Ingres, Jean-Auguste-Dominique
Categoria:
Biografía GER
Ilustre pintor francés de la escuela clásica, n. en Montauban el 29 ag. 1780, hijo de Jean-Marie Joseph Ingres y de Anne Moulet. El mayor de siete hermanos, recibió prontamente lecciones de dibujo, pintura, canto y violín de su padre, escultor adornista, que practicaba también la acuarela. En 1791 ingresa en la Acad. Provincial de Toulouse, y es discípulo de los pintores Joseph Roques y Jean Briant. Provisto de elogiosas recomendaciones, marcha en 1797 a París y entra en el taller de Louis David (v.), asimilando mucho de su estilo. En 1800 gana el segundo Premio de Roma, y en 1801 el primero, pero los acontecimientos le impiden marchar a esta ciudad. Entretiene la espera trazando algunos de sus mejores retratos femeninos -el de Madame Riviére y el de Mademoiselle Riviére (Louvre), el de la Bella Zélie (1806, Museo de Rouen)- y otro, muy poco conocido, de Napoleón. Al fin, en septiembre de 1806, emprende el viaje a Roma, adonde llega después de haberse detenido en Turín, Milán, Bolonia y Florencia. Establecido en la Villa Médicis, sus envíos de pensionado muestran con abundancia de argumentos su creciente compenetración con el clasicismo. Edipo y la esfinge (Louvre) y Júpiter y Tetis, 1811 (Museo de Aix) son muestra de lo dicho; pero también datan de la misma época admirables retratos, como el de Madame DevauCay (Chantilly, Museo Condé), perfectos desnudos -La gran bañista de Valpinpon (Louvre)- y gratísimos paisajes. En 1810 llega a término su pensionado, pero, enamorado de Roma, en ella continúa hasta 1820. Durante estos diez años, y en el estudio que ha montado en Vía Gregoriana, 40, realiza algunas de sus pinturas más características, si bien no las mejores, como Rómulo, El sueño de Ossian, Virgilio leyendo la Eneida, etc. De 1814 data La gran odalisca (Louvre), obra muy celebrada, pero de ningún modo perfecta, ya que en el espinazo de la modelo se delatan más vértebras de las necesarias. Ahora bien, esta posible equivocación se compensa ampliamente por el encantador retrato de la Vizcondesa de Sennones (1816), una de las obras maestras de I. y pieza capitalísima del Museo de Nantes.Ello aparte, en el momento crítico que comienza por el destronamiento de Bonaparte, se ayuda retratando a muchos viajeros de paso por Roma, así como en 1817 recibe el encargo de un cuadro de altar -fesús dando a S. Pedro las llaves del Paraíso- para la iglesia de Trinitá dei Monti. En 1820 pasa a Florencia y procura establecer relaciones más estrechas con París. Regresa a esta ciudad en 1824 y expone en el salón anual -el mismo a que Delacroix (v.) enviara Las matanzas de Quíos- un cuadro de gran ambición y larga preparación, pero de mediocre consecución, El voto de Luis XIII, en principio destinado a la catedral de Montauban. Lo que pretendía con esta pieza, el éxito oficial, no le fue regateado, pues recibió la Legión de Honor y fue recibido como miembro del Instituto. Entonces comenzó la que ha sido llamada "La dictadura de M. Ingres", que conocería varias etapas.La primera, desde 1826 hasta 1834, nos ha dejado algún magistralísimo retrato, como el de Bertin, el fundador del fournal des Débats, pero también composiciones tan yertas y frías como La apoteosis de Homero o tan profundamente equivocadas como El martirio de S. Sinforiano, donde 1. no sabe qué hacer con tanta multitud que invade el cuadro No era su fuerte el de las escenas movidas, según reclamaba este tema. La pintura no gustó, y el autor, resentido, marchó nuevamente a Roma, donde dirigió el pensionado de la Villa Médicis para artistas franceses. Este periodo, que comprende los años 1835-41, resultó eficacísimo para el buen funcionamiento de esta institución, así como da lugar a otras reconstrucciones arqueológicas ingrianas, como Antíoco y Estratónice, a la par que firma la primera versión, en 1839, de La odalisca y la esclava (Cambridge, Mass., Fogg Art Museum); la segunda, con el fondo cambiado, no la trazaría hasta 1842 (Baltimore, Walters Art Gallery). En 1841, I. regresa a París y es triunfalmente acogido, tributándosele un banquete-homenaje con 426 comensales; evidentemente, se trata a toda costa de exaltar al adversario estético de Delacroix. Durante algunos años se ocupa de la decoración del castillo de Dampierre, y en 1848 interviene en cuestiones de ordenación de las Bellas Artes por la Segunda República.En 1849 fallece su esposa, pero su sincero pesar no le impide contraer nuevo matrimonio en 1852. En 1855 envía más de 60 cuadros a la Exposición Universal, pero sólo obtiene un segundo lugar en las recompensas. En 1859 traza El baño turco (Louvre), voluptuoso escaparate y amontonamiento de hermosos cuerpos de muchachas, obra muy grata, pero más comprensible en un pintor de 25 años que en otro de 79. Enamorado de esta pintura, I. siguió trabajando en ella y la acabó, dándole forma circular, en 1863, un año después de hacer una importante exposición en su ciudad natal. Poco más le fue dado trabajar. El 8 feb. 1867 se resfría, luego de cenar con varios amigos, y muere el 14, siendo enterrado en el Cementerio del Padre Lachaise.Había legado muchos cuadros y millares de dibujos al Museo de Montauban, la ciudad que le viera nacer. Ya por esa fecha, los impresionistas (v. IMPRESIONISMO) habían dado más de una señal de vida, y el anciano 1. apenas si representaba otra cosa que la historia, y una historia inserta en movimiento tan pasado cual fuera el clasicismo. Por razones generacionales, por su nunca desmentida devoción para con David, por su amor para con la pintura romana --su artista preferido era Rafael- no otra cosa podía esperarse de I. Consumado retratista, sus imágenes de personas bien conocidas de la Francia de la Restauración, de Luis Felipe y del segundo Imperio son de lo mejor de su labor pintada, y por cierto que a mil leguas sobre sus cuadros de pretensiones históricas y arqueológicas. Pero, siempre que pintó al óleo, mostraba su inhabilidad para el colorido, lo que daba lugar a las agrias censuras de Delacroix. Por el contrario, pocos dibujantes se han dado, en toda . la Historia del Arte, tan limpios, tan precisos, tan rigurosos y exigentes como 1. Su frase "-Voy a montar una escuela de pintura, y sobre la puerta, un letrero dirá `Escuela de dibujo’" certifica que en su orden de preferencias el diseño debía ser la principal cualidad del artista, como mostró reiteradamente era la suya. Ha pasado abundantemente y con amplios laureles a la historia, pero no ciertamente como un gran pintor, sino como un artista incomparable por todo lo que tenía de óptimo dibujante.V. t.: NEOCLASICISMO 1, 1.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. A. D. INGRES, Pensamientos, notas y cartas, Buenos Aires 1945; G. WILDENSTEIN, Ingres. Catalogue complet des peintures, Londres 1954; D. TERNOIS, Inventaire général des dessins des musées de province. 111. Les dessins d’Ingres au Musée de Montauban. Les portraits, París 1959; ID, Inventaire des rollections publiques franVaises. Montauban, Musée Ingres, París 1961; G. PICON, Ingres, Ginebra 1967; Ingres. Petit Palais (catálogo), París 1967; E. RADIUS y E. CAMESASCA, L’opera completa di Ingres, Milán 1968 (con amplia bibl.); P. GAUDIBERT, Ingres, Barcelona 1971.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.