Imperium HIST.
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Historia
Llámase i. al poder original, absoluto e ilimitado que correspondió en Roma originariamente al rex y luego pasó a los magistrados mayores -dictator, cónsules, pretores-, a los promagistrados provinciales y, por último, al Príncipe. Es, verdaderamente, el grado eminente de la potestas, vale decir, de la fuerza socialmente reconocida. Decimos que el i. es un poder original en el sentido de que los magistrados romanos no son representantes del populus ni encarnan noción alguna de soberanía popular, como asimismo no existe una relación de dependencia entre las diversas magistraturas, aun cuando la plenitud de la potestas pueda ser distinta en unas o en otras.Que sea absoluto quiere decir que reúne en sí todos los atributos del mando, que son, en primero y principalísimo lugar, el mando del ejército, con todas las funciones inherentes; los auspicia, o facultad de interpretar la voluntad de los dioses respecto de los asuntos públicos, y especialmente, antes de emprender una campaña militar, por lo que el subsiguiente triunfo debía ser interpretado como un regalo de los dioses al general que había obtenido los auspicios favorables; la iurisdictio, o poder de declarar solemnemente el derecho que ha de regular un litigio entre particulares; el ius edicendi, que significa que el magistrado se halla en una posición que le permite dictar órdenes cuya eficacia durará lo que dure el cargo del autor; el ius agendi cum patribus, por cuanto el magistrado con i. convoca y preside el Senado, y además le presenta los temas que debe tratar (ius referendi); el ius agendi cum populo, por cuanto convoca y preside las asambleas populares (comida), y en ellas presenta las leyes (rogatio) y el nombre de su sucesor, para que el pueblo apruebe mediante voto orgánico, sin posibilidad de discusión previa. Cuando una magistratura reúne todos estos atributos, se dice que es cum imperio; en cambio, si sólo tiene algunas de las facultades antedichas, se la considera sine imperio, y únicamente tiene una potestas limitada (magistraturas cum potestate: censura, cuestura, edilidad y otras menores).Además de absoluto, el i. es ilimitado, y ello significa que todos estos poderes no están sujetos a ninguna restricción de carácter interno, aun cuando sea verdad que una serie de consideraciones tradicionales atemperan su ejercicio en mayor o menor medida, según las circunstancias. En relación con estas diferentes intensidades en el ejercicio del i. está la maiestas populi romani, o inhibición tradicional que afecta al i. de los magistrados por consideración a la dignidad de los cives; al respecto se solían distinguir dos formas o intensidades en el ejercicio pleno de la potestas: el i. domi, que tenía expresión en tiempos normales dentro del recinto de Roma -considerado semejante a un templo (poemerium)- y el i. militae, o mando sobre ciudadanos o extranjeros fuera de la urbs -principalmente en campaña militar- o incluso dentro de Roma cuando el Senado, mediante un senatusconsultum ultimum recomienda a los magistrados que tomen medidas de emergencia "para que la República no sufra detrimento", o cuando se nombra un dictator, esto es, un magistrado extraordinario y único que reasume temporalmente el antiguo poder no compartido de los reyes y de los tribuni militares prerrepublicanos, a fin de superar un momento de crisis externa o de conmoción interna. Formalmente, aun cuando no de manera sustancial, se ejercía también el i. militae dentro de Roma cuando se concede al general victorioso entrar en Roma como triumpFtator al frente de sus tropas.El i. domi era el poder atenuado en su expresión concreta por obsequio a la maiestas populi romani, y tal atenuación consistía principalmente: a) en la colegialidad, esto es, el hecho de que la magistratura con i. es compartida por varios magistrados que tienen entre sí la facultad de veto, o intercessio; la temporalidad, por la que el magistrado, al cabo de cierto tiempo, resigna su cargo y propone un sucesor a los comicios; la provocatio ad populum, por la que el magistrado no aplicaba ciertas sentencias graves en materia criminal sin contar con la aprobación de la asamblea popular, y por fin, la presentación al populus de las leyes para su aprobación.BIsL.: V. ARANGIO-Ruiz, Storia del Diritto Romano, 7 ed. Nápoles 1957; W. KUNKEL, Historia del Derecho Romano, Barcelona 1965.F. SA,MPER POLO.IMPIEDADLa impiedad en la S. E. es una actitud espiritual contra Dios y su ley. Si el fin de la Revelación es guiar al hombre hacia la salvación (v. REVELAC1óN 11-111), los impíos son aquellos que han equivocado el camino. En la visión del mundo que ofrece la Biblia hay dos clases de hombres: justos e impíos, con Dios o contra Dios (Mt 12,30; Le 11,23). El error que significa estar sin Dios o contra Dios quedará plasmado en el significado fundamental del pecado bíblico (hattá’t y hamartía). Los Salmos sapienciales (1; 9; 10; 36; 37; 52; 53; etc.) describen esa división del mundo; en ellos encontramos datos que nos permiten llegar a una noción de la i. en la Biblia.Terminología. A través de los términos empleados y su contexto descubriremos el sentido etimológico de la impiedad.1) La palabra queda desdoblada en sustantivo, verbo y adjetivo: a) El sustantivo propio es asebeia en griego. Para los Setenta es la traducción de diversas voces hebreas, pesa` (culpa, falta) es la más representada (27 veces). Siguen, con 11 veces hámits (violencia, injuria), con 10 veces resa` (i., injusticia), con 9 veces en Ez zammah (maquinación, asechanza), con 2 veces hattá’t (pecado, error) y con una, `awón (perversidad, maldad). b) El verbo griego asebeo (obrar la i.) aparece 10 veces con la raíz de rasa`, 9 veces con pesa`, 2 veces con la raíz de insolentarse, y una vez con las raíces zammah, marah (rebelarse) y `asah thebel (hacer algo desordenado). c) En el adjetivo asebés (impío) hay una mayor uniformidad: 144 veces corresponde a rasa`, 6 veces a hanef (contaminado), 3 veces a hatta’ (pecador, equivocado), a kesil (necio, torpe) y a ztlr (descarriado). Si a esto añadimos que el objeto o complemento es normalmente Dios o su ley, tendremos una noción básica de la i. en la Biblia según su significado etimológico. Es una actitud más que un acto concreto. Y en la actitud concurren las ideas de injusticia, culpa, pecado, maldad, desorden, error.2) Contexto. Esta noción absoluta queda iluminada por el concepto relativo que se desprende de sus sinónimos y opuestos.a) El más importante sinónimo de asebeia es adikía. Y tanto que a veces corresponde a la misma palabra hebrea (cfr. Prv 11,5). Es muy frecuente el uso conjunto de arabas palabras en los autores clásicos, como Platón (Prot. 323e), Aristófanes (Thesmoph. 367); lo mismo sucede en Josefo (Bell. 7,260) y Filón (Spec. Leg. 1,215). Es también norma en la versión griega de los Setenta y en el N. T. (Os 10,13; Ps 73,6; Prv 11,5; Rom 1,18). Otros términos griegos sinónimos de i. son anomía y hamartía con sus verbos y adjetivos correspondientes (cfr. 1 Reg 8,47; 2 Par 6,37; Bar 2,12; Ps 106,6; Prv 4,17, etc.). Entre los sinónimos hebreos de rasa` cita Zorell, en su Léxico Hebreo, battá’t (Dt 9,27), `awón (Ier 14,20) y `awláh (Os 10,13). Y como adjetivos, ra` (malvado: Prv 4,14; Ps 10,15), les (arrogante, insolente: Ps 1,1; Prv 9,7), hattá’ (Ps 1,1). b) La idea opuesta a i. es la expresada por los términos que significan justicia (v.). Tales son especialmente: sédeq y saddiq en hebreo, dikaios y dikaiosyne en griego; es un uso por demás corriente en los Salmos y en los Proverbios (cfr. Ps 37,12.16.17.21.28s.32.38s; Prv 10,3.6.7.11.16.20.24.25. 28.30.31.32; 1 Pt 4,18; etc.). En Tit 2,12, dikaios, sófrón y eusebés se contraponen a impiedad.3) Sentido general. Por este rápido análisis de la terminología de i. podemos descubrir el significado general de esta actitud. Se trata de una postura moral pecaminosa contra Dios. Este es también el parecer común de los autores griegos, para quienes la i. ha de ser "contra Dios" (Eurípides, Bacantes, 490) o "relativa a los dioses" (Jenofonte, Cyropaedia, V1II,8.7.27). Aristóteles la define como "una especie de injusticia o desorden respecto a los dioses" (De virtutibus et vitiis, VII, 1251,30 s.); y, según Platón, era una i. el negarse a tomar parte en los cultos de la ciudad (Leg. VII,799b; X,907 ss.). Sin embargo, parece que consideran posible ser ateo sin ser impío, pues la i. connotaba un pecado positivo en contra de los dioses.Los términos usados en la S. E. nos confirman esta idea. Si justo es, en general, el que se somete a la voluntad divina, impío es el que contra ella se rebela con todas las consecuencias.Impiedad en el A. T. Hemos visto la abundancia de su terminología. Ello prueba un hecho: la i. es no sólo una realidad abundante en la historia bíblica, sino expresable con muchos matices. La historia del hombre es la historia de sus impiedades, desde el Paraíso hasta la batalla final de Apc 20, pasando por el Diluvio, Babel, Sodoma y todas las rebeldías aludidas en el Salmo 106.1) El sentido religioso es de capital importancia en la Biblia. Por la i. se sitúa el hombre en estado de rebeldía y enemistad con Dios; pues prácticamente el impío niega a Dios con sus palabras y su conducta (Ps 10,4; 14,1; 53,2; lob 21,14; 34,9; cfr. Os 2,8; 8,6; 13,2), o le olvida (Ps 14,4; 50,22; lob 8,13), le desprecia (Ps 10,13), niega su actividad en el mundo (Ps 10,6.11; 73,11; Soph 1,12), desecha el temor de Dios (Ps 36,2), abandona su ley (Eccli 41,11). Es el gran pecado de la idolatría (v.) tan fustigada por los profetas (Is 2,8.20 ss.; Ier 2,11; 7,17 s.; Os 4,13 ss.). Por ello pueden muy bien los Salmos y los libros Sapienciales establecer como principio que la i. es una necedad (Ps 10,4; 14,1; Sap 4,165,16; 10,8; cfr. Dan 12,10) y que por el contrario el temor (v.) de Dios es principio de sabiduría (Ps 111,10; Prv 1,7; 9,10; 15,33; Eccli 1,16; etc.). Dios responde odiando la i., aborreciendo los caminos de los impíos (Sap 14,9; Prv 15,9) y manteniéndolos lejos de su gracia (Prv 15,29).2) Hay también un sentido social de la i. que podría definirse con el término clásico griego de la hybris (insolencia). Porque el impío es soberbio (Ps 10,2-4; 31,19; 36,12; 37,35; 73,6; lob 21,15; Sap 2,6 ss.), violento y despiadado (Ps 10,6 ss.; 11,2; 73,6-8; Prv 12,10), cruel y sanguinario (Ps 26,9; 94,6), injusto (Ps 36,4; Prv 17,23), opresor del pobre y del desvalido (Ps 10,7-11; 12,6; 17,9-12; 37,14; 94,5; Sap 2,10-20). De esta postura social del impío autosuficiente por su poder y su riqueza (cfr. lob 21,14 ss.; 22,17; Sap 5,8) se desarrollará más tarde la idea de los ricos impíos que atesoran riquezas por medios injustos (cfr. Is 3,13-26; 5,8; Am 3,10; 6,1; Ps 94,2-6; etc.). Los pobres en cambio, conscientes de su pobreza y debilidad, no tendrán otra salida que la confianza en Dios (cfr. Ps 10,14; 25,16; 40,18; 70,6; 86,1; 109,2; etc.).3) Los frutos de la impiedad. Si del corazón del hombre proceden sus obras (Mt 7,21), del corazón torcido del impío brotarán acciones perversas y malintencionadas. Lo demuestran los calificativos del impío por medio de participios: "obradores de la maldad" (ra`, ’úwen), los que oprimen, los que no buscan a Dios ni en Él confían, los que le odian, etc. Pero además de lo dicho sería posible confeccionar un catálogo de los pecados del hombre impío enumerados en los Salmos y en los libros Sapienciales: amigos de la oscuridad (lob 24,17; Prv 4,19; Sap 5,6), ponen asechanzas (Ps 10,2.8 s.; 36,5; Sap 2,12), matan (lob 24,14; Ps. 37,14; 94,6), son ladrones (Iob 24,2 ss.; Ps 10,8 ss.; 50,18), usureros (Ps 10,7), mentirosos (Prv 12,3-5; 15,28; 16,27; Ps 50,19), difaman y calumnian (Ps 50,20).4) La suerte del impío. Pero Dios es Dios, ve todo desde los cielos y un día pondrá todas las cosas en su sitio. Ordenará los acontecimientos desquiciados y dará a cada hombre su merecido (Sap 3,10; Dan 12,2; 2 Mach 7,14.34 s.). Es la amenaza que contra los impíos fulminan los profetas (Is 3,11; Ier 23,19; Am 2,4-6; Mal 3,21; etc.) y sabios (Prv 3,33 s.; 11,21; 22,12; Eccli 1,30; 5,3-8; Sap 3,10; 4,17; 14,9, s.). lob 20 despliega un cuadro terrible sobre la suerte que correrán los malvados: Vivirán sin paz (Is 48,22 57,21), sin Dios (Prv 15,29) y sin esperanza (Prv 10,28; 11,7; lob 11,20; Sap 5,14). Y después de una vida estrecha y breve (lob 20,5 ss.; Prv 10,27), caerán en la muerte inexorable (Prv 5,23; 13,9; Eccli 41,14) que para ellos será perdición (Ps 1,6; 37,28.38; Prv 24,16.20; Eccli 41,14; cfr. 2 Pet 3,7). Por último, serán malditos de Dios (Ps 37,22; Prv 3,3; 10,7; Sap 19,1; cfr. Rom 1,18).La impiedad en el N. T. Lo mismo que sucede con otras nociones bíblicas, también la noción de i. queda con los hechos cristianos poderosamente enriquecida. Ya no es el impío solamente el ser rebelde y peligroso. Ahora es también el necesitado de perdón y de misericordia. Y en este sentido se condena la concepción farisaica, según la cual impío era el "pueblo de la tierra" sólo porque ignoraba la ley (cfr. lo 7,49). El N. T. ha aportado como definitivos los acontecimientos de la Redención (v.). La actitud del hombre frente al Evangelio será la determinante de su piedad o de su impiedad.1) Impiedad es, pues, la actitud de rebeldía al Evangelio (1 Tim 1,9-11). Son impíos, dice S. Judas, los que "niegan al único Dueño y Señor Nuestro Jesucristo" (Ids 4). El único capítulo de la carta de este Apóstol tiene como fin desenmascarar a los hombres impíos, que disimuladamente van sembrando entre los fieles los frutos de sus rebeldías y sus blasfemias (vers. 8.10), de sus murmuraciones, vanidades y bastardos intereses (vers. 16), sus deseos malvados y sus discordias (vers. 18 s.). El cristiano debe renunciar a esa actitud si quiere vivir en la esperanza cierta y confiada de la Parusía de Cristo.2) Pero ahora, con la Nueva Alianza, el impío es objeto de misericordia. Dios quiere que renuncie a su i. para volver al camino de la salvación. Y así Cristo, que vino a sanar a los enfermos, a "llamar a los pecadores" (Mt 9,12 s. par.), ha dado su vida precisamente por los impíos (Rom 4,5; 5,6; 1 Pet 3,18). Y esta postura de benevolencia con los impíos es la que S. Judas pide a los cristianos al final de su carta: "salvadlos", "compadecedlos" (Ids 22).3) La victoria. Pero todo en esta historia de perdón y de i. terminará con una victoria total y definitiva. Y esto en dos cuadros de horizontes cósmicos e infinitos: perdón generoso para los que renuncian a sus caminos de i. (Mt 25,34 ss.; Rom 2,7; Tit 2,12-13; Ids 21) y eterno castigo para los que niegan obediencia al Evangelio (Mt 25,41 ss.; Rom 1,18; 2,5.8; 1 Pet 4,17 ss.; Ids 13.15; Apc 20,12.15). Y es que, a pesar de todo, el Cordero y sus elegidos vencerán a la Bestia y a sus seguidores (Apc 13 ss.). Y el bien prevalecerá sobre el mal. Cesará la i. en el mundo porque Dios hará el juicio de la historia (Apc 18,20; 20,12). Y en el silencio de las cosas será Dios quien pronuncie la última palabra. Por eso, la i. estará ausente de la nueva existencia escatológica de la humanidad (v. ESCATOLOGÍA II).Para el aspecto moral del término i., v. las voces de esta Enciclopedia ATEÍSMO; BLASFEMIA; PECADO; RELIGIóN Iv. Para la i. en cuanto necesidad de perdón y misericordia por parte de Dios, v. JUSTIFICACIÓN.G. DEL CERRO CALDERÓN.
BIBL.: P. HEINiscH, Teología del Vecchio Testamento, Roma 1950; 1. GUILLET, Thémes Bibliques, París 1954; S. LYONNET, De Peccato et Redemptione, Roma 1957; F. 1. CAUBET ITURBE, Los maravillosos manuscritos de Qumrán, junto al Mar Muerto, "Cultura Bíblica" 1958, 205-320; CH. JOURNET, El Mal, Madrid 1965; C. SPicQ, Teología moral del Nuevo Testamento, 1, Pamplona 1970, cap. IV.
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