India (bharat). Historia de la Iglesia. HIST.
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Historia de la Iglesia
Entre los católicos de la I. hay que distinguir tres grupos rituales: los malabares, los malankares, y los latinos.a. Los malabares (V. MALABAR, IGLESIA), están actualmente reunidos en dos provincias eclesiásticas: Changanacherry con Kottayam y Pala¡ como sedes sufragáneas; y Ernakulam con Kothanangalam, Tellicherry y Trichur como sufragáneas, a las que hay que añadir los Exarcados apostólicos de Chanda, Sagar, Satra y Ujjain. Después del cisma de 1653 (v. vill, 1), la Santa Sede envió un visitador apostólico carmelita. Como resultado, se creaba, al margen de la archidiócesis de Cramganor (que seguía bajo el Patronato portugués como Iglesia de los antiguos cristianos de Santo Tomás, aunque pronto quedaría como Iglesia meramente honorífica), un vicariato apostólico, llamado del Malabar, pero bajo la jurisdicción de Propaganda Fide. Era de rito latino, no en cuanto a los fieles, que seguían siendo de rito oriental, sino en cuanto a su prelado responsable, perteneciente al rito latino; y quedaba encomendado, no a los jesuitas, sino a los carmelitas. Pero aquellos católicos malabares suspiraban por obispos de su mismo rito. Esta condición latina de una Iglesia de rito oriental perduraría hasta 1887, año en que se erigían dos vicariatos apostólicos, que comenzaron también siendo de rito latino en sus pastores, pero que en 1896 quedaron cubiertos con los primeros obispos orientales, nombrados por León XIII para aquellos vicariatos malabares que eran ya entonces tres.b. Los malankares constituyen una iglesia de rito oriental unida a Roma en 1930. Procede del grupo de cristianos jacobitas separados de la unión con Roma en 1653 (v. viii, 1), y que adoptaron el rito siriaco-antioqueno. Desde finales de siglo se venía notando cierta intranquilidad entre estos jacobitas del Malabar e incluso su metropolita Dionisio manifestó ciertos deseos de unión con Roma, aunque falleció antes de poder realizarlos. En 1919 uno de sus sacerdotes, Ghiverghis Panikerveetil, el luego famoso obispo Mar Ivanios, fundaba en Bethania una confraternidad religiosa bajo la advocación de Imitación de Cristo, en sus dos ramas masculina y femenina. Tenía como finalidad la educación. En 1925 era consagrado obispo, y al año siguiente, durante un sínodo de obispos jacobitas, insistió en la necesidad de unirse a Roma, tanto más que sus libros litúrgicos admitían el primado romano. El Sínodo le autorizó para ponerse en contacto con el Vaticano, pero con la condición de mantenerse el rito antioqueno y de que sus obispos conservaran las sedes y el oficio pastoral. La Santa Sede aceptó ambas condiciones, aunque de cinco obispos sólo dos se decidieron a dar el paso definitivo: el propio Mar Ivanios y un religioso suyo, consagrado obispo en 1928 con el título de Tiruvalla, llamado Mar Teophilos. El 20 sept. 1930 hicieron la profesión de fe dentro de la Iglesia católica, y comenzaba así la nueva Iglesia unida, llamada Malankar, para distinguirla de la otra, antiguos compañeros de cisma, llamada Malabar. Hoy forman una provincia eclesiástica con sede metropolitana en Trivandrum y la diócesis sufragánea de Tiruvalla.c. Los católicos de rito latino son los que tienen más importancia dentro del catolicismo de la l., y desde el punto de vista misional. En 1972 existen 15 provincias eclesiásticas con 53 diócesis sufragán.eas y cuatro prefecturas apostólicas.Las misiones de la I. no pueden explicarse bien sin la historia del Patronato portugués en su proyección colonial (v. PORTUGAL VI). Con las primeras naves lusitanas llegaban al Oriente también los primeros misioneros, que eran sacerdotes seculares, franciscanos y dominicos. Luego se añadirían otros, como los agustinos y los jesuitas. Ellos comenzaron a preparar la evangelización, sobre todo en la franja costera del O y del E, con Goa como centro religioso; luego Cochín, Malaca, S. Tomás de Meliapur, que fueron constituyendo otras tantas Iglesias, mientras que en el interior se fortificaba la Misión del Gran Mogol llevada por jesuitas y fundaba definitivamente en la tercera expedición dirigida por Jerónimo Javier, sobrino segundo de S. Francisco Javier. Y por lo que se refiere a la reafirmación de la Iglesia en la I., no podemos olvidar la figura de S. Francisco Javier (v.), llegado en 1542 y m. a las puertas de China, que quería conquistar para el Evangelio, en 1552.La historia misional se desarrolló en medio de conflictos jurisdiccionales entre los misioneros del Patronato portugués y los de Propaganda Fide. La expulsión de los jesuitas y su extinción ulterior en 1773 ocasionó un golpe rudísimo a las Misiones indias, pues eran ellos por entonces los que llevaban el peso principal de la labor. A comienzos del s. xix esas misiones estaban padeciendo una situación de verdadera ruina. En las diócesis del Patronato portugués seguía la antigua organización parroquial con clero suficiente para sus propias necesidades; pero este clero tan sólo se ocupaba de los fieles, sin preocuparse de ulteriores conquistas misioneras. En los demás territorios o habían desaparecido las antiguas misiones, o a duras penas podía conservarse lo que hasta entonces se había conseguido. Y naturalmente, no podía pensarse en una ulterior penetración misionera. La situación se agravó aún más a partir de 1834, cuando un Gobierno sectario expulsó de Portugal y de sus territorios ultramarinos a todos los religiosos, con una complicación, además por razón del Patronato, que vino a dar origen a una doble jurisdicción, de la que habrían de derivarse desagradables incidentes. Las sedes del Patronato, vacantes además durante largos años, eran otro obstáculo para el mismo apostolado.Los vicarios apostólicos. Precisamente para obviar esas dificultades quiso la Santa Sede atender a las Misiones de la I., introduciendo una nueva organización eclesiástica en 1834, mediante la creación de vicariatos apostólicos independientes del Patronato, que comenzaron siendo cinco: Calcuta, Madrás, Ceilán, Pondicherry y Maduré. Esta actuación de la Santa Sede causó viva reacción en Portugal, hasta el punto de que la iglesia goana se negó a reconocer la independencia jurisdiccional de los vicarios. En los correspondientes documentos de erección expresamente se recortaba la anterior jurisdicción de las sedes patronales, de las que quedaban, por tanto, jurisdiccionalmente separados. Pero esta medida, lejos de resolver el problema jurisdiccional, vino a agravarlo más todavía, enconando la lucha anterior existente. Por ello Gregorio XVI publicó en 1838 el breve Multa Praeclare, en el que venía a afirmar expresamente que jamás la Santa Sede había abdicado de sus propios derechos, no obstante los muchos privilegios concedidos al Patronato. Y precisamente apoyado en estos derechos, limitaba el Papa la jurisdicción de las citadas diócesis patronales, en favor de los nuevos vicariatos. El problema se agudizó más aún cuando en 1834 se habían roto las relaciones diplomáticas entre Portugal y la Santa Sede, relaciones que no se reemplenderían hasta 1841.En cuanto a su situación histórica, las misiones de la I. habían sufrido una gran decadencia, como las demás misiones en general. En la I. eran insuficientes los sacerdotes goanos para sostener tantas misiones como habían tenido que abandonar los extinguidos jesuitas; por otro lado, también habían disminuido los religiosos, y, además, acudían a su privilegio de la exención en el ejercicio del ministerio apostólico; así mismo habían disminuido notablemente las vocaciones misioneras. Había por esta época 248 religiosos en la I., y de ellos tan sólo 20 lusitanos; exceptuados 36 oratorianos y 16 teatinos, los demás eran dominicos, agustinos y franciscanos.Un nuevo daño, y no por cierto el menor, provenía de la repetida y prolongada ausencia de obispos propios en las sedes del Patronato portugués, por razón de los conflictos entre la Santa Sede y Portugal. Y era el caso que, en virtud del derecho de presentación, no podía la Santa Sede nombrar por sí misma los pastores de esas diócesis indias vacantes sin la intervención expresa de Portugal. De ahí la solución de emergencia de los vicariatos apostólicos, llevada a cabo por Gregorio XVI. Precisamente el nuevo florecimiento de las misiones indias iba a deberse a estas causas: la multiplicación de los vicariatos que eran ya 18 en 1859; el sínodo de Pondicherry de 1845, que trató ampliamente de la formación del clero nativo, tema tocado también ese mismo año por una importantísima Instrucción de la Congregación de Propaganda Fide, la visita apostólica hecha a varias misiones de la I., y, finalmente, la institución de la jerarquía residencial en 1886.Desarrollo de las Misiones. Durante la segunda mitad del s. xix las misiones de la I. tuvieron un desarrollo satisfactorio, debido a las relaciones entabladas entre Portugal y la Santa Sede, que iniciaron y continuaron una serie de acuerdos y concordatos. Y lo mismo las relaciones de las mismas misiones con las nuevas autoridades británicas. En cuanto a estas últimas, la Sociedad Inglesa de las Indias Orientales había concedido mayor libertad a la evangelización, y todo el territorio indio, excepto Goa, había pasado ya a ser dominio inglés. En cuanto a Portugal, se había firmado en 1857 el concordato, según el cual el Patronato se circunscribiría en adelante a las diócesis de Goa, Cochín, Granganor y Meliapur, cuyos límites se definirían cuidadosamente en un convenio ulterior; además, las nuevas diócesis que se crearan se sometían antes a la aquiescencia del Patronato, y se revocaba el breve Multa Praeclare, que tantas amarguras había causado a las autoridades de Portugal. En la I. había entonces 18 vicariatos: Agra, Ave-Pegú, Bengala Oriental, Bengala Occidental, Bombay, Calcuta, Coimbatore, Colombo, Hyderabad, Jaffna, Madrás, Mangalore, Mysore, Patna, Pondicherry, Quilán, Verápoly y Vizagapatán. Un nuevo concordato de 1886, solucionó nuevas dificultades surgidas entre la Santa Sede y Portugal, y ese mismo año León XIII instituyó la jerarquía ordinaria residencial en toda la I., con ocho provincias eclesiásticas, incluyendo la sede de Goa, y la isla de Ceilán, más 19 diócesis sufragáneas, tres vicariatos y cuatro prefecturas. Las metropolitanas eran Agra, Bombay, Calcuta, Madrás, Pondicherry, Verápoly y Goa.Por lo que se refiere a los misioneros, las antiguas Misiones de los jesuitas, después de su extinción, habían sido confiadas, por lo general, a los misioneros de París en la I. meridional, y a los capuchinos en la septentrional. Ahora, casi a mediados del s. xix, regresaban los jesuitas, restaurados ya, a algunas de sus antiguas misiones, como las de Bengala y Maduré, primero, y luego a las de Mangalore y Bombay. Además, habían ido llegando algunos otros misioneros: en 1870 los de Milán a las misiones de Birmania, en 1899 los salvatorianos al territorio de Khasi, y luego sucesivamente los salesianos de S. Francisco de Annecy, y de S. Juan Bosco, los misioneros de Mil] Hill, los PP. de la Santa Cruz, los PP. del Verbo Divino, los franciscanos, lazaristas, canónigos regulares de S. Agustín, premostratenses, dominicos, javerianos de Parma; y eso sin olvidar al clero nativo, que iba creciendo de día en día.Al mismo tiempo habían comenzado a llegar algunas religiosas y varios Institutos de hermanos. En 1922 las religiosas eran 3.250; en 1957, 14.000, de ellas 10.000 nativas.El trabajo realizado iba fructificando. Hacia finales del s. xix los católicos de la l., incluidos los de Ceilán, habían alcanzado la cifra de 2.201.674, número que debería seguir en aumento en la primera mitad del s. xx, al ritmo de la multiplicación de sus territorios eclesiásticos. Así en 1933, bajo la Delegación apostólica de la l., existían 11 provincias eclesiásticas con 58 sedes en total. Los católicos alcanzaron ese año a 3.700.000, a pesar de que la I Guerra mundial había ocasionado serios trastornos a las misiones católicas. En 1972 había en la I. propiamente tal, esto es, sin contar el Pakistán y Ceilán, incluidos anteriormente en sus estadísticas, hasta 15 provincias eclesiásticas con 53 diócesis sufragáneas y cuatro prefecturas apostólicas, repartidas así: Agra con Ajmer-Jaipur, Allahabad, Jhansi, Lucknow, Meerut y Varanasi; Bangalore con Bellary, Chikmagalur, Mangalore y Mysore; Bhopal con Indore, Jabalpur, RaigarhAmbikapur; Bombay con Ahmedabad, Belgaum, Poona y Baroda; Calcuta con Bhagalpur, Darjeeling, Dumka lalpaiguri Krishnagar; Delhi con Simla-Chandigarh; Goa (patriarcado), con Dili (Timor portugués) y Macao (China); Hyderabad con Guntur, Nellore, Vijayavada, Visakhapatnam y Warangal; Madhurai con Kottar, Tiruchirapally y Tuticorin; Madrás-Myllapore con Coimbatore, Ootacumund y Vellore; Nagpur con Amravati; Pondicherry-Cuddalore con Kombakonan, Salem y Tanjore; Ranchi con Cuttack, Daltonganj, Jamshedpur, Patra y Sambalpur; Shillong-Gauhati con Dibrugarh, Silchar y Tezpur; Verápoly con Allepey, Calicut, Cochini, Quilon, Trivandrum y Vijayapuram. Más las prefecturas de Balasore, Jullundur, Kashmir-Jammu y Raipur.Difícil se presenta la expansión de la Iglesia católica en la I. independiente. Basta reflexionar sobre el hecho de que después de cuatro siglos de evangelización, el número de católicos apenas sobrepasa los cinco millones, y eso contando con los dos millones correspondientes a los de rito oriental, pertenecientes a los conocidos cristianos de S. Tomás. Es cierto que la favorece la libertad religiosa, garantizada por la misma Constitución, aunque luego en la práctica se opongan dificultades al ingreso de nuevos misioneros. Dígase lo mismo de la rápida indianización de la jerarquía, que dirige ya una buena parte de los territorios eclesiásticos, y del clero diocesano y religioso, que aumenta sin cesar, y con una formación autóctona. Pero estos factores positivos quedan contrapesados por una serie de obstáculos que impiden la marcha ascendente de la evangelización: división de castas (aunque este problema no es ya tan agudo como en los siglos anteriores), de razas y de lenguas; oposición tradicional del elemento intelectual indio a toda conversión, a causa de cierto indiferentismo religioso, debido en parte a su formación en las Universidades de Occidente; la creciente influencia de un movimiento neohinduista con ansias de expansión y proselitismo; el espíritu laicista de los medios intelectuales, imbuido de materialismo y de indiferentismo, y más o menos trabajados por ideas comunistas.La Iglesia católica trabaja bien, a pesar de todo, en los campos de la enseñanza y muy particularmente con sus Universidades, como las de Bombay, Calcuta, etc., y con sus abundantes Colegios de segunda enseñanza y universitarios. Dígase lo mismo en el campo asistencial y cultural en general. No hemos de olvidar tampoco que en Bombay precisamente se ha celebrado el último Congreso eucarístico internacional, con asistencia del Sumo Pontífice Paulo VI, lo que constituyó un tanto de excepción para el conocimiento de los católicos y su obra en toda la I.V. t.: VIII;GOA, 2;JACOBITAS;MALABAR,IGLESIA;DE NOBILI, ROBERTOA. SANTOS HERNÁNDEZ.
BIBL.: Ann. Pont. 1972; Missionni portoghesi, Lisboa 1950; F. 1. MONTALBÁN, Manual de Historia de las Misiones, 2 ed. Bilbao 1952; A. MULDERS, Missionsgeschichte, Ratisbona 1960; 1. SCHMIDLIN, Manuale di Storia delle Missioni Cattoliche, 3 vol., Milán 1927-29; G. GOYAU, Missions et Missionnaires, París 1931; A. SILVA REGO, Curso de Missionologia, Lisboa 1956; L. BESSE, La Mission du Maduré, Trichinopoly 1914; C. B. FIRTH, An introduction to indan Church History, Madras 1961; E. HULL, Bombay. Mission History with a special study of the Padroado Question, 2 vol., Bombay 1927; P. THOMAS, Christians and Christianity in India and Pakistan, Londres 1954; A. SANTOS, Bibliografía Misional, II, Santander 1965, 310-409.
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