Hugué, Manuel Martínez
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Biografía GER
Escultor y pintor español -más conocido por el cariñoso diminutivo de Manolo-, n. en Barcelona el 30 abr. 1872, m. en Caldas de Montbuy (Barcelona), el 1 nov. 1945. Hijo natural de una viuda joven y de un militar que llegó al grado de general, desamparado por éste y tan sólo al cuidado de su anciana abuela materna, llevó una infancia y una juventud de lamentable abandono, trabajando de obrero y empleado, siguiendo de mala manera los cursos de la Escuela de Bellas Artes de Lonja y no eludiendo participar en actos delictivos, años éstos que no dejarían de imprimir un sello de amargura a su ulterior y definitiva personalidad. Admitido en la tertulia picassiana de Els 4 gats, sigue el mismo rumbo que Picasso y se traslada a París en 1901. Permanecerá allí hasta que, cansado de trabajar en casi todo lo posible, con escaso rendimiento, marcha en 1910 a Ceret, Rosellón, donde, por razones de la guerra de 1914-18, se instalarían muchos otros artistas. Ceret tuvo el mérito de enseñar a M. H. el prestigio de lo campestre, a lo que en lo sucesivo sería tan afecto. Allí consiguió sus primeros buenos y sonados encargos. En 1927, aquejado de un ataque de poliartritis, fija su residencia en Caldas de Montbuy y fallece, en un sanatorio de esta localidad dieciocho años más tarde.Sus ingentes cantidades de humor y campechanía motivaron que, por mucho tiempo, se considerase a Manolo más bien como un extraordinario tipo humano que como un gran artista, leyenda que importa reducir a sus justos términos. Ciertamente, no fue escultor de grandes obras, y una de las que estaba más enamorado -el proyecto de monumento a La vaca ciega, de su amigo el poeta Juan Maragall- no llegó a cuajar. Pero tampoco era su fuerte lo monumental ni lo enfático, como él sabía mejor que nadie: "Siempre procuro hacer una Venus y siempre se queda en una rana", gustaba de afirmar. Lo que estaba lejos de ser exacto. Sí lo era el hecho de que su formación -más autodidacta que adoctrinada por ninguna enseñanza sistemática- prefería volúmenes menudos, familiares, casi se podría afirmar que caseros, en los que depositaba portentosa cantidad de garbo y de gracia. No deja de ser paradójico que M. H., amigo y camarada de bohemia de los cubistas, testigo de sus triunfos, se mantuviera incólume en su realismo ligeramente expresionista, sin permitir influjos ajenos; pues hasta los que oyó aducir en vida respecto a posibles interferencias de Maillol (v.), fueron negados por el artista, que asegura no haber conocido a aquél hasta la primera etapa de Ceret. Aún ha de ser proscrita con mayor razón cualquier influencia de Rodin (v.), uno y otro totalmente extraños al mundo predilecto de M. H.Este mundo, aparte algunas cabezas tan magistrales como la de Félix Albages o la del violinista Costa, se compone de notables figuras de bailarinas, toreros, maternidades, santos, desnudos e incluso figurillas de belén, todo ello tocado por la misma sensación de gracia, no distante de la plástica grecorromana -en todo caso mediterránea- de semejantes inspiración y volumen. Quizá a la cabeza de todo haya que poner sus admirables bajorrelieves, como Establo o Muchachas peinándose, de admirabilísimo sentido clásico dentro de su aparente desgaire, de su patente aldeanismo, de su ejemplas ausencia de todo énfasis. Estas mismas características, unidas a una gran libertad de dicción y a un claro mandato del ritmo, son observables en los dibujos del artista, y aun en sus óleos, crecientemente numerosos en los últimos años de Manolo, esto es, cuando su padecimiento reumático le iba vedando progresivamente la dedicación escultórica. De estos cuadros son especialmente admirables el retrato de su esposa Totote (1934), El picador (1937) y el puntualísimo Autorretrato (1942) en que luce Manolo su apostura entre clerical y pueblerina, mitad de tratante y mitad de leguleyo, que tan querida fue por todos cuantos le conocieron, por todos los jóvenes a los que apoyó con una generosidad de la que él no dispuso. Es el suyo uno de los casos en los que la personalidad humana, indisimulable, no puede ser separada de la estimación al artista.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. PLÁ, Vida de Manolo contada por ell mateix, 4 ed. Sabadell 1947; R. BENET, El escultor Manolo Hugué, Barcelona 1942; E. D’ORS, Manolo Hugué, en Mis salones, Madrid s. a.
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