Holanda (nederland). Historia de la Iglesia. HIST.
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Historia de la Iglesia
1. Cristianización. La primera comunidad cristiana de H. en Tongeren, junto al Maas, data de la época romana tardía.El obispo Servacio, originario del este, trasladó a finales del s. Iv la sede episcopal de Tongeren a Maastricht donde el cristianismo pudo conservarse aun bajo las tormentas de las invasiones de los bárbaros. Partiendo de Maastricht se llevó a cabo más adelante la evangelización en Brabante y en ella se distinguió de manera especial el obispo S. Lamberto. Su vida y su muerte acreditan las dificultades con que hubo de luchar la Iglesia en la época central de los Merovingios. Hacia el 717 el sucesor de Lamberto, S. Huberto, trasladó nuevamente la sede episcopal, esta vez a Lüttich, en la zona belga.Por este tiempo había comenzado ya la labor de los evangelizadores francos, irlandeses, escoceses y anglosajones en las zonas costeras. Wilfredo de York en 678 predicó todo un año a los frisones. Su discípulo Willibrordo obtuvo licencia del poder civil y plenos poderes del Papa para trabajar en la Frisia meridional. Su actividad, favorecida y fomentada por la alta nobleza franca, conoció amplio éxito. En el 695 fue nombrado Willibrordo obispo de Utrecht y consagrado por el Papa en persona. Desde 719 y a lo largo de tres años tuvo como colaborador a S. Bonifacio (v.) que en los últimos años de su vida aceptó el obispado de Utrecht; a pesar de la colación del palio a Willibrordo, Utrecht no era arzobispado sino que había sido subordinado por Bonifacio a la metrópoli de Colonia. Bonifacio, que coronó su vida con el martirio, y sus discípulos llevaron a término la cristianización del país.2. La Edad Media. La Iglesia de Utrecht, único obispado de los Países Bajos, se convirtió así en un miembro de la Iglesia imperial franco-carolingia participando de sus peculiaridades jurídicas y sociales, así como de su destino general hasta los tiempos del cisma protestante. Los obispos fueron príncipes del Imperio y señores feudales, gozaron de inmunidad, derechos imperiales y condados. A causa de su dominio temporal, estuvieron implicados también en la problemática de la lucha de las investiduras (v.). En esta lucha estuvieron hasta 1114 del lado del Emperador que los había entronizado, siendo a su vez el Emperador su defensa contra los cada vez más poderosos príncipes territoriales (de H. y de Geldern). La muerte de Federico II los convirtió poco menos que en independientes. Desde el Concordato de Worms (v.) los obispos fueron elegidos por el Cabildo de Utrecht; el s. xiv fueron generalmente nombrados por los Papas, hasta que a mediados del s. xv las casas de Borgoña y Habsburgo consiguieron asentar a su gente en el trono episcopal. En el gran Cisma de Occidente (v. CISMA III) fueron partidarios de la obediencia romana. La resistencia de la nobleza contra la penetración borgoñona y de los Habsburgo fue inútil (el obispo de Utrecht traspasó en 1528 su poder temporal a Carlos V), pero pertenece a los presupuestos de la política eclesiástica y del triunfo en H. del protestantismo.Las incursiones de los normandos significaron en principio una catástrofe para la vida espiritual. La floreciente escuela catedralicia de Utrecht se vino abajo. Hasta comienzos del s. x no surgieron nuevos conventos y fundaciones (S. Salvador en Utrecht, la Abadía de Egmond, en un principió para benedictinas) a las que en el s. xii siguió una auténtica ola de fundaciones. De aquel tiempo datan 17 abadías benedictinas y 14 monasterios de monjas cistercienses. La mayor parte de los monasterios masculinos de cistercienses radica en el norte de H. y en Frisia, donde estaban asimismo la mayoría de las fundaciones de los premonstratenses. En el s. xni se sumaron las órdenes mendicantes, que tuvieron hasta unas dos docenas de conventos masculinos. Les siguieron los juanistas, cartujos y, en número especialmente abundante, los canónigos regulares de S. Agustín (de los que había 75 fundaciones en 1500). Junto a los conventos de mujeres había muchas comunidades de beguinas (v.) que al igual que en Bélgica adoptaron la significación y las tareas de los terciarios en otros países.Tras el milagro sacramental de Amsterdam surge la peste en 1345 y todo el territorio se cubre de gentes necesitadas. Irrumpe la mística en las almas. El representante principal de la mística flamenca, con influencias renanas, fue, junto a mujeres como Beatriz de Nazaret y Eduvigis, el canónigo regular de S. Agustín Juan de Ruysbroek (1293-1381; v.) que vivió en la zona de la actual Bélgica y allí propagó mediante sus escritos su doctrina sobre la vida espiritual a un pueblo amenazado por equívocas influencias doctrinales. El poderoso influjo que ejerció en la espiritualidad de H., unido al movimiento de los Hermanos de la vida común de Gerardo Groote (v.), de Deventer (1340-84), del que surge la corriente piadosa de la Devotio moderna (v.), condujo a un florecimiento especial de la vida religiosa que significó la gran contribución de H. a la religiosidad de la Baja Edad Media, la cual se dejó sentir hasta muy al norte y al sudeste de Alemania. La fundación de los canónigos de Windesheim, junto a Zwolle, debida a un discípulo de Groote, fue el punto de partida de una gran congregación a la que en 1500 estaban incorporadas 87 casas, al tiempo que otras 200 vivían según el espíritu de Windesheim. También en este aspecto fueron ampliamente traspasadas las fronteras belgas y holandesas y el impulso de Windesheim llegó hasta Suiza. De los más conocidos escritores del círculo de Windesheim es Tomás de Kempis (v.), el autor de la Imitación de Cristo. Si los hermanos de la vida común actuaban sobre todo mediante sus escuelas (Nicolás de Cusa y Erasmo fueron escolares famosos), el franciscano Juan Brugman (m. 1473) se afanaba no sólo por la reforma de su orden, sino que, como fogoso predicador popular, fomentaba la renovación del pueblo llano.3. La Reforma. Por los primeros años de la Reforma se hallaba el "Príncipe de los humanistas", Erasmo (v.) en la cúspide de su fama. Amplios círculos esperaban de él la soñada reforma de la Iglesia. El teólogo, nada claro en cuanto a su actitud ante Lutero (v.), eludió una toma de posiciones marchando a Lovaina (1521). Para la actual H., patria del papa Adriano VI (v.) y de S. Pedro Canisio (v.), hacía tiempo que era realmente un extraño. En un principio las innovaciones religiosas encontraron poco eco en el país, sometido al dominio de los Habsburgos. Los primeros partidarios de Lutero, como el abad prior de los agustinos de Dordrecht, Enrique de Zutphen, fueron los unos depuestos y desterrados, los otros quemados. El príncipe-obispo de Lüttich publicó varios edictos contra los luteranos y Carlos V amenazó en 1529 con la pena de muerte a los poseedores de libros luteranos prohibidos. Numerosos herejes fueron ejecutados, la mayoría de los cuales pertenecían a la secta de los revolucionarios anabaptistas (v.). Según parece no podían formarse sino pequeños círculos de la nueva creencia entre el clero, los mercaderes y los artesanos de las ciudades, a los cuales, por motivos patrióticos, alentaban con su simpatía círculos más amplios. Tras la catástrofe de los anabaptistas radicales de Miinster (1535) el antiguo párroco Menno Simons fue reuniendo grupos moderados, agrupados en comunidades libres de todo vínculo canónico que, tras haber sido perseguidos en un principio, fueron tolerados en H. en 1578 (v. MENNONITAS). Después de 1540 penetró el calvinismo (v.) en el país. El primer propagador acabó en la hoguera, pero los holandeses acudían cada vez más a Ginebra para instruirse y organizaron ocultamente comunidades militantes al modo ginebrino. El primer Sínodo de tales comunidades en Emden (1571) adoptó la Confessio Bélgica aprobada por Calvino. Al triunfo del protestantismo colaboró decisivamente el que coincidiera con una oposición muy extendida al dominio español (desde 1555). Felipe 11, que no volvió a ver H. desde 1559, dio vía libre a la Inquisición e impuso nuevamente con todo rigor los edictos de religión de su padre. Por iniciativa suya, se implantó en 1559 una nueva demarcación diocesana con el fin de poder preservar mejor el país del calvinismo que penetraba por el sur. Mientras que los actuales Países Bajos dependían hasta este momento solamente del obispado de Utrecht, y, en una pequeña parte del de Lüttich, se crean ahora seis nuevos obispados (Leeuwarden, Groninga, Haarlem, Deventer, sufragáneos del arzobispado de Utrecht, y ’s-Hertogenbosch y Roermond que pertenecían al nuevo arzobispado de Malinas). Sobre todos los obispados recibió el rey el derecho de patronato. Numerosos conventos fueron incorporados a los obispados. Tal reorganización pretendía, sin duda, una mejor atención pastoral del país, pero provocó múltiples conflictos, toda vez que los nuevos obispados fueron ocupados por personas de confianza del rey. Contra la Inquisición, contra el menosprecio de los privilegios históricos de los Países Bajos y en defensa de los derechos de los estamentos y de la libertad religiosa, cerraron filas conjuntamente la oposición políticociudadana, al mando del príncipe Guillermo de NassauOrange y la baja nobleza todos fuertemente impregnados de calvinismo. Las nuevas creencias tuvieron asimismo puerta abierta entre las clases burguesas y artesanas socialmente descontentas, y se radicalizaron pronto. Tras un terrible asalto a las imágenes, iglesias y conventos que afectó con intensidad especial a la ciudad de Amsterdam, el culto católico dejó de celebrarse en muchos lugares. Cierto que el duque de Alba (v.) sofocó la insurrección, pero pronto surgieron nuevos levantamientos contra su sistema de represalias y el conflicto terminó, después de prolongadas luchas, con la victoria del calvinismo. Guillermo de Orange prohibió el culto católico en 1573 en las provincias de Holanda y Zelanda. En 1575 se funda la Univ. de Leiden como centro científico de los calvinistas. Sin embargo, no se consiguió arrebatar a los españoles las provincias meridionales, la Bélgica actual. Y así fue cómo en 1581 sólo las siete provincias septentrionales (la mayor parte de la H. actual) pudieron declararse independientes en Utrecht como Estados Generales.En la nueva República Federal se garantizó la libertad religiosa, pero el culto católico no dejó en algunas partes de ser considerado como delito merecedor de la pena de muerte, lo que dio lugar, incluso, a algunos martirios (19 mártires en Gorkum). El ensanchamiento del país mediante la conquista en 1621 de zonas pobladas por católicos (las actuales provincias de Brabante, Limburgo, la parte meridional de Zelanda, etc.), no aportó mejoría alguna de la situación jurídica para la población católica de la República que había crecido entre tanto hasta un 40%, y la cual había experimentado en la renovación católica una vitalización de su fe religiosa. La minoría católica carecía de cualquier derecho, no tenía culto público y estaba privada de la guía de una jerarquía eclesiástica. En el norte era aniquilada por el poder estatal; en las demás regiones del país, gracias a lo que se conservaba de la herencia humanística no se llevó a cabo una larga persecución sangrienta, pero la degradación social de la minoría católica y la emigración de la nobleza que se había conservado católica condujeron a un auténtico catolicismo de diáspora. Sólo en las ciudades de la provincia de H. se conservaron minorías católicas confesionalmente conscientes.4. La "Missio hollandica". La reconstrucción, iniciada clandestinamente gracias a la actividad ilegal de sacerdotes inmigrados, sobre todo franciscanos y jesuitas, obtuvo un reconocimiento oficial con el nombramiento de lin vicario episcopal de Utrecht como vicario apostólico(1592); se ponía en marcha de este modo una nueva ordenación eclesial, aun cuando el vicario, que dependía del nuncio de Colonia, solamente desde Colonia podía dirigir la actividad de los sacerdotes de la que se denominó Missio hollandica. La nueva organización eclesiástica dependió desde 1622 de la Congregación de Propaganda, recién fundada en Roma. Los sacerdotes de la Misión, formados en su mayor parte en seminarios extranjeros y que dependían del vicario apostólico, llegaron frecuentemente a situaciones conflictivas con los jesuitas, que trataban de hacer valer su exención ante los nuevos superiores eclesiásticos. Los vicarios, por su parte, aspiraban a ser nombrados arzobispos de Utrecht y se rodeaban de un colegio de consejeros solícitos del derecho a elegir al vicario (en su caso al arzobispo). Añádanse a ello diferentes tomas de partido ante las controversias teológicas del momento sobre cuestiones de la gracia y de la Moral. Se achacaba a los sacerdotes holandeses cierta afinidad con los jansenistas huidos de Francia y refugiados en H.
Todo ello condujo a que el vicario Pedro Codde fuese citado a Roma. Al rehusar estampar su firma bajo la condena papal del jansenismo, fue primero suspendido y luego depuesto (1702). La mayor parte del clero negó su reconocimiento al sucesor nombrado desde Roma. El grupo disidente, unido al Consejo del vicariato, que ahora se llamó Capítulo Metropolitano, eligió en 1722 un arzobispo de Utrecht que fue consagrado por un obispo misionero, simpatizante con los jansenistas y huido de Francia. Este cisma de la Iglesia viejo-católica de Utrecht, pudo reunir en pocos decenios algunos miles de seguidores (v. VIEJO-CATóLICOS). Su influencia sobre el josefinismo (v.) de Austria y sobre los viejo-católicos de Alemania fue, sin duda, importante. En 1763 se desaprovechó una ocasión para su reincorporación a Roma y sólo en el último decenio han surgido iniciativas unionistas que permiten abrigar ciertas esperanzas. Tras la escisión de 1723 ya no nombró Roma ningún vicario apostólico (tampoco hubiera sido tolerado por los Estados Generales) y puso a la Misión holandesa bajo la autoridad del nuncio de Bruselas.El avance de los ejércitos de la Revolución francesa llevó en 1795 a la fundación de la República de Batavia, que puso fin a la discriminación jurídica de los católicos, los cuales pagaban tributos, pero no podían ejercer cargos públicos. Se les concedió libertad religiosa y de culto, así como todos los derechos civiles, a lo que respondieron en su mayor parte con una actitud ejemplarmente leal para con la nueva forma de Estado. Cuando en 1813 terminó el mandato francés con la victoria de los aliados, la libertad religiosa se incorporó a la Constitución del nuevo Reino de Holanda. La posición de los católicos se vio robustecida mediante la unión con la Bélgica católica, aun cuando el nuevo rey Guillermo 1 en sus relaciones con la Iglesia se dejó llevar de id-as regalistas y josefinistas y adoptó incluso medidas persecutorias en el problema de las escuelas. Un Concordato de 1827 extendió a la Iglesia en la actual H. las favorables condiciones del Concordato francés de 1801, pero ese acuerdo quedó en letra muerta desde que la revolución de 1830 arrancó de los Países Bajos las provincias belgas. Como seguía siendo imposible el establecimiento de obispos diocesanos, las provincias nórdicas fueron gobernadas por tres vicarios apostólicos. Para el levantamiento de nuevas iglesias los católicos recibían subvenciones reales. Por lo demás, desde hacía siglos los fieles estaban habituados a financiar por su cuenta el mantenimiento del clero y la edificación de los tempos. Los vicarios fueron elevados al rango de obispos en tiempos de Guillermo 11. A la Iglesia se le reconoció el derecho de abrir escuelas y se fundaron numerosos conventos.5. Desde la reinstauración de la jerarquía hasta nuestros días. Tras largas negociaciones se restableció la jerarquía en H. en 1853, con alguna oposición entre la población protestante y en la Cámara. La Curia declaró nulo el Concordato de 1827 y se crearon los obispados de Haarlem, ’s-Hertogenbosch, Breda y Joermond, todos sufragáneos del arzobispado de Utrecht. A ellos se añadieron en 1956 los nuevos obispados de Gronninga y Rotterdam. En 1865 se celebró en Utrecht el primer Sínodo provincial. No faltaron conflictos, especialmente en el problema escolar, pero los cien años siguientes se caracterizan por una lenta y continua elevación de la Iglesia en todos los campos. Fue especialmente considerable el aumento del número de conventos en la época del Kulturkampf (v.), cuando muchos alemanes y aun comunidades enteras encontraron refugio allí, igual que posteriormente los religiosos franceses desterrados por la República laica. La época que corre hasta la 11 Guerra mundial se puede considerar como un periodo de integración paulatina de una Iglesia, integrada en principio por campesinos, trabajadores y pequeños comerciantes, a las estructuras del estado democrático y de la sociedad moderna. Se construyen y utilizan sistemáticamente los medios para la instrucción del pueblo, escuelas, prensa, radio y TV. La prolongada lucha por la libertad de enseñanza condujo a una equiparación de las escuelas católicas con las escuelas oficiales y a su financiación por el Estado. El número de niños en las escuelas católicas llegó a superar notablemente el de las escuelas estatales (1941: 552.770). Añádanse 60 colegios católicos de enseñanza media, una escuela Superior de Comercio y una Universidad católica fundada en 1923 en Nimega y que hoy abarca todas las facultades. La prensa católica, cuyos orígenes datan de 1840, contaba antes de la 11 Guerra mundial con 35 periódicos locales y suprarregionales. Se cuidó celosamente la actividad caritativa y social. Se levantaron más de 200 hospitales católicos y, tras la 1 Guerra mundial, se desplegó una incansable actividad benéfica, aún más allá de las fronteras del país. El proletariado de la floreciente industria textil y metalúrgica fue agrupado en su casi totalidad en asociaciones católicas de trabajadores y en sindicatos católicos. En general, la organización de corporaciones, fundidas desde 1904 en una Asociación católico-social con sede en Leiden, creó una firme solidaridad de los católicos. Por lo que hace a la política, en un principio se encontraron los católicos en un mismo frente con los liberales, ante el problema de la libertad de enseñanza, luego también junto a los conservadores, hasta que el Partido Católico Popular, fundado en 1896 por el sacerdote H. j. A. M. Schaepmann (m. 1903), atrajo la mayoría de los electores católicos y se convirtió en el grupo político que ha sido, hasta el presente, el partido más fuerte de la Cámara.La experiencia de la ocupación de H. por el régimen de Hitler con su lucha contra la prensa y la escuela católica y la persecución de los judíos provocaron en el catolicismo holandés, amenazado de un aburguesamiento satisfecho, un rápido despertar. Las tareas de la reconstrucción, el recuerdo de los sufrimientos soportados comunitariamente con otros cristianos, la gigantesca y progresiva industrialización y tecnificación, son factores que aportaron un estilo de vida nuevo, y una orientación abierta y ecuménica.Las consecuencias del Conc. Vaticano 11, así como algunas actitudes que la interpretación del mismo ha provocado en H., están excesivamente próximas, como para poder enjuiciarlas con una serena perspectiva histórica.6. Organización y datos estadísticos. El catolicismo representa el grupo confesional más fuerte de la población holandesa. El elevado índice de natalidad ha podido compensar hasta ahora las pérdidas debidas al crecimiento del indiferentismo. En 1930 había, de 7,93 millones de habitantes, 2,89 mill. de católicos (36,4%); en 1960, 3,93 mill.; hoy, a falta de datos exactos, el número de católicos se estima en 4,5 mill., sobre una población de poco más de 13 mill. de habitantes. De los católicos, hasta hace poco, cumplía con Pascua el 80%. En 1960 se contaban 10.000 sacerdotes diocesanos y más de 6.009 regulares de los que 5.000 trabajaban en Misiones; el número de religiosas era de 35.000. El número de conversiones era considerable; en 1959 fueron 2.749. Poco menos de la octava parte de los matrimonios (12,3%) eran mixtos.La organización y los datos estadísticos de las diferentes diócesis en 1972 se resumen en el cuadro adjunto.HANS TROMP.
BIBL.: A. ERHARD y W. NEuss, Historia de la Iglesia, 4 vol., Madrid 1962; B. LLORCA, R. GARCíA VILLOSLADA, J MONTALBÁN, Historia de la Iglesia católica, 4 vol., 4 ed. Madrid 1964 ss.; E. DE MOREAu, Histoire de !’Église en Belgique dés origines aux débuts de 121 siécle, Bruselas 1940; R. R. POST, Kerkgeschiednis van Nederland in de Middeleeuwen, Utrecht-Amberes 1957; S. AXTERS, La spiritualité des Pays-Bas. L’évolution d’une doctrine mystique, Lovaina-París 1948; íD, Geschiedenis van de vroomheid in de Nederland, 3 vol., Amberes 1950-56; L.-E. HALKIN, La Rélorme en Belgique sous Charles-Quint, Bruselas 1957; R. R. POST, De kerkelijke verhoudingen in Nederland voor de Relormatie 1500-1580, Utrecht-Amberes 1954; L. J. ROGIER, Geschiedenis van het katholicisme in Nord-Nederland in 16e en 17e eeuw, 3 ed. Amsterdam 1964; M. DIERICKx, L’érection des nouveaux diocéses aux Pays-Bas 1559-1570, Bruselas 1967; 1. A. G. TANS-M. KOK, Rome-Utrecht, Hilversum-Amberes 1966; P. POLMAN, Katholiek Nederland in de XVllle eeuw, 2 vol., Hilversum 1958; L. 1. ROGIER, Katholieke herleving. Geschiedenis van Katholiek Nederland sinds 1853, 2 ed. La Haya 1962; J. H. J. M. WILox, De staatskundige emancipatie van Nederlands katholieken 1848-70, Bussum 1969; 1. WILOX, Schaepman als staatsman, Amsterdam 1960; L. M. H. JOOSTEN, Katholieken en lascieme in Nederland 1920-1940, Hilversum 1964.
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