Hurritas. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Pueblo del Oriente Próximo, conocido primero por la Biblia (Gen 14,6; 36,20; Dt 2,12.22) con el nombre de hori. Cuando se descubrió el archivo de El Amarna y el de Boghazkói, se vio la importancia que habían tenido en la Antigüedad. Su origen sigue siendo disputado. Hasta hace poco tiempo se tenía por posible que los h. de E. A. Speiser y los subareos de Ungnad eran lo mismo, es decir, la población aborigen de Mesopotamia (v. MESOPOTAMIA II). Gelb demostró que es necesario distinguir entre los subareos, que ocupaban vastos territorios al Norte de Mesopotamia, viviendo en paz con los sumerios y acadios; y los h., que aparecen relativamente tarde en escena y desempeñaron un papel importante en la historia del 11 milenio a. C. La investigación posterior puso de manifiesto una mayor antigüedad de los h.Antropológicamente, es difícil caracterizar a los h., a causa de la escasez de restos humanos. Lingüísticamente, se han hecho progresos notables, desde su descubrimiento en las cartas de El Amarna, principalmente gracias a los trabajos de Speiser (v. o. c. en bibl.). Parece que el h. no tiene relación con ninguno de los grupos lingüísticos conocidos en la antigua Asia anterior, pero está muy emparentado con el urartio. La zona de asentamiento de los h. se ha determinado a grandes rasgos. En las fuentes recibe distintos nombres: Hurri, Mitanni, Hanigalbat y Naharina. Comprende la región que se extiende desde el lago Van al N, hasta el Éufrates entre el Habur y Belich. Gcetze lleva la frontera norte hasta Trapezonte. La expansión h., en el primer cuarto del 11 milenio a. C., fue precedida de una penetración pacífica, con origen en la región al E del Tigris, zona que habían ocupado a comienzos del 111 milenio a. C. A esta época corresponden los datos escritos conocidos, siendo el primero un documento de fundación de un rey de Urkis, llamado Tisadal, escrito en h.; los documentos contenían hasta los primeros siglos del 1 milenio a. C., aunque algunos más recientes pueden ser urartios, dada la similitud de los dos idiomas. Estos documentos comprenden inscripciones en sumerio, acadio, hitita, ugarítico, egipcio, hebreo y bíblico, además de las fuentes propiamente h. Todos ellos apuntan a una zona de concentración h. en Armenia, aunque se conoce mejor a los h. en dos focos marginales; Mesopotamia y Siria (v. SIRIA III). Durante la época acadia comienzan las fundaciones de Estados h., tal como Urkis. Los centros que más tarde fueron h. carecen entonces de población de este origen, aunque las tabletas de Gazur (luego Nuzi) acusan ya elementos étnicos h.Se tienen noticias más abundantes de la expansión h., hacia el s. xvltl a. C., en las tabletas capadocias; y en la época de Hammurabi (v.) se puede ver la expansión hacia el S y SO, apareciendo nombres h. en Chagar Bazar y Mari, donde se han encontrado seis textos rituales en lengua h. Se conoce un rey de Eluhat en el Norte de Mesopotamia, de nombre Sukrumtesub; de Hama procede un contrato en el que figura por primera vez el nombre de Hurri. En Alalah (Tell Atchana), en Siria, es notoria la abundancia de elementos h., y lo mismo ocurre hacia mediados del milenio en Nuzi. Todo ello confirma un proceso de expansión que alcanzó Asiria. Es probable, pero no segura, la participación de los h. en la invasión de los hicsos (v.) en el Bajo Egipto. Después de la muerte de Hammurabi se acentúa la penetración h.: Nuzi y Arrapha en Oriente, y Qatna (Mischrife) y Alah en Occidente, pasan a tener una gran densidad de población h. Ugarit, Kades y Palestina atestiguan notorias influencias h.Mientras tanto, en la región del Chabur; se consolida un Estado h. denominado Mitanni (v.), que tendrá una brillante historia política. Un Estado propiamente h. estaría situado en torno al lago Van y el país de AzziHajasa en el Norte del Alto Éufrates. Después de 19 desaparición del reino Mitanni, el núcleo del país h. se dividió en una serie de pequeños Estados llamados por los asirios países de Nairi y que fueron escenario de continuas campañas ’militares. Más tarde formarán el núcleo del país de Urartu, con su capital en Tuspa.Sobre la cultura h. sabemos poco, pero Speiser ha dado un gran avance al estudiar su influencia en los países vecinos. Los h. carecieron de escritura propia y adaptaron la acadia (v., ACADIOS ni) a su propia lengua. Políticamente, los h. formaron Estados de gran estabilidad denominados por una aristocracia feudal, extendiéndose entre ellos la doma del caballo y la lucha de carros, técnicas que llegaron a los hititas (v.), en cuyo reino escribió un h. el primer tratado de equitación. Sobre su Derecho se carece de códigos, pero hay documentos económicos que permiten deducir ciertas instituciones, muchas de las cuales son propias y otras tomadas de la cultura babilónica. El arte h. se confundió al principio con el hitita, pero se ha individualizado especialmente en la glíptica (v.), donde los motivos plásticos con gran fuerza expresiva, dispuestos según cierto horror vacui, caracterizan un estilo propio. En la escultura y el relieve, parecen haber introducido el motivo del carro de guerra en los temas cinegéticos. Las tabletas de Kirkuk muestran el motivo de Tammuz, típico de la época de Ur II que entonces resucita. En arquitectura se atribuye a este pueblo la creación del hilan¡, un aposento alargado con el hogar en el lado menor y un pórtico de entrada delante de la pieza principal.En literatura, los h. destacan por una adaptabilidad notoria; el conocimiento sobre esta actividad cultural promete espléndidos resultados. La Canción de Ullikunmi es de neto carácter h. El poema de Kumarbi se ha trasmitido como la anterior, a través de versiones hititas, pero se admite universalmente su origen h., aunque deben mucho a la literatura mesopotámica de la época acadia. Se conoce también un fragmento del Poema de Gilgames (v.) en versión h. que posiblemente sirvió de modelo para la versión hitita de esta obra. Pero a su vez la huella h. es especialmente fuerte en las culturas de Siria y Palestina. En Mari, Tunip, Jatna, Alalah y Ugarit hay una innegable presencia h. En Palestina, la influencia es especialmente fuerte. Los hititas, de los que habla el A. T., no son tales, sino h. A ellos hay que atribuir la trasmisión de los relatos mesopotámicos al texto bíblico, como el del Diluvio, p. ej.F. PRESEDO VELO.
BIBL.: H. SCHMOKEL, Geschichte des Alten Vorderasiens, Le¡den 1957; E. A. SPEISER, The Urrian Participation in the Civilizations ol Mesopotamia, Syria and Palestine, "Cahiers d’Histoire Mondiale" 1,2,311-327.
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