generadores del clima en el Mediterráneo occidental. Las depresiones atlánticas penetran con cierta facilidad en el Mediterráneo, y es frecuente encontrar áreas ciclonales secundarias entre las Baleares y el litoral italiano. De esta manera, toda la costa occidental italiana recibe lluvias más o menos intensas, según la posición de las depresiones. Las borrascas descienden muy pocas veces hasta la latitud de Cerdeña, y así las regiones meridionales de la Península solamente reciben lluvias en ocasiones muy contadas.El régimen pluviométrico es el típico de las regiones mediterráneas. Durante el invierno, el frente polar suele situarse en las latitudes medias de la Península, con grandes desplazamientos hacia el N y el S. Los máximos pluviométricos coinciden siempre con el invierno meteorológico, es decir, de octubre a mayo y muy especialmente con mayo y octubre. En cambio, durante el verano, la mayor parte de la Península está invadida por masas de aire de componente tropical procedentes de África, que resecan el ambiente. Julio y agosto suelen ser meses de precipitación muy escasa, que casi nunca supera los 5 mm.En cuanto a las temperaturas, el gradiente latitudinal es mucho más claro y regular que el pluviométrico. Desde Catania (18,3°) hasta Milán (12,5°), la temperatura desciende 5,8°: Palermo, 17,3; Lecce 16,6; Nápoles 15,8; Roma 15,4; L’Aquila 11,2; Ancona 15,4; Florencia 14,3; Génova 15,5; Bolonia 13,2. Las amplitudes anuales crecen también de S a N, como consecuencia sobre todo de las condiciones térmicas del invierno. El verano es en todas partes caluroso. En pleno mes de agosto, la diferencia entre Catania y Milán es inferior a 3°; en cambio, durante el invierno, Milán da una temperatura media, en enero, de 0,2°; y Catania, de 10,8°. Así la amplitud térmica de Catania no es más que de 15,6° y la de Milán 23,6°.Existe, pues, de S a N y de O a E, una apreciable variabilidad climática que se hace patente por la continentalidad, al quedar toda la llanura del Po y el litoral adriático alejados de las influencias del Mediterráneo occidental. La diferencia moderadora del Adriático se acusa muy poco, por tratarse de un ,mar de muy poca profundidad y estrecho, influenciado por la acción climática de las masas continentales próximas.Vegetación. Estas diferencias climáticas se traducen, desde el punto de vista paisajístico, en un escalonamiento vegetal tanto en latitud como en altitud. Dentro de ese gran dominio climático mediterráneo que es I., la vegetación acusa la diversificación climática antes dicha. Al S, la vegetación arbórea brilla por su ausencia, salvo en las regiones montañosas donde es posible encontrarse bosques abiertos de coníferas y encinas de hoja perenne. Fuera de estas zonas privilegiadas, el roquedo aflora por doquier, como resultado de una erosión muy intensa que ha arrastrado la capa edáfica. Allá donde las condiciones locales posibilitan el crecimiento arbóreo, la vegetación se hace más densa.Desde la latitud de Roma hacia el N, el paisaje cambia con gran rapidez. Las precipitaciones, cada vez más elevadas, hacen aparecer el haya, el roble, la encina de hoja caduca y el bosque mixto propio de las regiones centroeuropeas. El reborde meridional de los Alpes pertenece al dominio de las hayas y coníferas, Jo mismo que el tramo septentrional de los Apeninos, en tanto que la llanura del Po, en las partes en que la desforestación no ha hecho desaparecer el bosque es una zona de claro dominio del quercus en sus diferentes especies de hoja caediza.La climatología y la topografía condicionan los caracteres hidrográficos de la red fluvial. Tan sólo hay un río de verdadera importancia, el Po, que recorre la llanura a la que da nombre. Todos los demás cursos de agua son de corta longitud y escaso caudal. Sin embargo, se dan algunas excepciones dignas de mención. Al describir el relieve, se ha insistido en la peculiaridad de la estructura fragmentada en los Apeninos. En ocasiones, los ríos tienen sus cabeceras muy al interior de la montaña, e incluso más cerca de la costa contraria a la desembocadura. Otras veces, los ríos se adaptan a la estructura longitudinal de los arcos apeninos, aprovechando depresiones y fosas interiores. La red fluvial comprende tres categorías de ríos: los que surcan la llanura, los de la vertiente del Adriático, y las cuencas aisladas de algunos importantes de la costa occidental.El Po es el principal colector de la red fluvial italiana; es también el de mayor caudal y regularidad, como consecuencia de un régimen mixto nivo-pluvial que le permite mantener un caudal casi constante a lo largo del año con una variabilidad intermensual inferior al 10%. Los del Adriático son en su mayor parte ríos torrenciales, verdaderas rieras de régimen muy irregular y escaso caudal, pero con grandes avenidas ocasionales que originan catástrofes cuando se producen. Los únicos ríos de alguna importancia son: Metauro, Potenza, Tronto, Oyanto, Sangro, Biferno, etc., todos ellos en la I. central. Su acusada pendiente y las obras hidráulicas de regularización permiten su aprovechamiento para la producción de energía hidroeléctrica.Por el contrario, los ríos de la vertiente occidental tienen mayor importancia, por su caudal, longitud y regularidad, además de un gran valor económico como consecuencia de la utilización de sus aguas en regadíos. El Arno discurre por una amplia llanura, entre Florencia y Pisa, a través de una de las regiones de mayor riqueza del país. Más al S, el Tíber es el gran río de esta parte central de 1. Nace muy al N, en el mismo macizo montañoso en que lo hace el Arno. En el primer tramo de su curso, hasta las cercanías de Perugia, corre hundido en una depresión tectónica paralela a la dirección general de los Apeninos. Atraviesa Roma y sale al mar después de cruzar una zona pantanosa recientemente saneada. Todavía más al S, el Volturno es el último río importante de esta región occidental. Caracteres mixtos de los ríos del Adriático y de los occidentales tiene la red fluvial que desagua en el golfo de Tarento, entre los cuales cabe citar el Brádano, el Agni y el Crati, entre otros de menor importancia.I. abunda en zonas lacustres, lo cual en un país de características mediterráneas resulta un tanto particular. En la vertiente italiana de los Alpes se suceden lagos de origen glaciar: Mayor, Como, Iseo, Garda, etc. También en la parte central de la Península abundan los lagos, coincidiendo con fosas tectónicas o antiguos cráteres volcánicos: Trasimeno, Bolsena, Bracciano, Albano, Cantatermo, etc. Este tipo de lagos se encuentran en todos los macizos montañosos de la Península, incluso en las regiones más meridionales como Calabria, e incluso en Sicilia. En las llanuras litorales abundaron en otros tiempos las zonas pantanosas, auténticas marismas separadas del mar por cordones litorales. La baja densidad del poblamiento de las regiones costeras se explica por la insalubridad de las marismas. Sin embargo, a partir de 1930 se llevaron a cabo en toda I. gigantescas obras de saneamiento y transformación de las zonas pantanosas. Resto de aquellas lagunas litorales son las pequeñas albuferas que todavía se conservan en la llanura del Arno, en el Lacio, y a lo largo de la costa del Adriático, especialmente en el amplio entrante de la llanura del Po.Dada la configuración estructural y morfológica de l., las costas son muy rectilíneas y con muy pocos accidentes. Se dibujan entrantes y salientes de amplio radio de curvatura que no llegan a modificar esa impresión general de Península muy recortada. Únicamente al S las dos apófisis de Apulia y Calabria escapan a esta regla general. Las costas occidentales se abren a dos mares distintos, que no son sino pequeñas áreas muy definidas del Mediterráneo occidental. Al N, el mar de Liguria con el seno del golfo de Génova; al S, el mar Tirreno (v.) con una sucesión de arcos litorales de muy escaso significado en la configuración general del país.La parte septentrional del mar de Liguria o golfo de Génova se caracteriza por su costa escarpada; una auténtica costa brava en la que el tramo más occidental de los Apeninos llega hasta el mismo mar. La costa oriental de este mar a lo largo de Toscana se presenta por el contrario como una costa baja, de amplias llanuras abiertas al mar y entrantes apenas insinuados, como el golfo de Massa o el de Toscana. El mar Tirreno queda configurado por las costas de la propia Península al E; Sicilia al S; Córcega y Cerdeña al O; y el archipiélago Toscano al N. Aparte de las grandes islas (Sicilia y Cerdeña), destacan algunas de origen volcánico, como las de Lípari al N de Sicilia, y el archipiélago Toscano, del que forman parte las islas de Elba, Capraiá, Montecristo y Giglio. Islas litorales son las de Ponziane, Ischia, Capri, etc., que cierran por el S el golfo de Gaeta. Desde el archipiélago Toscano hasta Calabria se suceden los arcos o golfos, apenas insinuados, de Tarquinia, Fiumicino, Latina, Terracina, Gaeta, Salerno, Policastro, Santa Eufemia, etc. Cada uno de estos golfos apoya sus extremos en promontorios rocosos, auténticos tómbolos que dan idea de la evolución del litoral. A partir de Nápoles, los entrantes se hacen más acusados, y los promontorios dejan paso a cabos que se desprenden de la masa montañosa de los Apeninos.La costa del Adriático (v.) reviste los mismos caracteres, con la diferencia de que los entrantes del mar se acusan más que en la costa occidental; los salientes adquieren mayor relevancia y forman penínsulas. El golfo de Venecia es el límite septentrional del Adriático. La costa se encuentra aquí muy poco regularizada. Los continuos movimientos de acomodación isostática de las montañas Balcánicas de una parte; la adecuada subsidencia de la fosa del Po de otra, más los cambios de nivel general del Mediterráneo, han dado como resultado un litoral sometido a continuas modificaciones. La costa es tan baja, que es suficiente una situación pluviométrica anormal para que se produzcan inundaciones en todas las áreas del litoral. La laguna de Venecia o la denominada Valle de Cornaccio, amplia albufera litoral, son los ejemplos más claros de esta costa enormemente inestable, en la cual el delta del Po avanza varias decenas de metros por año. Más al S se abren los amplios golfos de Rímini y Pescara, separados por el cabo de Ancona, y sobre todo el cabo del monte Gargano, a cuyo abrigo queda el golfo de Manfredonia. Al S de la Península, el golfo de Tarento se abre entre las apófisis de Apulia y Calabria, que figurativamente se identifican con el "tacón" y la "puntera" de la "bota" italiana.2. Población. I. es uno de los países europeos que ha ostentado durante mucho tiempo las mayores tasas de crecimiento demográfico, como consecuencia de su elevada natalidad. Hacia 1800 contaba con una población de unos 18,3 millones de ha.; en 1900, esta población se elevaba a 32,8 millones; en 1950, estaba ya en 46,3 millones; y en 1970, ascendía a 54,6 millones. Por su población, es el cuarto país de Europa, después de la URSS, Alemania Occidental y Gran Bretaña. Entre 1950 y 1960, la tasa media de natalidad se mantuvo en torno al 19% aprox.; pero a partir de 1960, comenzó un profundo descenso en la misma hasta colocarse en el 16,5%, una de las tasas más bajas registradas en Europa occidental.La elevada tasa de natalidad ha sido una constante en la demografía italiana. Una vez conseguida la unidad nacional en el último tercio del s. xtx, 1. ha vivido bajo el fantasma de la presión demográfica. En ningún momento, a lo largo de los últimos 100 años, la densidad general de población ha sido inferior a los 90 hab/Kmz. Buena parte de la historia política italiana del s. xx tuvo como pretexto esa presión demográfica. Sin temor a errar, puede asegurarse que el problema demográfico italiano ha sido en los últimos 70 años una cuestión nacional. Ello ha traído como consecuencia grandes trasvases de población. En ningún país europeo, los movimientos de población han alcanzado la envergadura de los italianos. Entre 1820 y 1945, se calcula que emigraron 6 millones de italianos a los países americanos; de ellos, 4,5 millones a EE. UU. Entre 1850 y 1950, emigró el 12% del crecimiento vegetativo italiano. Esta corriente migratoria no fue continua, sino episódica y acelerada o retardada por las vicisitudes interiores de la historia del país. En 1960, 10 millones de italianos vivían fuera de las fronteras de su país: 2 millones en EE. UU.; otros 2 millones, en Brasil, lo mismo que en Argentina; 1 millón en Francia; y más de 1,5 millones, en Alemania. La formación de la CEE, en 1960, facilitó las transferencias de mano de obra entre los países de la Comunidad, y a partir de ese momento se inició una corriente emigratoria que ha trastocado profundamente los esquemas demográficos de la Península italiana. Tradicionalmente, se daba una emigración estacional hacia las regiones agrícolas de Francia y Suiza, pero la emigración en masa de los años sesenta nada tiene que ver con ella. El desarrollo económico de los países del Occidente europeo se ha realizado en gran parte con la aportación de enormes contingentes de población italiana, junto con otros del área mediterránea. La emigración transoceánica hacia América ha sido sustituida por la intraeuropea a los países miembros del Mercado Común.Dentro del país, la densidad de población es muy desigual. Las llanuras litorales, y sobre todo la del Po, destacan por la elevada concentración demográfica, mientras que las zonas montañosas, lo mismo en los Alpes que en los Apeninos, constituyen áreas de muy escasa densidad de población. Una gran parte de la población es urbana. El 75% reside en núcleos de más de 10.000 hab. Hasta 1960, la población italiana se caracterizaba por su juventud; el 65% de ésta se encontraba entre los 15 y 65 años, es decir, se trataba de población legalmente activa. Pero la disminución progresiva de la natalidad a partir de esa fecha, el descenso de la mortalidad, la disminución de los estratos demográficos correspondientes a las generaciones nacidas durante el periodo de guerra, y la emigración masiva hacen que el contingente de población activa tienda a envejecer.Todas las estadísticas que hacen referencia a la demografía italiana se reflejan con muy diferente intensidad según las regiones. En la mitad septentrional, y muy especialmente en las regiones de la llanura del Po y sus aledaños montañosos, el crecimiento natural es muy escaso, cuando no regresivo. En esta parte, con grandes áreas industriales y urbanas, la natalidad es muy baja, pues en ocasiones no pasa del 10%. En cambio, en el S, a partir de la región de Campania hasta Calabria y Sicilia, y la misma Cerdeña, el crecimiento natural supera siempre el 12%, como consecuencia de las elevadísimas tasas de natalidad, que frecuentemente superan el 22%. Estos caracteres demográficos definen, desde el punto de vista humano, dos grandes áreas geográficas, que ya antes se han insinuado por los rasgos físicos: el N y el S; la I. fabril e industrializada del N y la I. agrícola y deprimida del S.3. Economía. Dadas las condiciones climáticas y topográficas de I., la superficie agrícola cubre aprox. el 75% del territorio. De esta superficie, un 43% se dedica a cultivos anuales, y un 20% a cultivos permanentes, incluidas las praderas.La agricultura tradicional italiana ha sido de tipo mediterráneo: cereales de invierno del tipo trigo, frutales, vid, olivo y hortalizas en las zonas transformadas por el regadío.Pero a partir de la creación del Estado italiano en 1870, y de la transformación del país por una industrialización creciente, sobre todo en las regiones septentrionales, la agricultura ha debido adaptarse a las nuevas exigencias de un nivel de vida en constante alza. Los cultivos tradicionales han sufrido profundos cambios. Los cereales ocupan el 45% de la superficie cultivada con rendimientos muy altos, como consecuencia de la utilización de abonos y maquinaria. La vid y el olivo se distribuyen de forma regular por todo el país, pero plantean constantes conflictos. En el caso de la vid, no se ha llegado a una comercialización eficaz de los vinos, y en cuanto al aceite queda sometido a multitud de fluctuaciones, tanto más graves cuanto que es en las regiones meridionales, muy pobres, donde se cultiva con mayor intensidad.El valor económico de la agricultura italiana se debe a las innovaciones realizadas paralelamente al proceso de industrialización y de manera especial a cultivos como el arroz, los agrios, la remolacha azucarera, etc. La remolacha azucarera se cultiva intensamente en las bajas llanuras del Po, con rendimientos que pueden compararse a los más elevados de Europa occidental. El arroz se introdujo hacia los años veinte y, en algún momento, ha ocupado hasta el 50% de la superficie cultivada en las llanuras del Po, desde el Piamonte hasta Venecia. Ha servido también como cultivo pionero de las marismas desecadas, por el amplio plan de acciones públicas iniciado por aquellas mismas fechas. Los agrios ocupan extensiones cada vez mayores, especialmente en las regiones meridionales de Calabria y Sicilia, ante la gran demanda que de ellos existe en los países de la Comunidad Europea. Para satisfacer esa misma demanda se han desarrollado importantísimos cultivos de frutales de zona templada en las regiones del Piamonte y del Po medio. A todo esto cabe añadir también los cultivos de tabaco, aldogón, etc., que reflejan una creciente evolución agraria.La estructura agraria de 1. es la típica de los países mediterráneos, es decir, se trata de una estructura de campos abiertos, abundantes latifundios, cultivos en hojas y hábitat concentrado. Ya en los años anteriores a la 11 Guerra mundial se inició un proceso de transformación agraria, mediante la conquista de nuevas tierras por el saneamiento de las áreas pantanosas y semilacustres, pero sin modificar apenas la anterior estructura de la propiedad. En los años inmediatamente anteriores a la guerra, el 25% de la superficie cultivada lo era en explotaciones superiores a 100 Ha., y el 4% correspondía a propietarios con más de 1.000 Ha. En 1950 se inició una reforma agraria para el reparto de tierras que afectó en primer lugar a las regiones susceptibles de una respuesta más inmediata a las inversiones técnicas y financieras que debían realizarse: llanuras del Po, de Toscana, del Lacio, del Volturno, etc.; así, en 1970 el número de explotaciones superiores a 1.000 Ha. no representaba más que el 1,6% de las tierras de cultivo, mientras que las explotaciones de dimensiones medias, entre 10 y 50 Ha., suponían el 50% de toda la superficie cultivada.El minifundio, con sus escasas posibilidades de desarrollo, se ha visto forzado a cambiar su tradicional estructura familiar ante la presión demográfica originada por un nivel de vida creciente. La modificación se ha hecho de dos maneras; o bien por emigración y abandono de las tierras cultivadas, caso muy frecuente en el S, o por la creación de cooperativas y asociaciones de agricultores como en el N. Estas transformaciones se promovieron fundamentalmente para elevar el nivel de vida de la población rural. Pero aun así la población activa ocupada en la agricultura desciende sin cesar. En 1965 el sector primario, con 19.000 trabajadores, ocupaba el 26,1% de la población activa; en 1968, ese porcentaje se había reducido al 22,5%; y en 1970, al 20%. Algunas regiones, como el S, soportan un elevadísimo porcentaje de población agrícola activa, que en algunas zonas es superior al 70% del censo laboral. En cambio, en el N se da una auténtica carestía de mano de obra campesina. La agricultura italiana proporciona menos del 11% del producto nacional bruto al coste de los factores, cuando todavía en 1965 la participación agraria en el producto interior era del 13,5%. El desfase entre producción agraria y población activa ocupada en la agricultura es lo que determina la fuerte corriente emigratoria, desde las regiones del centro y S de la Península hacia el N y Europa.La cabaña nacional se compone principalmente, en cuanto a número de cabezas de ganado, de porcino (8,9 millones), bovino (8,7), ovino (7,9), etc. La pesca tampoco cubre las necesidades de consumo, por lo que se recurre a la importación.En 1970 la industria ocupaba el 42,5% de la población activa. En ese mismo año la industria aportaba el 40% del producto nacional bruto. Aunque existe diferencia entre los porcentajes de población industrial y de participación sectorial de la industria en el producto bruto, I. se ha convertido en los últimos 25 años en un gran país industrial.I. aparece siempre como un ejemplo de la voluntad creadora de los hombres y de su capacidad para organizarse socio-económicamente e imponerse al medio físico. Es un país que hasta el descubrimiento de yacimientos de gas y petróleo en el valle del Po y en Sicilia carecía de recursos energéticos. A todo esto se añade una ausencia casi total de materias primas, especialmente hierro. Por otra parte, la historia política italiana, cuya unidad no se consiguió hasta 1870 (v.), dificultó la formación de capitales capaces de impulsar el desarrollo industrial. Sin embargo, los progresos de la agricultura con la introducción de plantas revolucionarias, especialmente la remolacha en el valle del Po, y las remesas en moneda extranjera de los millones de italianos residentes en el extranjero hicieron el milagro del desarrollo industrial. Éste comenzó por las industrias alimenticias, textiles, químicas y de metalurgia para atender las necesidades de una agricultura en desarrollo. Luego evolucionó para satisfacer la demanda de un Estado en expansión política; y, por último, su integración en la CEE le ha reportado no pocos beneficios.La falta de fuentes energéticas ha sido sustituida por la utilización masiva de la hulla blanca, cuya potencia instalada es de 15 millones de Kw., con producción anual de 46.000 millones de Kwh., que representan el 60% de toda la producción eléctrica italiana. Este hecho ha sido quizá uno de los factores determinantes de la implantación industrial del N en detrimento de las regiones meridionales.Para abastecer su industria ha tenido que realizar un gran esfuerzo en sus relaciones comerciales con el exterior. Importa materias primas y energéticas y exporta productos manufacturados. La diferencia de coste entre éstos y aquéllas ha permitido presentar una balanza comercial favorable y elevar el nivel de vida. La renta anual per capita, en 1969, era de 760.506 liras (en 1971, 625 liras equivalían a 1 dólar). Las materias primas llegan preferentemente de los países europeos, mientras que los productos de exportación cubren todo el mundo, muy especialmente Europa y América. Los puertos de mayor actividad son Génova, Venecia, Nápoles, Livorno, Trieste, etc. La falta de materias primas y la elaboración de productos manufacturados han dado como resultado el desarrollo de una tecnología propia que hace de la industria italiana un competidor muy cualificado entre las naciones tradicionalmente industriales de Europa. Y no sólo esto, sino que se ha convertido además en exportadora de tecnología. Muchos países de Europa occidental, URSS, Extremo Oriente y América del Sur desarrollan proyectos de la organización tecnológica italiana. La introducción de esos productos industriales en aquellos países resulta relativamente fácil por la gran demanda que de ellos hacen las gentes de origen italiano o descendientes de italianos.Los orígenes de la industria italiana tuvieron un acentuado carácter artesanal. En los años de la anteguerra, el 35% de la población activa industrial trabajaba en empresas con menos de 10 obreros; en 1950 esta proporción descendió al 27%, y en 1970 a menos del 20%. A partir de 1950 se ha desarrollado un proceso de concentración industrial, gracias a las disponibilidades técnicas aportadas por el propio país y a la ayuda financiera del exterior. Todas las industrias básicas se han visto afectadas por este proceso de concentración como son: la siderurgia, la industria metalúrgica pesada, la industria eléctrica, la textil y las industrias extractivas y químicas, que en conjunto aportan el 90% de la renta industrial.Entre 1930 y 1940 se desarrollaron en Italia complejos industriales de integración vertical semejantes a los alemanes y estadounidenses. Después de la 11 Guerra mundial, algunas de estas firmas prosiguieron sus actividades. Entre ellos hay que citar el grupo Montecatini que reúne buena parte de las industrias minero-extractivas, químicas y de electricidad; el grupo FIAT especializado en toda clase de material rodante, organizaciones de transportes, seguros, etc. El grupo Pirelli-Michelin, que abarca la totalidad de la producción de neumáticos, cables eléctricos y toda clase de artículos de goma; el grupo de la Esnia Viscosa, que produce la mayor parte de las fibras artificiales, etc. El Estado ha favorecido este tipo de concentraciones, sobre todo a partir de la entrada de I. en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, a fin de crear condiciones óptimas de rentabilidad en un mercado sometido a fuertes competencias. No sólo esto sino que el propio Estado se ha convertido en gestor a través de entidades nacionales como el Ente Nazional Hidrocarburi y otros semejantes. La especial configuración geográfica del país y las distintas características socioeconómicas del mismo han obligado a la construcción de una red de vías de comunicación entre las que destacan las autopistas, que en 1971 alcanzaban 6.655 Km. de longitud. La red total de carreteras en 1969 era de 285.138 Km. De los 20.301 Km. de ferrocarril, 9.384 están electrificados (1970). La flota mercante, con 4.014 unidades, alcanza 7.139.577 t.r.b. (1970). Las vías de navegación interna suman 1.933 Km. (1969), de los que 849 corresponden a canales.A. HIGUERAS ARNAL M. MOLINA IBÁÑEZ.
BIBL.: G. GREIM, Geografía de Italia, Barcelona 1928; F. MiLONE, L’Italia nell’economia delle sue regioni, Roma 1958; P. GEORGE, Géographie de 1’Italie, París 1964; F. GAY y P. WAGRET, L’Économie de 1’Italie, París 1964; UNIONE ITALIANA DELLE CAMERE DI COMERCIO, INDUSTRIA E AGRICOLTURA, Esquisse de l’économie italienne, Roma 1959; CENTRO DE DOCUMENTACIÓN DE LA PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS DE LA REPÚBLICA ITALIANA, La Italia de hoy, Roma 1955; P. BIROT y J. DREscH, La Mediterranée et le Moyen-Orient, París 1953; OCDE, Italie, Études économiques, París (varios años); P. GEORGE, Une géographie économique de 1’Italie, aAnnales de Géographie" 439, mayo-junio 1971; G. KISH, L’Italie, aAnnales de Géographie" 443, enero-febrero 1972; G. BARBIERI y R. ALMAGIÁ, L’Italia, Turín 1971; D. GRIBANDI, Italia geoeconomica, Turín 1969.
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