Husserl, Edmund
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Biografía GER
Filósofo alemán, impulsor y creador de la fenomenología (v.); n. en Prossnitz (Moravia) el 8 abr. 1859, y m. en Friburgo Br. el 26 abr. 1938. Datos biográficos. Escritos. Nacido en una familia hebrea cuando Moravia era todavía parte del Imperio austro-húngaro, H. estudió Matemáticas en la Univ. de Viena y allí se doctoró en 1883 con una tesis sobre el cálculo de las variaciones. Asistió durante los años 188486 a las clases de Franz Brentano (v.), y esto lo hizo derivar su actividad intelectual hacia la Filosofía, por la cual apenas se había interesado hasta entonces. Fue Privatdozent en la Universidad de Halle, y posteriormente profesor ordinario en Gotinga (1901-16) y en Friburgo de Brisgovia (1916-29). Después de su jubilación mantuvo hasta la muerte su característico espíritu de trabajo.En 1913 fundó la revista "fahrbuch für Philosophie und phünomenologische Forschung" (Anales de filosofía y de investigación fenomenológica), en la que aparecían los trabajos de la escuela fenomenológica. Reunió H. a su alrededor un notable grupo de colaboradores: Reinach, Pfánder, Geiger, Koyré, Héring, Edith Stein (v.), Scheler (v.), Heidegger (v.), Ven Hildebrand (v.), etc.En conjunto, H. casi no publicó más que una serie de programas y de introducciones a su filosofía. Destacan entre sus obras (damos los títulos en español, indicando la edición de la trad. esp. cuando la hay): Filosofía de la aritmética, Halle 1891; Investigaciones lógicas, Madrid 1929 (2 ed. en español, ib. 1967, 2 vol.); La filosofía como ciencia estricta, Buenos Aires 1951; Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica, 1, México 1949 (11 y 111, La Haya 1952) (2 ed. en español, México 1962); Prolegómenos a la fenomenología de la conciencia del tiempo interior, Buenos Aires 1959 (ed. Heidegger); Lógica formal y trascendental, Friburgo 1929 (trad. esp. en México); Meditaciones cartesianas, México 1942 (ed. incompleta); La crisis de la ciencia europea y la fenomenología trascendental, La Haya 1954; Experiencia y juicio, Praga 1939 (ed. Landgrebe). Dejó H. unos 40.000 folios de materiales inéditos, que fueron trasladados a Lovaina, y están siendo publicados por una editorial holandesa.Trabajador infatigable, H. estaba dotado además de una poco común capacidad de análisis. Es preciso en su lenguaje, lo que no significa que sea fácil de entender; por el contrario, su obra resulta difícil de interpretar, tanto por su riqueza analítica como porque la continua evolución de su pensamiento resta permanencia y fijeza a los términos que emplea.Pensaba H. que el trabajo científico había de desarrollarse en equipo; y en esa línea planteó él la labor en la escuela fenomenológica. Su influencia en el pensamiento contemporáneo es muy considerable; su crítica al psicologismo (v.) fue un golpe definitivo para tal escuela; su labor representó también un notable impacto de carácter negativo para el idealismo (v.), aunque al final el propio H. desembocó en él. El método fenomenológico, por él creado, ha sido empleado por los más valiosos pensadores de nuestro siglo. Por todo ello, H. constituye una de las principales figuras de la filosofía contemporánea.La superación del psicologismo. H., formado filosóficamente por Brentano, inició su labor especulativa desde una perspectiva psicologista. Su primer volumen, Filosofía de la aritmética, lleva como subtítulo: Investigaciones lógicas y psicológicas. Para él, p. ej., en la base del concepto de número está el de multiplicidad, al que llega el espíritu humano a partir del acto de reunir. "Yo había partido de la convicción imperante de que la psicología es la que ha de dar la explicación filosófica de la lógica de las ciencias deductivas, como de toda lógica en general. Conforme a esto, las investigaciones psicológicas ocupan un espacio muy amplio en el primer tomo de mi Filosofía de la aritmética (único publicado). Esta fundamentación psicológica no logró satisfacerme nunca en ciertas cuestiones... Me vi impulsado en medida creciente a hacer reflexiones críticas generales sobre la esencia de la lógica y principalmente sobre la relación entre la subjetividad del conocer y la objetividad del contenido del conocimiento" (Investigaciones lógicas I, 2 ed. Madrid 1967, 20-21).Por influjo de Bolzano y de Frege, H. sometió a nueva consideración su actitud de fondo. La aparición del primer volumen de las Investigaciones lógicas (1900) señalará un radical cambio de dirección. En él, en efecto, H. demostrará para siempre la imposibilidad de reducir las leyes lógicas a leyes psíquicas; el psicologismo es sencillamente un relativismo escéptico. El segundo volumen iniciará el estudio positivo del ente lógico. Lo "lógico" pertenece a la esfera de la "significación", y no a la del "significar", pero significación no equivale a cosa conocida.En la base del psicologismo (v.), empirismo (v.), etc., hay una actitud nominalista (v.) que conviene desvelar y debelar. Para los nominalistas de todos los matices, las leyes lógicas no son sino generalizaciones empíricas e inductivas; lo universal (v.) es una mera imagen esquemática y desvaída. H. pone de manifiesto que las leyes lógicas no son, en sí, simples reglas, aunque estas reglas sean consecuencias de células. La Lógica (v.) no es, por ello, una ciencia meramente normativa, sino la ciencia teorética que subyace y funda la normativa del pensamiento (lógica vulgar, arte lógico, lógica metodológica o como se la quiera llamar). Por eso, en rigor, las leyes lógicas no se refieren al "deber ser", sino al "ser". El principio de contradicción, p. ej., no dice que sea imposible para el psiquismo humano formular dos juicios contradictorios, sino sólo y precisamente que una y la misma cosa no puede poseer predicados que se contradigan.Para el psicologismo, la ciencia teorética que funda la Lógica como disciplina normativa es la Psicología, y más concretamente la psicología del conocimiento. Pero tal actitud no acertará a explicar cómo leyes tan imprecisas y vagas como las psicológicas pueden servir de fundamento a normas tan rigurosas como las del arte lógico. El mundo de las ciencias experimentales, para H., está fundado sólo sobre la probabilidad, mientras que las leyes lógicas son válidas a priori. "Estas leyes no encuentran su demostración y justificación en la inducción, sino en la evidencia apodíctica" (o. c. 1,93)."Los lógicos psicologistas desconocen las esenciales y eternas diferencias entre la ley ideal y la ley real, entre la regulación normativa y la regulación causal, entre la necesidad lógica y la real, entre el fundamento lógico y el fundamento real. No hay gradación capaz de establecer términos medios entre lo ideal y lo real" (o. c. 1,99). Por eso, "ninguna ley lógica es -en su auténtico sentido- una ley para los hechos de la vida psíquica" (o. c. I,100). La Lógica pura, en cuanto ciencia de las ciencias, tiene por objeto precisamente algo de carácter ideal; puesto que toda ciencia es conexión sistemática y fundada de verdades, la lógica estudia justamente la asociación teorética de verdades en cuanto tal. "Esta lógica pura es, pues, el primero y más esencial fundamento de la lógica metodológica" (o. c. 1,191).Significación e intuición. La crítica del psicologismo desemboca en el reconocimiento de una lógica pura, cuyo objeto es la significación (v.), que pertenece a un orden ideal. La Lógica tiene, pues, un ámbito propio, que es precisamente la región de las significaciones. "La lógica pura, cuando trata de conceptos, juicios, raciocinios, se ocupa exclusivamente de esas unidades ideales, que aquí llamamos significaciones. Y al esforzarnos nosotros por extraer la esencia ideal de las significaciones, desprendiéndola de los lazos psicológicos y gramaticales que la envuelven; al esforzarnos nosotros por aclarar las relaciones apriorísticas (en esa esencia fundadas) de la adecuación a la objetividad significada, nos hallamos en la esfera de la lógica pura" (o. c. 1,385-86). "Si, pues, lo que esencialmente da la pauta en la ciencia es la significación y no el significar, el concepto y la proposición y no la representación y el juicio, entonces la significación habrá de ser necesariamente el objeto general de la investigación en la ciencia que trata de la esencia de la ciencia" (o. c. 1,389), esto es, en la Lógica.La investigación segunda pone de relieve la existencia e importancia de las significaciones universales. Conocemos, sin duda, cosas individuales, pero también objetos universales. Entre unos y otros no hay sólo una diferencia de grado, sino también específica. H. hace una aguda crítica de todo nominalismo (v.), y en particular de las posiciones de Locke (v.), Berkeley (v.) y Hume (v.). La significación universal no es una imagen desvaída, sino que es una "idea", una "esencia", un "eidos" ("ante todo designo por esencia lo que se encuentra en el ser autárquico de un individuo, constituyendo lo que él es", Ideas..., 1,20), alcanzado a través de una peculiar acción de la mente humana llamada "abstracción" (v.). H. sustituyó más adelante esta voz clásica por otra más adecuada para expresar su propia concepción de tal actividad humana: la esencia es alcanzada en la "intuición" eidética, netamente distinta de la intuición sensible. "Así como lo dado en la intuición individual o empírica es un objeto individual, lo dado en una intuición esencial es una esencia pura" (o. c. 1,21) (v. INTUICIÓN; INTUICIONISMO).H. se decidió, pues, ante el "problema de los universales", por una determinada variante de la solución "conceptualista". Lo universal, para él, es el objeto propio de actos peculiares de la conciencia, en los cuales la esencia (v.) o "especie" es captada directamente, intuitivamente; de esa manera es alcanzado por la mente el número "cuatro" (que es distinto de "cuatro cosas"), el "triángulo", en sí, la "igualdad", el color "rojo", etc.El carácter intuitivo del conocimiento de las esencias es el fundamento de la condición apriórica de éste. Si hay, en efecto, proposiciones universales y necesarias es precisamente porque se fundan en esencias y no en hechos: lo que es verdad de una esencia, lo es siempre y en todo lugar, a diferencia de lo que sucede en el plano puramente empírico. "La `visión directa’, no meramente la visión sensible, empírica, sino la visión en general, como forma de conciencia en que se da algo originariamente, cualquiera que sea esta forma, es el último fundamento de derecho de todas las afirmaciones racionales" (o. c. 1,50).La intencionalidad. La investigación quinta está dedicada a las vivencias intencionales y sus "contenidos". Será éste uno de los puntos capitales del pensamiento husserliano, uno más por cierto entre sus contactos con la tradición clásica, aunque ello naturalmente no debe interpretarse como si H. fuera un pensador de la escuela aristotélica. H. recibió de Brentano la teoría de la intencionalidad de la conciencia.La significación no pertenece a la conciencia (v.) como parte constitutiva suya, sino como su correlato intencional, esto es, como aquel objeto a que constitutivamente está referida. Es preciso, pues, distinguir entre la conciencia como realidad (y en ese sentido, como raíz y fuente de los hechos psíquicos) y la conciencia como presencia de un objeto. "No será señalado nunca con bastante rigor el equívoco que permite llamar fenómeno, no sólo a la vivencia en que consiste el aparecer del objeto (p. ej., la vivencia concreta de la percepción en que el objeto mismo no está supuestamente presente), sino también al objeto aparente como tal" (Investigaciones lógicas, 11,154). Esta distinción capital será reflejada más tarde por H. en la contraposición entre "noesis" y "noema": noesis es el acto psíquico propiamente dicho (percibir, amar, juzgar, etc.); noema es el objeto del acto precisamente en cuanto despojado de su condición de "cosa" (lo percibido, lo amado, lo juzgado). Noesis y noema se condicionan recíprocamente. La referencia al objeto o intencionalidad es constitutivo esencial de la noesis; más aún, la conciencia será finalmente concebida como intencionalidad pura (v. INTENCIONALIDAD I).La reducción fenomenológica. Cuando H. publica sus Investigaciones lógicas considera su obra como una labor de psicología descriptiva; más tarde la llamará fenomenología (v.), en cuanto que la significación universal o "eidos" objeto de la intuición, es constitutivamente fenómeno. Pero para llegar a la esencia o "eidos"- es preciso primeramente superar la actitud ingenua característica del hombre medio, y sustituirla por una actitud crítica. Tal postura no debe confundirse con el escepticismo (v.), ni siquiera propiamente con la duda cartesiana. Se trata más bien de dejar de vivir la experiencia tal como ordinariamente nos es dada. Ni se rechaza ni se niega dicha experiencia, sino que se la "pone entre paréntesis". La reducción o "epojé" comienza por la suspensión del juicio sobre todo lo que, en relación con un determinado objeto, han dicho otros pensadores. Esta epojé histórica, que nos deja ante las cosas mismas, debe ir seguida de la reducción eidética, que consiste en poner entre paréntesis la posible realidad del eidos. Se elimina así -provisionalmente al menos- la individualidad y la existencia del objeto estudiado y con ello todo lo que sobre él afirmen las ciencias de la naturaleza y del espíritu. Dios mismo, en cuanto posible fundamentación última del objeto, debe ser también puesto entre paréntesis.En las obras posteriores, H. añadirá una tercera reducción, a la que llamará trascendental. Con ella quedará eliminado en el objeto lo que no sea su condición de correlato de la conciencia pura. Si la conciencia era mero centro de referencia de la intencionalidad, el objeto es sólo fenómeno (v.), ser-dado, presencia intencional en la conciencia. En la búsqueda de la evidencia absoluta, apodíctica, H. lleva su progresiva reducción hasta extremos inicialmente insospechados. Fuera de la duda no quedará sino la pura correlación entre conciencia y fenómeno.La filosofía como ciencia estricta. H., como Kant, se siente desconcertado ante una filosofía que es siempre problema -objeto de discusión, permanente planteamiento desde sus raíces, fuente de desacuerdo entre sus cultivadores. El trabajo que publicó en 1911 en la revista "Logos", Philosophie als strenge Wissenschaft, no es una presentación o esquema de su concepción filosófica, sino más bien una defensa del ideal de la Filosofía como ciencia y una indicación de las grandes líneas peculiares del camino que puede conducir a la realización de ese ideal, ideal que el propio H. se siente obligado a alcanzar. Él parte, por lo demás, de que la Filosofía es la más alta aspiración del espíritu humano, aunque, para satisfacer tal aspiración, debe ser rigurosamente científica, de modo análogo a como lo son la matemática, la física, la química, etc. (v. CIENCIA).En su larga historia, la Filosofía no ha sido sino sabiduría (v.) (filosofía de la Weltanschauung), esto es, conocimiento opinativo, contingente, fruto de la experiencia de la vida. La grandeza de esa filosofía no puede hacernos olvidar su carácter relativo, consecuencia, según H., de su falta de rigor científico. Una vez la filosofía haya alcanzado el adecuado nivel científico, la vieja sabiduría habrá perdido su papel principal: "La ciencia ha hablado; a la sabiduría le toca aprender". Para despejar el camino, H. polemiza además con el psicologismo y el historicismo (v.), teorías que absolutizan el valor de los hechos y que, por relativizar toda teoría en cuanto tal, incurren en un contrasentido.Para constituir la Filosofía como ciencia estricta, no es preciso atenerse a un método indirecto, como lo son los de las restantes ciencias, que sustituyen las cosas por símbolos. La Filosofía (v.) tiene su propio método, que es el más directo e inmediato de todos. La Filosofía como saber último y sin supuestos debe partir de la duda, al modo cartesiano. De esa duda metódica emerge sólo el ego, pero no en cuanto yo pensante -según decía Descartes-, sino en cuanto polo subjetivo de la correlación entre conciencia y ser. En tal correlación, la conciencia es conciencia-de, y el ser es ser-para la conciencia, fenómeno (en el sentido originario de la palabra). Fenómeno es así sólo lo manifiesto en cuanto tal, y se constituye siempre como manifiesto para alguien; por otra parte, el ego es a su vez siempre conciencia de algo, conciencia fenómeno (v.). El descubrimiento de la intencionalidad de la conciencia es el que permite eliminar el problema de la trascendencia del conocimiento (v.), fuente de duda y de inseguridad, sin eliminar la necesaria objetividad del pensamiento: "en la medida en que cada acto de conciencia es ’conciencia-de’, el estudio esencial de la conciencia comprende también el de la conciencia-significación y el de la conciencia-objetividad como tales". De ahí que se vaya a "una fenomenología de la conciencia, por oposición a una ciencia natural de la conciencia".La correlación conciencia-fenómeno, dato primario y radical, debe ser entendida en sí misma, ajena a cualquier sentido empírico o metafísico. No se trata, en principio, de negar realidad al mundo o/y al propio yo, sino más bien de ponerla entre paréntesis para atenerse a lo manifiesto. El mundo es entonces puro fenómeno. La reducción efectuada es por ello fenomenológica. El fenómeno no es ya un "hecho", sino un "eidos", una esencia: la configuración intrínseca de lo dado en la conciencia. La conciencia no tiene ante sí una acción justa, sino la justicia; un papel blanco, sino la blancura; un objeto bello, sino la belleza; etc. La fenomenología es una comprensión y descripción de esencias, esto es, de lo que las cosas son. La reducción fenomenológica nos deja, pues, ante el ser de las cosas, que es el objeto de la filosofía. Una filosofía será rigurosamente científica cuando toda objetividad -todo ser- pueda ser reducida al ser-dado, al fenómeno.El yo trascendental. No hay más evidencia absoluta, para H. en su última etapa, que la correlación entre conciencia y fenómeno. El dato primario y radical viene formulado en las Meditaciones cartesianas de esta forma: "ego cogito cogitatum". Pero ya en esa obra, y también en Lógica formal y trascendental, H. lleva su afirmación más allá: la única realidad originaria es la conciencia; el mundo depende, en su propio ser, de la conciencia. H. llega, pues, a una posición idealista, a pesar de que años atrás reclamó para sí la condición de positivista e hizo una llamada en la línea de volver a las cosas mismas.Como todos los idealistas, H. insiste en que todo dato es dado precisamente a la conciencia, a fin de cuentas porque está constituido por la conciencia misma. VanniRovighi subraya que, en la búsqueda del fundamento de la lógica. H. llegó a la conclusión de que ese fundamento lo era también de la Ontología. Ninguno de sus discípulos siguió a H. por este camino.El gran pensador germano se encontrará encerrado en una problemática en cierto modo nueva: la de intentar comprender cómo "mi yo trascendental, que es el fundamento último de todo lo que para mí vale como ser, puede constituir en sí otro yo trascendental, y, por tanto, una multiplicidad indefinidamente aumentable de tales yo: un yo que me es extraño en su ser original, absolutamente inaccesible a mi yo, y al que, sin embargo, yo puedo conocer como existente y poseedor de una determinada naturaleza" (Lógica formal y trascendental, § 96). La deificación que está en el fondo de todo idealismo origina con frecuencia callejones sin salida como éste.El último Husserl. A partir de 1950 se han venido publicando las obras completas de H. bajo el título de Husserliana. La aparición del material inédito ofrece perspectivas nuevas, que sólo podrán ser comprendidas en su integridad cuando haya terminado la edición de las obras. Baste, pues, aquí una referencia a tales planteamientos, que amplían notablemente la problemática husserliana. Las cuestiones del "mundo", de la "historia", de la "intersubjetividad", de la "vida", etc., parecen acercar a H. a la temática existencialista; en cualquier caso abren horizontes nuevos y resultarán imprescindibles para una valoración total del gran filósofo germano.V. t.:FENOMENOLOGÍA; IDEALISMO I; EXISTENCIALISMO 11; EUROPA IX.ANTONIO DEL TORO.
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