Huidobro, Vicente
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Biografía GER
Poeta chileno de vanguardia, iniciador del movimiento creacionista (v. CREACIONISMO) alrededor de 1916, relacionado con la vanguardia francesa sobre todo a través de Apollinaire (v.) y con la española por Juan Larrea (n. 1895) y Gerardo Diego (v.), y promotor de una honda renovación poética en su país, que le cuenta, junto con Neruda (v.) y G. Mistral (v.), en el trío de sus grandes poetas. Figura muy debatida, ha durado años la polémica entre sus incondicionales y sus críticos, polémica centrada tanto en su obra como en su personalidad.Vicente García Huidobro Fernández n. en Santiago de Chile el 10 en. 1893, de una familia de alcurnia social y fortuna, que lo destinaba a altos cargos públicos. Al romper con sus padres, su religión y su medio, muy joven, no hizo sino transferir esos afanes de grandeza al orden literario. Desde los 17 años, cuenta, aspiró a ser el primer poeta de América, luego de su lengua, luego de su siglo; con los años se convenció de que la poesía no había existido jamás, y que era necesario que se constituyeran algunos en verdadera secta para hacerla existir. Con tales sueños en germen partió H. a París en 1916, tras haber publicado en Chile cinco libros de poemas tributarios del estilo de la época, y que escasamente hacían presagiar ningún destino poético. Se relacionó con los movimientos franceses de vanguardia (V. VANGUARDISMO), perfilando en diversos manifiestos sus ideas creacionistas de repudio a la imitación de la naturaleza y de exigencia de un mundo poético radicalmente inventado y regido por sus propias leyes. En esos años publicó libros de poemas que muestran ya, con un brillo característico, la potencia de su teoría en acción: Horizon Carré (1917), Tour Eif fel (1918), Hallali, Ecuatorial (1918), Poemas árticos (1918), Automne régulier y Tout d coup (1929). En ellos, y entre-el fuego fatuo de algunas modas transitorias y malabarismos verbales y tipográficos, se aprecia ya la sólida invención de la imagen inusual y sorprendente, y el trastrueque de todos los órdenes de lo real y lo fantástico.De regreso a Chile durante algún tiempo, tras haber publicado allí Vientos contrarios (1926), parte otra vez a Europa. En Madrid publica Mio Cid Campeador (1929), su más célebre obra en prosa; Temblor de cielo (1931), y el que es seguramente su poema más logrado, Altazor (1931). Juan Larrea y Gerardo Diego no le escatiman elogios de genialidad. Altazor es a la vez una aventura planetaria henchida de sentido cósmico y una odisea de la palabra humana, del verbo poético; en toda la obra de H. encontraremos esos alientos de dimensiones infinitas y esa continua poetización refleja: poesía sobre la poesía.En el mismo año aparece tres inmensas novelas, en colaboración con Hans Arp (v.), y al año siguiente su pieza de teatro Gilles de Raiz. En 1933 regresa a Chile, con sus triunfos y sus revoluciones internacionales a cuestas, provocando un efecto galvánico de adhesión o repudio en el ambiente literario local. Con sus discípulos (una juventud de rara intensidad, entregada a la poesía con exaltación) mantiene un contacto de iniciados, los ilumina con su presencia, y desencadena tormentas de innovación en las artes todas. Reciben su influjo poético (su directo encantamiento): Rosamel del Valle (n. 1901), Díaz Casanueva (n. 1908), el grupo Mandrágora (Anguita, n. 1914 y Arenas, n. 1913, entre los más notables), al mismo tiempo que descalifica a Neruda, e ignora a Gabriela Mistral y a tantos otros. Se adhiere al partido comunista con gestos bastante sofisticados y dudosos, publica novelas y teatro, y vuelve a marchar a Europa, donde se incorpora al ejército republicano en España durante la guerra 1936-39, y con el francés en la II Guerra mundial. Regresa para radicarse definitivamente en Chile, donde entretanto han aparecido Ver y palpar y El ciudadano del olvido, en 1941. Ha vuelto con el alma llena de heridas, más humano y menos seguro de sí. Algunos de sus mejores poemas, más dolientes que creacionistas, son de estos últimos años. M. el 2 en. 1948 en Cartagena, junto al Pacífico.H., tal como lo vemos hoy, no fue, sin duda, el inconmensurable revolucionario de la poesía que creyó ser, ni el que creyeron ver sus discípulos bajo el sortilegio de su liderato. Pero en su vasta obra (más de 30 libros) vemos hoy un logrado empeño, históricamente decisivo, de librar a la poesía del anecdotismo descriptivo, del retrato fácil, y si no de las servidumbres de la naturaleza y de lo real, como él mismo creyó, sí de mil convenciones superpuestas entre el hombre y la realidad; construyendo así, con una inteligencia creadora casi excesiva, obras de una extraña pureza imaginativa, plenas de sentido cósmico y vértigos de infinito, de humorismo y esprit, de innovación a ultranza. Al mismo tiempo, H. representa la alianza del poema con una teoría poética sistemática y coherente; la presencia hispanoamericana en la ebullición original de las vanguardias europeas, y una influencia electrizante en su propio medio nacional. Su devaluación se verifica en el sentido de nuestra creciente desafección a una poesía sin hombre, sin raíz existencial casi, sin amarras en lo real, y que paga su espléndida libertad imaginativa al precio de una aséptica deshumanización. Lo cual no obsta para que H. ocupe con justicia su lugar en el "triunvirato" mayor de la poesía chilena, y un sitio destacado en la poesía hispanoamericana del s. xx.V. t.: CREACIONISMO;ULTRAÍSMO;VANGUARDISMO.J. M. IBÁÑEZ LANGLOIS.
BIBL.: V. HUIDOBRO, Obras completas, 2 t., pról. de B. ARENAS, Santiago de Chile 1963; Antología de Vicente Huidobro, pról. y selección de E. ANGUITA, Santiago de Chile 1945; Obras selectas de Vicente Huidobro, pról. y selección de H. MONTES, Santiago de Chile 1957; F. ALEGRÍA, La poesía chilena, México 1954; G. DIEGO, Vicente Huidobro, "Estudios" 195, Santiago de Chile, mayo 1949; C. Goic, La poesía de Vicente Huidobro, Santiago de Chile s. a.; H. MONTES, Poesía actual de Chile y España, Barcelona 1963.
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