Institución Libre de Enseñanza EDUC.
Categoria:
Educación
Organización pedagógica y filosófico-cultural surgida en torno a Francisco Giner de los Ríos (v.) con orientación laicista basada en los presupuestos del krausismo (v.). Sus actividades se desarrollaron a lo largo de 60 años de la historia española (1876-1936).Los krausistas. El origen de la I.L.E. se sitúa entre el final del periodo revolucionario consecuente a la "Gloriosa" de 1868 (V. REPÚBLICA ESPAÑOLA, PRIMERA) y el comienzo de la etapa "larga" restauracionista. Sobre el tácito enfrentamiento a nivel ideológico que existe en los primeros meses de la Restauración, inciden los hechos que provocan el de la I. L. E. En 1875, una circular del ministro de Instrucción pública, Orovio, a los Rectores de las Universidades prohibiendo enseñar nada contrario al "dogma católico, sana moral..., a la Monarquía constitucional ni al régimen político" plantea la "cuestión universitaria". González Linares, Calderón, Castelar, Giner, Salmerón, Azcárate, Moret, Montero Ríos, etc., van renunciando a sus cátedras universitarias. Las actitudes ideológicas comunes son, por una parte, sus creencias radicalliberales; por otra, su vinculación en gran proporción al krausismo. Si no todos, sí los más representativos (Salmerón, Azcárate, Giner...) estuvieron íntimamente unidos a Julián Sanz del Río, introductor en España de la filosofía de Krause.Esta era un "sistema intuitivo y optimista en el que la búsqueda de lo Absoluto se teñía con una religiosidad sincera" (A. Guy), si bien excesivamente sentimental y teñida de panteísmo; dicho sistema, con sus equívocós básicos, fue utilizado por la 1. L. E. para renovar la pedagogía y la política española, suscitando unas élites muy activas. En la España de mediados del s. xlx suponían una política reformista en ruptura con la política imperante, y con ideas e instituciones de la precedente tradición española; ello, unido a veces a cierto sectarismo anticatólico. Propugnaban un intelectualismo ético de signo elitista. El krausismo (v.), que parecía poco viable y duradero, seensanchó enormemente con laI. L. E.y pronto se diluyó en unas actitudes de las que participaban personas en teoría alejadas de este sistema filosófico. Se trata de una oposición y disidencias sobre todo intelectuales de la 1. L. E. en el mundo de la Restauración, ya iniciadas en el reinado de Isabel II (Vicens) y para las que Giner actúa como depurador o nuevo intérprete (G. Molleda).Historia. Los primeros años son los más combativos. La 1. L. E. nace el 29 oct. 1876 en Madrid, como establecimiento privado para actividades de tipo universitario; pero evolucionó enseguida hacia escuela de primera y segunda enseñanza. En 1881, debutando el liberal Sagasta como gobernante, todos los profesores destituidos pueden reintegrarse a la Universidad y se acepta el principio de libertad de cátedra. La reintegración de esos profesores y otras dificultades para mantener las enseñanzas universitarias hicieron que la I. L. E. se dirigiese a la primaria y secundaria y al esfuerzo reformador y de renovación pedagógica en ese campo. Ya en 1878 había inaugurado la escuela de enseñanza primaria. El proyecto de un gran edificio que iba a cobijar el Centro de enseñanza no pudo sostenerse económicamente; algo después, en 1887, pasa la sede a un hotelito del paseo del Obelisco (luego Mnez. Campos), donde permaneció hasta 1936.El tipo de institucionista, hombre de principios y de vocación, con un cierto puritanismo -vinculado a la I. L. E. sobre todo por un lazo de afecto y admiración hacia la persona de su director, Giner- y, en general, la acción de la I. L. E., se afianzaron creando un prestigio, demostrado por las consultas que algunos ministros o altos funcionarios de Instrucción Pública les hacían. También, lógicamente, tuvo la ojeriza y animadversión que su influencia o prestigio y diversas discrepancias les acarreaban en otros terrenos y personas. Las personas que forman el "grupo" de la I. L. E. aparecen en tres planos, como ha estudiado G. Fraile: el primero, el de los viejos maestros, el grupo fundacional, con figuras, junto a la de Giner, tales como Salmerón, Azcárate, Maranges., Figuerola, Montero Ríos, Moret, Costa, "Clarín"... La segunda etapa está formada por los primeros alumnos: A. Zozaya (fundador de la Biblioteca Económica Filosófica en 1880, que publicó 85 volúmenes), Morote, González Posada, Melquíades Álvarez, Rafael Altamira... Y la tercera es el conjunto de discípulos y admiradores entre los que destacan, junto al "delfín" Manuel Bartolomé Cossío, J. Besteiro, D. Barnés, "Azorín", L. Zulueta, F. de los Ríos, Álvaro de Albornoz, A. Flores de Lemus, los hermanos Machado, J. Xirau..., que habrían de ocupar papel notable en la cultura española y, varios de ellos, puestos clave en la política de la Segunda República. A éstos se han de añadir los hombres influidos por el espíritu de la I., entre ellos Juan Ramón Jiménez, Pérez de Ayala, M. Azaña, Jiménez Asúa, Américo Castro, Luzuriaga. Ortega y Gasset y el grupo de la Revista de Occidente no ocultaron sus simpatías hacia la Institución.Vinculada a su labor e ideas está la creación oficial de centros como el Laboratorio de Biología Marina de Santander, el Instituto Central Meteorológico, el Centro de Estudios Históricos,, y el Museo Pedagógico del que fúe alma Cossío, con una gran labor. El Boletín de la 1. L. E., espléndida colección testimonial, fue dirigido algún tiempo por Joaquín Costa (v.), hombre de inequívoca vinculación también al grupo, y que profesó en sus aulas. El acercamiento entre políticos oficiales y hombres de la I. L. E. llevó a la creación, en 1907, de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, institución autónoma presidida por S..ntiago Ramón y Cajal (v.) y sabiamente administrada por Castillejo, que comenzó a enviar pensionados a los centros científicos extranjeros. Ésta era una de las medidas de mayor trascendencia, que abría España a Europa y hacía respirar a muchos investigadores y estudiosos no sólo su contenido sino también el talante. Otro nombre importante es el de Alberto Jiménez Fraud, unido a la creación y desarrollo de la Residencia de Estudiantes, nacida en 1910 por idea de Giner. De sus 15 primeros miembros en 1911 pasó a más de cinco pabellones en 1914 que no podían albergar a cuantos universitarios lo pedían. Durante casi un cuarto de siglo la Residencia mantuvo también una labor editorial.La Institución y la Segunda República. La polémica. Aunque se reconociesen necesarias renovaciones y reformas en muchos sectores, por su laicismo y su proclamación de "aconfesionalidad", interpretada a veces como anticristiana o anticatólica, también por alguno de sus métodos pedagógicos, y por discrepancias políticas, la 1. L. E. fue a veces radicalmente combatida. Menéndez Pelayo, contemporáneo de muchos institucionistas, los trata de desenfado, además de enjuiciar su ideario con su habitual crítica penetrante y aguda (cfr., p. ej., Historia de los heterodoxos españoles, lib. VIII, cap. III-IV, 2 ed. BAC, Madrid 1967; t. 11, p. 916-962, 974-1021). Algunos autores aprecian además en el último periodo de la 1. L. E., durante la Segunda República, una cierta ambición elitista, de "intelligentsia", en el sentido de promover y dirigir una clase directora para la sociedad española. Y ello desde muy distintas perspectivas. Porque si bien la I. L. E. representa en la historia ideológica contemporánea una radical separación frente a los filósofos y educadores católicos, esto fue y ha sido excesivamente acentuado por algunos institucionistas o por otros autores.Transcurridos los años es más fácil considerar serenamente las cuestiones. Giner y el krausismo no eran propiamente antirreligiosos ni ateos, aunque sí laicistas, con los consiguientes equívocos y deformaciones acerca de la religión. Si desde posturas muy exigentes (P. Vilar) se llega a juzgar el intento de la I. L. E. como limitado, artificial.y extrasocial, estudios que datan de los últimos diez años, sobre todo, comprenden los valores intrínsecos, la calidad humana del esfuerzo, aunque maticen su ideario o disientan de él (Turín, Cacho Viu, Gómez Molleda). El libro de Cacho, a falta de la segunda parte, es sin duda el principal intento de comprender a la I. L. E. Se insiste en que el cuerpo material de que disponía ésta era mínimo, apenas perceptible. En ello abunda Xirau, que la define como una "organización de reforma pedagógica" basada en una larga tradición en la que el krausismo hace el papel de una especie de congregación: "sus seguidores y discípulos se ayudaban mutuamente en las dificultades de la vida y en las persecuciones políticas o religiosas. Trataban de incorporar su pensamiento entero a la vida práctica y a la reconstrucción intelectual y moral del país. Atendían a los problemas de la educación en todos los grados y trataban de hacer penetrar sus ideas y su espíritu en el alma de todos los maestros, incluso en la de los profesores de los grados inferiores en la instrucción primaria. De acuerdo con la más auténtica tradición peninsular, la filosofía tiene para ellos un carácter religioso y la religión un sentido ético y práctico".No puede negarse el impacto cultural de la 1. L. E. en diversos ambientes de la sociedad española durante más de medio siglo. Impacto no sólo promovido por la labor directa de sus centros y profesores, sino también por la influencia con que marcó tantas actividades educativas e investigadoras en general. Las obras y las personas de Machado, Juan Ramón, Carande, Besteiro, Altamira y tantos otros, la generación del 27, incluso Ortega y D’Ors, no se pueden comprender bien sin la influencia institucionista y su particular asimilación. Otra cosa es que, tras la Guerra civil, la mayoría de sus miembros emprendieran el duro camino del exilio, para desarrollar su labor filosófica y pedagógica en Hispanoamérica, sobre todo; y que su eco, su glosa, haya prácticamente desapafecido hasta esos importantes pero aún escasos trabajos citados, si descontamos la abundante literatura apasionada de los años cuarenta.Ideario pedagógico. Siendo su principal tarea organizada la pedagógica, la I. había de plantear pronto un cuerpo de doctrina sobre educación y, sobre todo, una experiencia docente, un estilo y un método. Su life-motive va a ser la lucha por una enseñanza que dé preponderancia a lo educativo, que eleve la personalidad, el espíritu. Es un grito, no un descubrimiento: en realidad está totalmente en línea con el movimiento europeo y americano de la Escuela Nueva. Ataca el memorismo y la pedantería, él materialismo y el inteligentismo; detecta problemas que en parte aún subsisten, tales como que la enseñanza secundaria no sea preparación general, sino especial para quienes van a la Universidad; la crisis del concepto mismo de Universidad en cuanto a su estructura científica y sus fines sociales; la relación imprescindible entre los diversos niveles educativos; la grave cuestión del perfeccionamiento de los docentes en ejercicio...Se trata de una pedagogía activa e intuitiva, basada en el interés del alumno; renuncia a castigos y espíritu de competición; insiste en la necesidad de una estrecha cooperación con las familias y la sociedad, en la familiarídad e intimidad espiritual maestro-alumno, en la vida en contacto con la Naturaleza mediante excursiones, paseos, etc. Junto a su laicismo, insiste en la coeducación de ambos sexos; esta teoría, aún hoy discutida, unida al anterior principio, habrían de ser dos de los ejes de los numerosos ataques recibidos por la I. L. E. Por otro lado, en cuanto al contenido de la enseñanza, la 1. introdujo modalidades interesantes y llenó vacíos que se hacían sentir. Así, p. ej., incluyó en sus programas el arte, el folklore, la iniciación técnica, los ejercicios gimnásticos al aire libre, etc. Lo mismo puede decirse con respecto a organización, material, decoración y mobiliario escolar, donde se introdujo el buen gusto y se rompieron moldes arcaicos.En el aspecto religioso, pretendió Giner llevar a la e1 ducación un "término medio", mediante lo que él consideraba la verdadera formación de la conciencia religiosa que era no adscribirse a ningún credo determinado, con lo que venía a considerarlos a todos indiscriminadamente iguales. Para el krausismo y su imperativo armónico, la confesionalidad en la escuela era un peligro de "perturbación" de las conciencias que había de evitarse. El "pacifismo" obsesionante del sistema krausista-institucionista es una raíz fundamental de su pretendida mentalidad religiosa "neutra"; "neutralidad" imposible, ya que cuando se pretende deriva necesariamente en una u otra ideología, en este caso la del laicismo (v.) que tantos conflictos causó.No se criticaban los planes europeístas de Giner y de la 1. L. E., a propósito de la necesaria rehabilitación social y económica del maestro, del aumento de las escuelas primarias y normales... Muchos compartían sus preocupaciones por el presupuesto de educación nacional y por infundir en institutos y universidades un verdadero sentido educativo. Los proyectos de Giner y de la 1. se reconocían como importantes; pero ellos y sus excelencias metodológicas venían dados sobre el mencionado espíritu laicista, mezclado en Giner con un misticismo de tipo sentimental y panteísta, que contribuyeron a impedir la popularización de la educación institucionista. A causa de sus deficiencias religiosas, y de otras causas políticas, tropezó con grandes dificultades para abrirse paso como teoría y como praxis.Éstas vienen a ser las conclusiones de Gómez Molleda en su estudio pedagógico de la I.; particularmente insiste también en la "oposición de la Institución al trabajo docente de las órdenes religiosas". Aunque reconoce que "la Institución introdujo en España una sana revolución pedagógica" y que "el conjunto renovador de lo educacional daba gran atractivo a la Institución, teniendo en cuenta el estado de las escuelas públicas y privadas en aquel momento".V. t.: GlNER DE Los Ríos, FRANCISCO; KRAUSISMO ESPAÑOL.E. FERNÁNDEZ CLEMENTE.
BIBL.: V. CACHO Vlú, La Institución Libre de Enseñanza, Madrid 1962; M. D. GóMEZ MOLLERA, Los reformadores de la España contemporánea, Madrid 1966; L. LUZURIAGA, La 1. L. E. y la educación en España, Buenos Aires 1956; Y. TURIN, La educación y la escuela en España (1874-1902), Madrid 1967; P. JOBIT, Les éducateurs de l’Espagne contemporánne, París 1936.-Otras obras: J. LÓPEZ MORILLAs, El krausismo español, México 1956; M. NAVARRO, Vida y obra de D. Francisco Giner, México 1945; J. XIRAU. Manuel B. Cossío y la educación en España, México 1945; A. JIMÉNEZ FRAUD, La residencia de estudiantes, Barcelona 1972; E. TERRÓN, Sociología e ideología en los orígenes de la España contemporánea, Barcelona 1969; J. J. GIL CREMADES, El reformismo español, Barcelona 1969; G. FRAILE, Historia de la filosofía española, 11, Madrid 1972, 122-168.-La antología Textos pedagógicos hispanoamericanos, de á. GALINO, contiene textos bien seleccionados, con introducción y notas, de varios institucionistas.
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