Interés ECON.
Categoria:
Economía
El i. es un complejo fenómeno económico, engarzado en la teoría del capital. Puede contemplarse desde dos puntos de vista: real y monetario. Desde el primero de ellos, el i. se puede definir como el rendimiento de los bienes de capital (medidos en unidades monetarias, para homogeneizarlos). Como fenómeno monetario, el i. es el precio o alquiler por los servicios del dinero. No es correcto definirlo como el precio del dinero, sino, en todo caso, como el precio del crédito o de los préstamos. Estrictamente hablando, el i. no tiene la forma de un precio como los demás, aunque se origine en un mercado, como fruto de una oferta y una demanda, porque es un número (no una cantidad de dinero o de unidades de cuenta) que relaciona el rendimiento de un capital con la cuantía de éste, por unidades de tiempo, expresándose en tanto por ciento, por mil o por uno, para un año, un mes, etc. (o para un instante de tiempo: i. continuo).Si llamamos i al tipo o tasa de i. (en tanto por uno anual), un préstamo de una unidad monetaria hoy equivale a 0+i) unidades monetarias dentro de un año. Por tanto, el tipo de i. nos permite comparar cantidades que están situadas en distintos momentos de tiempo, bien mediante el cálculo del valor futuro de un capital actual (capitalización) o del valor actual de un capital futuro (descuento). Uno y otro pueden llevarse a cabo a interés simple (cuando el capital computado a efectos del cálculo del i. en periodos futuros no incluye los i. de periodos anteriores) o a interés compuesto (en caso contrario). Bajo este último supuesto, el. valor en el periodo n de un capital Co prestado en el momento 0 será:C? = Co(1 + i )",y el valor actual de un capital C? a percibir dentro de n periodos será:Co= C?(1 + i)-?.El interés como fenómeno real. El capital (v.), entendido en el sentido clásico (conjunto de bienes producidos, retirados del consumo para facilitar la producción de otros bienes), tiene un rendimiento que le es propio y que los clásicos atribuían al hecho de que hacía más indirecto, más largo, el proceso productivo, con un consiguiente aumento en el producto obtenido. La productividad del capital resulta ser decreciente (v. RENDIMIENTO, LEYES DEL) cuando se usan cantidades crecientes del mismo; no obstante, el avance tecnológico lo sustrae a esa limitación. Para algunos autores (Roscher), este rendimiento es la justificación del i.; como se verá más adelante, esto supone limitarse a uno de los dos aspectos del i. como precio.Para otros autores (Bóhm-Bawerk), el i. es el fruto de la abstinencia o espera de los consumidores, que posponen su consumo presente a cambio de un consumo futuro mayor, siendo el i. dicha diferencia. Frente a esta visión, también parcial, ya Senior hizo notar que el i. no depende sólo de la productividad del capital o de la abstinencia, sino de ambos factores a la vez; en definitiva, de la oferta y la demanda de fondos prestables, que los autores clásicos identificaron, respectivamente, con el ahorro y la inversión.La demanda para inversión dependerá, fundamentalmente, del rendimiento que se espere obtener de la misma (la eficacia marginal del capital, en terminología keynesiana). En dicho rendimiento influyen, principalmente, el volumen de capital empleado (habida cuenta del carácter decreciente de sus rendimientos), los avances tecnológicos, la distribución en el tiempo de los rendimientos esperados, la dotación de otros factores, la demanda de productos (V. DEMANDA, TEORÍA DE LA), etc.La oferta de ahorro depende, para los autores clásicos, del tipo de i., considerando que la renuncia al consumo presente debe ser compensada por un mayor consumo futuro (debido a la ley de la subestimación de las necesidades futuras o de la preferencia por el tiempo). Más recientemente, se ha considerado que el tipo de i. apenas ejerce influencia alguna sobre el ahorro; éste depende, fundamentalmente, de la renta (v. CONSUMO).A la demanda de fondos prestables para inversión por las empresas hay que añadir la de los consumidores: éstos pueden preferir un mayor consumo presente, incurriendo en deudas (desahorro) a cambio de la obligación de devolver una suma mayor en el futuro (ventas a plazo, tarjetas de crédito, etc., para bienes de consumo duradero, para vivienda, para especulación, etc.).En conjunto, de la oferta y demanda de fondos prestables resulta la determinación del tipo de i. Un aumento del ahorro o una reducción de la inversión lo harán descender; si se eleva la inversión o se reduce el ahorro ocurrirá lo contrario. El equilibrio a corto plazo exige la igualación de ahorro e inversión; el equilibrio a largo plazo exige, además, que ninguna otra fuerza tienda a modificar el tipo de i. y, como sea que mientras haya inversión el volumen de capital se modificará y, con él, su rendimiento, el equilibrio a largo plazo exige que la inversión neta sea nula (estado estacionario), es decir, que el tipo de i. sea tan bajo que no fomente ahorro alguno. Obviamente, en una economía dinámica este caso carece en absoluto de interés.Del análisis anterior se deduce que el i. cumple diversas funciones: 1) Fomentar el ahorro, premiando la abstinencia o la espera (aunque esta conclusión clásica debe someterse a crítica si el ahorro no depende sustancialmente del tipo de i.). 2) Racionar el consumo entre el presente y el futuro, igualando sus utilidades marginales, ya que un tipo de i. más alto penaliza el consumo presente y favorece el futuro (aunque con la misma observación hecha a la función anterior). 3) Racionar la oferta escasa de fondos procedentes del ahorro. Si se supone que los distintos proyectos de inversión están ordenados de acuerdo con sus rendimientos, se irán acometiendo los que presentan expectativas de mayor rentabilidad; el tipo de i. será tal que desanimará la demanda de inversión en nuevos proyectos de menor rendimiento, una vez que el conjunto de fondos disponibles para ella se haya distribuido ya. Si llamamos V al valor actual de los bienes de capital que se desean adquirir, habrá un tipo de rendiiniento r tal que iguale el coste de dicho equipo a sus rendimientos anuales descontados (que suponemos iguales a B,, B2, ..., en los años 1, 2, ...):Bi B2 Ba (1+i) (1+i)2 (1+i)3Se puede decir, pues, que el rendimiento de la inversión es de un r por uno anual. Si el tipo de i., i, es el coste de los fondos para dicha inversión, ésta se emprenderá siempre quer>i.Por tanto, el tipo de i. de mercado permitirá seleccionar los proyectos de inversión que se acometan, de acuerdo con el volumen de fondos disponibles y con la deseabilidad de dichos proyectos. Esta función es tan importante que incluso en las economías de dirección central ha sido necesario introducir de alguna manera el tipo de i. para la selección de las inversiones. 4) Si el volumen de fondos prestables aumenta, el tipo de i. se reducirá, alentando la inversión.Si adoptamos un concepto amplio de capital (Fisher, Knight, Friedman), que incluya todos los bienes (identificando, en este caso, capital con riqueza), cada uno de ellos tendrá un tipo de i. o rendimiento. En efecto, si llamamos Y a la renta derivada de un bien (el flujo de servicios que produce) y W al valor de dicho bien (el stock del mismo), el tipo de i. relacionará una y otra:Yi= - wHabrá, pues, infinitas tasas de i. (una para cada activo), aunque en equilibrio tenderán a coincidir. Se deducen de esto tres nuevas funciones de los tipos de i.: 5) Relacionar flujos de servicios con stocks de bienes. Como se deduce de la fórmula anterior, la relación de un flujo (Y) a su stock consiguiente (W) es el rendimiento unitario de éste, su i. Un aumento del flujo de servicios derivado de un bien, una reducción de la cuantía de éste (permaneciendo constante el flujo de servicios) o una baja de su precio, elevan su i. De esto último se deduce también que un alza en el precio de un activo (p. ej., de un valor cotizado en Bolsa), fruto de su mayor demanda o menor oferta, reduce su i.; lo contrario ocurre cuando baja su precio. 6) Determinar la distribución de la riqueza de un sujeto entre sus diversos componentes. En efecto: si uno de éstos rinde un i. mayor que otro, la demanda de aquél se elevará y se reducirá la de éste; ello modificará sus precios y, como hemos visto, se elevará la rentabilidad de éste y se reducirá la de aquél, hasta conseguir que la distribución deseada de la riqueza coincida con la existente (habida cuenta de los rendimientos de los diversos bienes), logrando también que la oferta de cada activo sea igual a su demanda. 7) La preferencia por la compra (venta) o alquiler de un bien depende también del i., ya que éste es el rendimiento (i) de su valor (W), resultante de su renta (Y).El interés como fenómeno monetario. Aunque ya K. Wicksell (v.) había hecho notar el carácter monetario del i., distinguiendo entre i. natural y de mercado, la exposición moderna de la teoría se debe a l. M. Keynes (v.). Éste sostuvo que el ahorro y la inversión se forman en dos mercados distintos: el primero, en el de los consumidores (que, además, son insensibles al i.) y la segunda en el de los empresarios. Por tanto, el i. no podía ser el precio que equilibrase ambos mercados, ni el ahorro un acto previo e imprescindible para la inversión. Como alternativa, Keynes sostuvo que el i. se forma como resultado del enfrentamiento de la oferta y la demanda de dinero (o, más estrictamente, por la comparación de la oferta no absorbida por la demanda para motivos transacción y precaución, con la demanda por motivo especulación). El i. era, pues, un fenómeno estrictamente monetario, independiente del ahorro, que influía en la inversión pero que no se veía afectado por ella, aunque en sendos artículos de 1937 se retractó de esta última proposición.La tesis extrema de Keynes, como la anterior de los clásicos, no resultó válida. El i. es un fenómeno real y monetario a la vez, que se establece de forma interrelacionada en el mercado de capital real y en el de dinero. Esto se puede interpretar suponiendo que la oferta de fondos prestables incluye el ahorro y los incrementos de la oferta monetaria, en tanto que la demanda de los mismos resulta de la adición de los aumentos de la demanda de dinero a la inversión (y al desahorro). La comparación de ambas sumas da lugar al tipo de i. de equilibrio.Sin embargo, ha ganado muchos más adeptos la explicación y presentación que inició l. R. Hicks y que divulgó A. H. Hansen (o. c. en bibl.). En el mercado real, la comparación de ahorro e inversión da lugar a una serie de pares de valores de renta y tipo de i., cada uno de los cuales permite la igualación de ahorro e inversión (es decir, de la oferta y demanda de fondos prestables para capital real). En el mercado monetario, la oferta de dinero se enfrenta con su demanda (toda ella, no sólo una parte, como sostuvo Keynes), dando lugar a otro juego de pares de valores de i. y renta que aseguran el equilibrio en el mercado de dinero. Sólo un valor de la renta y del tipo de i. permite, simultáneamente, el equilibrio de los mercados real y monetario, fijándose el tipo de i. como resultado de ambos (así como la renta, lo cual ayuda a poner de manifiesto la conexión de la variable que nos ocupa con el conjunto de la economía).Más recientemente ha tenido lugar una viva polémica sobre si el tipo de i. equilibra el mercado de valores (por su conexión con el precio de los mismos) o el de dinero; si se explica como ajuste en un mercado de stocks (cantidad total ofrecida, de dinero o de bonos, frente a cantidades totales demandadas) o de flujos (nuevas emisiones de bonos frente a nueva demanda de los mismos, cte.). En esta polémica flujos-stocks o teoría de los fondos prestables frente a teoría de la preferencia por la liquidez, se suele prescindir de los demás activos, como si ellos no tuviesen también un rendimiento o i. La discusión puede tener utilidad para decidir sobre la forma más idónea de explicar el i., o sobre la que permite llegar a más conclusiones nuevas, etc., pero en el fondo ambos enfoques son idénticos (por lo menos en un contexto estático).Hasta .Ihora, tanto en términos reales como monetarios, hemos supuesto que nos movíamos en un mundo en que el conocimiento es perfecto. En la práctica, la incertidumbre hace que el demandante de fondos exija una productividad mayor a su inversión, para emprenderla, y que el oferente exija una remuneración más alta por su abstinencia, con objeto de "asegurarse" contra dicha incertidumbre. En resumen, en un mundo incierto el tipo de i. será mayor que en otro cierto, incluyendo, pues, una prima de seguro.Hay otros motivos para que existan distintos tipos de i. además del de la incertidumbre. Para prestar a largo plazo, p. ej., se pedirá un i. más alto que para hacerlo a corto plazo, porque la "espera" se prolongará mucho más tiempo (y también porque el mayor plazo aumenta el riesgo). También influirán los gastos del préstamo, la pérdida de liquidez durante el periodo, etc. Por todo ello, la "estructura" de tipos de i. será muy amplia, atendiendo al rendimiento del activo de que se trate, a su riesgo, a su liquidez, a sus costes de mantenimiento, almacenamiento y trasmisión, a la duración del préstamo, etc.Hay un último factor que influye en el nivel del i.: los movimientos del nivel de precios. Si se espera una inflación, es lógico que los prestamistas exijan i. más elevados, para defenderse de la pérdida de poder adquisitivo que experimentarán cuando recuperen el nominal del préstamo en una moneda depreciada, y los prestatarios estarán dispuestos a ello. Así, pues, en terminología de Irving Fisher, el i. "nominal" vendrá a ser igual a la suma del i. "real" más la tasa esperada de cambio de precios.El control del tipo de interés. Se atribuye al tipo de i. un papel fundamental en la economía, bien porque se considere variable indicativa y orientadora para la política monetaria, bien porque se espere de él la consecución de un elevado nivel de inversión y, por tanto, de renta y de empleo, bien porque se intente usar como arma antiinflacionista, bien porque se utilice para favorecer o desanimar la entrada o salida de capitales al exterior, con la promesa de un mayor o menor rendimiento, etc.Ahora bien, a pesar de este papel fundamental, la acción sobre el tipo de i. debe llevarse a cabo a través de la política fiscal y, sobre todo, de la monetaria. P. ej., la reducción del tipo de i. mediante una política de dinero fácil, para fomentar la inversión (o para abaratar la financiación del gasto público) dejará sentir sus efectos, de acuerdo con ciertos autores, directamente a través del cambio en la oferta monetaria, y no indirectamente, vía tasa de i. Además, como variable indicativa de la política monetaria, el tipo de i. adolece de un defecto importante: la ambigüedad de sus movimientos. En efecto: un aumento en la cantidad de dinero provocará, directamente, una reducción de la tasa de i., al elevar la oferta de fondos prestables; pero a este efecto liquidez seguirá un efecto renta (un aumento del tipo de i. debido a los efectos indirectos de una renta mayor) y un efecto Fisher, por el que la expectativa de una subida de precios elevará, a su vez, el i., cuyo movimiento final, indefinido, lo hace un indicador inadecuado de la política monetaria.Por último, si el gobierno intenta el control directo del tipo de i. (como medio de regular el crédito, o los movimientos internacionales de capitales, o la inversión, o la colocación de la riqueza en unos bienes u otros), queda obstaculizada su función de asignación de los fondos disponibles entre las alternativas de inversión. Si el tipo oficial vigente es inferior al de mercado, la demanda superará a la oferta, exigiendo un mecanismo de racionamiento que no tendrá por qué ajustarse a la mayor rentabilidad de las inversiones, dependiendo de los criterios de los bancos u otros intermediarios del proceso. La asignación de los fondos prestables no será, pues, óptima.V. t.:BANCOS;BONOS;AHORRO;CAPITAL;CRÉDITO;Dl :sCUENTO Y REDESCUENTO BANCARIO; DEUDA PÚBLICA; ESTABILIZACIÓN; LIQUIDEZ; PRECIO.Para los aspectos morales del tema v. USURA, donde se estudia tanto la legitimidad del cobro de i. como los abusos a que puede dar lugar (usura).ANTONIO ARGANDOÑA.
BIBL.: Los trabajos más interesantes para el enfoque real son: E. BOHM-BAWERK, Kapital and Kapitalzins, 4 ed. Jena 1921; R. W. CLOWER, Productieity, Thrift and the Rate of Interest, "Economic Journal" 64, marzo 1954, 107-115; D. DEWEY, Teoría moderna del capital, México 1967; íD, The Geometry of Capital and Interest: A Suggested Siniplification, "American Economic Rev." 53 (marzo 1963) 134-139; 1. FISHER, The Theory of Interest, Nueva York 1930; M. FRIEDMAN, Teoría de los precios, Madrid 1966, cap. 13; F. HAYEK, The Pare Theory of Capital, Londres 1952; J. HIRSCHLEII’LR, On the Theory of Optimal Inaestment Decision, "Journal oí Political Economy" 66 (agosto 1958) 329-352; N. KALDOR, The Recent Controcersy on the Theory of Capital, "Econometrican, 5 (julio 1937) 201-233; A. P. LERNER, On the Marginal Product of Capital and the Marginal Efficiency of Investinent, "Journal of Political Economy" 61 (febrero 1953) 1-14; F. H. KNIGHT, Diruinishing Returns from Inaestment, "Journal of Political Economy’, 52 (marzo 1944) 26-47; F. A. LUTZ, The Theory of Interest, Dordrecht 1967; K. WICKSELL, Interest and Prices, Londres 1936; F. H. KNIGHT, El capital y el interés, en W. FELLNER y B. F. HALEY (ed.), Ensayos sobre la teoría de la distribución de la renta, Madrid 1961, cap. 21; J. R. HICKS, Valor y capital, México 1968, cap. 11, 13 y 19.-Estudios completos de carácter amplio son los de J. W. CONARD, An Introduction to tlie Theory of lnterest, Los Ángeles 1959; F. H. HAHN y F. P. R. BRECHLING, The Theory of Interest Rate, Londres 1966; R. TURVEY, lnterest Rate and Asset Prices, Londres 1960.-El i. desde el punto de vista monetario es estudiado en J. M. KEYNES, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 7 ed. México 1965, cap. 11-14; D. H. ROBERISoN, Ensayos sobre teoría monetaria, Madrid 1961; A. H. HANSEN, Monetary Theory and Fiscal Policy, Nueva York 1949, cap. 4; A. ARGANDOÑA, Teoría monetaria moderna, Barcelona 1972, cap. 5 y 8.-La moderna teoría sobre la estructura de los tipos de i. ha sido objeto de una copiosa bibl. reciente: D. MEISELMAN, The Term Structure ot Interest Rates, Englewood-Cliffs 1962; R. A. KESSEL, The Cyclical Behavior ot the Term Structure o/ Interest Rates, Nueva York 1965; B. G. MALKIEL, The Term Structure ot Interest Rates, Princeton 1966.
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