Holanda (nederland). Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
Parte del actual territorio neerlandés, especialmente Limburgo, Overijssel, Drenthe y Güeldres, estuvo habitado desde fines de la época paleolítica, probablemente en el periodo Magdaleniense, como prueban los abundantes instrumentos en piedra, toscamente labrados, aparecidos en recientes excavaciones arqueológicas. Por el contrario, las tierras que posteriormente constituyeron los condados de H., Zelanda, Utrecht y Groninga se encontraba aún, por estas fechas, en un inicial periodo formativo, ya que los ríos, carentes todavía de su curso actual, se hallaban en plena fase de asentamiento de sus depósitos erosivos, permaneciendo sumergidas muchas de las tierras que actualmente componen los Países Bajos.Hacia la constitución de los Países Bajos. En torno al s. iv a. C., la parte habitable de dicho territorio fue invadida por los celtas (v.), que dejaron huellas de su paso en los hunnebedden, especie de dólmenes construidos con enormes lajas de piedra, que, procedentes de la región escandinava, fueron arrastradas hasta aquí por los hielos de la época glaciar. En realidad, tal tipo de construcción funeraria era anterior a los celtas, aunque éstos supieron hacerla suya sin perjuicio de que posteriores pueblos germánicos continuasen edificando tumbas de este tipo a fines del s. ii a. C. Poco antes de la Era cristiana, algunos pueblos germánicos penetraron por el noroeste, estableciéndose a lo largo de la costa y empujando a los celtas a la orilla izquierda del Rin. Topónimos como Lugdunum Batavorun, Noviomagus y Batavodurum, por su particularidad lingüística, indican que los celtas habían dado ya origen a cierto tipo de agrupaciones urbanas a la derecha del río, donde, en la época de César, estaban establecidas las estirpes germánicas de los bátavos, en el delta, y los frisones (v. FRISIA) en la región septentrional, aunque los romanos, por una generalización un tanto arbitraria, llamaron bátavos al conjunto indiscriminado de pueblos que habían caído bajo su dominio.El régimen de vida de estos pueblos se basaba en la caza y la pesca, y con frecuencia las tribus disputaban entre sí, reivindicando terrenos de caza o regiones pesqueras. En estas tierras geográficamente deprimidas, las crecidas de los ríos, que darán al territorio una especial fisonomía, eran de catastróficas consecuencias para sus habitantes. Tales inundaciones no eran, sin embargo, totalmente negativas, puesto que proporcionaban una fertilidad inusitada.La invasión romana se produjo en el 17 a. C., llevando su civilización a frisones y bátavos, aunque estos últimos no fueron incorporados al Imperio, sino considerados como aliados. La ocupación revistió casi siempre caracteres opresivos, exigiendo de los nativos la entrega de los recursos de su suelo, así como un elevado contingente de hombres que, convertidos más tarde en soldados, pasaban a engrosar las legiones romanas. Consiguientemente, primero los frisones y luego los bátavos acabaron por rebelarse y, del 68 al 70, la Batavia tuvo su caudillo en la persona de Claudius Iulius Civilis, que organizó la insurrección general controlando con suma rapidez la orilla derecha del Rin y del norte de la Galia, haciendo retroceder los ejércitos romanos y siendo necesarias más de nueve legiones para acabar con él. La dominación romana, que no se mantuvo mucho tiempo, incorporó a estos pueblos primitivos la técnica de la construcción de diques y canales, que mejoraron la agricultura y con ello las condiciones de vida.A fines del s. iI, los francos (v.) presionaron sobre las fronteras del Imperio, atravesaron el Rin (358) y se establecieron en la Toxandria (Brabante septentrional). Los francos salios (llamados así por su asentamiento sobre el río Saale) invadieron la Germanía inferior y la Galia belga y, tras un periodo de grandes movimientos migratorios, durante el cual el pueblo bátavo desapareció como elemento étnico independiente, se establecieron en el actual Brabante (H. meridional), gran parte de Güeldres, Zelanda e incluso Flandes. Los frisones, único vestigio del primitivo sustrato étnico, se extendieron por H. septentrional, Frisia y a todo lo largo de la costa flamenca hasta Dinamarca; finalmente, los sajones (v.) ocuparon los territorios de Overijssel y Drenthe. Todavía hoy, pueden distinguirse en el territorio neerlandés estos tres elementos raciales.Los francos, que ocuparon después toda la Galia, se romanizaron y adoptaron el cristianismo rápidamente y, a fines de la época romana, existía ya en territorio neerlandés el episcopado de Tongres con sede en Maestricht. Pero si es indudable que la conversión de los francos tendió a facilitar su fusión con la población romanizada, también es cierto que vino a acentuar las diferencias con sus vecinos paganos, los frisones y sajones. En efecto, en el norte del país, los progresos de la cristianización fueron mucho más lentos, y el éxito definitivo se debió tanto a las armas de los mayordomos de palacio como a las esforzadas y constantes predicaciones de los misioneros S. Wilibrordo (v.) y S. Bonifacio (v.); el primero estableció su sede apostólica en Utrecht (695). S. Bonifacio fue asesinado en Dokkum (754). Posteriormente, frisones y sajones fueron cristianizados de forma violenta por Carlomagno (v.), y entraron a formar parte del gran reino franco (v. v). La lengua de los francos salios, el bajo franco, llegó a ser así, progresivamente, la lengua holandesa, aunque los frisones conservaron la propia, al menos en la Frisia central (v. vi).
La fragmentación feudal. El reinado de Carlomagno contribuyó a la unión y desarrollo político de muchos pueblos. El Emperador de Occidente estableció los fundamentos de las leyes que rigieron estos territorios durante el periodo feudal, y dividió el país en provincias gobernadas por condes sometidos directamente al poder imperial. También en época carolingia comenzó a tener libre curso la vocación comercial de los neerlandeses. El centro que polarizó toda la actividad mercantil durante la segunda mitad del s. VIII fue la ciudad de Wijk bij Duursted, que mantuvo activas relaciones comerciales con los países del Báltico, Inglaterra y Renania, siendo la base de dicha actividad el estaño, las pieles, el aceite de ballena y el vino. En la misma época, se inició tímidamente en Frisia la cría de ganado ovino que, con el tiempo, fue la base de la floreciente industria textil de los Países Bajos.Este naciente comercio neerlandés se vio seriamente comprometido por las invasiones normandas que, durante el s. tx, azotaron las costas y el interior del territorio, llegando a dominar totalmente H. y Frisia, aunque sin llegar nunca a la creación de asentamientos definitivos. Curiosamente, las sistemáticas devastaciones de los normandos tuvieron consecuencias en el terreno político, dado que, abandonados estos territorios a su suerte por la ineptitud de los sucesores de Carlomagno, la defensa contra las invasiones del Norte quedó en manos de magnates locales, cuya autoridad fue en aumento progresivo, adquiriendo el país poco a poco una fisonomía netamente feudal. Así, de la desintegración del Imperio carolingio surgió el condado de H., en torno al cual aparece el obispado de Utrecht, que poseía, además de los territorios de su nombre, los de Overijssel y Drenthe, parte de Güeldres y el dominio, al menos nominal, de las provincias de Frisia y Groninga. Por el tratado de Verdún (843), las anteriores tierras fueron adjudicadas a Lotario I y, por el de Mersen (870), a Luis el Germánico, pasando en virtud de esta herencia a formar parte del Imperio alemán todas las tierras al norte del Mosa. El régimen feudal se instauró entonces definitivamente en las principales provincias y con él la escalada hacia el poder de los más audaces. El enfrentamiento entre éstos y la creciente autonomía de las ciudades caracteriza la historia medieval de los Países Bajos.Bajo el signo del condado de Holanda. El primer conde de H. parece haber sido Dirk I, que reunió bajo su autoridad los territorios de Kennemerland, Rynland y Maasland, al sur de La Haya (v.), considerada como la patria de los condes de H. Uno de sus sucesores, Dirk 111, se apoderó de la región de Dordrecht. No obstante, en algunos territorios de los actuales Países Bajos, se renunció, ya desde el s. xi, al sistema feudal. El caso de Frisia es bastante ilustrativo en este sentido, pues los nobles ejercieron aquí una autoridad prudente y mesurada; por su parte, Utrecht ha conservado su carácter de gran centro cristiano, y tuvo a su cabeza obispos nombrados por el Emperador; el poder de estos eclesiásticos fue grande y muy extendido, puesto que Overijssel, Drenthe y Groninga, les estaban sometidas. A fines de la Alta Edad Media, los Países Bajos septentrionales quedaban estructurados de la siguiente forma: al norte Frisia; en el centro, el obispado de Utrecht; al este, el condado de Güeldres; al oeste, el condado de H.; y al sur, una parte del ducado de Brabante.Durante los s. x11, x111 y xiv, las fronteras, mal delimitadas y a menudo arbitrarias, se modificaron en función de las luchas que se desencadenaron entre las autoridades feudales, cuyo poder disminuyó progresivamente. A la vez, las ciudades crecieron en virtud de una importancia y autonomía mayores; burguesía y corporaciones ocupan desde el s. xlti un lugar predominantemente en estas ciudades, y muchas de ellas, por la importancia de su comercio e industria, obtuvieron de sus señores cartas de exención y privilegios, mediante los cuales conseguían un gobierno autónomo. La mayor o menor extensión de los derechos que tales cartas conferían se basaba en la presión que los ciudadanos ejercían sobre sus señores. De cualquiera de las formas, condes, duques y obispos tenían sus representantes, que presidían la administración de justicia y, en tiempo de guerra, llevaban a cabo las levas. No obstante, es preciso hacer notar que el crecimiento y desarrollo comunal del norte fue más suave y menos tempetuoso que el meridional.Al mismo tiempo, los condes de H. tuvieron que luchar contra flamencos y frisones; aunque, en el s. XIII, la inundación del antiguo lago Flevo, transformado en Zuiderzée, les liberó del peligro frisón. El reinado de Floris V (1252-96) señaló el auge económico del condado de H., al que contribuyó de manera decisiva el comercio marítimo, la pesca del arenque y el trabajo de manufacturas de lana inglesa en Dordrecht y Leiden. En realidad, H. era todavía una tierra insegura y los diques no siempre bastaban para contener la agresividad del mar, pues tanto H. como Zelanda se componían casi en su totalidad de islas cuyas defensas no podían impedir la continua transformación a que se veían sometidas. En 1277, el Dolard, mar interno más tarde desecado, llegó a separar a los frisones orientales de los centrales; en 1421, gran parte del condado de H. fue sumergido. La ciudad principal, Dordrecht, se separó de tierra firme. El Rin y el Mesa cambiaron sus desembocaduras; y H. se separó del Brabante, desapareciendo una veintena de ciudades.A la muerte de Juan 1 (1299), el condado pasó a su primo el conde de Hainaut, Juan 11, de la casa de Avesnes, cuyo hijo Guillermo III (1304-37) se hizo reconocer en plena propiedad de la Zelanda occidental (1323). La casa de Avesnes se extinguió con Guillermo IV (1337-45), recayendo la herencia holandesa en su hermana Margarita de Baviera. Una de sus descendientes, Jacoba de Baviera, presenció la escisión de H. en dos partidos, uno de seguidores (hoeken o anzuelos) y otro de adversarios (kabeljauwen o bacalaos), y tuvo que ceder sus dominios a Felipe el Bueno, duque de Borgoña (1248). Éste anexionó Brabante y Limburgo, consiguiendo además que su hijo David fuese nombrado obispo de Utrecht. De este modo, los futuros Países Bajos quedaban incorporados a los dominios de Borgoña (v. BORGOÑA 11).Los Países Bajos borgoñones. El objetivo político de los borgoñones fue la creación de un poder central estable y efectivo en todos sus dominios. Nobleza y clero fueron fieles colaboradores de la autoridad ducal, aunque ésta se vio minada por los privilegios de las municipalidades, especialmente las de Flandes (v.). Felipe el Bueno sabía perfectamente que el origen del poderío político de las ciudades residía en su extraordinario desarrollo industrial y que, al mismo tiempo, tal prosperidad económica constituía un obstáculo para sus ansias unificadoras. En este sentido, los duques de Borgoña no admitieron la más mínima concesión, sometiendo por la fuerza cualquier veleidad de autonomía por parte de dichas municipalidades. A la postre, sin embargo, tal pretensión se reveló como irrealizable, especialmente bajo la inhábil política del más famoso de los duques borgoñones: Carlos el Temerario (v.; 1467-77).Su hija y sucesora María de Borgoña tuvo que hacer frente a los intentos anexionistas de Luis XI de Francia (v.), en sus pretensiones de mutilar los dominios de la casa de Borgoña. Los diputados que representaban a Flandes, Brabante, Hainaut y H. se reunieron en Gante y obligaron a María a firmar el Gran Privilegio, carta de exención que imponía serias limitaciones al poder soberano, entre ellas la imposibilidad de declarar la guerra o imponer tributos sin el consentimiento de los Estados. Por lo que a H. y Zelanda se refiere, también recibieron sus correspondientes privilegios provinciales, merced a los cuales vieron considerablemente aumentadas sus libertades locales. Bajo estas condiciones, María obtuvo la sincera ayuda de sus Estados en su oposición a Francia. Su matrimonio con Maximiliano 1 de Austria (v.) trajo como consecuencia la unión de los Países Bajos a los Habsburgo en 1477. Sin embargo, no por ello cesaron los disturbios y sublevaciones y, hasta 1485, Maximiliano no pudo ver pacificados sus Estados que, merced a la política matrimonial de los Habsburgo (v.), revertieron a la corona española en la persona de Carlos I de España (v.). De este modo, entraban los Países Bajos en la Edad Moderna.RAYA TÉLLEZ.
BIBL.: M. D. HENKEL, Le dessein hollandais dés origines au XVIle siécle, París 1931; H. A. ENNO VAN GELDER, Histoire des Pays-Bas, París 1936; G. 1. RENIER, The Dutch Nation, Londres 1944; M. BRAURE, Histoire des Pays-Bas, París 1951.
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