Huguet, Jaume
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Biografía GER
Pintor catalán de influjo flamenco. Al contrario que Martorell (v.), n. en un medio modesto ca. 1415. Su padre, un cardador de paño de Valls, murió pronto y H. fue recogido por su tío pintor que le trasmitió su oficio. Ciertos indicios hacen suponer que H. se benefició de la protección de un gran mecenas, el arzobispo Dalmau de Mur, con el que se habría reunido en Zaragoza ca. 1440. En esta ciudad encontraría numerosos escultores y pintores catalanes atraídos por las liberalidades de un paisano fastuoso.Tras una breve estancia en Tarragona, H. se estableció en Barcelona en 1448, poco después de que Dalmau terminara la Virgen de los Concellers y poco antes de la muerte de Martorell (1452), que deja campo libre a su actividad. En la ciudad condal las condiciones políticas y sociales del momento no le permitirán recibir encargos de príncipes o de nobles, salvo el Tríptico de S. Jorge pagado por la familia Cabrera y el Retablo de la Capilla de S. Águeda del palacio real, ejecutado a petición del condestable de Portugal, efímero rey de los catalanes. H. fue, pues, el pintor del comercio y del artesanado, de las cofradías y corporaciones hasta su muerte, acaecida en febrero o marzo de 1492.Es incontestable que su talento se forma en su medio muy influenciado por los flamencos y dominado por el prestigio de Dalmau. Se ha señalado que el Retablo de Vallmoll se sitúa a medio camino entre los dos pintores. Otras fuentes nórdicas se observan también en el encantador pequeño Retablo de la Epifanía del museo de Vich. Sin embargo, H. rechaza siempre la escuela flamenca en el estudio de las técnicas pictóricas, conservando el procedimiento de pintura al huevo, que lleva a su perfección. Esto le permite expresarse con una finura de toque que se convertirá en la marca de su genio: una especie de gracia melancólica y una poesía dulce y nostálgica.Hasta su instalación en Barcelona, H. se había encerrado en la producción de obras de pequeñas dimensiones que ejecutaba él mismo completamente. En Barcelona forma un taller para realizar grandes retablos: S. Vicente de Saniá, S. Antonio Abad (desgraciadamente destruido por un incendio en 1909) y el de S. Miguel de la cofradía de los Revendedores, que pasó de S. María del Pino al museo de Cataluña. Entonces se desarrollan los fondos dorados, adornados generalmente de motivos heredados del taller de Martorell. Simultáneamente el artista concede su atención a escenas populares de realismo franco y directo, ricas en valores humanos.Llegado a su madurez, H. trata en efecto la figura humana de una manera completamente personal. Los dulces rostros soñadores de S. Abdón y S. Senein en el Retablo de S. Pedro de Tarrasa (1459-60), el rostro serio y digno de la Virgen del Retablo del Condestable (1465), el rostro lleno de misticismo de S. Bernardino en el Retablo de los Esparteros de la catedral de Barcelona (1468) adquieren valor de verdaderos tipos cuya presencia casi obsesionante se inscribe para siempre en el recuerdo.Paralelamente continúa una labor de simplificación conducente a los ritmos amplios de las obras finales. Su arte evoluciona en el sentido de una monumentalidad creciente y de una mayor riqueza decorativa, como testimonia la ceremonia fastuosa y solemne de la consagración episcopal de S. Agustín en el Retablo de la cofradía de Blanqueadores, una rama de los curtidores.Sin embargo, a medida que avanza en edad, H. utiliza más la ayuda de sus colaboradores. Su participación se reduce a modelos y dibujos tomados a veces de obras anteriores y que se continuarán explotando tras su muerte. Así se rompe la unidad estilística de los retablos y la producción del taller adquiere un verdadero carácter industrial donde el gusto por la riqueza y el gasto supera a las preocupaciones verdaderamente artísticas.MARCEL DURLIAT.
BIBL.: 1. GUDIOL RICART y 1. AINAUD DE LASARTE, Huguet, Barcelona 1948; 1. AINAUD DE LASARTE, Jaime Huguet, Madrid 1955.
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