Institucionalismo (economía) ECON.
Categoria:
Economía
Orígenes. El i. americano, de acuerdo con Knight, es un movimiento que estuvo activo desde poco antes de la 1 Guerra mundial hasta que resultó superado en las discusiones sobre la depresión -o quizá sobre el "boom" y la depresión- y, sobre todo, por la literatura de la revolución keynesiana. Sus raíces, sin embargo, se remontan a mediados del s. xlx. Un nombre puede citarse: el de H. C. Carey. A él le siguen los que denomina Boulding los rebeldes del cambio de siglo: R. Ely, S. Patten y H. C. Adams.Su espíritu rebelde se movió dentro de unos -vistos desde hoy- apacibles cauces cristianosociales. Sin embargo, en aquellos tiempos originaron discusiones y realizaciones. Como consecuencia de las primeras, Adams dimitió su puesto en la Univ. de Cornell. A causa de las segundas se puso en marcha la hoy brillante American Economic Association, que señalaba en sus principios, en 1885, la necesidad del estudio histórico y estadístico "de las actuales condiciones de la vida económica". En el volumen 1 de sus publicaciones aparecieron dos artículos que, por sus características, ya pudo clasificarlos el prof. Ely entre los institucionalistas: uno de Adams, titulado Relation of the State to Industrial Action, donde se encuentran multitud de ideas que después desarrollará J. M. Clark, y otro de E. J. James, Relation of the modern municipality lo the gas supply. Pero estamos muy lejos de encontrarnos, pese a estos nombres, con un movimiento cien por cien americano. Gracias a un excelente ensayo de Dorfmann, es posible profundizar algo más en la cuestión de la influencia de la escuela histórica alemana en la génesis del pensamiento original americano sobre economía, cuya principal rama recibiría más adelante el nombre de i.La Fortnightly Review, en 1873 y 1875, contribuyó a incrementar el interés norteamericáno por la escuela histórica alemana. En el primero de estos años apareció un artículo de G. Cohn, donde se recalcaban los inconvenientes de la abstracción y la necesidad de trabajar siguiendo el método inductivo. Dos años más tarde, y con motivo de un artículo de Roscher, el profesor T. E. Cliffe Leslie señalaba cómo "el hombre, a los ojos de la escuela histórica o realista, no es simplemente un animal que cambia..., una personificación de una abstracción es el actual... ser humano... La historia y las circunstancias ambientales le han construido, con todos sus deseos, pasiones y enfermedades".Pero el ensayo de Leslie tuvo también una importancia grande en otro sentido. En la escuela histórica germana se sostenía existía un socialismo larvado. Leslie lo negó. Pronto se hizo eco, con franco elogio de su postura, la Commercial Financial Chronicle, de Nueva York.Esta adhesión del joven capitalismo americano se reforzó cuando apareció en la Revue des Deux Mondes un artículo escrito por el economista belga Émile de Laveleye, al que Schumpeter califica de histórico a causa de su obra De la propriété el de ses formes primitives, en que ligaba al historicismo el proteccionismo y el bimetalismo, base, decía, de la prosperidad en los negocios.Ante el público americano, esta postura, que tan simpática le tenía que resultar, proteccionista y no socialista, se reforzó con la polémica que se promovió desde el influyente Nation con motivo del artículo de Laveleye.Por otro lado, el enorme prestigio que pasaron a tener las Universidades alemanas -"sus profesores tienen un grado de perfección que asombra al mundo", escribía F. W. Taussig, en 1885- canaliza hacia ellas un considerable núcleo de estudiantes, que después pasan a trabajar en estadística práctica: citamos, entre otros, al adelantado del institucionalismo, Henry Carter Adams.El espíritu empírico se desata en el país. J. B. Clark decía que el homo oeconomicus de la economía académica "es demasiado mecánico y demasiado egoísta para corresponder con la realidad; actúan sobre él demasiado poco las más altas fuerzas psicológicas". E. J. James trabajaba en cuestiones positivas, tales como Historia de la Economía, Bancos de emisión o Leyes de Fábrica. R. T. Ely trabajó sobre economía urbana y cuestiones laborales, prestando apoyo a J. R. Commons en sus orientaciones sobre estas cuestiones. Por su parte, E. R. Seligman señaló los peligros de trabajar sólo con los métodos clásicos que conducen a un conjunto de hechos arqueológicos. Es preciso, decía, combinar ambas cosas, y siempre destacó la importancia de los sistemas legales y de las causas históricas, o la íntima conexión de la economía y la ética, como ciencias morales hermanas. Quizá un resumen de toda esta postura institucional puede encontrarse en los capítulos introductorios de una obra colectiva editada en 1931 y titulada Economic Behavior: An institutional approach: la economía de los himenópteros también supone deseos, escasez, esfuerzo, propiedad, estructuras de capital fijas, stocks y determinadas combinaciones de los factores productivos; ¿qué la diferencia de la humana?, ¿qué sello especial posee ésta? La contestación se encuentra en las costumbres y hábitos sociales que constituyen el fenómeno denominado cultura. Por eso el i. efectúa un cambio radical de frente en el trabajo de los economistas.Esta rebeldía americana, considerablemente enriquecida con otras aportaciones, pasa después a centrarse en cuatro nombres: Veblen, Commons, Mitchell y J. M. Clark. A través de ellos procuraremos vislumbrar la gran aportación que a la corriente estructural aportó el i.Veblen es el más famoso de los tres. En el mundo de los sociólogos y los economistas siempre se susurrarán con una sonrisa sus pintorescas aventuras, siempre impresionará su ácida existencia, hasta concluir en una vejez solitaria, humillada y derrotada aparentemente por la sociedad que tan cáusticamente había criticado. Pocas veces ha habido tantas discrepancias sobre un autor. Sin embargo, pocas lecturas tan sugestivas, dígase lo que se quiera de su posible superación, como su Teoría de la Clase ociosa o su The Theory of Business Enterprise.Muchas personas han destacado que una ciencia se determina por su mensurabilidad, esto es, por sus posibilidades de cuantificación. El i. difícilmente podría entonces reivindicar su carácter de científico. De nuevo la biología vino en ayuda de Veblen (v.). Éste expuso que la aportación de Darwin no tenía nada de cuantitativo, pero que, en cambio, sirvió de apoyo grande cuando la línea cuantitativa, representada por Mendel, apareció en el terreno científico.Desarrollo. F. H. Knight, en su interesante trabajo Institutionalism and empiricism in económccs, indica que la senda instituticional posee tres ramas bastante divergentes. De la primera, el historicismo alemán es, más o menos, el tipo ideal en el sentido weberiano del término.. Quien mejor, pero no muy bien, lo representa en América es Veblen. Una variante se encuentra en los trabajos de economía legal de John R. Corrimons.La segunda rama pertenece ya abiertamente a la última obra de Commons, centrada en torno a la idea fundamental y tan conocida del "control colectivo de la conducta individual a través de las reglas de juego". El propio Commons decía que "las reglas de juego están cambiando continuamente en la historia de una institución, y difieren para las diversas instituciones; pero sean las que fueren sus diferencias, tienen esta similitud, a saber: que los individuos pueden, deben, o les es lícito, hacer o no hacer algo, reforzados por sanciones. El análisis de estas sanciones colectivas suministra la evidencia de una correlación entre economía, jurisprudencia y ética, y -es un requisito previo para una teoría de la economía institucional". En este sentido cabe destacar el considerable material que este autor acumuló en torno a su concepto: investigaciones sobre la conducta de las organizaciones laborales, sobre las sentencias del Tribunal Supremo, etc.La tercera, la liga Knight a la estadística económica. El nombre de W. C. Mitchell surge inmediatamente ante nosotros. A través de su discípulo Burns se enlaza con el estado presente de la economía. Por su amistad con Veblen y sus relaciones con Commons es, además, el presente que enlaza con las otras grandes figuras del i. Es lógico, por tanto, asignarle importancia.Como recalca Arthur F. Burns, ta formación en economía de Mitchell pertenece a una época -finales del s. xixespecialmente movida en los Estados Unidos. Recuérdense los problemas agrario, laboral, del impuesto sobre la renta, las polémicas sobre el proteccionismo, las disputas sobre la plata, la cuestión de los trusts, la de los ferrocarriles, la depresión de 1893. Escribió, en 1896, un artículo para el fournal of Political Economy, titulado The cuantitative theory of the value of money, en el que ya mostraba la posición que había de mantener toda su vida: "El razonamiento deductivo... es probable que conduzca al investigador al error, a menos que sus resultados sean contrastados y corregidos por la investigación inductiva... El examen teórico... debe completarse aplicando el contraste de los hechos a la teoría..." Último fruto perdurable de esta afirmación había de ser la creación del National Bureau of Economic Research, de tanto interés para la creación empírica estadística, que produjo una indudable herejía forzosamente relativizante -cuyos últimos coletazos fueron la polémica con el grupo de la Cowles-, que se centraría en este juicio recogido por George W. Stocking: "Las doctrinas económicas, dijo Mitchell, representan las respuestas intelectuales a los cambiantes problemas económicos". Con esta base precisamente construyó Mitchell su curso sobre el desarrollo del pensamiento económico de Smith a Commons. En directa relación con esto es digno de señalarse también, como destaca Schumpeter, que Mitchell "se dedicó sin vacilaciones a ampliar las fronteras de la Economía, hasta el punto de incluir aquella provincia cuya denominación más aéertada es la de Sociología Económica, es decir, el análisis de las instituciones o de los hábitos sociales predominantes... Las instituciones de la economía monetaria (capitalista) no debían ser aceptadas como datos -ni siquiera como datos susceptibles de variación- procedentes de otras disciplinas, sino que debían formar parte del material de investigación del economista. Pero lo esencial es que Mitchell no interpretó dicho material o las generalizaciones que se pudieran extraer del mismo, como complementos de la teoría económica tradicional, sino como un sustituto para la misma".De esta forma fueron gestándose las grandes obras de Mitchell. Podríamos comenzar su relación con su completísimo trabajo -desde su publicación en 1903 ha pasado a ser de consulta obligada- History of the Greenbacks. En ella resplandecen las cualidades de Mitchell: abandono de la exposición de cualquier teoría, e investigación histórica y cuantitativa minuciosísima. De esta forma se presentó un completo panorama, desde el punto de vista institucionalista, de la inflación de la guerra civil norteamericana.En 1913 da cima a su obra más conocida: Business Cycles, de raíz reconocida explícitamente como vebleniana. Debido a este antecedente, la obra es mucho más que un estudio sobre los ciclos. Así, p. ej., en ella se expone nada menos que la teoría de los flujos monetarios, calificada por Schumpeter de "verdadera anticipación de las partes de más calidad de la contabilidad nacional y del análisis agregativo".Hasta la aparición de esta obra, los teóricos de las oscilaciones cíclicas habían empleado datos estadísticos, pero de forma ocasional, esto es, para aclarar o fortalecer alguna parte aislada de su pensamiento. Mitchell pretendió hacer otra cosa. Su designio fue nada menos que dejar hablar a los números, esto es, sacar conclusiones de las observaciones cifradas sistemáticas. De tal forma, la teoría del ciclo económico (v.) se convirtió, en vez de en un ejercicio de lógica, en una explicación de la experiencia.Tan original trabajo, donde se acumulaba un abundantísimo material empírico recogido en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia, causó mucha impresión en el mundo científico. En otro lugar se ha destacado el interés que despertó en España en el Seminario de Flores de Lemus. Para Burns, es la obra que originó más ruido en el mundo científico, desde los Principios de Marshall hasta que llegó la Teoría General de Keynes.Pero en el fondo, todo este trabajo corría indudablemente el riesgo de esterilizarse en buena parte por su excesivo empirismo. En este sentido, se comprende que Mitchell clamase por "una estructura, dentro de la cual toda clase de contribuciones empíricas puedan encontrar su casilla adecuada". Pero el volverse tan radicalmente de espaldas a los neoclásicos, como hizo Mitchell, no contribuyó a facilitar las cosas. Tan evidente discípulo de Marshall como Henderson, en su Oferta y Demanda, habla de la posibilidad de trabajar con lo que los americanos llamarían factores institucionales para aclarar aquella parte de la teoría económica -particularmente la que estudia las fuerzas que influyen el conjunto de la oferta de los factores de la producción- donde las leyes económicas no son aún suficientemente claras y ciertas.Por creer en la incapacidad básica de la teoría tradicional, Mitchell llegó a opinar que se precisaba un nuevo tipo de teoría, y que merecía la pena arrostrar los pesados costes de una ruptura con la tradición académica. Mas Mitchell, desde luego, fue incapaz, cual un nuevo Smith, o como habría de efectuar poco tiempo después un Keynes, de establecer una nueva y diferente "ortodoxia.Una postura intermedia entre los institucionalistas y los grandes teóricos ortodoxos la ostenta John Maurice Clark, hijo de John Bates, y sucesor del mismo en la cátedra de la Columbia. Por ello su inclusión en este lugar -que niega, p. ej., Boulding- es, cuando menos, dudosa. Sin embargo, debemos recoger aquí por lo menos la noticia de sus principales aportaciones, y particularmente de su Economics of Overhead Costs, donde examina la influencia ejercida, en el terreno económico, durante un periodo de tiempo relativamente corto, por una institución legal o tecnológica, e intenta calibrar su importancia y ramificaciones económicas, así como de su concepto de Workable competition, y de sus trabajos sobre el principio de aceleración, de forma prácticamente simultánea a los de Aftalion, Bickerdike, Mentor Bouniatian, T. N. Carver y Marco Fanno, incorporando esta explicación a sus exposiciones sobre los ciclos, Mitchell, Spiethoff, Pigou, Harrod, etc., y habiéndose depurado con la polémica mantenida con Ragnar Frish, que fue incapaz de alterar la aportación básica de J. M. Clark.Conclusión. En resumen, pues, podemos afirmar que el i. estuvo lejos de crear cuerpo alguno de doctrina económica -incluso negó que esto tuviese algún interés, como hizo Silverstein- y permaneciendo en forma absolutamente nebulosa, incluso hasta lo que debería ser más claro para el grupo: el concepto de institución. Véanse sobre esto, p. ej., las disparidades entre la definición de institución para Mitchell -"hábitos predominantes socialmente que en cualquier grupo dado normalizan la conducta de los miembros individuales"-, las tentativas de Slichter, los análisis de J. M. Clark en su Social Control of Business, al estudiar la significación económica de algunas instituciones legales, la postura de Hamilton al señalar que las instituciones económicas son "propiedad, competencia e incluso valoración pecuniaria", o la afirmación de Edie de que las instituciones económicas fundamentales son "los mercados de mercancías", o la de Commons, de que "institución es... una acción colectiva dirigida a la intervención, liberación y expansión de la acción individual", o la de Veblen: "costumbre fija de pensar que es común a la generalidad de los hombres". La realidad demostró que la vía del i. era una vía muerta. Su única aportación es, en realidad, la tan aireada por A. C. Gruchy de exposición del sistema capitalista americano. Y aun esto, de forma confusa y poco rigurosa en muchas ocasiones, pues, como destacó H. H. Flechter, los institucionalistas tenían tantas preconcepciones como los neoclásicos, y, sin embargo, el edificio que construyeron era, en conjunto, bastante más inseguro que el de éstos, por lo que mucho más rápidamente se tuvo que abandonar.J. VELARDE FUERTES.
BIBL.: La citada en el texto.
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