Hurtado de Mendoza, Diego
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Biografía GER
Escritor, diplomático y militar. N. en Granada, en 1503, hijo del Marqués de Mondéjar y de Francisca Pacheco, que habían de ver encumbrados a todos sus hijos: "cinco hermanos en un mismo tiempo gobernando la República con universal alabanza" (Ginés de Sepúlveda). Su educación fue esmerada y universal. En Italia escuchó lecciones de los doctos teólogos y juristas Montesdoca, sevillano, y Nifo, calabrés, probablemente en Padua (1523-25) y en Pisa (1519-21), que despertarían en H. de M. el gusto por la filosofía aristotélica.Característica familiar de los Mendoza, fue la acción, que para este autor iba a concretarse en los campos diplomático y militar, donde sirvió al Emperador con gran fidelidad y energía. No es verosímil que estuviese en Pavía, pero sí en la empresa de Túnez. En 1538 forma parte de una embajada a Inglaterra. En 1539 obtiene su cargo más importante: la embajada en Venecia. Vivió en San Bernabé, cerca del Canal Grande, muy de acuerdo con el espíritu veneciano, entonces cifra y emporio del Renacimiento en Italia; allí desarrolló una extraordinaria actividad política y cultural. Tuvo contactos con Pietro Aretino (v.). Inició su amistad con el secretario imperial Francisco de los Cobos y asimismo con poetas y humanistas italianos (D’Avalos, Sadoleto, Bembo, Accolti, Giovio, Varchi). En la espléndida ciudad fue retratado por Tiziano y frecuentó artistas, cortesanas y damas ilustres (Leonor Gonzaga, Marina de Aragón, inspiradora de sus versos, etc.). También incrementó su biblioteca, célebre desde 1543. En 1545 es nombrado embajador en el Conc. de Trento y en 1546 en Roma. Fracasado en una misión diplomático-militar en Siena (1552) vio truncada su brillante carrera. Vuelto a España, sus relaciones con la corte no fueron buenas, agravándose bajo Felipe Il por un incidente en palacio con Diego de Leyva, que le ocasionó el destierro a Granada. Perdonado al fin, m. en Madrid en 1575. Antes, por su testamento, había legado al rey su biblioteca, muy rica (hoy, parte de la del Escorial). "Hombre verdaderamente grande", en palabras de Menéndez Pelayo, supo aunar, como otros renacentistas, el ideal de las armas y las letras.Ocupa, cronológicamente, el primer puesto entre los introductores de la nueva poesía, después de Boscán y Garcilaso. Sus Sonetos no siguen el modelo común petrarquista, sino que se parecen más a los antiguos, ensayados en el s. xv por Santillana (v.). Las Canciones tienen gran libertad esquemática, mientras que sus Odas imitan las formas de Bernardo Tasso (1493-1569), como Garcilaso hacía. No dejó de cultivar los metros tradicionales, aunque con savia nueva (ovidiana). Su poesía amorosa, dedicada especialmente a Marina de Aragón (Marfira), sigue esquemas petrarquistas, mas su tono dominante, melancólico y lleno de imágenes de muerte, recuerda a Ausiás March (v.), al que pudo conocer por medio de Boscán. Pero la poesía característica de H. de M. se halla en sus Elegías y Epístolas, que, a veces, son verdaderos capitoli. Su espíritu se expansiona, como buen humanista, estimulado por el recuerdo y la imitación clásica. Menéndez ya señaló "el plácido epicureísmo y el familiar abandono (horaciano) de estas composiciones, a las que daba, además, la expresión franca y desembarazada de hombre de mundo".La Fábula de Adonis, Hipomenes y Atalanta (Venecia 1533), publicada en la ed. veneciana de las obras de Boscán y Garcilaso, está fuertemente influida por Ovidio (v.). Tibulo (v.), Virgilio (v.), Lucrecio (v.), Claudiano (v.), Homero (v.) y Píndaro (v.), han sido señalados como sus inspiradores, sin que falten tampoco ecos de los versos de la Antología griega ni de los modernos poetas neolatinos M. Marullo (m. 1500) y Celio Calcagnini (1479-1541). H. de M. se muestra en sus poesías, ya sigan la pauta amorosa o satírica o bien sean comentarios al margen de las variadas y diversas experiencias de su vivir, como un perfecto poeta renacentista (v. RENACIMIENTO). La imitación de los antiguos es siempre guía de las emociones y los recuerdos. Lo mismo cuando parafrasea algún pensamiento de Horacio (Elegía II dedicada a Boscán), que cuando habla de la fundación de Venecia (Elegía VI), tiene presente, como verdadero humanista (v. HUMANISMO), el círculo de los amigos, con los que comparte la visión del mundo, intensa y serena, en la que no falta la nota mordaz, aunque muchas poesías de este tipo (A la pulga, A la zanahoria) posiblemente no son suyas. En las Sátiras y poesías auténticas de tipo burlesco, sin perder nunca de vista los clásicos, se muestra buen discípulo de los italianos como Berni (1498-1535) y Don¡ (1513-74), siendo su motejar incisivo un claro recuerdo de su vida italiana.Como prosista ha sido ya convincentemente despojado de obras que se le atribuyeron durante mucho tiempo. No se puede olvidar su traducción de la Mecánica de Aristóteles (ya traducida por Leónico Tomeo, aristotélico paduano), muy importante para situar a H. de M. dentro del último aristotelismo humanista y obra realizada, probablemente, durante su estancia veneciana. También de estos ambientes es la versión del Syrus, comedia elegiaca de Ramnusio, que Foulché-Delbosc le atribuye.Pero su obra fundamental, la que le coloca en lugar inamovible en la historia de la prosa clásica es la Guerra de Granada (Lisboa 1627). Debió componerse entre 1568 y 1574, pues L. Mármol (1520?-1600), que publica su Historia de la rebelión de los moriscos en 1600, ya la conocía, así como otros historiadores granadinos. H. de M., si no testigo ocular, sí muy próximo a los hechos y, sobre todo, conocedor apasionado de los móviles internos de la rebelión (que sus cartas al cardenal Espinosa aclaran y completan), escribe ya en su vejez y en el destierro. No es obra escrita para una minoría de íntimos, como pensaba Foulché-Delbosc, sino para sus posibles lectores extranjeros y, sobre todo, para la posteridad. Con ella, según Menéndez Pidal, termina la crónica medieval y comienza la historia moderna. H. de M. no olvida, sin embargo, al calor de la lucha de moriscos, la visión retrospectiva de la guerra de la Reconquista, donde su familia.tanto sobresalió.El estilo de la Guerra de Granada es sabroso y lleno de encanto, pese a que ya Capmany en el s. xvitl, y después Morel-Fatio, con más detenimiento, destacaron sus defectos (pobreza de vocabulario, afectación demasiado pretenciosa, desorden, laconismo, los cuales delataban la obsesión de los modelos clásicos, en especial Salustio (v.) y Tácito (v.), al que imita en el prólogo. Su fama comenzó en el s. xvii y en la época de la gran historiografía (s. xx) continúa inmarcesible.ANDRÉS SORIA.
BIBL.: ’Ediciones: Obras (sólo poesías), recopiladas por J. DÍAZ HIDALGO, Madrid 1610; Poesías, ed. A. DE CASTRO, BAE 32, 1850; Poesías, ed. KNAPP, Madrid 1877; Guerra de Granada, ed. TRIBALDOS DE TOLEDO, Lisboa 1627; ed. C. RoSELL, BAE 21; Comentarios de la Guerra de Granada, ed. GóMEZ MORENO, Madrid 1948; Mechanica de Aristóteles, ed. FOULCHÉ-DELBOSC, "Rev. Hispanique" V, 1898.-Estudios: E. SENÁN v ALONso, Diego Hurtado de Mendoza. Apuntes biográfico-críticos, Jerez 1886; A. GONZÁLEZ PALENCIA y E. MELE, Vida y obra de Diego Hurtado de Mendoza, Madrid 1941-43.
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