Infanteria
Categoria:
Varios
Derivada de la voz infante, sólo se refiere a uno de los significados de ésta: soldado a pie. El Diccionario de la Lengua Española la define como "conjunto de los cuerpos que en un ejército sirven a pie", y llama I. de línea a "la que en regimientos, batallones, y aun agrupaciones menores, combate ordinariamente en masa como cuerpo principal de las batallas"; I. ligera a "la que con preferencia sirve en guerrillas, avanzadas y descubiertas", e I. de marina a "la destinada a dar la guarnición a los buques de guerra, arsenales y departamentos marítimos". Tales definiciones no se ajustan hoy al verdadero significado militar del vocablo, al haber cuerpos que sirven a pie sin ser de I., y muchas unidades de ésta que no sirven a pie. Por ello la definimos como "una de las Armas combatientes del Ejército, destinada al choque con el enemigo, principalmente a pie".1. Su importancia. Por su misión, la I. es el Arma que no puede faltar en ningún ejército. En la ofensiva conquista, ocupa y conserva el terreno, destruye y captura al enemigo; en la defensiva se opone a que éste conquiste y ocupe las posiciones propias. Sufre con mayor intensidad que las otras Armas las penalidades de la guerra y aun las del servicio en tiempo de paz. Esto, y el que sus hombres tengan que combatir a veces en pequeños grupos, aislados o sin la inmediata vigilancia de los jefes, exigen una perfecta instrucción militar, así como una elevadísima moral que les permita llevar hasta el último límite su abnegación y espíritu de sacrificio. Es en la I. donde el soldado conserva más sus caracteres personales, donde su rendimiento, eficacia y valor dependen más de sus propias cualidades, virtudes militares y preparación para el combate. Además, en todo tiempo ha sido la I. la que ha constituido el núcleo más numeroso en los ejércitos, y la que en definitiva ha conducido a la victoria o a la derrota. Con justicia es llamada "reina de las batallas".Influyen en su valía las virtudes guerreras de cada pueblo, afloradas o catalizadas por el patriotismo y concepto del honor, así como el grado de preparación física, intelectual y moral que hayan alcanzado sus hombres. Es el Arma que precisa estar más dispuesta al sacrificio, a soportar el hambre y la sed, el insomnio y la fatiga, el frío, la humedad o los rigores del sol; a combatir en el llano y la montaña, en el desierto y la selva virgen, a pecho descubierto y parapetados, a distancia y cuerpo a cuerpo, de día y de noche, sobre roca, fango y nieve; a sufrir el mayor número de bajas, en la que más importa que la muerte se espere con la serena conformidad de saber que es el precio del triunfo del ideal por el que se combate. Sin embargo, el equilibrado conjunto de sus capacidades ofensivas y defensivas se agiganta con la colaboración de las demás Armas combatientes y de los Cuerpos y Servicios auxiliares, cuya misión es ayudar y facilitar a la I. la conquista o la conservación del terreno, destruyendo al enemigo y a sus medios de combate, aumentando la protección propia, suministrando equipos y víveres, curando a heridos y enfermos, etc.2. La Infantería del Antiguo Oriente. En los albores de la Humanidad, durante muchos siglos, se combatió exclusivamente a pie; hoy sólo se lucha a pie cuando la naturaleza del terreno impide otro medio de locomoción y en los momentos decisivos del choque y de la ocupación o defensa de posiciones. Cambio tan radical tuvo lugar, a través de una lenta y continua evolución, por el progresivo acomodamiento de la I., en su organización, medios y procedimientos tácticos de combate, a las características de sus propias armas y al apoyo o colaboración que pudo recibir de otras tropas de distinta naturaleza.En un principio, los combatientes, todos a pie naturalmente, carecieron de organización y de principios tácticos. Los grandes Imperios asiáticos de la Antigüedad tan sólo movilizaban masas de mercenarios y esclavos sin disciplina, organización ni uniformidad en ningún aspecto. En la "Estela de los buitres" caldea (3000 a. C.) aparece la primera tropa a pie rudimentariamente organizada en filas de a siete, cuyo primer hombre era portador de un gran escudo, los demás iban armados con largas picas. Cinco siglos después, en la estela, también caldea, de Naram-Sim, llevan, además de la pica, hachas de filo convexo. Hachas y lanzas eran de bronce o cobre; pero los hititas emplearon ya el hierro, y armaron a sus guerreros con espadas, largos puñales, hachas de doble filo y lanzas. Mediado el II milenio a. C., los egipcios diferenciaron sus tropas propias, armadas de lanza y hacha, y protegidas con escudo y casco, de las mercenarias, más a la ligera. También diferenció Asiria, en el I milenio a. C., una tropa pesada, con túnica cubierta de escamas metálicas, escudo y casco, de otra ligera, protegida sólo por el casco y un escudo de mimbre, copiado luego por los guerreros persas, cuyas armas ofensivas eran lanza, arco y puñal. Pero los persas emplearon ya, como auxiliares, verdaderas hordas movilizadas en los países conquistados, jinetes, carros y elefantes.3. La Infantería del mundo clásico. La cuna de lo que habría de llamarse I. para diferenciarla de otro tipo de guerreros tácticamente organizados, fue Esparta, copiada por los demás pueblos griegos (v. EJÉRCITO II). El combate seguía resolviéndose por el choque con la pica y la espada, pues las armas arrojadizas (piedras, dardos, flechas) eran insuficiente apoyo del ataque o de la defensa. De acuerdo con ello, dando nacimiento al arte de la guerra, organizaron la falange, muralla humana erizada de hierro, principalmente defensiva, pero cuña incontenible en la ofensiva por la cohesión de su masa. Contaba con tres tipos de guerreros: hoplitas, con armas y protecciones pesadas; peltastas, con picas más cortas y escudos más pequeños; y psilitas, armados sólo con jabalina, arco u honda, y sin la protección del yelmo, loriga y escudo. El orden táctico, para los hoplitas, partía de la enotomia, compuesta por cuatro hombres, y respondía a una progresión geométrica de razón 2, para constituir el sintagma, unidad táctica de 16 hileras de 16 hombres, y la falangarquia o falange ordinaria, que, mandada por un estratego y formada por 16 sintagmas sin intervalo alguno entre sus elementos, constituía una rígida masa de 4.096 hombres, 256 hileras de 16. En los peltastas, cuya falange se situaba detrás de la de los hoplitas, el fondo se reducía a ocho hombres. Los psilitas no constituían unidades determinadas y, después de iniciar el combate con sus armas arrojadizas, pasaban a retaguardia o se intercalaban en las alas con la caballería, que ya (aunque en escaso número, como entre los persas pero organizada en unidades a base del mismo número 4) hizo su aparición como Arma combatiente junto a la 1. Epaminondas introdujo la modificación del orden oblicuo en la esctructura táctica de la falange, al situar en un ala una compacta masa rectangular de 50 hombres de fondo, que durante algún tiempo dio la hegemonía en Beocia a la ciudad griega de Tebas; pero la mayor perfección del orden táctico de la falange fue lograda por Alejandro Magno con su tetrafalangarquia o falange macedónica, compuesta por cuatro falanges ordinarias no ensambladas.La I. adoptó un nuevo orden táctico con la legión romana (v. EJÉRCITO III). Villamartín, con su frase "la falange era, el escudo; la legión, la espada", expresó las diferentes concepciones tácticas, defensiva y ofensiva, resueltas, respectivamente, por la falange y la legión (v. o. c. en bibl.). La I. romana tenía cuatro clases de soldados: vélites, los más jóvenes y menos ricos, ligeramente armados y protegidos con espada, dardos, casco sin penacho y un pequeño escudo; astarios, jóvenes; príncipes, de mayor robustez y edad; y triarios, distinguidos por su valor, hazañas o veteranía. Las tres últimas tenían las mismas armas ofensivas (espada y dos pilum o venablos arrojadizos) e idéntica protección (casco de bronce con penacho, peto, botines metálicos y escudo grande). La legión, mandada por un tribuno militar, consta de 30 manípulos (unidad táctica) dispuestos en tres líneas, como los cuadros del mismo color en un tablero de ajedrez, a distancia variable. Los diez manípulos de la primera línea (astarios) y los diez de la segunda (príncipes) eran bloques de 12 hileras de 10 hombres; los 10 de la tercera (triarios), lo eran de sólo 10 hileras de seis hombres. Los vélites, que no eran verdaderos legionarios, formaban 30 grupos de 40 hombres, recordando en todo a los psilitas griegos. Reunía la legión 4.500 hombres, por contar además con 300 jinetes, y cuatro de ellas, con otras tantas formadas por gentes de regiones sometidas o aliadas, constituían normalmente el ejército.Mario (v.), para compensar, por masa la debilidad moral producida al admitir proletarios, esclavos y extranjeros, como soldados mercenarios en la legión, creó la cohorte, nueva unidad táctica formada por la reunión de tres manípulos, uno de cada clase, en un solo bloque más fuerte de 30 hileras de 10 hombres: cuatro de astarios, cuatro de príncipes y dos de triarios. La legión formaba en dos líneas de cinco cohortes, separadas por intervalos iguales a su frente, mucho mayores por tanto que antes, lo cual, junto a la carencia de una tercera línea que sirviese de reserva, debilitó su estructura. Julio César (v.) restableció la tercera línea al dejar en la primera cuatro cohortes y formar la segunda y la tercera con tres cada una. La I. romana perfeccionó la castrametación y fortificación, ya conocidas por los griegos, así como las máquinas de guerra para el ataque de plazas fuertes: ariete, balista, catapulta, etc.Escaso interés revisten, para la historia de la I., los pueblos contemporáneos de la Roma conquistadora. En España, sin organización ni procedimientos tácticos definidos, estaba constituida, aunque algunos historiadores hablen de compactas agrupaciones en dos líneas y de un orden de combate en cuña, por pequeñas hordas que practicaban espontáneamente lo que habría de ser un modo de combatir en el que los españoles serían siempre maestros, la llamada guerra de guerrillas (v.). Sus armas ofensivas eran la espada de doble filo, el dardo aguzado en sus dos extremos y la famosa honda, pero también utilizó tridentes, mazas y picas. Su protección se reducía al escudo y loriga de cuero y el casco de cobre. Ese ligero equipo permitió, cuando comenzó a emplearse la caballería, caracterizada por desmontar a veces sus jinetes para combatir a pie, que los guerreros a pie montasen a la grupa de los caballos hasta el momento del combate decisivo. Más tarde, al formar parte de los ejércitos cartagineses y romanos, adoptó la organización y la táctica de éstos, comenzando entonces a mostrar las virtudes guerreras que la harían famosa.Respecto a la I. cartaginesa, cuyos éxitos se debieron en gran parte a los españoles, que constituyeron su nervio en la campaña de Italia, y a la colaboración de su magnífica y numerosa caballería de jinetes númidas y españoles, que le proporcionaban la capacidad de maniobra de que ella carecía, fue de calidad excelente pero de escasa disciplina, por componerse de mercenarios extranjeros. Su formación táctica fue en dos líneas, rara vez en tres, remedo de la pesada falange griega. En cuanto a la I. de los pueblos bárbaros, al principio era una desordenada hueste que todo lo fiaba al número y al valor, pero el contacto con los romanos les hizo adoptar una embrionaria organización táctica, al tiempo que perdía importancia, pues por prestarse la caballería mejor a su modo de combatir la colocaban en primera línea, dejando a aquélla en segunda. Desde los comienzos del Imperio, Roma había necesitado aumentar el número de legiones dando entrada en ellas a los guerreros bárbaros, mientras los romanos se envilecían y afeminaban progresivamente por la molicie; al fin, aquellas razas vírgenes y vigorosas, desconocedoras del arte de la guerra pero sobradas de valor individual, se desparramaron por las provincias romanas, conquistándolas.4. La Infantería medieval. La Edad Media puede considerarse la de la gran crisis de la I. El individualismo germánico cuya manifestación social y política fue el feudalismo, sustituyó en Europa a las fórmulas anteriores. Cuando los bárbaros fueron olvidando lo aprendido de los romanos, desapareció todo vestigio del arte de la guerra, y la I. se mostró como una muchedumbre sin orden ni plan. El sistema feudal, que al iniciarse el s. Ix era ya general y poderoso, impedía la guerra en gran escala, constituyendo la negación de la estrategia y de la táctica. La I. estaba formada por los siervos de los señores y por quienes no podían adquirir un caballo. Así, las mesnadas feudales eran masas heterogéneas de peones sin la menor uniformidad en vestuario ni armamento. Era éste tan ligero como liviana la protección contra el del enemigo. Formada por gentes de baja condición y prácticamente nula para el combate en campo abierto, donde la victoria dependía de la caballería, la I. fue despreciada y se la empleó ,casi exclusivamente para la custodia de campamentos y castillos, para asaltar a éstos y para las acciones donde aquélla no pudiera intervenir por la naturaleza del terreno.Lo mismo ocurrió en España al principio. Aunque el visigodo, por su mayor contacto con los romanos, fue el pueblo bárbaro más adelantado, y su organización militar pretendió imitarlos, el fenómeno de la decadencia de la I. fue idéntico. Componíase de siervos y villanos mal armados, muchos con las mismas guadañas usadas en sus labores de campo, dando ocasión a que el emir Muza dijese: "son leones en sus castillos; águilas en sus caballos y mujeres en los escuadrones a pie", porque los árabes, pese a dar también predominio a la caballería, no desdéñaron la 1. y supieron emplearla en sus rápidas conquistas. Pero la Reconquista modificó algo las cosas, pues al iniciarse en las montañas obligó al empleo de huestes numerosas de peones reclutados entre pecheros, tributarios mas no siervos, actores principales de muchas victorias por su habilidad en el manejo del arco y de la ballesta, que les hizo famosos en Europa. Además, la empresa común contra el infiel mitigó las características del sistema feudal; la I. española, aunque batiéndose en tropel, intervino en grandes batallas con algún orden, formando en haz, en cúneo, en muro, o en batalla, como se llamó la formación en línea. Excepcional tipo de la I. española fueron los almogávares (v.), que alcanzaron dimensiones legendarias con sus expediciones a Oriente.En el s. xiv, las batallas de Crécy y de Poitiers devolvieron a la I. la supremacía en el combate. En ambas correspondió la victoria a los ingleses, cuatro o cinco veces inferiores en número a los franceses, por combatir con orden y método a la defensiva en posiciones previamente escogidas en terreno favorable, y con una tercera línea formidable, constituida por los caballeros de pie a tierra y lanza en ristre. Los despreciados peones vieron combatir, codo a codo con ellos y como ellos, a los más orgullosos varones de Inglaterra, lo cual elevó su moral y su confianza en su propio valer. Más tarde, en la guerra religiosa de los husitas (v. Ilus), éstos organizaron ya una I. disciplinada que resucitó el orden de combate de la falange, con largas picas, y combatió en campo abierto derrotando a tres ejércitos de tipo medieval enviados por el emperador de Alemania. En Suiza también adoptó la 1. la formación en masas ordenadas, profundas, erizadas de largas picas y alabardas que desmontaban a los jinetes en el choque. Esta I. sirvió de modelo durante mucho tiempo a las demás de Europa, pero era poco maniobrera y muy vulnerable a la naciente Artillería (v.).5. La revolución de los tiempos modernos. La aparición y lento progreso de las armas de fuego portátiles, de los ejércitos permanentes y de su "nacionalización", produjo una constante transformación de la I., que consolidó su absoluta supremacía en las batallas. La inició el Gran Capitán (V. FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA, GONZALO) al finalizar el s. xv, comienzo del auge militar de España, cuya I. fue la mejor del mundo. Inspirada en la legión, el escuadrón o coronelía de 6.000 hombres se dividía en 12 batallas o capitanías (10 con piqueros, rodeleros y arcabuceros, y dos con sólo piqueros extraordinarios) de estructura rectangular compacta, en tres líneas que admitían muchas variantes según el enemigo, el terreno y las circunstancias. Esta formación fue modificándose, para agilizarla más, conforme se crearon los tercios de 3.000 hombres divididos en 12 compañías; se aumentó la proporción de arcabuces y aparecieron los mosqueteros, los fusileros con bayonetas y los granaderos. Los dos últimos ya en tiempos de Felipe V, quien introdujo la organización francesa y sustituyó los tercios por los regimientos, divididos en batallones y compañías. En este periodo, la l., llamada ya así, española comenzó a emplear las conversiones o paso de la línea (para hacer fuego desplegada en tres filas) a la columna (para el movimiento) y a la formación en cuadros (para resistir, con bayoneta calada, a la caballería). Mientras tanto, otros países contribuían también al perfeccionamiento del arte de la guerra (v. GUERRA I) y de la 1. en especial. En los Países Bajos, en sus luchas contra España, surgió la figura de Mauricio de Nassau, que quiso vencer la masa con la movilidad, estableció la reiteración de esfuerzos con sus tres líneas suficientemente distanciadas para que en cada choque sólo interviniera una (v. PAfSES BAJOS, GUERRA DE LOS). Para ello combinó tácticamente pequeñas unidades, de armamento uniforme cada una, más flexibles e independientes, y aptas además para ampliar el frente con ventaja para el fuego. Estas reformas fueron recogidas y completadas por Gustavo Adolfo de Suecia (v. SUECIA IV), quien aumentó la proporción de los mosqueteros a un 75%, aligeró el armamento y el equipo, e inventó el cartucho de papel, que aumentaba la rapidez del tiro, y creó órdenes de combate más fraccionados y maniobreros, anuncio de futuras y más hondas transformaciones.En cuanto a Francia, que organizó su I. a base de mercenarios, nada importante le debe ésta hasta fines del s. XVIII, ya que la supremacía alcanzada en el último tercio del s. xvll fue fruto del genio de Condé y Turena, como estrategas, y del ingeniero de las fortificaciones, Vauban. Por lo demás, ya inventado el fusil (V. ARMAS), continuó con piqueros y mosqueteros, y sus principios tácticos eran los de los españoles con rasgos de los de Nassau y Gustavo Adolfo. Su originalidad fue la reducción de las compañías a 50 hombres y la organización de varios pequeños ejércitos, capaces de realizar rápidas operaciones simultáneas y distantes, a base de movimiento, no de choque, pero sin éxitos concluyentes por rehusar las batallas decisivas.Los tratadistas militares señalan el comienzo de los tiempos modernos de la 1. a mediados del s. XVIII. Federico II de Prusia (v.) creó una táctica de fuego y resucitó la de choque sin abandonar la de movimiento, pues innovaciones en el fusil, la cartuchería y la bayoneta, compatible ya con el disparo, aumentaron la velocidad de tiro y permitieron combinar el fuego a cualquier distancia con el choque. Una férrea disciplina de aquél, por descargas, y el entrenamiento para realizar, en escaso terreno y tiempo, las complicadas maniobras y los múltiples cambios de formación posibles por la fragmentación de las unidades, completaron la eficacia de la 1. prusiana. Organizada en regimiento comarcales, para fomentar compañerismo y emulación, de dos batallones de seis compañías, cinco de fusileros y una de granaderos, los 120 hombres de éstas se dividían en dos alas de dos secciones de dos pelotones. Los granaderos solían agruparse en unidades tipo batallón. Al finalizar el siglo, la Revolución francesa transformó la 1., que, sobrada de entusiasmo pero falta de disciplina y entrenamiento, hubo de sustituir la táctica lineal por la columna, para mantener la cohesión, y el fuego acompasado por el discrecional de las guerrillas de movimiento autónomo anterior al choque, triunfando la movilidad sobre el orden rígido de la táctica y del fuego prusianos.6. La Infantería contemporánea. Estos principios fueron genialmente empleados por Napoleón (v.), quien a base de una extraordinaria movilidad de la I., con la que ya venían colaborando tácticamente las demás Armas, y economizando fuerzas donde fuese posible, concentraba el fuego y el choque sobre el punto principal hasta romperlo, desconcertando las previsiones del enemigo. Sin embargo, a raíz de las guerras de 1866, que dieron a Prusia la supremacía entre los Estados de la disuelta Confederación germánica, se revisaron las ideas, pues el nuevo fusil de aguja aumentó la densidad de fuego hasta poder rechazar al enemigo sin necesidad de emplear el choque a la bayoneta.A comienzos del actual siglo se inventó la ametralladora, pero su difícil municionamiento limitó su empleo. El ataque a la bayoneta en masa era imposible ante el fuego y la fortificación de campaña. La 1. siguió actuando con unidades tácticas de misión ofensiva, fusil y granadas de mano, pero mientras para los franceses su principal medio de acción era el movimiento, para los alemanes lo era el fuego. En la 1 Guerra mundial (v.) se abandonó el movimiento, se estabilizaron los frentes con trincheras y alambradas batidas por las ametralladoras, se sustituyó la guerrilla por el pelotón de fusileros-granaderos en torno a un fusil ametrallador, y se usaron por vez primera los gases, los carros de combate y lanzaminas, morteros y cañones de l., de pequeño calibre. En resumen, la 1. se constituyó en dos masas: una, de los pelotones dichos, escaqueados, atacante; otra, de fuegos, principalmente rasantes, defensiva.En la lI Guerra mundial (v.) la 1. experimentó radicales modificaciones, más que en su organización (que sustituyó el carácter ternario, adoptado en la anterior, por el cuaternario) en su armamento (por la necesidad del tiro curvo, de mayor densidad y potencia de fuego, y de una eficaz defensa anticarro y antiaérea) y en su empleo (pues se abandona la estabilización de los frentes y se pasa a las fulminantes y profundas ofensivas). La I. se motoriza y mecaniza, alcanza enorme potencia de fuego con carros de combate y cañones propios, y enorme movilidad con las Divisiones Mecanizadas y Acorazadas. Nacen la 1. paracaidista y las Agrupaciones Tácticas de Grupos de Combate autosuficientes.Pero nada es aún definitivo. Las guerras locales posteriores a la 11 Guerra mundial son campo de experimentación de nuevos armamentos y tácticas. Las futuras posibilidades bélicas impondrán una total revisión de los medios y métodos de combate de la 1.M. LUENGO MUÑOZ.
BIBL.: 1. ALMIRANTE, Diccionario militar, Madrid 1869; F. BARADO, museo militar, Barcelona 1886; G. LóPEZ MuÑiz, Diccionario enciclopédico de la guerra, Madrid 1945; F. MARTÍN ARRUE, Historia militar, Toledo 1907; F. VILLAMARTÍN, Nociones del Arte militar, Madrid 1868; D. MONTAÑA, Historia de la Infantería, Barcelona 1942.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.