Italia, Geografía Ii. GEOG.
Categoria:
Geografía
4. Regiones. 5. División político-administrativa.4. Regiones. Un país de tantos contrastes ha de ofrecer, lógicamente, una gran diversidad regional, como ya ha quedado patente al hablar del clima, del relieve y de la población. La división regional italiana nace de la propia configuración del territorio, de sus peculiaridades estructurales, morfológicas, climáticas y socioeconómicas, sin olvidar la tradición histórica, puesto que la llanura del Po, la Italia central y Sicilia, con el extremo meridional de la Península, han constituido tres unidades políticas con personalidad propia hasta hace poco más de 100 años.La Italia del Norte. Al estudiar el relieve italiano ha quedado configurada la llanura del Po entre los Alpes al N y al E, el tramo septentrional de los Apeninos al S, y el Adriático al E. De hecho, la llanura del Po no ocupa más que la mitad aproximadamente del lóbulo continental italiano, que comprende, además de la llanura, una parte de los Alpes y de los Apeninos. Las interdependencias entre la llanura y la montaña son tantas, que hablar del N italiano es hablar de la llanura del Po. Aquí se encuentran las grandes aglomeraciones urbanas, los centros de mayor actividad económica; la red más densa de comunicaciones, la agricultura más científica y próspera, y los centros culturales que mejor sintonizan con la ciencia y la cultura europeas. Un esquema simple permite distinguir tres conjuntos geográficos: los Alpes al N, los Apeninos al S, y la llanura entre ambos. Sin embargo, esta simplicidad de los rasgos topográficos se complica mucho cuando se atiende a otros criterios de diferenciación. Las regiones históricas, cuya vigencia política se ha mantenido hasta hace muy poco, se encuentran a caballo entre las unidades antes descritas. Así, la parte nordo,riental de esta región, con una superficie de 14.196 Km2, que comprende las regiones de Trentino-Alto Adigio (v.) y Friul-Venecia Julia (v.) fueron incorporadas a 1. a consecuencia de los cambios de fronteras subsiguientes a la 1 Guerra mundial. Por otra parte, Milán (v.) y el Piamonte (v.) tuvieron mucho que ver en la evolución política italiana, hasta su independencia, de manera que pesan más las unidades territoriales de signo político que las físicas. No obstante, y a fin de sintetizar con mayor claridad los rasgos geográficos de la 1. septentrional adoptaremos la división primeramente enunciada, es decir, las regiones alpinas, los Apeninos y la Depresión central.a) Las regiones alpinas. Los Alpes, a pesar de su ingente mejestuosidad, no han constituido nunca una barrera insalvable, ni para los pueblos procedentes del N que buscaban la suavidad del clima mediterráneo, ni para los del S, ansiosos de dominio territorial. A uno y otro lado de la cordillera viven pueblos que han sostenido entre sí profundas relaciones hasta llegar a convertir los Alpes en una encrucijada de razas, pueblos, costumbres y religiones. Esto explica la inestabilidad política de la región y el profundo sentido de ’independencia de estas gentes, acostumbradas a ver pasar los imperios pero sin decidirse nunca por ninguno. Ésta es la región de las comarcas irredentas, y de las comunidades multilingües, y, tal vez por eso mismo, de las unidades regionales más férreas de todo el país. Por encima de todas las peculiaridades físicas, los Alpes italianos son fundamentalmente una barrera permeable a todas las influencias y a todas las trasmisiones del pensamiento económico, social, político y religioso.Dentro de estos caracteres generales, cabe distinguir en los Alpes italianos tres grandes conjuntos regionales: el tramo alpino nororiental, o Alpes austro italianos; los Alpes lombardos, en el centro de la cordillera; y los Alpes piamonteses, al O.Los Alpes austroitalianos comprenden las regiones que hasta 1920 pertenecieron al Imperio austro-húngaro. Son el Alto Adigio, el Trentino, parte del Véneto (v.) y de Venecia Julia. El hecho geográfico más trascendental de esta zona alpina es la facilidad con que a través de ella se establecen las comunicaciones transalpinas. El valle del Adigio es una de las zonas intramontanas de mayor valor económico y geográfico. Se trata de una gran depresión transversal a la que abocan las zonas longitudinales impuestas por la estructura. La depresión se abre entre los Alpes réticos al O y los dolomíticos al E, con macizos que alcanzan fácilmente los 3.500 m.: Cevedale, 3.764 m.; Presanella, 3.556 m.; Tosa, 3.173 m.; Marmolada, 3.342 m.De S a N, las diferencias altitudinales, y el aislamiento cada vez mayor de las zonas interiores, marcan diferencias climáticas que establecen a su vez diferentes pisos de vegetación y utilización del suelo. Los valles longitudinales, que corren de E a O, forman auténticas unidades comarcales cuyo engarce común lo constituye el valle del Adigio. Así, este valle no solamente es un cauce a las comunicaciones transalpinas sino que se convierte en la médula de una amplísima red de valles que ensanchan la influencia comarcal del mismo.La mayor parte del valle se encuentra a una altitud inferior a los 300 m., lo cual supone un desnivel de más de 3.000 m. respecto de la línea de cumbres. Ello se traduce en un gran aislamiento respecto de las influencias marítimas, de manera que el clima se hace muy continental, especialmente por las bajas temperaturas del invierno y por la sequedad. La mayor parte del Adigio recibe menos de 800 mm. de lluvia anual e incluso menos de 500 mm., en la región entre Bolzano y Merano. En conjunto el valle goza de un clima mediterráneo de montaña. Así han podido desarrollarse amplísimos cultivos de frutales y de viñedos que constituyen los principales soportes de la economía agrícola de la región. A pesar de su situación en el interior de la cordillera alpina y de las bajas temperaturas invernales, la exposición meridional del valle y la protección que le proporcionan los macizos montañosos hacen que los frutos maduren pronto y puedan ser introducidos en Europa antes incluso que los de las regiones meridionales de I. La tradicional vía de comunicación del valle hacia Europa facilita todo este comercio cada vez más intenso y con preferencias comerciales pactadas por 1. ante la especial situación política de la región. El propio valle del Alto Adigio y el de Venosta al N, y los de Sole, Angana, Filnne, Lagarina, etc., al S, arman todo un complejo regional cuya densidad de población es superior a los 70 hab/Km2; llega a 150 hab/Km2 si se considera únicamente la población de los valles propiamente dichos. Grandes ciudades como Bolzano (106.009 hab.), Trento (91.017), Merano, etc., son los soportes de una intensa actividad económica cuya base principal es la agricultura. Sin embargo, se han desarrollado también otros tipos de actividades, como los deportes de invierno, el turismo de verano y la industria ligera que satisface la demanda de una población de paso superior cada año a los 3 millones de personas.Más al E del Alto Adigio y Trentino, las regiones de Friul-Venecia Julia se caracterizan por su mayor intensidad de poblamiento: 157 hab/Km2, pero la llanura ocupa aquí la mayor parte de las unidades administrativas, de manera que las zonas alpinas propiamente dichas se hallan casi despobladas. Faltan aquí las grandes depresiones transversales y los grandes ejes de comunicaciones. Solamente algunos ríos, como el Piave, dan lugar a valles donde se concentra la vida. Todos estos valles terminan bruscamente hacia el interior, al pie de murallón de los Alpes, cuya altitud no es muy grande, pues apenas rebasan los 2.600 m., pero los pásos son muy difíciles. El poblamiento se concentra en algunos núcleos de tamaño medio como: Belluno (34.709 hab.), Vittorio, Cortina, etc., que viven de la tradicional industria textil, más o menos modernizada, y de la afluencia turística.Los Alpes lombardos revisten algunos de los caracteres ya señalados en el Adigio. Pero el hecho geográfico más interesante lo constituyen, de una parte, la multitud de lagos de la región: Mayor, Como, etc., y, de otro, los grandes pasos transalpinos, obra de la moderna ingeniería, como son los de S. Bernardo-S. Gotardo. A diferencia de lo que sucede en el Adigio, la vida agrícola de los Alpes lombardos conserva muchos de sus rasgos tradicionales. Los únicos valles importantes en territorio italiano son la Valtellina y la Val de Osola. La primera constituye una de las pocas zonas de amplio desarrollo industrial, especialmente textil; la segunda, es un Adigio en miniatura. En ambos casos, las concentraciones demográficas son pequeñas: Sondrio, capital de la Valtellina, no tiene más que 23.000 hab.; Domodossola, en el valle de su nombre, no llega a aquella cifra.Los Alpes piamonteses gozan de una mayor actividad económica y de unos peculiares modos de vida en los que se entremezcla lo tradicional y lo moderno. Forman estas montañas el arco occidental de la cordillera alpina y en ellas cabe distinguir dos zonas claramente diferenciadas, el Valle de Aosta y los Alpes piamonteses propiamente dichos.El Valle de Aosta reproduce, una vez más, las grandes unidades regionales de las depresiones alpinas. Se trata de un valle dirigido de E a O, cuya capital es Aosta, con 36.324 hab. Grandes cimas como el Mont-Blanc, 4.810 m.; el monte Rosa, 4.633 m.; el Gran Paradiso, 4.061 m., etc., dan a esta región una configuración geográfica perfectamente delimitada. Es una zona de montaña donde la vida pastoril ha ido acompañada desde los tiempos más remotos de un gran trasiego de gentes. El Valle de Aosta es una de las vías tradicionales de paso entre la 1. del Po y la Francia del Ródano, circunstancia que se ha potenciado en los tiempos modernos por las obras de ingeniería realizadas para atravesar la montaña. Las gentes de Aosta nunca han permanecido encerradas en sus valles. En verano la población se dedicaba al pastoreo de los ganados, a la producción de hortalizas, tubérculos, etc. Pero durante el invierno la población masculina emigraba hacia Francia y la Baja l., en busca de trabajos serviles de la más diversa naturaleza. Esta circunstancia convirtió desde tiempos muy remotos al valle de Aosta en una región de encrucijada cultural, lingüística y técnica. Los hallazgos arqueológicos, abundantísimos en todo el valle, atestiguan esta circunstancia, lo mismo que el hecho de haber sido una de las regiones adelantadas en los movimientos políticos del liberalismo europeo.Desde el Valle de Aosta, hasta el mar, los Alpes piamonteses propiamente dichos no son otra cosa que un flanco de ladera más o menos abrupto y profundamente abarrancado por una red fluvial muy densa, que confluye en el punto donde se halla enclavada la ciudad de Turín (v.). Desde el Gran Paradiso hacia el S, la altitud se mantiene casi constantemente en torno a los 3.000 m. en los montes Levanna, 3.619 m.; Roccia Melone, 3.538 m.; Tabor, 3.188 m.; Chaberton, 3.130; Monviso, Pelbo de Elba, Santson, Tinibras, Argentera, Clapier, etc., todos ellos por encima de los 3.100 m. Es ésta una de las zonas de menor densidad de población; ni el relieve, ni el clima ha favorecido en modo alguno la formación de unidades comarcales.b) La llanura del Po es la segunda gran unidad regional de la 1. del N. En conjunto cubre una superficie de 40.000 Kmz, sobre los que vive una población de 19 millones de hab. con una densidad de 475 hab/Kmz, la más alta de l., sólo comparable a la de las regiones más industrializadas de Europa occidental. Es una llanura de colmatación formada a expensas de los materiales de relleno procedentes de la erosión alpina y, en menor grado, de los Apeninos. Se trata de una fosa de antepaís afectada por movimientos de subsidencia, perfectamente datados a partir del mioceno. El Adriático formó durante el Cuaternario un profundo entrante que se puede reconocer hoy por la discordancia existente entre los materiales miopliocenos, cuya potencia estimada es de unos 8.000 m., y los del Cuaternario marítimo. Pero la potencia del Cuaternario varía mucho de unos lugares a otros. En las regiones de más al interior, se cuentan hasta 800 m. de materiales Cuaternario, mientras que hacia el golfo de Venecia quedan reducidos a menos de 100. Varias fases de transgresión y regresión marítimas, todavía no muy claras en su intensidad y distribución, completan el cuadro de evolución morfológica de la zona.A medida que se avanza hacia el O, los caracteres estructurales y morfológicos de la llanura se hacen más complejos. La dirección general de los Apeninos estrangula poco a poco la llanura, de manera que entre Piacenza y Bérgamo la anchura se reduce a 150 Km. Al mismo tiempo, el relieve se hace mucho más movido, con zonas de colinas que preludian la región submontana del Piamonte, como son las colinas: de Tomellina, del Po, de Monferrato, etc.; manifestación externa de una tectónica de fondo muy activa hasta tiempos recientes. Si el tramo oriental de la llanura corresponde a una fosa de antepaís, toda la región piamontesa ha desarrollado los caracteres estructurales y morfológicos de las fosas de pospaís. La topografía se complica todavía más por la gran cantidad de materiales fluvioglaciares de las tres últimas glaciaciones, más o menos caóticamente distribuidas, que dificultan la formación de una red hidrográfica jerarquizada. El Po ha labrado un cauce que en algunos tramos corre profundamente encajado, y todos sus afluentes han tenido que adaptarse a ese nivel de base, dando valles muy encajados también. Pero hay multitud de excepciones a esta regla general. Aun cuando la mayor parte del Piamonte aparece cubierto de materiales detríticos, éstos enmascaran muchas veces fosas tectónicas de génesis reciente cuyo nivel de colmatación ha actuado como un nivel de base local, modificando la evolución morfogenética de las vertientes. Así, la depresión del río Tanaro corresponde a una de estas depresiones donde son muy frecuentes fenómenos de captura y evolución hidrográfica compleja, como consecuencia de la distinta potencia erosiva de los ríos.El carácter morfológico más destacable del tramo occidental de la llanura del Po es su disimetría actual. El río corre adosado a los Apeninos. La llanura, como tantas veces se ha repetido, no es más que una fosa colmatada por sedimentos terrígenos del Cuaternario. Dada la magnitud de la cordillera alpina y los procesos de erosión fluvioglaciar que en ella se han originado, es lógico que la colmación de la fosa se haya realizado a expensas de los materiales procedentes de los Alpes, al menos en los primeros estadios de su evolución geomorfológica: el Po habría corrido más próximo a las laderas apeninas que a los Alpes. Ahora bien, bajo las condiciones climáticas actuales, los aportes y el régimen torrencial de los ríos apeninos tienen una mayor influencia en la morfogénesis actual de la llanura sedimentaria que los ríos de la vertiente alpina, de manera que a partir de Piacenza el Po se aleja cada vez más del escarpe montañoso de los Apeninos para centrarse sobre la llanura de Ferrara. Todo ello plantea multitud de problemas de evolución geomorfológica de un valle fundamentalmente disimétrico, donde el curso del Po ha actuado como un nivel de base a efectos muy locales, hasta el punto de que son los depósitos fluvioglaciares los que modelan toda la red hidrográfica de la vertiente alpina. Los ríos Tesino, Sanbro, Adda, Oglio, Tartaro, Adigio, etc., tienden a adoptar una disposición paralela al cauce principal, del que únicamente los separan depósitos fluvioglaciares fácilmente erosionables. Algunos como el Adigio ni siquiera son afluentes del Po.Estas circunstancias han dado origen a una evolución morfológica distinta a uno y otro lado del río. En el piedemonte alpino, el relieve es muy complicado:. alineaciones de colinas labradas en los materiales fluvioglaciares, que forman orlas orientadas de E a O. Los ríos se abren paso a través de aquellos materiales con mayor o menor dificultad, dando valles muy encajados o niveles escalonados de terrazas, que nunca tienen una continuidad clara aguas arriba o aguas abajo del lugar donde se encuentran. El sistema de terrazos y los encajamientos se han formado a expensas de una superficie de erosión antigua situada a unos 80-100 m., por encima del cauce de los ríos.El relieve de la vertiente apenina es mucho más simple. En conjunto, la montaña se hunde por debajo de la llanura del Po en una suave flexión, de manera que la potencia de los materiales de relleno es mayor a medida que nos acercamos al río. La morfología de esta zona viene dada por la acción erosiva de los ríos de régimen torrencial que arrastran una gran cantidad de aluviones y los depositan al pie de la montaña en forma de amplios y suaves conos de deyección, que se unen unos con otros, para dar un piedemonte de colinas muy poco realzadas, sobre las que incide una superficie más o menos deformada de glacis.Desde el punto de vista climático, las variaciones regionales son muy grandes. Ya han quedado anteriormente expuestas las peculiaridades de la llanura del Po, caracterizada por su clima mediterráneo muy continentalizado. Las temperaturas medias de la llanura del Po descienden a medida que se avanza hacia el O; Venecia, en la costa del Adriático, registra 13,6°, mientras que Turín, en el extremo opuesto de la depresión, acusa 11,8°. El verano y el invierno son un par de grados más altos en Venecia que en Turín. Por ello la amplitud térmica anual es sensiblemente la misma en ambos casos: 22,1 en Venecia, y 22,3 en Turín. En realidad, es el aislamiento en que se encuentra la llanura respecto de las influencias occidentales lo que más contribuye a caracterizarla climáticamente. De S a N se acusa una mayor variabilidad climática. Bolonia tiene una temperatura media anual de 13,2, mientras que en Padua, algo más al N, baja hasta 12,8°, y en Milán a 12,5°.Las condiciones climáticas, como anteriormente las edáficas, no son suficientes para explicar totalmente las diferencias agrarias que se observan en la llanura y que son debidas también a hechos de índole socioeconómica. La llanura del Po, por sus caracteres climáticos, morfológicos e hidrológicos ya explicados, es un régimen de conquista reciente para la agricultura intensiva. Los grandes núcleos de población se suceden a lo largo de los piedemontes, tanto en los Alpes como de los Apeninos. Al N, una serie de ciudades, Udine (98.034 hab.), Vicenza (114.349), Verona (262.014), Brescia (209.659), Bérgamo (126.504.), Novara (100.795), Milán (1.713.539), Turín (1.190.688), etc., jalonan la zona de contacto entre la llanura y los Alpes; lo mismo que al S otra serie de ciudades, Alessandria (100.649), Piacenza (105.233), Parma (174.553), Regio (128.717), Módena (170.450), Bolonia (v.; 494.000), etc., jalonan el frente apenino. Cada una de estas ciudades, a uno y otro lado de la llanura,. ha organizado desde tiempos inmemoriales un pequeño entorno geográfico, casi siempre autosuficiente, en el que la montaña ha representado un papel fundamenal. Muy pocas de estas comarcas han destacado por su agricultura floreciente. Por el contrario, la ganadería lanar, el comercio de los productos de ella derivados y la ventajosa situación de estas ciudades en zonas de paso obligado, han constituido desde siempre su razón de ser. Bolonia, Parma, Venecia, etc., han sido gracias a ello centros de gran actividad cultural y artística.La llanura del Po es actualmente, ya se ha dicho, la zona de mayor riqueza agrícola de I., pero a costa de grandes inversiones técnicas y financieras. La conquista para la agricultura moderna data de 1870, cuando junto a la unidad política 1. inaugura una época de transformaciones socioeconómicas, que respecto de la agricultura constituyen una verdadera revolución, que no habría podido llevarse a cabo si al mismo tiempo no se hubiera fomentado el desarrollo industrial de la región. La llanura del Po produce el 41% del trigo italiano, el 80% del maíz, el 50% del arroz, el 70% de la remolacha azucarera, el 30% de las hortalizas, el 85% de la cosecha de pratenses, el 80% de las frutas, el 25% del vino, etc. El 65% del ganado bovino se cría en la región del Po, que produce el 95% de la mantequilla, el 80% de la leche, y el 75% de la carne que se consume en el país.Todo esto no hubiera podido realizarse sin una profunda transformación de las estructuras y de las técnicas agrarias. La llanura del Po no ha detentado nunca grandes explotaciones. Bien sea por la persistencia histórica de señoríos urbanos, que basaban su economía en el comercio, a porque la llanura fue desde antiguo objeto de la acción colonizadora de los monasterios, la estructura agraria se ha caracterizado siempre por el predominio de explotaciones de tipo medio, en régimen de arrendamiento o aparcería, aun cuando la propiedad dominical fuera grande. Con el advenimiento del Estado italiano, esas explotaciones pasaron a dominio de los propios cultivadores, iniciándose de este modo la revolución agrícola que ha dado los resultados antes indicados.La aplicación de modernas técnicas agrícolas comenzó con la transformación de secanos en regadío y la desecación de terrenos pantanosos. Hoy se riegan en el Po 2 millones de Ha. El regadío se practica desde tiempos inmemoriales en Lombardía (v.), sobre suelos morrénicos ricos en carbonato, pero la mayor parte del territorio permanecía inculto por las condiciones físicas de los suelos y sobre todo por las servidumbres de pastos en favor de los ganados trashumantes alpinos. Actualmente el 88% de la superficie agrícola corresponde a suelo cultivado; pero la intensidad de los cultivos y los sistemas agrícolas varían mucho de unas zonas a otras. La llanura del Po ha evolucionado hacia formas de agricultura especializada, sea para la producción de carne, de materias primas industriales, o frutas y hortalizas, de las que existe una gran demanda en las áreas urbanas de la zona. A pesar de esta tendencia a la especialización, es posible distinguir zonas donde priva todavía una agricultura en cierto modo tradicional, basada en el policultivo. Se trata de cultivos de frutales, viñedos y hortalizas, que se disponen escalonadamente por las zonas de piedemonte, lo mismo en la vertiente alpina, que en la de los Apeninos, aprovechando al máximo las posibilidades ecológicas de cada zona. El regadío tradicional, de pequeña extensión, sin gran aparato de ingeniería, pero muy eficaz, se encuentra en todas partes. Se utilizan para ello los pequeños ríos de montaña o las aguas subálveas.En estas zonas de regadío tradicional, el poblamiento suele ser disperso, en contraste con el tradicional de la llanura que es de grandes núcleos concentrados. Pero las zonas de agricultura más prósperas son las de colonización o mejora reciente: comarcas meridionales de Lombardía y del Piamonte, delta del Po, etc. Aquí se han creado grandes áreas de cultivo especializado, como praderas, arrozales, maíz, frutales, etc., gracias al regadío o mediante el saneamiento de los suelos, como en la costa del Adriático, donde la ordenación del delta padano permitió la conquista de 45.500 Ha. de nuevas tierras de cultivo.El enorme desarrollo agrario de la llanura del Po no hubiera sido posible sin un paralelo desarrollo industrial. El 80% del producto bruto industrial italiano procede de la llanura del Po, que por eso mismo contrasta con la situación del Sur. Todas las razones que se han dado para justificar la formación del complejo industrial del Po son satisfactorias solamente a medias. El hecho se explica tanto por motivos físicos como humanos y económicos. Únicamente la confluencia de hechos de naturaleza muy diversa, en una coyuntura histórica concreta, permite vislumbrar algunas de las motivaciones del fenómeno que nos ocupa.I. es un país con gran escasez de materias primas y de fuentes energéticas. Pero los Alpes proporcionan el 80% de la energía hidroeléctrica del país. Este es el primer hecho que puede explicar la industrialización de la llanura; otros son históricos, como la intensa vida urbana de la región, que ha conocido cuantiosos intercambios comerciales desde el s. xii por lo menos, y mantenido un ambiente y una mentalidad de curiosidad innovadora abiertos a todo progreso. Cuando a partir de 1870 se inicia el proceso de industrialización, la llanura del Po estaba en las mejores condiciones para ello. Eran regiones ricas, que acumulaban importantes capitales desde el s. xiv; existía una burguesía enriquecida, capaz de convertirse en el estamento gestor de la industrialización, y una red comercial y bancaria, que agilizaba las operaciones comerciales; completando el cuadro institucional, la región abundaba en un artesanado muy eficaz que sería la base de la mano de obra especializada. La proximidad a Europa, la inclusión de 1. en las organizaciones europeas, ya en los tiempos actuales, han sido factores de continuidad y potenciación, pero nunca factores decisorios de la industrialización de la llanura del Po.La última gran unidad de la 1. del N es el tramo septentrional de los Apeninos, que forma el límite meridional de la llanura del Po. A pesar de que los Apeninos no son una montaña de topografía majestuosa, su complejidad estructural es enorme. La simplicidad morfológica de los Apeninos septentrionales no se corresponde en modo alguno con la complejidad estructural. En general la litología está formada por materiales blandos, fácilmente erosionables, que pueden explicar, de una parte, la suavidad de las formas del relieve; de otra, son esos materiales blandos los que proporcionan la gran carga de aluviones que transportan los afluentes del Po. Sobre estos materiales de base se encuentran mantos de corrimiento de composición litológica muy variada, y todo ello roto en bloques, que se disponen escalonadamente hacia el mar ligur, o en pliegues falla que cabalgan sobre las líneas de cumbres. El proceso de evolución geológica es muy reciente, como se deduce del hecho de que en ocasiones queden restos de materiales plio-cuaternarios entre las estructuras falladas.El clima es diametralmente opuesto a uno y otro lado de la montaña. En la parte toscana, el clima mediterráneo se anuncia con toda su benignidad; en la llanura, en la región de Emilia-Romana (v.) y en el Piamonte, el clima es algo más duro y continentalizado. En cualquier caso, el Apenino septentrional no tiene, desde el punto de vista humano, personalidad propia, sino que es una pieza más de la complejidad regional de la llanura. Tradicionalmente, la ganadería lanar extensiva y trashumante, organizada, protegida y comercializada su producción desde los núcleos urbanos del piedemonte, ha sido la principal actividad de la región. Más tarde, los pequeños regadíos, creados con las aguas de los ríos semitorrenciales, han conservado la interdependencia entre ambas unidades regionales. Actualmente es una zona casi despoblada con una función residencial de temporada y alguna industria textil como restos de la antigua importancia fabril de la región.La Italia central. Por lo dicho hasta aquí, se ve claramente que la 1. del N y la del S son esencialmente distintas. Entre ambas, ocupando la mayor parte de la Península, se extiende la 1. central. A primera vista podría parecer que esta 1. es la transición entre aquellas dos grandes unidades. Pero nada más lejos de la realidad. La 1. central es una unidad regional con personalidad propia, que difiere tanto del N como del S. Lo más notable de la región central es su heterogeneidad y variedad comarcales. Toscana (v.), Umbría (v.), Abruzos (v.), Las Marcas, etc., no son únicamente regiones administrativas, sino también, y en primer término, regiones geográficas que no se confunden unas con otras.Así como el límite entre esta l. central y el N queda perfectamente definido por el tramo septentrional de los Apeninos, es muy difícil determinar dónde acaba el centro y dónde empieza el S. Desde luego el S no tiene unos límites claros. Hay que atender a criterios socioeconómicos de diferenciación, pero una línea trazada desde el golfo de Gaeta, en el Tirreno, hasta Ancona en el Adriático, siguiendo la dirección S-N, marcaría con bastante aproximación los límites entre el centro y el S.Si el Po es en 1. la llanura por antonomasia, el centro es la montaña. Aquí los Apeninos alcanzan fácilmente los 2.400 m. de altura, en forma de grandes macizos individualizados, desde cuyas cumbres se dominan fosas y depresiones que no pasan de los 600 m. de altitud. La sucesión de macizos, según la dirección general de la cordillera apenina, de una línea orográfica que separa dos conjuntos regionales: al E las regiones de Las Marcas, al O la Toscana, Umbría y el Lacio (v.). Estos dos conjuntos regionales son orográficamente distintos. El tramo marchiano de los Apeninos se acerca mucho a la costa del Adriático. El territorio de Marche no ocupa en realidad más que las laderas de los distintos bloques montañosos, que llegan casi hasta el mar, entre los cuales se abren paso multitud de pequeños ríos torrenciales que dan origen a pequeñas vegas de gran valor económico. Las grandes ciudades, Pésaro (83.542 hab.), Ancona (110.438), Fermo, etc., se encuentran en la costa a lo largo del único eje longitudinal de comunicaciones. Hacia el interior, las únicas vías de penetración son las transpeninsulares.La vertiente occidental de los Apeninos es completamente distinta. Aquí un grupo de ciudades: Pisa, Florencia, Perugia y la misma Roma organizan una intensísima vida regional. Cuando se habla de l., implícitamente se alude a estas regiones, en torno a las cuales se ha gestado la más antigua historia italiana. Estas regiones occidentales de la l. central se caracterizan por la intensidad del poblamiento. En ninguna parte, salvo en las montañas o en las llanuras insalubres, la densidad baja de los 200 hab/Kmz. No se trata de regiones fuertemente industrializadas, como en el N, que podrían explicar así las grandes densidades de población. Se trata más bien de regiones agrícolas, donde solamente en los últimos años han surgido industrias fabriles. Las actividades tradicionales se han basado en la agricultura extensiva y la ganadería lanar trashumante, sobre una estructura agraria de latifundio. La superficie agrícola cubre el 73% del territorio, en buena parte ocupado por cultivos típicamente mediterráneos. El 35% de la superficie cultivada se dedica a la producción de trigo, cuyos rendimientos medios (20 q/Ha.) están muy lejos de los que se obtienen en las tierras cerealistas del Po. El olivo, la vid y los frutales mediterráneos se encuentran ampliamente representados, sin llegar a constituir monocultivo.A pesar de las reformas agrarias, persisten todavía en el centro algunas formas de gran propiedad, junto a un minifundismo muy acusado. El 1/10 de la superficie cultivada lo es en forma de gran propiedad, mientras que el 60% es dominio de las pequeñas explotaciones. En las montañas, especialmente en Umbría, se da todavía la ganadería trashumante, cada vez más reducida ante las nuevas técnicas de la cría del ganado estabulado. El regadío ha transformado amplias regiones en el valle del Arno, en el alto Tíber y a lo largo de la costa del Adriático. Es aquí donde se han introducido cultivos de praderas que permiten el sostenimiento de una ganadería vacuna, cada vez más numerosa. La industria no alcanza la importancia que tiene en la llanura del Po, pero en las grandes ciudades de la costa existen complejos siderúrgicos de cierta importancia, industrias mecánicas, agrícolas, textiles, de precisión, calzado e industrias de bienes de consumo, en general en función de la proximidad de los grandes núcleos urbanos y de la atracción turística que ellos mismos ejercen.Roma (v.) es la ciudad indiscutible de la región. La historia de Roma explica muchas de las particularidades regionales de esta zona. De Roma hacia el N se percibe la fiebre industrializadora y los esfuerzos de una agricultura tradicional por modernizarse; de Roma hacia el S apenas cambia la estructura económica de base agrícola. Únicamente a partir de 1945 se inicia un proceso de recuperación socioeconómica del S irredento, a continuación se entra en la descripción de la tercera gran unidad italiana que es el S.El Mezzogiorno. La explicación de las disparidades regionales italianas es quizá uno de los hechos más interesantes de la geografía de 1. Todo lo que se ha dicho a propósito de las condiciones físicas y humanas de la 1. del N encuentra su reverso en el Mediodía italiano. Frente a las grandes densidades del N, el Mezzogiorno opone su poblamiento desigual, ganglionar, arracimado, con grandes vacíos demográficos contiguos a áreas superpobladas. Es como si el hombre hubiera hecho una selección del territorio antes de su ocupación y se hubiera mantenido en él durante milenios. A diferencia de lo que sucede en el N, existe aquí uniformidad en el paisaje rural o urbano. No hay tampoco una red urbana suficientemente jerarquizada e interconexionada. Todo son pepequeñas comarcas, más o menos prósperas, con un denominador común: la sequedad del ambiente, la roca aflorando por todas partes, el gran crecimiento demográfico, el peso de las tradiciones ancestrales en la utilización de las técnicas en las formas de organización comunitaria. El Mezzogiorno no es sólo una región, ni tampoco un término geográfico. El Mezzogiorno es un modo de vida, una actitud, una adhesión a determinados valores socioeconómicos y, en definitiva, la proyección material de una cultura de abigarrados contrastes e influencias.Es muy difícil decir dónde comienza el Mezzogiorno. Habitualmente se incluyen en él las cinco provincias meridionales: Abruzos y Molise, Campania (v.) Apulia (v.), Basilicata (v.) y ’Calabria (v.). En razón de las afinidades regionales suele incluirse también la mitad meridional del Lacio, es decir, las tierras situadas al S de Roma desde los montes Albanos hasta el golfo de Gaeta. En conjunto comprende 82.000 Kmz, casi 1/4 del territorio, pero solamente cuenta con 12,7 millones de hab.; que supone el 23% de la población italiana.De todos los aspectos geográficos, el que con mayor claridad refleja la personalidad del S, es el crecimiento demográfico. Desde Campania hasta Calabria, en ninguna parte la natalidad es inferior al 20%o, más del doble de la que se registra en las regiones industrializadas del Piamonte o Liguria (v.). El crecimiento natural ha sido sorprendente. Como término medio puede estimarse que la región crece a razón de 1,5% anual, lo cual sobre ser un crecimiento de suyo muy elevado lo es tanto más cuanto que se trata de una población predominantemente agrícola, salvo en las regiones litorales. La mayor parte de esta 1. del S es montañosa. En Basilicata y Calabria no existen prácticamente regiones llanas. A partir del Gran Sasso hacia el S, los Apeninos pierden rápidamente altura: 2.914 m. en el Gran Sasso, 2.795 m. en el monte Amaro, 2.247 en los montes de Metta, 2.050 en el monte Mileto, 1.930 en el macizo de Sila, y 1.955 en el Montalto del extremo calabrés.Las llanuras son discontinuas, pero muy amplias en ocasiones, como las que se abren a los golfos de Gaeta y Salerno en el Tirreno, y la Foggia-Ceriñola en el Adriático. La estructura de suyo complicada en los Apeninos se hace aquí mucho más compleja. El Mezzogiorno es en general una región abrupta, áspera y descarnada. Las tierras cultivadas ocupan aproximadamente el 80% del territorio, de cuya superficie casi la mitad corresponde a tierras de cultivos anuales. Los rendimientos son bajos: menos de 12 q/Ha. para el trigo, pero se han realizado grandes esfuerzos para salir de esta situación. En primer lugar, la reforma agraria de 1950 afectó fundamentalmente a las regiones meridionales del país. Los más vastos programas de redistribución de tierras se realizaron en el S. En Apulia y Calabria, 300.000 Ha. fueron expropiadas para la formación de pequeños patrimonios agrícolas. En 1960 se habían establecido 50.000 familias en los territorios redistribuidos. Pero esta redistribución no produjo, al menos a corto plazo, los efectos que se esperaban. Únicamente quedó fijada a la tierra la primera generación, y la emigración hacia las regiones industriales del N no sólo continuó sino que se acrecentó.En las zonas montañosas, la densidad de población es baja, y los modos de vida rurales muy tradicionales. No se practican otras formas de vida que las de pura subsistencia. Se trata de una economía, por tanto, muy rudimentaria, de carácter familiar, con explotaciones de 3 ó 4 Ha. muy parceladas, de acuerdo con las características topográficas. El ganado ovino ha sido desde siempre una de las actividades complementarias de la agricultura, o si se quiere la base de la agricultura, con trashumancia hacia las regiones costeras, lo cual ha desencadenado a su vez el fenómeno de la emigración hacia esas regiones.A medida que se sale de los macizos montañosos, en las regiones periféricas, con altitudes inferiores a los 500 m., la intensidad del poblamiento aumenta. Los valles de los ríos se ven jalonados por la sucesión de pequeños núcleos habitados que viven de una agricultura basada en cultivos arborescentes, olivo, frutales y vid, que ocupan grandes extensiones. Las llanuras litorales no han sido una gran atracción para el agricultor. La población se concentra en el interior, en la zona de . contacto con la montaña, a lo largo de una franja más o menos estrecha, que es también la de mayor antigüedad en su aprovechamiento agrícola. Es aquí, en esta zona de colinas y de llanuras limítrofes, donde se ha desarrollado la moderna agricultura intensiva de productos de exportación: frutas, hortalizas, tabaco, algodón, etc. Esto obliga a distinguir dos tipos de agricultura: de una parte, la agricultura tradicional, cerealista, con un complemento, en ocasiones decisivo, en la vid y el olivo; de otra, la agricultura moderna, con sus plantas industriales y cultivos de exportación.La agricultura tradicional ya sabemos en qué consiste. En las regiones más favorecidas se cultiva la vid y el olivo. La vid ocupa el 5% de todas las tierras cultivadas; el olivo más del 50%, y en algunas regiones se constituye en un monocultivo con más del 80% de la superficie cultivada. El viñedo se concentra sobre todo en la región de Apulia, a lo largo del litoral del Adriático. Desde la apófisis del monte Gargano hasta el extremo de la península de Salentina, con una anchura media de 40 Km., se extiende una de las regiones agrícolas más ricas del Mediterráneo. Con una temperatura media, en enero de 6,5° y de 25,7° en julio, y unas precipitaciones en torno a los 500 mm., muy bien repartidas a lo largo del año, pues en el trimestre de verano se reciben por término medio 100 mm. de lluvia, la Apulia goza de un clima mediterráneo privilegiado. A esto se añaden suelos de naturaleza calcárea, generalmente profundos, de tipo limoarcilloso, que constituyen un soporte ideal para cultivos arborescentes. 300.000 Ha. de viñedo producen el 15% del vino italiano. Es ésta quizá la única región italiana que ha conseguido una eficaz comercialización de sus vinos, cuyo renombre rebasa las fronteras del país.Mucho más intenso que el cultivo de la vid es el del olivo. 550.000 Ha. se dedican a este cultivo, donde se obtiene 1/3 de la producción oleícola italiana. Pero no es esto sólo, ya que la creciente demanda de frutas y hortalizas ha permitido el desarrollo de la horticultura. La renta por persona activa ocupada en la agricultura es comparable a la de las regiones de cultivo intensivo del N. Tiene en cambio la región en contra suya las fluctuaciones del mercado, el alejamiento de los centros de consumo y la estructura agraria un tanto inadecuada para la eficacia comercial de los cultivos, ya que la tradicional estructura latifundista ha dejado paso en muchas ocasiones a una estructura de explotaciones familiares que no rebasan las 4 ó 5 Ha. en las tierras mejor dotadas. Para contrarrestar esta situación se ha recurrido al cooperativismo. En todo el S existe un gran movimiento cooperativista que empieza a tener peso específico en los mercados y a organizar la producción de los cultivos más comercial izables como son las frutas.La agricultura moderna se centra sobre todo a lo largo de las costas de Calabria y Campania, desde Nápoles hasta el golfo de Tarento. Toda clase de frutos de zona templada y subtropical se dan en estas zonas. Hay que citar de manera especial los agrios, cuya producción en las mencionadas regiones supera las 400.000 t., y en todo el Mezzogiorno alcanza 2 millones de t. A todo ello hay que añadir cultivos nuevos como el algodón y el tabaco, que suponen un buen apoyo para los intentos de industrialización del S.La serie de problemas que tradicionalmente ha planteado el Mezzogiorno, y sobre todo su bajo ritmo de crecimiento en comparación con las regiones del N, crearon a partir de 1945 una conciencia nacional de ayuda al mismo, mediante la puesta en marcha de planes de desarrollo regional. Hasta entonces todos los intentos para el desarrollo de las regiones meridionales habían consistido en el apoyo a la agricultura y en la transformación de secanos en regadíos. Algunas entidades privadas como la SVIMEZ (Desarrollo del Mediodía) habían iniciado nada más terminar la guerra estudios encaminados a diagnosticar las posibilidades de desarrollo industrial de la región. Posteriormente, en 1950, se crea la Cassa per il Mezzogiorno, organismo paraestatal encargado de proporcionar los fondos necesarios para la industrialización. Hasta 1970 la Caja (Cassa) había invertido en el S 600 millones de dólares, a los cuales hay que añadir otros 1.800 millones de los organismos internacionales.Gracias a estas inversiones destinadas sobre todo a la creación de infraestructuras capaces de soportar el programado crecimiento industrial, el S está saliendo de su retraso de siglos. Entidades privadas y organismos oficiales acuden al S para establecer allí sus industrias, una vez que la infraestructura ha sido bien dotada. Así firmas como FIAT, Olivetti, Montecatini, etc., han realizado grandes inversiones. Organismos como el IRI (Inst. para la Reconstrucción Industrial) y el ENI (Ente Nacional de Hidrocarburos), han favorecido también la instalación de complejos industriales; la siderurgia de Tarento del grupo Italsider, con una capacidad de producción de 6 millones de t., es la mayor siderurgia del Mediterráneo. Nápoles, Salerno, Tarento, etc., han sido las regiones más favorecidas, de tal manera que junto a una economía agrícola tradicionalmente próspera se está desarrollando una creciente industria. A pesar de todo, la emigración continúa. Las nuevas industrias se montan de acuerdo con las últimas técnicas y precisan por eso mismo de mano de obra muy especializada. Como la región no está preparada para proporcionar el personal especializado, se produce eJ fenómeno fácilmente explicable de que las gentes del S emigran hacia el N, mientras el N envía sus técnicos a las industrias del S. Todo ello plantea problemas muy complejos e introduce variantes insospechadas en la programación del desarrollo regional del Mezzogiorno, cuyos resultados se vislumbran a largo plazo.Sicilia (v.) y Cerdeña (v.) constituyen las dos últimas grandes regiones de I. Su carácter insular les da buena parte de su personalidad geográfica. En ambos casos se trata de regiones tradicionalmente subdesarrolladas. Sicilia se considera siempre como parte del Mezzogiorno, con todos los problemas que hemos apuntado. La agricultura tradicional ha dejado paso a otra modernizada, donde los agrios representan el 80% de la economía, al mismo tiempo que en las grandes ciudades como Palermo (v.), Mesina, Catania, etc., se han instalado industrias promovidas por los planes de desarrollo del Mezzogiorno.5. División político-administrativa. I. se divide en regiones, cuyas provincias se indican entre paréntesis: Piamonte (v.; Alessandria, Asti, Cuneo, Novara, Turín y Vercelli), Valle de Aosta (Aosta), Liguria (v.; Génova, Imperia, La Spezia y Savona), Lombardía (v.; Bérgamo, Brescia, Como, Cremona, Mantua, Milán, Pavía, Sondrio y Varese), Trentino-Alto Adigio (v.; Bolzano y Trento), Véneto (v.; Belluno, Padua, Rovigo, Treviso, Venecia, Verona y Vicenza), Friul-Venecia Julia (v.; Gorizia, Pordenone, Trieste y Udine), Emilia-Romaña (v.; Bolonia, Ferrara, Forli, Módena, Parma, Piacenza, Rávena y Reggio), Toscana (v.; Arezzo, Florencia, Grosseto, Livorno, Luca, Massa, Pisa, Pistoia y Siena), Umbría (v.; Perugia y Terni), Las Marcas (Ancona, Ascoli Piceno, Macerata y Pésaro), Lacio (v.; Frosinone, Latina, Rieti, Roma y Viterbo), Abruzos y Molise (v.; Chieti, L’Aquila, Pescara, Teramo, Campobasso e Isernia), Campania (v.; Avellino, Benevento, Caserta, Nápoles y Salerno), Apulia (v.; Bar¡, Brindis¡, Foggia, Lecce y Taranto), Basilicata (v.; Matera y Potenza), Calabria (v.; Catanzaro, Cosenza y Reggio di Calabria), Sicilia (v.; Agrigento, Caltanissetta, Catania, Enna, Mesina, Palermo, Ragusa, Siracusa y Trápani) y Cerdeña (v.; Cagliari, Núoro y Sássari).A. HIGUERAS ARNAL M. MOLINA IBÁÑEZ.
BIBL.: G. GREIM, Geografía de Italia, Barcelona 1928; F. MiLONE, L’Italia nell’economia delle sue regioni, Roma 1958; P. GEORGE, Géographie de 1’Italie, París 1964; F. GAY y P. WAGRET, L’Économie de 1’Italie, París 1964; UNIONE ITALIANA DELLE CAMERE DI COMERCIO, INDUSTRIA E AGRICOLTURA, Esquisse de l’économie italienne, Roma 1959; CENTRO DE DOCUMENTACIÓN DE LA PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS DE LA REPÚBLICA ITALIANA, La Italia de hoy, Roma 1955; P. BIROT y J. DREscH, La Mediterranée et le Moyen-Orient, París 1953; OCDE, Italie, Études économiques, París (varios años); P. GEORGE, Une géographie économique de 1’Italie, aAnnales de Géographie" 439, mayo-junio 1971; G. KISH, L’Italie, aAnnales de Géographie" 443, enero-febrero 1972; G. BARBIERI y R. ALMAGIÁ, L’Italia, Turín 1971; D. GRIBANDI, Italia geoeconomica, Turín 1969.
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