Italia, Filosofia. FIL.
Categoria:
Filosofía
Orígenes. La unidad política de 1. se forja en el primer decenio de la segunda mitad del s. xlx (v. v, 8); la unidad moral-social y la cultural se remontan al s. x1 (v. iv, 4-5). En una consideración restrictivamente geográfica, I. hunde sus raíces en los surcos y en los cultivos intelectuales de Grecia. "La "filosofía italiana", como especulación original y distintiva en el pensamiento filosófico europeo, ha sido tema de discusión entre los historiadores italianos de la Filosofía, resuelta negativamente en su rigor técnico, aunque son muchos los que aprecian en el discurso filosófico de los pensadores italianos unas constantes y unos caracteres que consienten hablar con justeza de una filosofía italiana. Disienten entre ellos a la hora de convenir en estos caracteres distintivos.Las motivaciones para aceptar o rechazar la existencia histórica de una filosofía italiana no son estrictamente filosóficas, sino que reciben su inspiración o su base en razones de índole cultural, política, religiosa o ideológica, análogamente a como aconteció en España a finales del s. xix con la polémica suscitada por Menéndez Pelayo (v.) sobre la existencia o posibilidad de una "filosofía española" (cfr. J. Iriarte, Menéndez Pelayo y la filosofía española, Madrid 1947). Por lo que atañe a l., la discusión se entabló entre Croce (v.), en este punto de acuerdo con Gentile (v.), y los filósofos espiritualistas del Risorgimento, muy en particular por influjo de Gioberti (v.), que en el Monito a la Introduzione allo studi della fila sof la propugna un retorno a las fuentes, "alla viva f iamma dell’antico ingegno italiano", tesis matizada después por Carabellese (1877-1940).Sobre el comienzo temporal de la filosofía italiana, la controversia ha sido también frecuente. Desde la exasperación intelectual en favor de la geografía, retrotrayendo el origen histórico de la filosofía italiana a la "Escuela itálica", celebrando como padres de la italianidad filosófica a Pitágoras (v.) o a Parménides (v.), hasta la que acerca la nacionalidad italiana de la filosofía a la versión neohegeliana del idealismo (v.), descartando irrazonablemente a la filosofía escolástica, las opiniones son múltiples y muy diversas. Cada crítico italiano interpreta la posible italianidad de la filosofía nacida en suelo italiano desde los presupuestos dogmáticos o escépticos de su sistema doctrinal, aceptando como fuente y gérmenes aquellos que desembocan en la formulación del sistema o dirección personal del crítico. Esta deformación, a la que no supo sustraerse Aristóteles en su "historia" de los presocráticos, resulta, por lo demás, muy difícil de evitar en todas las latitudes. Gentile, Spaventa (1817-1883), Carabellese, Francesco de Sarlo o Paci (1854-1937), y Sciacca (v.), Baccari, Lorenzo Giusso o Eugenio Garin, por citar a los más conocidos, encuentran en los filósofos italianos que les precedieron las notas distintivas que consienten la integración en una concepción de la filosofía, establecida según unas coordenadas que trascienden la historia. Este condicionamiento, que no es en todos meramente subjetivo, impide la reconstrucción unitaria de una filosofía que pueda merecer el determinativo gentilicio de italiana, y lo único que permite es establecer unas determinaciones preferentes en la selección de los filósofos italianos elegidos como característicos o congeniales.Como advierte con acierto M. F. Sciacca (Estudios sobre filosofía moderna, o. c. en bibl., 305), la infravaloración de la Escolástica (v.), filosofía que puede decirse brota con un italiano, San Anselmo (v.) de Aosta (ca. 1033-1109), también llamado de Canterbury, y el menosprecio de los llamados por Gentile "residuos exánimes", o "residuos tradicionales" por Spaventa, falsea cualquier intento críticamente serio de comprensión histórica. Lorenzo Giusso, que ha estudiado el tema con penetrante agudeza y cultísima erudición, prescinde también de la Escolástica, al enfrentarse con las prospectivas de la filosofía italiana, pero lo hace en atención al carácter universal, por esencia, de la filosofía escolástica, y otorga la primogenitura de la "filosofía italiana" a Marsilio Ficino (143399) por su intento restaurador de la "solemne sabiduría platónica", y por ser el inspirador de esa teoría de sabios y profetas que figura en las stanze de Rafael, símbolo procesional del espíritu italiano (o. c. en bibl., 5).Escolástica, Renacimiento y Humanismo. Reduciendo la expresión "filosofía italiana" a Filosofía "en Italia", se advierte que Escolástica (v.), Renacimiento (v.) y Humanismo (v.) han tenido en I. su nacimiento. La fertilidad italiana en estas tres dimensiones del pensamiento permite a los historiadores italianos de la Filosofía vislumbrar una clave interpretativa. Para Sciacca los tres aspectos apuntan a una valoración del cristianismo y a la trascendencia (v.), como ingrediente esencial del discurso filosófico italiano, mientras que para Gentile y Croce los elementos católicos, cristianos o "trascendentes" de la filosofía en I. anteriores al s. XIX son elementos de disolución, pero en forma alguna en suspensión o integración. Siacca parece que ha encontrado la fórmula integradora, sin caer en el eclecticismo, al admitir, con Paci, que el desarrollo dialéctico de la filosofía italiana acoge las exigencias de la inmanencia (v.), siempre que estas exigencias no sean interpretadas como inmanentismo.La filosofía europea no puede ni escribirse ni concebirse sin la presencia de los pensadores italianos del Renacimiento, sin los grandes filósofos italianos de la Escolástica, y sin los humanistas; son patrimonio universal. La discusión comienza cuando se pretende columbrar en sus doctrinas o actitudes filosóficas la nota de italianidad que reclaman los ideólogos del Risorgimento. Lo que sí cabe afirmar, con Sciacca (La Philosophie italienne contemporaine, o. c. en bibl., 13), es que 1. puede ser considerada como una entre el pequeño número de naciones "filosóficas" del mundo, dotada de mentalidad filosófica en sus gentes, y no sólo entre los que pudiéramos llamar profesionales de la filosofía. Un estudio detenido y en cala de profundidad en los filósofos italianos permite sospechar que la originalidad no reside tanto en la creación de sistemas, cuanto en la originalidad y personalidad de su interpretación y desarrollo. El ontologismo italiano se distingue del francés, el actualismo de Gentile no es subsumible en el idealismo hegeliano, él espiritualismo italiano no es identificable con el de Francia, el neoescolasticismo italiano ofrece rasgos de doctrina y estilo que no se encuentran en el de Lovaina, y el marxismo de Antonio Gramsci (1891-1937) presenta saltos cualitativos respecto de la ortodoxia de Marx-Engels, debido a la influencia de Gentile y sobre todo de Croce.Una italianidad exigida por la concreta "humanidad" de cada filósofo y de la situación es proclamada implícitamente por Abbagnano (n. 1901), en el prólogo a su Historia de la Filosofía, aunque el presupuesto de su afirmación arranque del existencialismo.El desarrollo y fertilidad de la filosofía en I. pueden ser calificados de asombrosos, confirmando la tesis de la congenialidad del espíritu italiano para la especulación filosófica.En cuanto a nombres de filósofos italianos, la lista sería interminable; no puede dejarse de mencionar al menos uno: S. Tomás de Aquino (v.).Panorama en el s. XX. En la actualidad el fenómeno de la filosofía italiana es el de una "defensa activa" del pensamiento católico frente a la invasión inmanentista, decreciente. El actualismo gentiliano, a diferencia del idealismo de Hegel, ha engendrado en su seno las virtualidades filosóficas de la trascendencia, dando nombre y agrupando, sin confusión de autores, al espiritualismo cristiano y a un personalismo de matices bien diferenciados respecto del de Mounier (v.). Aunque el influjo de Blondel (v.) se advierte en esta corriente italiana, la personalidad de sus autores italianiza el proceso evolutivo, si cupiera hablar así. En esta dirección, típicamente italiana, es imprescindible la cita nominal de Armando Carlini (1878-1959), Augusto Guzzo (n. 1894), M. F. Sciacca (v.), Felice Battaglia (n. 1902), Vicenzo La Via (n. 1895) y Luigi Stefanini (1891-1956), a los que se pueden añadir otros nombres, como el de Cornelio Fabro (n. 1911). En todos ellos la resonancia de la tradición italiana es evidente, no sólo por las tesis y su encarnación histórica, sino también por el estilo y por la circularidad dialéctica de su pensamiento. Aunque en la floración exuberante de la filosofía italiana no hay dirección, escuela o sistema europeos que no tengan algún representante, es obligado dejar constancia del escaso relieve del positivismo y del pragmatismo y, en general, de toda suerte de antiintelectualismo. Ugo Spirito (n. 1896), que ha dedicado al pragmatismo uno de sus primeros libros, reconoce en el prólogo que en 1. existe un prejuicio apriorístico para su desestimación (o. c. en bibl. 9).Centros de irradiación de la filosofía italiana pueden ser considerados los "Congresos Nacionales de Filosofía", las numerosas Revistas de Filosofía -Giornale di Metafísica (Génova), Teoresi (Catania), Sophia (ed. Padua), Rivista di Filosofía Neoscolastica (Milán), Filosofía (Turín), Sapienza (Nápoles), Rivista Rosminiana (StresaDomodossola), Giornale critico della Filosofía italiana (Roma) y diez más-, el Archivio di Filosofía (órgano del "Istituto di Studi Filosofici" de Roma), y el Centro de Estudios Filosóficos de Gallarate. La rey. "Filosofía" de Turín publica, bajo el rótulo "Filosofi d’oggi", monografías de los filósofos italianos actuales, con bibliografía completa. La Enciclopedia Filosofica, del Centro de Gallarate (6 vol., 2 ed. 1968-69) es quizá la más valiosa del mundo filosófico y al mismo tiempo claro exponente de la filosofía en I., por el relieve que presta a las voces y a la .bibliografía italianas.V. t.: ESCOLÁSTICA; ONTOLOGISMO; ACTUALISMO; IDEALISMO; ESPIRITUALISMO 11; NEOESCOLÁSTICOS; NEOTOMISMO.A. MUÑOZ ALONSO.
BIBL.: M. F. SCIACCA, 11 secolo XX, 2 vol., Milán 1947 (con amplia bibl.), concebida para servir de introducción a la Storia della filosofía italiana, proyectada en 23 vol.; este empeño, interrumpido por vicisitudes de la edit. Bocca, ha sido salvado en parte con la ed. nacional de los Classici del Pensiero italiano ed. Centro Int. di Studi Umanistici, y por la colección 1 pensatori italiani, ed. Istituto di Studi filosofici, dirigidas ambas en Roma por E. Castelli.
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