Houdon, Jean-Antoine
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Biografía GER
Escultor francés, n. en Versalles el 20 mar. 1741, m. en París el 15 jul. 1828. Su padre, criado del Palacio de Versalles, fue luego nombrado portero de la Escuela Real de Alumnos Protegidos, con lo que el muchacho, prontamente admitido en esta institución, pudo beneficiarse del contacto con J. B. Pigalle y J. B. Lemoyne y, ya discípulo de la Academia, del de M. A. Slodtz. Gana por primera vez una recompensa académica en 1756, el gran premio de escultura en 1761 y, en 1764, la pensión en Roma. Aquí estudia activamente los modelos clásicos y del natural y modela una Vestal y un Hombre desollado, realizando también el S. Bruno, en mármol, que se conserva en la iglesia de S. Maria degli Angeli alle Terme, de Roma. Conclusa su pensión en 1768, vuelve a París, presenta en la Academia sus trabajos romanos, los vuelve a mostrar en el Salón de 1769 y, en el de 1771, su Morjeo y el espléndido busto, en terracota, de Diderot, obra llena de vida y de justeza psicológica. A continuación, emprende un viaje por Alemania y trabaja para el Príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha. Para este personaje trabajó su preciosa y ágil figura de Diana (Museo del Ermitage) en bello mármol, que tuvo su primera aparición en 1777, pero que no llevó al material definitivo hasta 1781, siendo adquirida en 1784 por Catalina II de Rusia. Antes de esta fecha, H. había realizado otra versión en bronce de la Diana (Louvre) y el Apolo que debía ser su pareja, modelado en 1773 y fundido en 1780.En 1775 comenzó la serie de retratos cuyo, virtualmente, estaba en el citado de Diderot. Ahora aparecen los de Turgot, Miromesnil, Gluck, Madame du Cayla, Madame de Jaucourt, la Condesa de Provenza, etc. En 1778 realiza la mascarilla de Juan Jacobo Rousseau y alcanza la fortuna de conocer a Voltaire aprovechando la estancia de éste en París para obtener varios bustos suyos. Pero todos ellos son inferiores a la estatua que con razón ha pasado a ser la obra maestra del artista: es la que representa a Voltaire (1781), vestido con amplísima túnica, sentado en un sillón, cuyos brazos agarra con las manos y desviando la cabeza hacia la derecha con un bien logrado rictus de ironía. Sin que la holgada vestimenta sea puramente romana, H. la ha tratado con la vaguedad suficiente como para dejar admitir que lo sea. Y, si la cabeza es admirable, no podría separarse idealmente del resto de la estatua sedente, afortunadísima por todo concepto. El yeso original se conserva en la Bibl. Nacional de París; una terracota moldeada sobre este original, en el Museo Fabre, de Montpellier; el mármol definitivo, en la Comédie Frangaise; y una réplica, también en mármol, encargada por Catalina II de Rusia, en el Ermitage de Leningrado. Por la misma etapa de H., otros retratos notables han ido saliendo de sus manos: El de Tourville, el de Moliére, el de La Fontaine, el de Buffon, el de Malesherbes.Pero otro importante acontecimiento se avecinaba en la vida del artista, y era el de sus relaciones con los entonces jóvenes Estados Unidos de América. En 1778, traba relación con Franklin; en 1779 modela los bustos del Comodoro Paul Jones y el del Embajador Jef ferson y, en 1781, el de Lafayette, que el Estado de Virginia regalaba a la villa de París. En fin, cuando en 1784 los Estados acuerdan elevar una estatua a Jorge Washington, se acude a Franklin y a Jefferson, que, naturalmente, dan el nombre de H. Éste marcha a los EE. UU. en julio de 1785, permanece en Mount Vernon del 2 al 17 de octubre, tomando los apuntes y modelos necesarios pára la estatua, obtenidos directamente del héroe americano y regresa a Europa. Firmó la estatua en 1788, y se conserva en el Capitolio de Richmond. No es grandilocuente ni majestuosa, sino, presumiblemente siguiendo los deseos e indicaciones del ilustre retratado, una obra maestra de sencillez. Jorge Washington, en pie, la mano derecha apoyada en un bastón, mira hacia adelante y hacia el porvenir con una actitud desprovista de cualquier especie de énfasis. Durante la factura de este mármol y en los años inmediatos, H. prosigue con su serie de notables y vívidos retratos, como el del Bailío Suf Tren o el maravilloso, verdaderamente encantador, de su esposa, otro chef d’oeuvre de naturalidad, pero de naturalidad muy dieciochesca, muy compenetrada - con el siglo. Aún otro retrato bien valioso, ya de 1800, es el del Tribuno Mirabeau (Palacio de Versalles).Después de este año clave de 1800, H. continúa trabajando bajo el Imperio, pero no vuelve a realizar nada digno de su glorioso pasado. Recordemos que era estrictamente contemporáneo de Goya, y que murieron el mismo 1828, pero el mundo de H. era el del s. xvlil, pese a que ya puedan advertirse en él modales fácilmente calificables como prerrománticos. Si su obra más genial y afortunada, el Voltaire, resulta ser de estirpe más neoclásica que rococó, si en sus piezas mitológicas se atiene el escultor a cánones propios, la ninguna idealización de la figura de Jorge Washington, ataviado con sus indumentos normales, pese a constituir, en vida aún, un mito de Norteamérica, obliga a pedir para H. una calificación prerromántica, la que también conviene a su labor de retratista de criaturas que no conociera, como Moliére y Luis XIV. En el aspecto técnico es un trabajador de envidiable limpieza en el trabajo del mármol, y de nuevo ha de citarse como ejemplo la inolvidable estatua sedente de Voltaire. Fue en su tiempo el artista francés más admirado en el resto de Europa, y, así como trabajó para el príncipe de Sajonia-Gotha, consta el anhelo de Catalina de Rusia por atraerlo a su país, debiendo contentarse la Emperatriz con la adquisición de algunas de sus piezas. Por lo demás, en el firmamento plástico del s. xviil francés, H. no deja de ser una rareza, ya que prescindió de todo asomo de frivolidad y del a la sazón acostumbrado prurito de considerar a la mujer como un objeto de lujo. Su rostro femenil más bello no es el de ninguna falsa deidad imaginada sino el de su esposa, alegre y hogareña. En fin, H., maestro del retrato no espectacular, rompe en este aspecto con la tradición rococó sin dejar de ser uno de los escultores más prototípicos del s. XVIII.1. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: A. DE MONTAIGLON y G. DUPLESSIs, Houdon, sa vie et ses ouvrages, París 1855-56; H. DIERKS, Houdons Leben und Werke, Gotha 1887; E. BIDDLE, Memoirs of the lije and work of lean Antoine Houdon, Filadelfia 1911; A. MICHEL, La statue de Washington par Houdon, París 1918; G. GIACOMETTI, La vie et L’oeuvre du sculpteur l. A. Houdon, París 1929; B. CALOSSO, Houdon a Roma, Roma 1923; L. RÉAu, Houdon, París 1930.
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